José Antonio Martín Pereira | 5 de julio de 2012 a las 15:03
Julio, con el correspondiente calor que precede amaneceres, simula el pie de una pirámide de lejano vértice. Atrás queda un mes inusualmente intenso revestido de gloria al recordar la mañana del 3 de junio, día aquel en el cual Monseñor Asenjo consagraba la Basílica del Cachorro, cuarto templo de tal rango de cuantos dispone la ciudad.
A este respecto, quien más quien menos cierra un curso cuyo valor discute entre la pluralidad de opiniones, sensaciones y vivencias. Es momento pues de invadir el terreno de lo cotidiano, relegando preocupaciones, sustituyendo sinsabores y aprovechando para dibujar la senda que conduzca hacia el merecido sosiego.
A pesar que el ‘Lorenzo’ trabe sobre ciertas horas, Sevilla seguirá inalterable en los compuestos químicos que la determinan única e irremplazable. El valor de la tranquilidad en ocasiones solapa a la contemplación fugaz o prolongada de una imagen, porque puede que ahí se escondan deseos por cumplir.
5 de julio de 2012 a las 3:43 pm | Enlace permanente
Tranquilidad también en un atardecer por San Lorenzo…maravilloso
5 de julio de 2012 a las 11:32 pm | Enlace permanente
Es hora de rememorar lo vivido durante el año cofrade. Disfrutar de lo que se fue que quedó como si sólo hubiera sido un sueño.
Disfrutad de la tertulia, disfrutad de Sevilla los que podéis…