Domingo de Ramos 2017: memorias

José Antonio Martín Pereira | 10 de abril de 2017 a las 11:20

El Domingo de Ramos nunca defrauda. Será por la ilusión acumulada después de todo un año esperando, o por el contraste que traen sus cofradías y que va derivando con la caída de la tarde, el caso es que un año más la ciudad pudo ser testigo del sueño sin mirar al cielo más que para cubrirse del sol. Sin sobresaltos de importancia, a destacar fundamentalmente el calor que acompañó a los cortejos (ligado al consumo de botellitas de agua) desde primera hora del día y hasta la entrada de la noche, y los aforamientos en ciertas calles, medidas adoptadas el pasado año y que ayer volvieron a despertar las primeras controversias, especialmente al paso de la Hermandad de la Amargura por las calles Francos y Alcázares. Por lo general menos público del esperado, no obstante de nuevo los amigos de la calle es mía, sillita plegable en mano, volvieron a campar a sus anchas como vienen haciendo desde hace casi una década con total impunidad.

A destacar lo bien que suenan nuestras bandas, desde las Cigarreras a Santa María Magdalena de Arahal, el portentoso andar de los Misterios de la Paz o la Amargura (nada nuevo), o el curioso exorno floral del paso del Cristo de la Humildad y Paciencia de la cofradía de la Cena.

domingo de ramos


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