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La Madrugá: altavoz de lo cotidiano

José Antonio Martín Pereira | 17 de abril de 2017 a las 11:09

A estas alturas poco queda que no se haya dicho en los distintos medios entorno a los sucesos que tiñeron de gris una Semana Santa cuyo principal enunciado debió ser que la ausencia de lluvias y por consecuencia el pleno de cofradías en la calle. Lo acaecido durante la pasada Madrugá de Sevilla, otrora noche más hermosa del año, hoy permanente exposición de la agonía a la que hemos sometido la fiesta con su desacralización constante, marca una actualidad que ojalá no quede en simple brote sino que vierta en manantial del que derive la solución (difícil) a los innumerables problemas que la rodean.

En este sentido, vaya por delante mi total respaldo a las fuerzas y cuerpos de seguridad, así como a los sanitarios y al resto de servicios públicos por su rápida intervención, porque estoy convencido que el mal podría haber sido mucho peor. Dicho esto, el ejercicio de reflexión nos compete a todos, desde el primero al último de los cofrades de la ciudad, pasando por nuestros dirigentes políticos, que no pueden mirar hacia otro lado y de los cuales esta vez sí, y no como en el año 2000, debemos clamar respuestas y no silencio o escapadas por la tangente. Valga sólo un dato, los oficialmente más de cien heridos, para que los altercados no queden en agua de borrajas.

Desgraciadamente los problemas a los que se enfrentan las cofradías no son exclusivos a la celebración de la fiesta, sino que afectan a lo cotidiano pero precisamente por ello pasan desapercibidos a la conciencia universalizada. La Semana Santa en general, la Madrugá de Sevilla en concreto, se alzan como un simples altavoces por la dimensión que obtiene todo cuanto se les cruza. Ese es precisamente el alimento de quienes se creen con derecho a reventar el invento, y como viene sucediendo desde hace casi dos décadas (se dice pronto) no es que necesiten tirar de inventiva para conseguirlo, basta con encender la mecha y dedicarse a observar como prende rápidamente en el colectivo, susceptible desde aquella Madrugá anteriormente citada y con frescos en la conciencia a tenor del reguero de terror que sacude a Europa y parte del mundo. El vídeo que ilustra la entrada expone claramente la rápida propagación del miedo, y como el paso de palio de la Virgen de la Presentación de la hermandad del Calvario, aún rodeado, parece invisible a los ojos del pánico extendido.

Es evidente que no podemos bunkerizar la Semana Santa, pero sí urge adaptarla a la sociedad actual, del mismo modo que las cofradías lo han venido haciendo a lo largo de su dilatada historia. Lo complicado esta vez es que el enemigo es disperso, y que la memoria reciente pesa mucho más que cualquiera de los llamamientos a la calma. Hay que tener en cuenta el espacio, la Semana Santa no tiene lugar en un recinto acotado como podría ser un campo de fútbol o un teatro, sino que se desarrolla en la calle, amplitud en la que conviven cofrades y no cofrades, comerciantes y particulares, vecinos y espectadores, sevillanos y turistas, con lo cual las restricciones deben hacerse con enorme cautela y siempre con el respaldo de la ciudadanía. La pelota en gran parte está en el tejado de las hermandades, obligadas si así se requiriera a ceder en horarios e itinerarios para garantizar la seguridad y el control de la ciudad.

Hay que ser conscientes del escenario de degradación social y anticlericanismo que nos ha tocado vivir, y también prudentes hasta que se esclarezcan las causas, pero no podemos dejar pasar ni un minuto en la búsqueda de mecanismos que puedan hacer frente a la gravedad con la que nos enfrentamos. Primeramente todo pasa por hacer ejercicio de reflexión común, y pensar que la culpa de lo ocurrido no la tienen ni cuatro niñatos, ni la supuesta mente pensante que los ha promovido, sino que en parte es responsabilidad de las propias hermandades y cofradías, de nosotros mismos que somos los que las formamos. Claro que, cuando observamos los dirigentes que tenemos, miembros de juntas de gobierno con escasa formación vocacional, miembros del Consejo sobrepasados por el cargo y políticos que, por no mancharse han preferido “recomendar” en lugar de aplicar sentido común y prohibir, como exigía la causa, el uso de las archiconocidas sillitas portátiles, al menos en los lugares donde bien se han encargado de contaminar visualmente con señales que no valieron para absolutamente nada, caemos en la cuenta de que tenemos lo que nos hemos labrado. Porque aquí estamos más preocupados por ensalzar a capataces y costaleros; por aplaudir los interminables solos de corneta (por suerte venidos a menos); por esos tres minutos de margen en la plaza de la Campana que parecen ser el fin de todo esto; por creerse periodistas cubriendo recorridos y poblar de fotografías inútiles las redes sociales; o por no dañar la imagen de esos “pobres” nazarenos que vistiendo hábito y en plenas facultades físicas salen de su tramo para tomarse un café (y lo que no es un café) asestando un mazazo a la Historia y al legado por el que muchas personas de bien dieron incluso lo que no tenían para entregárnoslo con la mayor dignidad posible.

La Semana Santa de Sevilla, la Madrugá, aunque nos duela, necesitan de respiración asistida y de un cónclave entre sus actores principales, eso es obvio, pero también que se apliquen las leyes y normas antes de que lamentemos algo mucho menos agradable de relatar.

incidentes madrugá sevilla

Foto: Agencia EFE

Vídeo: Youtube; usuario El Palquillo

Participar de la cofradía

José Antonio Martín Pereira | 6 de abril de 2017 a las 12:11

Participar de la cofradía es para todos motivo de orgullo. Una sensación indescriptible recorre el cuerpo cuando, después de un largo año, volvemos a sentirnos partícipes del momento soñado, pero que a la vez vierte sobre nosotros un altas dosis de responsabilidad cristiana, de ferviente compromiso a pesar del silencio público.

A menudo durante la Semana Santa y tras ella, las redes sociales que se han convertido en altavoces rápidos e implacables, con jueces que sentencian sin antes mirarse al espejo, donde se martiriza el trabajo de las cofradías por comportamientos o malas prácticas puntuales las cuales, eso sí, degeneran la buena acción que realizan las hermandades a diario. No obstante, podemos afirmar con rotundidad que participar de la cofradía es algo muy serio, sea cual sea el puesto que ocupemos en ella el motivo esencial es hacer Estación de Penitencia por todo aquello que nos impide parecernos a Cristo.

Precisamente hacer referencia a esto último, la Estación de Penitencia, que consiste en ir en procesión desde los distintos templos la hasta la Santa Iglesia Catedral, y a su vez determina el saber entender muy bien el significado de este gesto. La Catedral es símbolo de la Iglesia del Cielo hacia la que todos los cristianos nos dirigimos, como peregrinos, con cirios que son signos de la eternidad, tras la Cruz del Redentor.

Es por ello que debemos estar preparados para el sufrimiento que conlleva el alcanzar esa meta. Nadie dijo que realizar la penitencia fuese tarea fácil, hay que vencer al cansancio, a la incomodidad prolongada, al calor o al fío, en un ejercicio de resistencia que nos debe servir para ahondar en la conversión al Evangelio, y también para fomentar la fe entre quienes asisten al tránsito de nuestros amados Titulares. De nada sirve el esfuerzo que otros hayan puesto inculcándonos la tradición o el recogimiento, si luego a la hora de la verdad nos dejamos vencer por nosotros mismos. Con la mirada puesta en lo que está por venir, dejemos el listón bien alto.

Los gitanos Sevilla

Las hermandades sevillanas: un 24% más solidarias

José Antonio Martín Pereira | 9 de febrero de 2017 a las 12:10

El Informe sobre la Caridad en las Hermandades de Sevilla expone que las Hermandades y Cofradías de Sevilla han destinado más de 5,6 millones de euros a caridad en 2016, lo que representa un aumento de más del 24% con respecto a los últimos datos de 2014. Dicho trabajo, que cuantifica la labor asistencial de las corporaciones sevillanas, ha sido elaborado por el Instituto de Investigación aplicado a la Pyme, bajo la dirección de Ignacio Valdeluértes, con el patrocinio de la Fundación Caja Rural del Sur.

Con éste último, se completa el proyecto iniciado hace dos años con la presentación de un primer trabajo sobre la aportación de las hermandades de Sevilla a la caridad y acción social, que ahora ve su continuidad con la publicación de este segundo estudio, presentado la tarde de ayer miércoles por el Arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo, en la sede de la Caja Rural del Sur, con la asistencia del presidente del Consejo General de Hermandades y Cofradías de Sevilla, Joaquín Sainz de la Maza; y el presidente de la Caja Rural del Sur, José Luis García Palacios.

El citado Informe, según los datos aportados por la propia Archidiócesis, ha sido elaborado con la colaboración del Consejo General de Hermandades y Cofradías de Sevilla para hacer llegar la consulta a las corporaciones censadas, 69 hermandades de penitencia, 49 de gloria y seis sacramentales. En él han colaborado un mayor número de hermandades para la obtención de la información de modo que si en 2014 fue el 82% de las cofradías de penitencia, gloria y sacramentales las que aportaron sus datos sobre la labor que prestan a la sociedad, en esta ocasión esa cifra asciende hasta el 91%.

archisevilla

Los detalles del Informe

Ayudas en metálico y especie

Según se recoge en el trabajo, el total de personas que han recibido ayudas es de 30.429, que se vieron beneficiadas tanto con ayudas en metálico como en especie y otras actividades.

El importe total de los recursos en metálico obtenidos por las hermandades asciende a 4.011.803 euros. El total de personas que han recibido ayudas es 15.947. La mayor parte de las hermandades (77,46%) conceden ayudas para alimentos, que normalmente se canalizan a través de los economatos sociales promovidos por las propias corporaciones.

El pago de recibos atrasados de energía eléctrica, agua, alquileres y de cuotas de préstamos hipotecarios le sigue en importancia como necesidad más atendida (76,06%). A continuación, las becas de estudio y material escolar (70,42%). Estos porcentajes de los tipos de ayudas solicitadas y concedidas dan una idea bastante aproximada del mapa de necesidades de la población.

El valor total de los recursos en especie entregados asciende a 1.620.215 euros, lo que supone un incremento del 61,28% con respecto al anterior informe. Este aumento tan abultado se debe a la mejora en el procedimiento de valoración de los donativos en especie que reciben las hermandades. El número de personas que han recibido algún tipo de ayuda en especie es 11.202.

Otras actividades de caridad

De acuerdo con los datos obtenidos, el 20,29% de las hermandades encuestadas mantienen o colaboran habitualmente con centros de enseñanza especial, residencias para ancianos o discapacitados u otras situaciones especiales. Un 17,39% se ocupa de ayudar o gestionar íntegramente talleres de aprendizaje, clases de recuperación y similares. La valoración de estas actividades es de 1.157.394 euros.

El informe indica que casi un 89% de las hermandades colaboran con Cáritas, el Seminario Diocesano, los conventos de clausura o con su parroquia. El importe total entregado a estas entidades fue 505.333 euros, sin que sea posible desglosarlo. Además, las ayudas a “otras instituciones” abarca a todas las asociaciones o instituciones no comprendidas en los apartados anteriores con un importe de 292.875 euros.

Se observa un aumento, del número de hermandades y del importe total de las donaciones con respecto al Informe anterior, a otros países. Casi todas estas ayudas, algunas importantes, tienen su origen en relaciones de amistad entre la hermandad y los sacerdotes o misioneros que atienden aquellos países. El importe total destinado a estos temas es de 100.931 euros.

El hecho de que la práctica totalidad de las corporaciones tengan formalmente constituida una comisión de caridad da idea de la importancia que conceden a este fin específico de las mismas. Las que no tienen esta Comisión (2,17%) coinciden con las de menor número de hermanos. En estas la gestión y aplicación de los recursos de caridad es asumida directamente por la totalidad de la junta de gobierno. En la mayoría de los casos su acción social consiste en entregar un donativo, proporcionado a sus ingresos, a Cáritas u otra organización similar, por lo que no es necesaria la actuación de una comisión de caridad.

Las actividades de voluntariado van en aumento: en comedores sociales; acompañamiento a personas mayores; a niños enfermos, asistencia a inmigrantes y otros colectivos con necesidades de ayudas específicas; colaboración con otras asociaciones ya constituidas, y en otras muchas formas de voluntariado.

Finalmente, se aprecia también una preocupación creciente en las hermandades, que debe fomentarse, por ir realizando con los más hermanos más pequeños actividades que los vayan educando en la caridad.

foto Semana Santa 2013

Fuente texto y foto principal: Archidiócesis de Sevilla

Gran Poder: guión perfecto

José Antonio Martín Pereira | 7 de noviembre de 2016 a las 18:32

Seguro que en otras esferas habrán tomado buena nota, no en vano la sensación abrumadora es que los días vividos en torno a la sublime imagen del Señor del Gran Poder han superado las mejores de las expectativas. Ni la lluvia, que amenazó con hacerse protagonista indeseada, pudo más que provocar un cambio en los días de los traslados, circunstancia que curiosamente permitiría más horas de sincretismo entre la ciudad y el mismísimo Jesús de Nazaret.

Un guión al que no le faltó ni una sola nota, sin improvisaciones, en una demostración atronadora de que Sevilla sigue siendo en pleno siglo XXI robusto bastión ante el empuje de los sectores que pretenden arrinconar y reducir la fe cristiana. Por ser lo acontecido a lo largo del pasado fin de semana fue incluso una declaración hacia nosotros mismos, los cofrades, que a menudo enredados en lo secundario abandonamos lo estrictamente necesario.

Y todo sucedió conforme a la más rigurosa de las naturalidades. La multitud cerca, muy cerca del Señor tanto en los diversos actos que tuvieron lugar dentro del templo metropolitano como fuera, en dos traslados apoteósicos que dejaron imágenes difíciles de borrar. Sevilla, esta vez sí, supo ser fiel a sus orígenes, ejemplo perfecto de lo que debe ser la celebración de un Jubileo de Hermandades que quedará para siempre en los anales.

Gran Poder extraordinaria

El capataz cesado

José Antonio Martín Pereira | 4 de octubre de 2016 a las 10:56

Ocurría ayer a eso de la media tarde, ahora que tanto interés suscita el impacto que generan ciertos temas sobre las redes sociales, que en un país que va camino del año con un Gobierno en funciones una cofradía y una persona, el capataz cesado, se colocaran al frente entre las principales tendencias de opinión del momento. La circunstancia puede resultar anecdótica, sin embargo también es reveladora en cuanto a la dimensión que un simple relevo de funciones, cuyas razones existirán y hasta lo presente no han trascendido, puede desencadenar en los cimientos sobre los que descansa el orbe del peliagudo mundo cofrade sevillano y desde ahí ser extendido. Es para hacérnoslo mirar…

Los Negritos Sevilla

La seguridad, de nuevo a escena

José Antonio Martín Pereira | 13 de septiembre de 2016 a las 13:45

La noticia colapsaba las redes sociales en la tarde noche de ayer, hasta el punto de situar el hashtag #GranPoder como uno de los diez más utilizados en la popular red social Twitter. Los hechos ocurrían durante el transcurso de la habitual misa de 20.30 horas, cuando un individuo accedía a la capilla del Sagrario para prender fuego al paño de la mesa de altar. Un susto que no llegó a más por la rápida intervención de feligreses y del propio personal de la corporación. Posteriormente la Hermandad confirmaba que el fuego originado había destruido en su totalidad el paño de altar, afectando mínimamente a la mesa sobre la que se disponía el mismo. Además, daba cuenta que el autor de los hechos fue identificado y detenido por miembros de la Policía Nacional.

No obstante, y a pesar de que lo acontecido no llegó más lejos, la protección y salvaguarda de los bienes que atesoran las cofradías y los templos vuelve hoy copar un protagonismo que sólo renace cuando se dan circunstancias de esta índole. Por desgracia en Sevilla los robos y saqueos a hermandades e iglesias se producen con relativa asiduidad, si bien muchas veces por la cuantía de lo sustraído ni siquiera son recogidos por los distintos medios. La cuestión de fondo pasa por la ausencia de medidas de seguridad con las que cuentan la mayoría de casas de hermandad, templos o almacenes donde se guardan enseres, lo que dispara el ambiente propicio para los amantes de lo ajeno. Si a ello le añadimos la vulnerabilidad en cuanto a acciones como la acaecida en la jornada de ayer, se advierte un panorama de intranquilidad moderada que exige de un consenso común.

La tesitura sin embargo es complicada, ya que en la inmensa mayoría de las veces la economía priva de acceder a medios de conservación más acordes al valor patrimonial y sentimental que atesoran la Iglesia y sus distintas entidades, en este caso las cofradías. Lo que parece evidente es que la preservación del patrimonio se alza como uno de los principales desvelos en el seno de las cofradías. Conservar y mantener el que existe y mejorar o enriquecer de cara al futuro son siempre objetivos prioritarios de cualquier junta de gobierno. En este sentido no cabe duda toca seguir ideando, queda mucho por hacer.

capilla sacramental gran poder

Foto: Capilla Sacramental. Hermandad del Gran Poder

Julio no entiende de cofradías

José Antonio Martín Pereira | 20 de julio de 2016 a las 11:28

Tras la intersección entre quincenas, y bajo la insondable sensación de aridez y ruido de obras en la que la ciudad queda sumida cuando el verano evidencia su extremo más señalado, se extiende entre los cofrades la percepción de que julio es un mes que no entiende de cofradías. Descanso agradecido, solamente alterado por la insipidez que vive en permanente estado de realidad alrededor de los que suspiran por hacer del invento su entretenimiento diario. No hay más, el curso quedó cerrado y la toma de oxígeno se torna más que en imprescindible, para buscar a Dios no se necesita más que la propia voluntad de encontrarlo.

En este sentido además, si algo tiene de buena la pegajosa etapa estival es la armonía que se respira en los templos, entre el frescor de sus pesados muros. A un lado el ajetreo y la vulnerabilidad con la que el día a día rodea de espinas la cercanía que intentamos mantener con Dios. Es momento para abrir nuevas rutas, para tender la mano a Aquel que nunca falla. Entre tanto las chicharras (o cigarras) convocan conciertos mañaneros allí donde las sombras de los espigados verdosos ofrecen cobijo, avivando la existencia de un tiempo que no merece ser despreciado.

Caviar sin comensales

José Antonio Martín Pereira | 30 de mayo de 2016 a las 10:40

En la festividad de San Fernando, patrón de la ciudad de Sevilla, aún resuenan los ecos de la última celebración del Corpus, cuya riqueza artística e Historia se determinan incuestionables pero cuyo estado actual invita cuánto menos a un ejercicio de reflexión colectivo.

Hablar del Corpus Christi en Sevilla significa remontarnos a principios del siglo XV, debió ser sobre 1400 cuando adquiere sus orígenes en Sevilla, aunque la documentación conocida sobre este acto es de 1426. Analizar los pasos y desgranar los detalles que rodean a la fiesta implicarían dedicar toda una tesis, pero no hace falta imbuirse tanto para alcanzar la conclusión de que algo está fallando, o de que en algo nos estamos equivocando.

A la progresiva disminución de público nos remitimos, en los últimos años más que evidente. Circunstancia que paradójicamente se manifiesta antagónica al regreso del Señor de la Cena a su templo a eso del mediodía, con calles a rebosar y sonido de cornetas. Y no digamos ya de la reducción del número de altares, o de la palpable falta de calidad que reflejan algunos de ellos, producto tal vez del aura conformista que hasta ahora ha hecho de telón para que ni el Cabildo Catedral ni las propias hermandades, con exceso de representación en sus cortejos corporativos, se hayan planteado una reforma que a tenor de los acontecimientos empieza a valorarse como necesaria. Al caviar, está claro, le faltan comensales.

Corpus Sevilla

¡Cuánto hemos cambiado!

José Antonio Martín Pereira | 26 de enero de 2016 a las 11:18

Dentro de los nuevos esquemas con los que el público de hoy, sevillano y visitante, sale a la calle a contemplar el discurrir de las cofradías (circunstancia referida en otros artículos); e inmersos, además, en la progresiva adaptación que realizan las propias hermandades a través de sus diputaciones mayores de gobierno con el objetivo de cumplir los horarios sin descuidar la seguridad y dignidad de sus cortejos, existe un hecho implacable que es la memoria para recordarnos de dónde venimos y para tal vez poner en evidencia ciertas pautas de comportamiento actuales.

La estampa, cedida gentilmente para este espacio por el amigo Eugenio Borrego, nos traslada a un Domingo de Ramos que se encuadraría, según su propio autor, entre 1970 y 1975. El Misterio de la Hermandad de la Cena, con su antiguo apostolado, desciende por la calle Lasso de la Vega encarando el último tramo que le conducirá al inicio de la Carrera Oficial. Llama poderosamente la atención lo despejada que se encuentra la vía por la que discurre la cofradía, coyuntura impensable a día de hoy. Asimismo, la interminable escolta de cangrejeros que acostumbran a blindar el transitar de casi cualquier paso en la Semana Santa de hoy apenas se distinge entre los servidores de la cofradía hace cuarenta años. La limpieza del asfalto es otro de los hechos que saltan con fuerza a primera vista.

A menudo surgen críticas relativas al estado actual de la celebración (cada vez menos) religiosa que toma las calles de Sevilla durante siete días coincidiendo con el inicio de la primavera, y de la implacable degradación de términos sufrida especialmente durante los últimos años. La respuesta en ocasiones se circunscribe a la expresión de una instantánea que delata cuánto, y no siempre para bien, hemos cambiado.

misteriodelacena_antiguoFoto: Eugenio Borrego Páez

La pasividad

José Antonio Martín Pereira | 10 de enero de 2016 a las 10:58

Con sus Majestades de regreso a Oriente (ya deben andar cerca) la Navidad, vulgo solsticio de invierno, deja paso a un cambio repentino de hábito en la ciudad. Pese a la polémica que rodeó al colofón de las fiestas a lo largo y ancho del país, hasta con reinas magas en cabalgatas republicanas, la memoria sevillana es corta y el período de transición que conduce a la Cuaresma es nulo. Aquí irremediablemente detrás del (sevillista) Rey Baltasar está la borriquita preguntando si puede subir ya al paso (dicho en honor al conocido montaje que puebla las redes sociales en estos días).

No queda entonces espacio para el tiempo litúrgico que nos acoge, porque la ausencia de filtros por parte del sector cofradiero local se empeña en estirar el invento para que ocupe el máximo espacio temporal posible. Digamos que falta lugar para saborear el presente (ya hay quien utiliza el término pre-Cuaresma), y para encumbrar el valor con el que los católicos debemos afrontar la preparación desde la Epifanía hasta el inicio de la cuarentena que nos conducirá a la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor. Quizás el ninguneo con el que parte del panorama político afronta aquello referente a las tradiciones cristianas en nuestro país no sea producto de la casualidad, sino más bien se resume en una estrategia oportunista que parte de la pasividad con la que desde el propio seno de la iglesia, la que conformamos todos (cofradías y cofrades por supuesto incluidos), afrontamos el día a día. No estaría de más hacérnoslo mirar como propósito para el nuevo año, antes de vernos obligados a lamentar males mayores.