Madrugá 2019: memorias

José Antonio Martín Pereira | 20 de abril de 2019 a las 12:41

Una de las mejores referencias escritas sobre la Madrugá del Viernes Santo dice así: «Sobre las calles que huelen a cera, sobre las azoteas con macetas, se va viendo una luz de plata, y en el fresco y puro azul matutino, aún negro, se oyen volar palomas que no se ven» (Juan Ramón Jiménez, Antología comentada).

La de 2019 llegó como bocanada de aire fresco, para aliviarnos de las decepciones del Miércoles y el Jueves Santo. Arrebatadora en sus matices y contrastes, conjugando el negro y la capa, el dolor y la alegría, la luz y las sombras, la perfecta armonía y el idealizado desorden. Difícil es siempre retratar para la memoria alguno de los momentos que nos regaló la noche fundida con el alba y que traspasó hasta bien entrada la tarde del Viernes Santo. Lo mejor y más importante es que todo transcurrió con la más absoluta naturalidad, recuperando el pulso y la tranquilidad perdida.

Cristo_del_Calvario

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