La puerta sigue abierta

José Antonio Martín Pereira | 4 de noviembre de 2012 a las 13:37

De poco sirve argumentar cualquier propósito. Atrás queda una semana que halla su medida entre la convulsión y el bochorno. Flaco favor que superaba al orden de las cofradías y de la propia Iglesia sevillana, habiendo salpicado, probablemente más de lo que alcance la conciencia general, al mismo nombre de la ciudad.

Sucedió el pasado martes. Adolfo Arenas, ya ex-presidente del Consejo de Cofradías, bendijo sus intenciones con el apellido irrevocable, consciente del pulso que ello significaba, pero ajeno a los derroteros por los cuales derivaría su escueto comunicado. La respuesta de Palacio fue fría. Sin contemplaciones, apenas veinticuatro horas después, aceptaban públicamente la dimisión del hasta entonces cabeza visible del órgano rector de las cofradías sevillanas. El desenlace final, mismamente emitido desde la plaza Virgen de los Reyes, colocaba a Carlos Bourrellier, ex-hermano mayor del Buen Fin (y Rey Melchor en la Cabalgata de Reyes de 2009), al frente de la institución, a la espera de normalizar la delicada situación gestada lo antes posible. Estatutos en mano ésa era la solución, o el parche.

Coyuntura producto de un cúmulo de malas prácticas. Lo de las filtraciones no es cosa de ayer, más bien podría decirse que viene de lejos, e incluso que ha sido una de las notas características del mandato de Arenas (cuatro años y cuatro meses). En cuanto a los conocidos roces, no son sino una consecuencia más de como la política devora todo lo que se pone a tiro, incluidas las hermandades y, en este caso, su organismo común.

De una situación tan lamentable como la vivida, lo justo sería sacar conclusiones que sirvieran para mejorar y no caer en similares errores. Sin embargo, y aún con el beneficio de la duda, lo verdaderamente lícito, es que la cúpula de las cofradías en Sevilla exige renovación urgente, tal vez no tanto en lo que respecta a las personas, pero sí en lo que a la institución rectora propiamente dicho. Y es que no estamos hablando de sacar pasitos, gestionar o hacer como que se gestionan sillas, y repartir pasteles de tres sabores, lo importate es y seguirá siendo promover el culto, alentar las bolsas de caridad y prestar una formación coherente, en consonancia a los tiempos y en atenta responsabilidad de futuro. Dicho esto, los cofrades de a pie sostenemos la puerta abierta en San Gregorio, para que salgan aquellos que pretenden grabar su nombre a costa de desairar su compromiso.