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El númerus clausus no es la solución

José Antonio Martín Pereira | 21 de noviembre de 2017 a las 21:12

Se viene hablando recientemente, más concretamente durante los últimos días, de la imperiosa necesidad por dimensionar la Semana Santa actual conforme a las limitaciones que se deducen de la indivisible conjunción espacio-tiempo.

Nada más lejos, y sea cual sea cada parecer, todos los que nos sentimos integrantes de la misma en mayor o menor medida participamos de esa percepción, admitiendo que el modelo tal y como se concibe actualmente urge de retoques incuestionables. Pero es que además, si es la propia Policía la que recomienda al Consejo adoptar medidas como el númerus clausus para solventar (junto con otro tipo de propuestas) los graves problemas que rodean a la Madrugá, la cosa no sólo se complica sino que requiere de un análisis mucho más profundo.

El tema, como otros muchos de los que rodean a una de las manifestaciones culturales y religiosas más conocidas del mundo como es la Semana Santa de Sevilla, ni es nuevo ni de llevarse a la práctica solucionaría el conjunto que inquietudes que hoy día alteran la celebración. Es más, a la vista de las numerosas de opiniones vertidas al respecto, unas con más acierto que otras, podría inclusive conllevar efectos contraproducentes.

Lo que es irrebatible, como decía anteriormente, es que razones no faltan para tener en cuenta ésta o cualquier otro tipo de alternativa que repercuta en mejoras en la seguridad, pero siempre con matices porque si nos quedamos sólo ahí estaríamos cayendo en un grave error. Sirva como elemento de partida que (aunque se esté llevando especialmente la cuestión para las hermandades de la Madrugá) no todas las cofradías llevan una línea ascendente en cuanto al número de hermanos que componen sus cortejos, como tampoco todas cuentan con un exceso de nazarenos en sus filas en proporción a sus respectivas nóminas, y mucho menos aún si derivamos esa perspectiva desde la óptica de una ciudad que cuenta con aproximadamente 700.000 habitantes (sólo su núcleo, sin contar su área metropolitana).

Llama poderosamente la atención, y no es casualidad, que haya quien secunde esta teoría desde su posición de acomodado de silla en la Campana. Es lógico, hasta el mayor de los capillitas puede aburrirse viendo pasar cortejos con 2000 y 3000 nazarenos. Pero la situación en las calles es otra, amén de los embotellamientos que se forman en lugares de sobra conocidos, permitidos por el uso de las sillitas plegables y otras malas prácticas recientes (ahí es donde verdaderamente habría que actuar), moverse como se ha hecho toda la vida sigue siendo relativamente fácil (sobretodo en ciertas jornadas y en determinadas horas). De modo que aquí lo que sobra es cierto público que no sale a ver cofradías sino a pasar una tarde de camping en el centro de la ciudad y rodeado de pasos.

Dicho esto, se antoja temerario plantear límites sobre el derecho de los hermanos (que recordemos son los que con sus cuotas sustentan a las hermandades y con ello a todo lo que sale de ellas), máxime si destapando la cortina nos asomamos fuera de la ciudad y comprobamos como en muchas otras localidades los cuerpos de nazarenos, los costaleros, las personas que quieren ser miembros de junta y hasta el público escasean de manera preocupante. No es menos cierto, en el polo opuesto, que la Semana Santa de Sevilla está de moda, para lo bueno y para lo malo, y nuestra obligación es la de contribuir de cara al auge en la formación dentro y fuera de las hermandades, para que ésta repercuta en favor de una sociedad en valores. Miremos al pasado, echemos mano a los libros o tiremos de memoria, quizás así aprendamos que para asestarle puñaladas ya vendrán otros.

Los gitanos Sevilla

El tiempo para la Semana Santa 2015: escenario idílico

José Antonio Martín Pereira | 27 de marzo de 2015 a las 10:21

La atmósfera y sus componentes son un clásico de la fecha. La Semana Santa, en Sevilla como en prácticamente el resto de España, adquiere cada año un papel emocional superlativo pero también actúa en sí misma como generador económico de cara al turismo. Climatológicamente hablando nos hallamos ante la más estable de los últimos tiempos, ya que las tendencias que se observaban a lo largo de los días previos más que complicarse han ido reforzando esa situación de calma en consecuencia a las altas presiones situadas en torno al archipiélago de las Azores.

Escenario idílico en el que convergen todos los modelos y predicciones, que ha dotado de tranquilidad a las jornadas pretéritas, circunstancia a la que el cofrade está poco acostumbrado, y que invita a pensar (con relativa cautela de cara a los días finales) que viviremos una Semana Santa con riesgo nulo de lluvias y ambiente bastante caluroso. Ni siquiera parece que será necesario aclarar tecnicismos ni desgranar panoramas aún a expensas, eso sí, de que a muchos capillitas frustrados por la poca imaginación se les olvide refrescar conceptos de los que sólo se autodeterminan expertos conocedores durante un par de semanas al año (eso que nos ahorramos). Queda abierta pues la puerta del gozo…

previsión Semana Santa AEMET

Fuente captura: AEMET

No basta con señalar

José Antonio Martín Pereira | 23 de mayo de 2013 a las 12:33

A estas alturas de la película, a nadie se le escapa que las redes sociales se posicionan hoy día como potentes termómetros de opinión, para cualquiera de los temas que se precien. Por consiguiente, el orbe de las cofradías no vive ajeno, y es por ello que resulta relativamente sencillo evaluar parececes a golpe de ratón. La última que se cuece en los últimos tiempos por estos lares tiene que ver con las procesiones extraordinarias que por el Año de la Fe se han celebrado, o aspiran a celebrarse en un horizonte cercano, en el resto de las provincias andaluzas.

La pregunta es bien sencilla: ¿centrar las conmemoraciones del Año de la Fe en sacar las imágenes a la calle?. En Sevilla tuvimos la oportunidad, con el Vía Crucis de la Fe, allá por mediados del pasado mes de febrero, y la perdimos no por la lluvia, que haciendo valer sus caprichos apareció para deshacer el desarrollo del invento, sino por el cúmulo de desaciertos concebido por cada una de las partes en la confección del mismo, esto es Consejo, Palacio, Hermandades y cofrades en general. Aún hoy retumban lamentos. Sin embargo, la demanda por lo extraordinario, en definitiva, lo que reclama es saciar el hambre de pasos con el que los capillitas de turno sobrevuelan durante todo el año la espera. Valgan como ejemplo las procesiones eucarísticas que dan vida a los domingos del presente mes, ajenas a la vorágine frikista de la que ya no escapan ni los actos más íntimos de cuantos desarrollan las cofradías, ni siquiera las tradicionales cruces de mayo, convertidas en buena parte de los casos en auténticos juegos de pasitos para vanagloria de aprendices de costalero bien creciditos. De las charlas formativas, cursillos de preparación y adoraciones al Santísimo, que también están teniendo lugar durante el destacado Año litúrgico que estamos celebrando, poco o nada se habla.

En este sentido, si al hilo de los eventos programados para otras ciudades andaluzas con este motivo, alguien pretende volcar la exclusividad de las culpas sobre la gestión de Palacio en cuanto a lo que pudo ser y no fue, debería mirar primero al espejo en el que asoman las cofradías en la ciudad. Espejo agrietado, en el que reflejan protagonismos, envidías, ansías de poder y una profusa cantidad de faltas de respeto. Quien no lo vea así es porque no quiere verlo. Por ello, en una ciudad que ha permitido desnaturalizar uno de sus principales tesoros, su Semana Santa, y acoge con pleitesía derivaciones irracionales de nuevas modas, no basta con señalar. Lo preciso sería hacer examen de culpas, y poner en pie que a día de hoy, inmersos en la sociedad de la que formamos parte, no es suficiente con mantener el legado histórico-cultural, el futuro está en manos de todos.

Retomando intenciones por las extraordinarias

José Antonio Martín Pereira | 31 de julio de 2011 a las 9:37

Año inusual éste, a tenor de la drástica (e imperiosa) reducción de paseítos extraordinarios, vulgo salidas evangelizadoras, producto de la conjunción imaginativa innecesaria de los capillitas del siglo XXI, claramente distante a los motivos que las generaban antaño. A bote pronto, y fijando el límite en el mes que toca fin (julio), a la memoria un único precedente, el que protagonizara la Hermandad de San Buenaventura allá por la pasada Cuaresma (concretamente el 12 de marzo). Fíjese, la excusa por entonces utilizada para poner un paso en la calle se vinculó al 75 aniversario de la hechura del Cristo de la Salvación, Titular de la corporación sita en la calle Carlos Cañal. Estando previsto el cortejo alcanzara las naves del templo catedralicio, la lluvia (premonitora de Viernes Santo) truncaría las citadas intenciones. Ahora bien, y por propia regla de tres, utilizando solamente tal argumento (insustancial), el Cristo de la Conversión debería haber salido cinco veces (es obra documentada de Juan de Mesa, y data 1620), el Cristo de la Fundación (Andrés de Ocampo, 1622) otras tantas, o el Señor de la Oración en el Huerto cuatro veces (Jerónimo Hernández, 1675). Ejemplos sobrarían a la hora de desmoronar un pretexto tan singular.

Dicho lo anterior, la paralela realidad cofrade diseñada y sostenida por aquellos quienes vistiendo traje tratan de idealizar todo lo vinculado a los golpes de vara sobre el asfalto, muy respetable aunque nada compartida por un servidor, vuelve a denotar recientes amagos de protagonismo. Y no lo decía precisamente en referencia a la participación de la Virgen de Regla en Madrid, dentro de aproximadamente quince días, en relación a intereses ondeados a unos cientos de kilómetros de la ciudad del Guadalquivir y con la justificación de las Jornadas Mundiales de la Juventud (como si la propia presencia del acto no dictaminara suficiente grandeza), sino más bien a razón de la incorporación de hermandades/juntas de gobierno a tan insípida manía, hecho cada vez menos sorprendente.

Particularizando primeramente en la Hermandad de La Sed, su junta de gobierno, reunida en cabildo de oficiales presidido por su Hermano Mayor, Francisco Javier Escudero, el pasado 15 de julio, decidía (dando cuenta a las propias Reglas de la Corporación) que el próximo mes de septiembre (concretamente el día 18) la Virgen de Consolación Madre de la Iglesia visite en Rosario de la Aurora los barrios de Los Pajaritos, Madre de Dios y Las Candelarias. Es decir, vendrá a tratarse de un paseo hasta una zona extrapolada a la feligresía donde se erige la cofradía, en la que además existen otras hermandades y donde, por muchos hermanos que residan no se determina necesario llegar bajo el pretexto de un Consuelo que tal vez sea más imperioso dentro del propio barrio. Y el año que viene qué, ¿Pino Montano? ¿El Polígono San Pablo? Ni que estuviésemos en el año de las Misiones…

Pero para extrañeza, la que pretenden protagonizar los miembros de la junta de gobierno de la Hermandad de San Roque, los cuales han convocado a sus hermanos a celebrar un cabildo general de carácter extraordinario con intención de trasladar la imagen del Santo Crucifijo de San Agustín al templo de Santa Clara, regentado por la congregación de los Padres Agustinos. La cita tendrá lugar el próximo 8 de septiembre, y con su aprobación persiguen participar de las bodas de plata de la susodicha parroquia. Cien son los años que llevan conmemorándose en la Parroquia de la O (1911-2011), con un calendario de actos excepcional, buen espejo en el que reflejarse.

Así las cosas, en la ciudad de las Coronaciones sin devoción resurgen banales deseos, retoman intenciones por las extraordinarias.

Ocurría el viernes

José Antonio Martín Pereira | 5 de abril de 2011 a las 9:41

No crea que llego tarde a los hechos, esta reflexión nace de una conversación reciente aunque por mi cabeza rondaba incluir determinada referencia. Ocurría el viernes, pero poco se ha comentado más allá de breves narraciones y alguna que otra crónica valiente de periodistas de los que ya no se fabrican. Al capillita de turno se lo perdonamos, estará muy ocupado preparando su disfraz (dicho alto y claro) y probablemente no tenga en consideración la gravedad de lo sucedido. Al hilo, se hecha también en falta un posicionamiento contundente de la iglesia sevillana, aunque obviamente es entendible la cautela mientras no se esclarezcan datos.

Les decía sin decirles que el pasado viernes el barrio de San Bernardo amanecía conmocionado. Rumores y confusión venían lentamente a confirmar el robo en la parroquia. Era el Vicario Parroquial quien, poco antes de las nueve de la mañana, descubría que la puerta del Sagrario que preside la capilla sacramental había sido forzada. Por el suelo se esparcían las Sagradas Formas, guardadas hasta entonces en dos copones sustraídos. Nada más faltaba, de ahí que cobre fuerza la hipótesis del escarnio a la Religión Católica. Con lo acontecido en Madrid semanas atrás, me pregunto si aún pensamos mantener una mejilla azotada por golpes. Qué triste es el silencio.

A la espera de que la investigación de la Policía Científica aclare los hechos, cabría preguntarse cuál es la Cuaresma que vivimos. Relucientes los pasos, hermosas las imágenes, apetitosa gastronomía, pero ni un momento para proclamar una terminante repulsa cuando atentan contra Dios. Una decepción que añadir al pinturero círculo capillita para seguir demostrando lo lejos que queda el conocimiento de la Fe transmitida a golpes de pecho una Semana al año.