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El buen gusto no entiende de modas

José Antonio Martín Pereira | 21 de noviembre de 2016 a las 12:52

Volvió a ocurrir. Como cada año, cuando noviembre enfila la recta que conduce a la previa de la Navidad, la Virgen de la Amargura desciende del camarín en el que se le rinde culto a lo largo del curso para encontrarse con sus fieles. Es por innumerables circunstancias cita ineludible, y lo es porque si de lo que se trata en un besamano es que la dolorosa se acerque para que los fieles sientan su cercanía, en un entorno que podrá ser más o menos complejo o simple, original o clásico, la priostía de la corporación sita en San Juan de la Palma siempre logra el resultado adecuado, sin perder el norte en cuanto a modas, convirtiendo la reconciliación tradicional de la belleza en buen gusto.

Amargura

No más barreras

José Antonio Martín Pereira | 12 de febrero de 2016 a las 13:02

El vídeo se popularizaba en la jornada de ayer gracias a su inmediata difusión a partir de las redes sociales. Desde El Foro Cofrade agitaban la conciencia de todos con una exposición visual de los hechos, publicada previamente por la propia protagonista (cuya identidad reservamos) a través de Facebook. La señora en silla de ruedas intenta besar la mano del Santísimo Cristo de las Tres Caídas, pero el escalón y la altura a la que se encontraba la imagen le impiden hacerlo, así que con dificultad besa uno de los borlones del cíngulo del Señor.

Con ello no se trata de apuntar directamente a una hermandad en concreto, sino de poner el dedo en la llaga para que hagamos ejercicio de reflexión y este tipo de situaciones tiendan a desaparecer progresivamente. Sí que es cierto que hay cofradías (la Amargura es un ejemplo) que cuidan hasta el extremo los detalles, superponiendo incluso la accesibilidad al criterio estético, pero de momento son sólo una minoría. Que tomen nota los priostes, y nunca más volvamos a ver imágenes de esta índole.

Pinchar aquí para visualizar el vídeo

Captura_video
Captura de una secuencia. Vídeo cortesía de El Foro Cofrade

La Amargura

José Antonio Martín Pereira | 21 de noviembre de 2015 a las 8:51

La Amargura es ese bálsamo en el que refugiar la locura que cerca al mundo; el espejo en el que cualquier ser humano debería mirarse al menos una vez en su vida. No existe un rostro que exprese con mayor sensibilidad tan exquisito consuelo; tan verdadero sentido. Noviembre no alcanza su esplendor hasta que la Virgen no desciende de su camarín para complacer el tiento brindado por el viejo barrio. Soplan vientos que conducen el rumbo inevitablemente hacia el frescor del Adviento; entretanto en San Juan de la Palma el tarro de las esencias ha sido descubierto.

besamano_amargura

Foto: @Hdad_Amargura

Cinco minutos

José Antonio Martín Pereira | 26 de febrero de 2015 a las 11:41

Lleva tatuada la agenda de cultos de la semana. Admira retablos de cera como si de éstos nacieran los amaneceres. Se jacta de su habilidad para recorrer cada besapié o besamano con su cámara de fotos bajo el brazo. Suma varios meses viendo vídeos, y expone públicamente a diario la cuenta atrás hacia el Domingo de Palmas. Seguro que no han quedado inadvertidos en su conciencia los últimos movimientos en cuanto a la configuración de horarios e itinerarios. Conoce cada particularidad o nuevo estreno. Repasa cada día las marchas y sones más característicos. Devora letras moradas. Se cataloga incluso como buen cofrade, porque no pierde detalle de una Cuaresma que avanza sin demora. ¿Pero ha dedicado cinco minutos a Dios? Es posible que en esa corta delimitación del minutero se hallen multitud de respuestas.

La Cuaresma es, no cabe duda, tiempo de reencuentro con Dios en esa búsqueda de equilibrio cristiano en tantas ocasiones necesitada. Aún falta camino por recorrer, y por tanto oportunidad latente. Tal vez cinco minutos al día superen con creces los cánones presentes del cofrade capillita. Es cuestión de probar…

La Esperanza

José Antonio Martín Pereira | 17 de diciembre de 2013 a las 11:43

Enebro de diciembre que es desliz de otro tiempo. La buena nueva se adelanta a través de la mano de la que nunca debe faltar. María, en su advocación más necesaria para la condición humana, abre las puertas a la Navidad invitándonos a la reflexión y a la oración. Entretanto, a punto están de unirse Antiguo y Nuevo Testamento, acabando con las sombras y dando pie al brillo que irradia la verdad de las profecías. La espera en virtud de la presencia. El Tiempo de Adviento toca su fin cual certeza escondida en el seno de María. Y en Sevilla, María es La Esperanza, emblema que escenifica y hace comprender el por qué de la perpetuidad relativa a la Fe en Cristo en tiempos del dominio de la sinrazón. En San Lorenzo el mismo Dios que se venera al final de la calle Castilla, en el interior de la capilla universitaria o bajo las indescriptibles bóvedas de la Colegial del Divino Salvador. Y en San Gil…, en San Gil, como cada día, la Esperanza.

Esperanza Macarena
Foto: Carmen Pérez

 

Spes Nostra

José Antonio Martín Pereira | 17 de diciembre de 2012 a las 11:15

Entre las virtudes teologales, la Esperanza. Segunda en el orden, reconocida virtud infusa que capacita al hombre para tener confianza y plena certeza de conseguir la vida eterna y los medios, tanto sobrenaturales como naturales, necesarios para alcanzarla, apoyado en el auxilio omnipotente de Dios. Aunque el motivo propio de la Esperanza es Dios, por voluntad de Él mismo, también se puede poner en la Humanidad de Cristo, en la Virgen, Esperanza Nuestra, Corredentora y Mediadora de todas las gracias, que no abandona a los hermanos de su Hijo peregrinos en la tierra, y en los santos, que nos ayudan con su intercesión. Es por tanto la Esperanza cristiana una virtud teologal infundida por Dios. Teologal, porque tiene por objeto directo e inmediato al mismo Dios, tal cual la Fe y la Caridad. La Esperanza, como hábito, reside en la voluntad, ya que su acto propio es un movimiento del apetito racional hacia el bien, que es el objeto de la voluntad.

Tomando prestadas las palabras del padre Adrián Sanabria en su última relfexión (Aprovecha el Adviento), pudieramos decir que «la Esperanza tal vez sea la palabra que más resuena en este tiempo. Esperamos la venida del Señor, y esperamos que su salvación se realice en nosotros y en nuestro mundo. Lo sabemos, desde luego, que esta esperanza no se realizará definitivamente hasta que llegue el Reino de Dios para siempre, al término de todo, en la vida eterna. Y sabemos también que nuestro camino en este mundo está orientado y encaminado hasta este momento último, pleno, cuando Dios reunirá a sus hijos e hijas en su cielo nuevo, donde ya no habrá dolor ni penas ni tristezas».

Asimismo, los grandes pensadores también se han referido a ella. Como dejara escrito el insigne filósofo griego Aristóteles, la esperanza es el sueño del hombre despierto; tal cual su homónimo Tales de Mileto, quien entendió a la esperanza (como) el único bien común a todos los hombres. pos que todo lo han perdido la poseen aún; o el siempre reseñable humanista Martin Luther King, según el cual podríamos decir que todo cuanto se hace en el mundo es obra de la esperanza.

Lo cierto es que ni las personas, ni por ende las sucesivas generaciones desarolladas a lo largo de la historia sobre la faz de la tierra, han sabido vivir sin ella, porque la esperanza es el mecanismo que mantiene las constantes vitales de la humanidad tenzmente activas, otorgando licencia para soñar, crear, proyectar y construir. En absoluto es opuesto al realismo, sino la antítesis del escepticismo y la desesperación.

Esperanza, Macarena, a la que en Sevilla tenemos suerte de venerar con rostro propio. Esperanza tantas veces descrita a través del arte de las palabras, la fotografía o la pintura. Esperanza que requiebra almas. Esperanza explosión de sol y armonía, parafraseando a Manuel Machado. Esperanza inspiradora de plegarias y oraciones. Esperanza, la misma que existe en cada una de nuestros propósitos de enmienda. Esperanza que pervive allí donde el recuerdo o una estampa así lo dictan. Esperanza que nos ofrece su mano.

Ahora más que nunca, Spes Nostra…

Foto: Marina Lorente

 

En Triana, su Esperanza

José Antonio Martín Pereira | 15 de diciembre de 2012 a las 18:18

Triana decora el esplendor del Tiempo litúrgico que honramos a su modo particular. La Esperanza es, en el viejo barrio, el filón donde reposan amargores y la vértebra sobre la que se desliza el porvenir. Lo cincelan la intensidad del verde hegemónico fluyendo por las arterias que conducen a la calle Larga, hoy Pureza, y el generoso perfume a nardos con el que la Capilla de los Marineros recibe a propios y extraños. Advocación que invita al optimismo, ahora que más se la necesita cerca.

La conjunción, una vez más, se ejecuta sin ataduras en escena, porque Triana apellida a la Esperanza, y la Esperanza da nombre a Triana. Quedan días al abrigo de un Adviento que posa sobre Sevilla como preludio a la llegada del Redentor. Antes, su Madre; antes, Triana.

La Amargura: expresión de detalles

José Antonio Martín Pereira | 19 de noviembre de 2012 a las 10:20

Recobrando esplendor la otrora conocida como plaza de la Herrería. Acostumbrados a la penumbra dieciochesca, protagonista desmedida en multitud de ocasiones, se agradece la claridad testigo de la armonía de colores. Ornamentación secundaria, un pasillo largo y definido conduce hasta el final, que no es sino el origen de la vida. La Virgen espera. Es, el besamano por antonomasia.

Y en ello, una Corporación que cuida hasta el extremo los detalles, brinda tiempo y espacio a profesionales y aficionados a la fotografía. Corría la media tarde de ayer, domingo en el que la pastoral celebraba el Día de la Iglesia Diocesana, y antes de que se retomara el culto abierto al público, los amantes de la instantánea tuvieron tiempo de inmortalizar la extensión de buen gusto dispuesta cual regalo de abril. Método idóneo para no entorpecer el rezo de los fieles, hasta ahí es preciso ajustar la medida, porque es precisamente a esa altura donde se halla lo perfecto.

El Cerro: realidad objetiva

José Antonio Martín Pereira | 3 de octubre de 2012 a las 14:38

La realidad objetiva es la realidad real, lo que existe verdaderamente, en contraposición con la realidad subjetiva, que es aquella apreciación que hace el sujeto sobre la realidad objetiva. Según Descartes, considerado como el padre de la geometría analítica y de la filosofía moderna, no todas las ideas tienen la misma realidad objetiva: las que se refieren a substancias tienen más realidad objetiva que las que se refieren a atributos; y, de las substancias, las que se refieren a las substancias espirituales poseen más realidad objetiva que las que se refieren a cosas materiales. Concluía afirmando que la idea con más realidad objetiva es la idea de Dios. Marx sin en cambio, atribuyó a la conciencia el reflejo subjetivo de la realidad objetiva. Pero, conciencia es percatarse, ¿y percatarse de qué? De todo lo que esta alrededor. Lo que esta alrededor y es palpable es objetivo.

Lo que no se escapa, y así lo advierten tanto la propia evolución de la Hermandad como la idiosincrasia del escenario urbano sobre el que se asienta, es la impronta que ejerce la Virgen de Los Dolores sobre sus vecinos. La Virgen es en El Cerro del Águila punto neurálgico donde confluyen los más firmes sentimientos de identidad, pieza central de un puzle que comenzara su gestación entre innumerables variables el siglo pasado, y que aún hoy reserva a todo aquel que muestre interés las puertas abiertas al corazón de sus entrañas. ¿El Cerro es Dolores, o Dolores es El Cerro? La pregunta queda abierta, en lo que objetividad y subjetividad se dan la mano…

Entre suaves matices, Carretería

José Antonio Martín Pereira | 21 de mayo de 2012 a las 10:30

Porque en Tiempo de Gloria no todo son Glorias, la Capilla de las Tres Necesidades fue testigo en la jornada del domingo de la séptima de Pascua, de uno de aquellos episodios capaz de hacer cuestionar la firmeza en la que a menudo trata de hallarse la retentiva. Lejos queda ya un Viernes Santo desprovisto de alma, más allá incluso la pasada Cuaresma, pero el aroma de ayer, en tarde fresca de mayo, bien insinuaba lo contrario.

La Virgen del Mayor Dolor en su Soledad, espléndida entre un ambiente solemne y recogido, de los que se echan de menos, puso la discordancia de la que todo rancio necesita. Entre suaves y sobrios matices, la Hermandad de la Carretería celebraba solemne besamano de su Titular y ni la lluvia, que hizo acto de presencia en varias ocasiones a lo largo del día, quiso perdérselo, como no podía ser menos.