La frontera, en San Lorenzo

José Antonio Martín Pereira | 17 de febrero de 2012 a las 16:24

Como frontera que separa expiración y nacimiento, o crepúsculo de amanceres que descienden sondeando un horizonte cargado de particularidades, en San Lorenzo la Soledad reencarna un fervor que traspasa la empalizada donde aguarda la lógica, entronizando el apellido que hallara allá por 1868, año en el que la corporación se estableciera bajo estos muros.

Y rememorando estampas de antaño, un año más, las cinco naves que conforman el templo, con la del ‘Evangelio’ al frente por razones obvias, y el retablo mayor cuya estructura realizara el mismísimo Martinez Montañés, son testigos del respeto incondicional con el que buena parte de la ciudad entiende a la Virgen en cuyas manos se gesta la Resurrección, cada tarde de Sábado Santo, del Dios cercano, el Gran Poder.

Los siglos pasan, y sin embargo Ella, la Soledad de San Lorenzo, cual azucena sevillana, mantiene un esplendor de eterno preludio sobre lo que vendrá, acopiando sueños e ilusiones.

Foto: Jesús Romero

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