Impulsos

José Antonio Martín Pereira | 9 de agosto de 2016 a las 11:55

Es posible que suene a tópico, o puede que ni siquiera suene a nada porque agosto ya se sabe difumina cualquier atisbo de mensaje entre la parsimoniosa realidad de sus días. La cuestión, el fondo que es lo verdaderamente trascendental, es lo que no cambia. En un día cualquiera, y en cualquiera de los intervalos señalados por las manecillas del reloj, el trasiego al contacto con la frescura del mármol es constante. Fieles y curiosos declaran constantemente sus intenciones en dirección a Aquel de semblante familiar que siempre acoge, cual viejo doctor de toda la vida para el que palabra descanso no existe. La fe en ocasiones necesita impulsos, contacto directo, y ahí el Gran Poder se eleva como la traducción perfecta de la fórmula.

basilica Gran poder

Julio no entiende de cofradías

José Antonio Martín Pereira | 20 de julio de 2016 a las 11:28

Tras la intersección entre quincenas, y bajo la insondable sensación de aridez y ruido de obras en la que la ciudad queda sumida cuando el verano evidencia su extremo más señalado, se extiende entre los cofrades la percepción de que julio es un mes que no entiende de cofradías. Descanso agradecido, solamente alterado por la insipidez que vive en permanente estado de realidad alrededor de los que suspiran por hacer del invento su entretenimiento diario. No hay más, el curso quedó cerrado y la toma de oxígeno se torna más que en imprescindible, para buscar a Dios no se necesita más que la propia voluntad de encontrarlo.

En este sentido además, si algo tiene de buena la pegajosa etapa estival es la armonía que se respira en los templos, entre el frescor de sus pesados muros. A un lado el ajetreo y la vulnerabilidad con la que el día a día rodea de espinas la cercanía que intentamos mantener con Dios. Es momento para abrir nuevas rutas, para tender la mano a Aquel que nunca falla. Entre tanto las chicharras (o cigarras) convocan conciertos mañaneros allí donde las sombras de los espigados verdosos ofrecen cobijo, avivando la existencia de un tiempo que no merece ser despreciado.

Caviar sin comensales

José Antonio Martín Pereira | 30 de mayo de 2016 a las 10:40

En la festividad de San Fernando, patrón de la ciudad de Sevilla, aún resuenan los ecos de la última celebración del Corpus, cuya riqueza artística e Historia se determinan incuestionables pero cuyo estado actual invita cuánto menos a un ejercicio de reflexión colectivo.

Hablar del Corpus Christi en Sevilla significa remontarnos a principios del siglo XV, debió ser sobre 1400 cuando adquiere sus orígenes en Sevilla, aunque la documentación conocida sobre este acto es de 1426. Analizar los pasos y desgranar los detalles que rodean a la fiesta implicarían dedicar toda una tesis, pero no hace falta imbuirse tanto para alcanzar la conclusión de que algo está fallando, o de que en algo nos estamos equivocando.

A la progresiva disminución de público nos remitimos, en los últimos años más que evidente. Circunstancia que paradójicamente se manifiesta antagónica al regreso del Señor de la Cena a su templo a eso del mediodía, con calles a rebosar y sonido de cornetas. Y no digamos ya de la reducción del número de altares, o de la palpable falta de calidad que reflejan algunos de ellos, producto tal vez del aura conformista que hasta ahora ha hecho de telón para que ni el Cabildo Catedral ni las propias hermandades, con exceso de representación en sus cortejos corporativos, se hayan planteado una reforma que a tenor de los acontecimientos empieza a valorarse como necesaria. Al caviar, está claro, le faltan comensales.

Corpus Sevilla

Mensajes

José Antonio Martín Pereira | 20 de mayo de 2016 a las 10:07

Si hay algo que en la ciudad de Sevilla no encuentra cuantificación alguna es la fervorosa devoción que sostiene la Cruz a la que se agarra la portentosa imagen del nazareno de Juan de Mesa, Nuestro Padre Jesús del Gran Poder. Y podremos acudir a los doctores en Teología, rescatar los versos de los mejores poetas que legaron en esta tierra, o remitirnos a las más fabulosas leyendas de transmisión oral que han perdurado hasta nuestros días y que tienen como protagonista al Señor de la mirada serena. Pero la realidad volverá a superarnos. Visto el pasado viernes, junto a la peana uno de tantos mensajes de los que a diario refuerzan el incomparable pulmón que es la fe.

Señor del Gran Poder

Semana Santa 2016: la imagen

José Antonio Martín Pereira | 8 de abril de 2016 a las 12:07

Desde la insondable tranquilidad que otorga el reposo, dejando a un lado los desgastados pliegues del programa de mano que ya pasaron a formar parte de aquella caja de cartón que a modo de cofre sentimental trata de conservar esencias de lo que algún día nos hizo felices, y ahora que la brújula de la ciudad apunta sólidamente hacia otro rumbo bien distinto, una estampa sirve a modo de conclusión y cierre.

No es una elección al azar, posee una explicación que es la de recalcar esa Semana Santa que no vemos y que otras personas nos relatan en tenaces intentos por describirnos lo que allí, en el preciso instante capturado sucedió. Digamos que ésta podría ser de alguna forma la Semana Santa de Sevilla que muchos fieles percibieron por diversas razones desde la distancia. Una Semana Santa atípica para los que por determinados motivos faltaron a la cita con su ciudad, o tal vez soñada para otros los cuales, habiendo nacido en otra región de Andalucía o el mundo en un futuro pretenden desgranar lo que en Sevilla se experimenta. ¿Qué más da?

La Virgen de Loreto enfila el dintel de la histórica parroquia de San Isidoro cuando el Viernes Santo, consumido prácticamente, agoniza como una puñalada clavada donde más duele. Hoy estamos en posesión de poder decir que nada ocurrió en balde.

Virgen de Loreto

Semana Santa 2016: a olvidar

José Antonio Martín Pereira | 30 de marzo de 2016 a las 10:52

La lluvia

La inestabilidad meteorológica prevista se hizo dueña de la primera mitad de la Semana Santa. El Domingo de Ramos, cuando todo parecía en contra, el día logró salvarse por completo con algunos reajustes horarios y recogidas a su hora. El Lunes la jornada quedó a medias, y sólo pudimos disfrutar de las cuatro últimas cofradías de la nómina. Lo peor vino el Martes, cuando se corrieron riesgos quizás bajo el amparo de las cuatro gotas que finalmente cayeron el día anterior. La mojada de los dos primeros pasos de San Benito, los de Los Javieres y San Esteban, con sus respectivos cortejos, dejan probablemente el peor sabor de boca de la pasada Semana Santa.

El uso de las sillitas

Un clásico desde 2008 en prácticamente la totalidad de los balances una vez concluida la Semana Mayor tiene que ver con las ya famosas sillas plegables y el excesivo uso que se les viene dando. Es cierto que este año se ha podido comprobar una reducción de dicha pauta, pero no menos cierto es que el uso de las mismas está lejos de desaparecer, especialmente en determinados entornos por los que transitan varias cofradías a la vez. Cuando se observa a gente joven apoltronada la deducción de lo que supone el problema cívico es bien sencilla.

Revirás eternas y palios de plomo

Tan horrendas son las interminables revirás de los pasos de Cristo, perfectamente ostensibles en puntos concretos como la plaza de la Campana, como la incesante moda a la que se aferran ciertos capataces y que consiste en no dejar que las bambalinas del paso sobrepasen ni un milímetro los varales. No hay nada más bonito que un paso de Cristo o de Misterio andando poderosamente de frente, y un palio seduciendo con su movimiento acompasado.

El comportamiento con los cortejos

Cuestión ésta imposible de resumir en unas líneas, pero francamente palpable en la calle. Va a más porque el respeto en general de la sociedad en la que convivimos decrece. Y lo peor es que este tipo de patrones del gran público empiezan a tomarse por normales, y cada año resulta más complicado hacer estación de penitencia dignamente y sin altercados.

Los abusos del comercio

Otra de las circunstancias que año tras año aumenta merced a la dificultad que supone el control estricto del sector. A lo largo de la pasada semana se ha podido ver incluso como en el interior de locales destinados a la inmobiliaria se vendían bocadillos con refresco a razón de cuatro euros y medio la broma. Luego están los que vociferan cual vendedores ambulantes de playa en medio de la cofradía despachando agua o refresco. Todo el mundo tiene derecho a ganarse la vida como buenamente pueda, más ahora que el cinturón aprieta, pero tampoco podemos ni debemos dejar que la Semana Santa de Sevilla, objetivo turístico por naturaleza, caiga en las redes de la banalidad absoluta.

Cerro del Águila

Semana Santa 2016: a destacar

José Antonio Martín Pereira | 29 de marzo de 2016 a las 11:23

Las nubes y los horarios

Lo comprobamos especialmente el Domingo de Ramos, donde el riesgo álgido de lluvias previsto para la madrugada del Lunes Santo motivó que las hermandades acelerasen su regreso. Los pasos andando, y los nazarenos aliviados por ello. La Hiniesta y la Estrella entraron a su hora, y la Amargura 45 minutos antes de lo previsto. En esta ocasión las nubes favorecieron a la Semana Santa.

En cuanto a horarios e itinerarios, la vista estaba puesta en el desarrollo de la Madrugá tras todo un año de debate. Finalmente la solución vino de la mano del pequeño matiz aplicado en principio a modo de parche, y los ensambles funcionaron a la perfección. Apenas hubo retrasos, y la sensación generalizada deja muy buen sabor de boca.

El CECOP y la seguridad

Después de lo sucedido en la Madrugá de 2015, la seguridad se había convertido en premisa fundamental para hermandades, Ayuntamiento y CECOP. Y los datos oficiales avalan el nuevo plan de seguridad puesto en práctica, ya que apenas se registraron incidencias destacables en una semana marcada además por los atentados de Bruselas.

Lo más llamativo quizás fueron los aforamientos en determinadas zonas calificadas como de riesgo en función a episodios anteriores. Ése será por tanto el talón a pulir en un futuro, si bien la idea cuenta con el respaldo de las propias cofradías que han visto facilitado su discurrir, y de muchos cofrades que pensamos que a la Semana Santa necesitaba de un giro de tuerca radical en lo que a dicho aspecto se refiere.

Las Siete Palabras y el Buen Fin

Dos cofradías imprescindibles por el rigor de sus cortejos. La primera a pesar del puesto que ocupa en la jornada, que la hace transitar por las calles del centro hasta bien entrada la madrugada, así como de una historia reciente cargada de capítulos poco agradables. La segunda pese a contar con un nutrido grupo de niños entre sus filas, con las connotaciones que esta circunstancia conlleva. El corte clásico del Misterio de Las Siete Palabras, y el del paso de Cristo del Buen Fin dignifican a la Semana Santa de Sevilla.

La compostura del Cerro

El Martes Santo fuimos testigo de la jornada más difícil en cuanto a la meteorología. Una de las cofradías que sufrió los vaivenes entre el sol y las nubes fue la del Cerro del Águila, que se vio obligada a refugiar su paso de Misterio y todo su cortejo en el interior de la Catedral, mientras que el palio se resguardaba en el Rectorado para, poco después, trasladarse también al templo metropolitano. En todo lo que duró la incertidumbre en la calle, el numeroso cortejo formado por nazarenos y acompañantes, tan particular como siempre, guardó una compostura ejemplar facilitando la tarea al grupo de diputados de la Hermandad.

El Cachorro de vuelta

Con la madrugada del Sábado Santo acariciando la cofradía entre la oscuridad de la calle Castilla, los numerosos puntos de luz del paso del Cachorro y el clasicismo de los sones musicales que lo acompañaban convirtieron el regreso de la cofradía en un espectáculo sensorial inigualable. La vuelta de la cofradía trianera conserva matices de otra época al alcance de un público en su justa medida. Ni el frío logró desarticular el decoro de un cuerpo de nazarenos estoico.

Buen Fin

 

Como un suspiro

José Antonio Martín Pereira | 28 de marzo de 2016 a las 12:15

Como un suspiro. Así llegó, y así se fue. Sujeta al estricto e inalterable contador del tiempo, la Semana Santa expone cada año su naturaleza en la medida exacta que le ha sido otorgada. Desde la extraordinaria invitación que emitieran los nazarenos blancos cuando en el Porvenir el Domingo de Ramos abrió los corazones, y hasta que siete días más tarde el desenlace se fundió en los besos cargados de sentimiento y nostalgia en los pies del Cachorro de Triana, el álbum que almacena los recuerdos personales se ha compuesto de nuevas postales con la evidente intención de mitigar la nueva espera.

De este modo, a partir de hoy multitud de análisis tratarán de recoger lo acontecido. Como quien no acepta los designios del destino, las sucesivas alusiones al recuerdo exprimirán un invento que cada vez tiene más de artificial y menos de consustancial. Las observaciones cubrirán absolutamente todo lo materialmente vivido, sin embargo olvidarán a las personas, aquellas con las que compartimos instantes que por mucho esfuerzo que se ponga en recuperar jamás volverán a ser iguales porque ya forman parte del riguroso pasado.

Y qué nos queda, ¿un aura de tristeza tal vez? No, si hemos puesto interés en comprender la intensidad de estos días habremos caído en la cuenta de que el arrebato de matices no se produjo en balde. La Resurrección colma con creces cualquier atisbo de soledad.

Semana Santa resumen

Madrugá 2016: memorias

José Antonio Martín Pereira | 26 de marzo de 2016 a las 17:20

El Jueves Santo dio paso a la noche que agudiza el vaivén de las emociones como ningún otro momento del año. Y reinó la calma. El importante dispositivo de seguridad y los efectos del frío condicionaron el devenir de una jornada que dejó menos retrasos que en años anteriores. Tiempo habrá para someter a análisis lo acontecido, pero ya se pueden extraer las primeras valoraciones positivas al respecto de horarios e itinerarios. Imponente el Señor del Gran Poder con túnica bordada, el escrupuloso transitar de los nazarenos de la cofradía del Silencio o la Macarena en cualquiera de los enclaves de su recorrido. Bien entrada la tarde el testigo sentimental lo recogió el Cachorro, y ahí es donde todo comentario se queda corto.

Madruga Sevilla

Jueves Santo 2016: memorias

José Antonio Martín Pereira | 25 de marzo de 2016 a las 12:19

El Jueves Santo es el día que se cuenta a sí mismo. Jornada de cofradías clásicas de empaque y siglos con suma capacidad para detener el tiempo en cada una de las esquinas. La tónica generalizada a lo largo de la Semana Santa volvió a ponerse de manifiesto, hubo menos público del habitual en los últimos años y resultó más sencillo poder moverse, especialmente en la franja horaria en la que el Jueves y el Viernes Santo comienzan a fundirse. A destacar la cofradía de Los Negritos y su ya clásica apuesta por un exorno floral rompedor, el transitar del portentoso Misterio de La Exaltación camino de su templo o la finura del palio de la Virgen de la Victoria entre exquisitos sones.

Quinta Angustia Jueves Santo