Jueves Santo y Madrugá 2017: memorias

José Antonio Martín Pereira | 14 de abril de 2017 a las 11:38

El Jueves Santo se confirmó como el día que es. Siglos después, las hermandades que procesionan en la jornada grande del calendario sevillano exponen una combinación de riqueza patrimonial y decoro en la calle casi insuperable. La tarde también se prestaba al lucimiento, con temperaturas algo más livianas que en días anteriores, no obstante resultó fácil moverse y buscar las cofradías. Dentro de la exquisitez, sobresalieron ráfagas con luz propia, como las que desprendía el palio de la Virgen de los Ángeles de la hermandad de los Negritos estrenando restauración del manto y con un exorno floral inconfundiblemente hermoso; como hermoso el gusto con el que cada año deleitan las hermandades de las Cigarreras o la Exaltación, cuidando al extremo los sones musicales de sus respectivos pasos; y qué decir de Montesión en la calle Feria; o de la Virgen del Valle, el Señor de Pasión o el Misterio de la Quinta Angustia por cualquier lugar de su recorrido. El Jueves Santo es inigualable.

Respecto a la Madrugá, a estas alturas y a tenor de lo sucedido un año más, y desde el 2000 van unos cuantos con la misma letanía, dan pocas ganas de exponer valoraciones. Todos sabemos que la belleza de la Macarena es imposible de vulnerar, y que el Gran Poder, como el Verdadero Hijo de Dios que es lo perdona todo. Pero toca analizar lo sucedido, valorar que cuatro, cinco o cincuenta niñatos no pueden dominar y estrangular la noche, como así fue. Ojalá algún año aprendamos de los errores, pero el primer paso es asumir que se han cometido y que se aclare y conozca la gravedad de lo acontecido. Podemos empezar por ahí, o seguir vendiendo el cuento de la noche más hermosa del año.

misterio del valle

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