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El «efecto contagio»

José Antonio Martín Pereira | 16 de julio de 2017 a las 12:51

El pasado viernes conocíamos el primer avance de las conclusiones de la investigación en relación al origen de las carreras en la Madrugá, elaborado por la Brigada Provincial de Información de la Policía Nacional . Dicho informe se ha basado según las propias fuentes oficiales en 70 testimonios de agentes que estaban aquella noche, así como en 1.188 archivos de audio de las comunicaciones de la Policía Nacional durante un intervalo de tiempo determinado. Del mismo modo, se han tenido en cuenta también 40 llamadas al 112, 8 informes facilitados por el personal de seguridad privada que prestaba servicio en la Madrugá, 10 capturas de vídeo de las cámaras de videovigilancia repartidas por el Cecop por el casco histórico y 58 vídeos aportados por los medios de comunicación, amén de otros 15 seleccionados de la plataforma Youtube. Todo ello además, con las declaraciones de los 58 testigos que resultaron heridos que presentaron denuncia y, sobre todo, los datos objetivos presentados por las hermandades.

Al hilo de lo anterior, la conclusión a la que se ha llegado es que el ruido de una pelea en la calle Arfe provocó una primera avalancha a las 4.10 horas, la cual afectó a 62 calles del centro de Sevilla. Así lo confirmaba el jefe superior de la Policía Nacional en Andalucía Occidental, que apuntó que ese ruido fue el detonante de una situación previa de temor provocada por los recientes atentados terroristas de aquella fecha e incluso a una alarma producida anteriormente cuando un senegalés gritó «Alá es grande» a las 3.53 horas en Reyes Católicos. De igual modo, la Policía descarta absolutamente que hubiera «ningún tipo de planificación, coordinación ni connivencia» entre los sucesos distribuidos por los distintos puntos de la ciudad, cifran por tanto lo ocurrido en el «efecto contagio».

Llegados a este punto, al cofrade de a pie le asaltan más dudas que respuestas. A todos o a casi todos nos vino a la mente el carpetazo cargado de interrogantes con el que se cerraron los incidentes de la famosa Madrugá del 2000. El caso es que 17 años después, el río desemboca en el mar y aquí pasó lo que pasó que fue nada. Obviamente cuesta creer que así fuera, y lo cierto es que la decepción generalizada es inevitable a la vista de las explicaciones aportadas. Esperábamos más, esperábamos la primera piedra de entidad para solucionar una jornada que va camino del cuarto de siglo desangrándose, desmembrada y desprovista en buena parte del clima que la hizo única y que quizás nunca logremos restaurar. La pelota queda ahora en el tejado de las seis hermandades implicadas, si toman el informe como verdad irrefutable entonces perfecto, pero si no es así ya van tarde a la hora de exigir otro tipo de responsabilidades. De momento el miedo sigue por delante en el marcador.

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La Madrugá: altavoz de lo cotidiano

José Antonio Martín Pereira | 17 de abril de 2017 a las 11:09

A estas alturas poco queda que no se haya dicho en los distintos medios entorno a los sucesos que tiñeron de gris una Semana Santa cuyo principal enunciado debió ser que la ausencia de lluvias y por consecuencia el pleno de cofradías en la calle. Lo acaecido durante la pasada Madrugá de Sevilla, otrora noche más hermosa del año, hoy permanente exposición de la agonía a la que hemos sometido la fiesta con su desacralización constante, marca una actualidad que ojalá no quede en simple brote sino que vierta en manantial del que derive la solución (difícil) a los innumerables problemas que la rodean.

En este sentido, vaya por delante mi total respaldo a las fuerzas y cuerpos de seguridad, así como a los sanitarios y al resto de servicios públicos por su rápida intervención, porque estoy convencido que el mal podría haber sido mucho peor. Dicho esto, el ejercicio de reflexión nos compete a todos, desde el primero al último de los cofrades de la ciudad, pasando por nuestros dirigentes políticos, que no pueden mirar hacia otro lado y de los cuales esta vez sí, y no como en el año 2000, debemos clamar respuestas y no silencio o escapadas por la tangente. Valga sólo un dato, los oficialmente más de cien heridos, para que los altercados no queden en agua de borrajas.

Desgraciadamente los problemas a los que se enfrentan las cofradías no son exclusivos a la celebración de la fiesta, sino que afectan a lo cotidiano pero precisamente por ello pasan desapercibidos a la conciencia universalizada. La Semana Santa en general, la Madrugá de Sevilla en concreto, se alzan como un simples altavoces por la dimensión que obtiene todo cuanto se les cruza. Ese es precisamente el alimento de quienes se creen con derecho a reventar el invento, y como viene sucediendo desde hace casi dos décadas (se dice pronto) no es que necesiten tirar de inventiva para conseguirlo, basta con encender la mecha y dedicarse a observar como prende rápidamente en el colectivo, susceptible desde aquella Madrugá anteriormente citada y con frescos en la conciencia a tenor del reguero de terror que sacude a Europa y parte del mundo. El vídeo que ilustra la entrada expone claramente la rápida propagación del miedo, y como el paso de palio de la Virgen de la Presentación de la hermandad del Calvario, aún rodeado, parece invisible a los ojos del pánico extendido.

Es evidente que no podemos bunkerizar la Semana Santa, pero sí urge adaptarla a la sociedad actual, del mismo modo que las cofradías lo han venido haciendo a lo largo de su dilatada historia. Lo complicado esta vez es que el enemigo es disperso, y que la memoria reciente pesa mucho más que cualquiera de los llamamientos a la calma. Hay que tener en cuenta el espacio, la Semana Santa no tiene lugar en un recinto acotado como podría ser un campo de fútbol o un teatro, sino que se desarrolla en la calle, amplitud en la que conviven cofrades y no cofrades, comerciantes y particulares, vecinos y espectadores, sevillanos y turistas, con lo cual las restricciones deben hacerse con enorme cautela y siempre con el respaldo de la ciudadanía. La pelota en gran parte está en el tejado de las hermandades, obligadas si así se requiriera a ceder en horarios e itinerarios para garantizar la seguridad y el control de la ciudad.

Hay que ser conscientes del escenario de degradación social y anticlericanismo que nos ha tocado vivir, y también prudentes hasta que se esclarezcan las causas, pero no podemos dejar pasar ni un minuto en la búsqueda de mecanismos que puedan hacer frente a la gravedad con la que nos enfrentamos. Primeramente todo pasa por hacer ejercicio de reflexión común, y pensar que la culpa de lo ocurrido no la tienen ni cuatro niñatos, ni la supuesta mente pensante que los ha promovido, sino que en parte es responsabilidad de las propias hermandades y cofradías, de nosotros mismos que somos los que las formamos. Claro que, cuando observamos los dirigentes que tenemos, miembros de juntas de gobierno con escasa formación vocacional, miembros del Consejo sobrepasados por el cargo y políticos que, por no mancharse han preferido “recomendar” en lugar de aplicar sentido común y prohibir, como exigía la causa, el uso de las archiconocidas sillitas portátiles, al menos en los lugares donde bien se han encargado de contaminar visualmente con señales que no valieron para absolutamente nada, caemos en la cuenta de que tenemos lo que nos hemos labrado. Porque aquí estamos más preocupados por ensalzar a capataces y costaleros; por aplaudir los interminables solos de corneta (por suerte venidos a menos); por esos tres minutos de margen en la plaza de la Campana que parecen ser el fin de todo esto; por creerse periodistas cubriendo recorridos y poblar de fotografías inútiles las redes sociales; o por no dañar la imagen de esos “pobres” nazarenos que vistiendo hábito y en plenas facultades físicas salen de su tramo para tomarse un café (y lo que no es un café) asestando un mazazo a la Historia y al legado por el que muchas personas de bien dieron incluso lo que no tenían para entregárnoslo con la mayor dignidad posible.

La Semana Santa de Sevilla, la Madrugá, aunque nos duela, necesitan de respiración asistida y de un cónclave entre sus actores principales, eso es obvio, pero también que se apliquen las leyes y normas antes de que lamentemos algo mucho menos agradable de relatar.

incidentes madrugá sevilla

Foto: Agencia EFE

Vídeo: Youtube; usuario El Palquillo