Semana Santa 2012: balance general

José Antonio Martín Pereira | 10 de abril de 2012 a las 11:45

Quién lo diría a la vista del sol y el ascenso de temperaturas con el que el primer capítulo de la Pascua ha tomado cuerpo sobre la ciudad de Sevilla. Suena incluso irreverente hacer mención a la lluvia a estas alturas, conocido que ésta, como ya ocurriera el año pasado, ha copado gran parte del apartado dedicado al protagonismo en pretéritos días. Semana Santa (vulgo #SSanta en Twitter) pues diagnosticada por la presencia del líquido elemento, que hizo acto de presencia en mayor o menor medida a lo largo y ancho de la práctica totalidad de las jornadas, a excepción eso sí del Miércoles y el Sábado Santo. Por consiguiente, únicamente 31 de las 60 cofradías lograron realizar sus estaciones de penitencia (San Gonzalo y La Redención a medias), cifra ligeramente superior a la de 2011, donde fueron solo 27, y que ha hecho de la pasada una de las más atípicas a las que la memoria alcanza. En este sentido, la principal diferencia entre ambas estuvo en la presencia en las calles de la Macarena y el Gran Poder, devociones siempre referentes.

Vinculada a esta circunstancia la eficiencia de los cuerpos y fuerzas de seguridad, en cualquiera de sus acepciones, así como el papel de los expertos en Meteorología, cuyos pronósticos fueron trascendentales. Mismamente, gran labor la de parte de los medios de comunicación, con despliegues informativos nunca vistos e incluso ofreciendo a sus usuarios el acceso a determinadas aplicaciones para teléfonos móviles de apreciada utilidad.

Desde tal perspectiva, cabe mencionar lo relativo a los vaivenes de público en las calles. Salvo el Sábado Santo, y sin datos fehacientes hasta el momento (salvo los aportados por Lipasam), tal vez hayamos asistido a la Semana Santa menos concurrida de los últimos años.

En definitiva, habiéndose cebado (en exceso) la lluvia sobre la ilusión de los cofrades de Sevilla, cualquier análisis de la Semana Santa que se precie convergerá en terminos similares a los citados. Bastaría hacer un recuento exhaustivo acerca de la repercusión que la misma ha dictaminado en la ciudad desde la óptica humana, cultural, religiosa y por supuesto económica, para acercar el envite real del infausto capricho de la naturaleza, poco o nada benevolente con las aspiraciones de la ciudad.

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