Te estaba esperando

José Antonio Martín Pereira | 14 de febrero de 2018 a las 9:54

Como cada año has llamado de nuevo a la puerta, para acomodarte en casa. Solapando al Carnaval, traes el comienzo de una nueva etapa, un nuevo ciclo para los cristianos que recibimos atentos y emocionados, un tiempo de preparación y también un buen momento para que nos iniciemos a vivir plenamente el verdadero sentido y significado de lo que es una hermandad o cofradía. Todo empieza como terminó, con la ceniza que devuelves; el polvo que somos y el polvo en que nos convertiremos; y con la conversión, la que aceptamos plenamente al recibir su imposición.

Se abre por tanto, con Tu llegada, un nuevo horizonte enmarcado en cuarenta días y cuarenta noches que aceptamos pensando en el ribete de emociones que nos quedan por vivir hasta que entregues el testigo, a las puertas del Salvador, en la gloriosa tarde en la que un mar de diminutos capirotes decida medir qué queda aún de niños en nuestro interior.

Suerte nos queda que tiempos de desproporciones cofradieras, de estériles debates avivados y de hipocresía vulgar, todavía existan lunares rojos sobre el almanaque, puntos de partida inviolables como el que Tú, apoyada en el Evangelio, nos inspiras. Por ello pasa, querida Cuaresma, te estaba esperando, rejuvenece la inquietud contenida que llevo amasando desde que en San Lorenzo se apagaron las luces para dar paso a la Resurrección del Señor, y muéstrame cada día diferente; así llenándolos de signos, estímulos y coincidencias como quien ansía una gota de agua en medio del desierto, actúa como tilde que acentúa la pausa con la que Dios aparece en lo cotidiano de las preocupaciones. Marca Tú el camino, que yo te sigo.

Centuria Macarena

Foto: Jesús Giraldo

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