No hay Navidad sin Dios

José Antonio Martín Pereira | 24 de diciembre de 2011 a las 12:25

Si le están contando que es posible concebir una Navidad sin Dios probablemente le estén engañando, aquella que hoy día conocemos es indivisible a la figura de Jesucristo. En este sentido, distinto es que acudamos al origen de la misma, el cual más o menos indentificado parece brotar de la antigua la celebración anual romana del Sol Invictus en el solsticio de invierno (Natalis Invicti Solis), adaptada por la Iglesia católica en el tercer siglo d. C. y elegida con el fin de que los fieles cristianos se apartaran de dichas manifestaciones.

Y es que, al menos los católicos (los cristianos en general) debemos mantenernos al margen del juego de prestidigitación con el que se ha escamoteado habilísimamente al protagonista del invento, que ha dado pie a que éste quede volatilizado de tal manera que hoy día se habla (y mucho) de la Navidad sin tener en cuenta al personaje principal, Jesús, a quien sencillamente se le ignora, camufla, cambia o trasviste por otros personaje foráneos o flamantes sucedáneos.

Al hilo de ello, el Arzobispo de Sevilla monseñor Juan José Asenjo, ha dejado escrita una carta pastoral con motivo de la celebración de la Navidad, llamando a recuperar el sentido cristiano de ésta y advirtiendo que «también este año serán muchos los interesados en vaciar de contenido religioso estos días santos, convirtiéndolos en las vacaciones blancas, en la celebración del solsticio de invierno y, en todo caso, en las fiestas del consumismo y el derroche». En dicha carta además, el prelado enumera algunas de las manifestaciones de la secularización navideña, entre ellas la sustitución del belén por el árbol de Navidad o de los Reyes Magos por un Papá Noel, «sin referencias religiosas», o la conversión de las tarjetas navideñas en «felicitaciones laicas portadoras de vaporosos deseos de paz y de felicidad inconsistente, porque se olvida al verdadero protagonista de la Navidad, Jesucristo, príncipe de la paz y punto de partida de nuestra alegría en estos días».

Hagamos un esfuerzo para que así sea, demostrando que no hay Navidad sin Dios.

‘El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de su padre David, su padre’ (Lucas 1:32)

  • Antonio

    Pero se puede desear paz y bien para cualquiera aún sin necesidad de la presencia divina, ¿no?

    ¿Cuánto cuesta la exclusividad?

    Un abrazo, y felicidades por la Navidad.

    Antonio