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Sólo si hay imágenes

José Antonio Martín Pereira | 6 de marzo de 2017 a las 11:12

Llegó la Cuaresma, y con ella la multiplicación de los actos y eventos públicos que desarrollan las distintas hermandades de la ciudad. El volumen es tal, que casi podría decirse que el calendario está saturado, que no hay hueco para más. Aún así cada año observamos como se incorporan nuevos episodios, incluso por parte de furtivas corporaciones alejadas a la Iglesia, exprimiendo más si cabe un invento el cual queda por ver hasta dónde es capaz de dar de sí.

Sin embargo, donde no se manifiesta una evolución es en aquello que tiene que ver con lo relativo al consumo de ese almanaque cofrade (entiéndase la expresión). Esto se refrenda perfectamente en la celebración de traslados y Vía Crucis, sólo si hay imágenes de por medio la realidad desbanca cualquier tipo de expectativas, y resulta sencillo concretar ejemplos donde el desborde de público se palpa con nitidez. De otro lado, piadosos actos como el Vía Crucis de la Pía Unión, donde el ejercicio penitencial halla su sentido idóneo entre el marco incomparable en el que tiene lugar y el distinguido público que acude al mismo.

Ocurre algo parecido si atendemos a las celebraciones eucarísticas. Falta gente joven, relevo para los que algún día no estarán. Ni siquiera en funciones principales de instituto los hermanos llenan sus templos. En el fondo ésta es la cuestión esencial a la hora de diagnosticar los graves problemas que rodean al ámbito de las cofradías, y es que con mantener la religiosidad popular no basta, se necesita formación y vocación cristiana. Tal vez la Cuaresma ofrezca mucho y muy variado, pero hay que profundizar y aspirar a llegar más lejos, probablemente no baste con rebosar empedrados con someros traslados (aunque vayan acompañados de música) sino que sea necesario estar abiertos a dar algo más de nosotros mismos. Oportunidades quedan…

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Traslado de los Titulares de la Esperanza de Triana a Santa Ana. Foto: Diario de Sevilla

Son sólo luces

José Antonio Martín Pereira | 5 de febrero de 2016 a las 11:14

Se elevan durante estos días numerosos altares de cera, auténticos prodigios transitorios que la arquitectura barroca más sevillana ha perpetuado a lo largo de los años merced al trabajo voluntarioso de priostes y grupos anónimos de hermanos. En este sentido, la tecnología y los medios de difusión digital tienen la particularidad de permitir la degustación inmediata de tales obras de arte sensorial que ya las quisieran para sí en el mismísimo Museo Arquitectónico del Poble Espanyol (sito en la ciudad de Barcelona).

La celebración de cultos internos en buena parte de las cofradías sevillanas se remite ahora, conforme al tiempo litúrgico presente y siempre en atención a sus propias reglas, a los ejercicios de cinco días a los que se les atribuye su origen en el recuerdo de las cinco llagas de Cristo (manos, pies y costado) y que se celebran tanto para el culto a Cristo, como a la Virgen. Y para la celebración de los triduos, quinarios, septenarios o novenas (según proceda), todo esmero parece quedar corto.

La cuestión a definir es si verdaderamente los portentosos aderezos que acostumbramos a ver fomentan la participación de los hermanos en las celebraciones y contribuyen a mitigar la distancia emocional entre Dios y su pueblo, o éstas quedan como ristra de mensajes y consagraciones que caen en saco roto. A nadie se le escapa que vivimos tiempos en los que al ultraje de la fe católica se le corteja fácilmente, sin necesidad de aspavientos, y es ahí donde radica el importante papel de los directores espirituales, de las juntas de gobierno, y de cada uno de los hermanos y devotos que a través de las cofradías toman contacto directo con la Iglesia. Los altares son sólo abrumadoras sucesiones de luces extremadamente bien dispuestas, pero si la Palabra no alcanza al objetivo no sirven de nada.

Quinta AngustiaAltar de Quinario de la Hermandad de la Quinta Angustia, uno de los más imponentes.

Foto: Hermandad de la Quinta Angustia

Cinco minutos

José Antonio Martín Pereira | 26 de febrero de 2015 a las 11:41

Lleva tatuada la agenda de cultos de la semana. Admira retablos de cera como si de éstos nacieran los amaneceres. Se jacta de su habilidad para recorrer cada besapié o besamano con su cámara de fotos bajo el brazo. Suma varios meses viendo vídeos, y expone públicamente a diario la cuenta atrás hacia el Domingo de Palmas. Seguro que no han quedado inadvertidos en su conciencia los últimos movimientos en cuanto a la configuración de horarios e itinerarios. Conoce cada particularidad o nuevo estreno. Repasa cada día las marchas y sones más característicos. Devora letras moradas. Se cataloga incluso como buen cofrade, porque no pierde detalle de una Cuaresma que avanza sin demora. ¿Pero ha dedicado cinco minutos a Dios? Es posible que en esa corta delimitación del minutero se hallen multitud de respuestas.

La Cuaresma es, no cabe duda, tiempo de reencuentro con Dios en esa búsqueda de equilibrio cristiano en tantas ocasiones necesitada. Aún falta camino por recorrer, y por tanto oportunidad latente. Tal vez cinco minutos al día superen con creces los cánones presentes del cofrade capillita. Es cuestión de probar…

La primera llamada

José Antonio Martín Pereira | 1 de enero de 2015 a las 12:04

La Basílica, que es la casa de Dios, se llenará de hermanos y devotos venciendo a la pereza y resaca propias del primer día del año. Y así será durante el resto de jornadas previas a la Epifanía, porque el Dios de rostro sevillano emite su primera llamada y la tradición marcada por la fe de su pueblo responderá sin distinciones.

El Quinario del Señor es en sí mismo un bien espiritual, en el cual la Epifanía se identifica con la Salvación y la Palabra con el camino. Es, además, el un desafío directo a aquellos horizontes a los que únicamente les basta con escenificaciones superfluas fundamentadas en una intensa Semana que acontecerá allá por el mes de abril. La cruz de guía que echa pie a tierra hoy solo sigue el camino de la liturgia, acercando nuestro espíritu a la Bondad y Misericordia de Aquel que en Sevilla sirve como termómetro perfecto a la hora de medir la temperatura interior con la que los fieles se acercan a Dios. Génesis del sevillano credo, Señor del Gran Poder.

quinario gran poder

Trazando la senda, Señor del Gran Poder

José Antonio Martín Pereira | 2 de enero de 2013 a las 13:02

El gélido atardecer, primero de tantos, se presentaba cual vigorosos versos en interpretación la Solemnidad de Santa María Madre de Dios, gozosa espera con la que la Iglesia invita a celebrar el Bautismo de Nuestro Señor, toda vez alcancemos el primer domingo tras la Fiesta de la Epifanía. Plaza de San Lorenzo y Señor del Gran Poder, binomio eternamente sinónimo de senda segura y resguardo de la fe, misiva añeja dirigida a lo más profundo de cada uno, porque aquí en Sevilla es necesario poner rostro a Dios, y no existe Imagen que mejor represente su Bondad y Misericordia.

Quede aparte, eso sí, la errónea percepción de que la espera de los mártires de Jesús camino del Calvario da comienzo con los cultos al Señor. El Quinario del Señor es, sin distinción, un bien espiritual en sí mismo, donde la Epifanía se identifica con la salvación y la Palabra con el camino, además de la primera llamada que Dios nos hace, porque «in manibus ujus Potestas et Gloria» (en sus manos están el Poder y la Gloria). Tiempo especial de gracia, para disfrute de quienes tantas veces al año acuden a orarle con el sevillano diálogo que nace del silencio contemplativo.

En definitiva, con satisfacción y alegría concluía la Octava de Navidad, simbiosis de fenómenos evocadores que toma cuerpo en la salvación y reconciliación con Dios por medio de su Hijo. Toca, por tanto, disfrutar de la liturgia presente en compañía del que, aferrado a su Cruz, nunca deja de verlar por nosotros.

Hágase, Señor del Gran Poder, según Tu Palabra.

Foto: Web Hermandad del Gran Poder

Faltaba el balón

José Antonio Martín Pereira | 1 de octubre de 2012 a las 10:25

De ese tipo de escenas cada vez más habituales en el entorno de las cofradías. Carencias de formación y compostura al descubierto. Y luego están (en los foros de Internet) los que claman al cielo cada vez que nuestro arzobispo vincula folclore y cultos relacionados con las hermandades. En general, más nos valdría repasar ciertas conductas, sobretodo poniendo el ojo en el interior de los templos, lugares de culto y no salones de sillón y televisión. Visto lo visto, y éste es solamente uno de tantos ejemplos, aquí solo faltaba que la cámara de fotos hubiese sido el balón anaranjado, y el borde de la alfombra la línea de tiros libres.

El sector ‘K’ está a disgusto

José Antonio Martín Pereira | 17 de enero de 2012 a las 9:34

El sector ‘K’ (entiéndase ‘kofrades’) está a disgusto con el montaje, en lo referente a la cera, que el grupo de priostía que la Archicofradía de Pasión ha dispuesto con motivo de la Solemne Novena del Señor, que como usted sabe, y sino se lo recuerdo, daba comienzo el pasado viernes y concluirá el próximo día 22, con la función solemne que presidirá el Arzobispo de Sevilla, Monseñor Juan José Asenjo.

Como correspondencia a circunstancias de esta índole el sector ‘K’, solapado al eternamente complejo y variado mundo de las cofradías de Sevilla, opta por la siempre valiente postura que otorga el anonimato de la Red en pos de mostrar su desaprobación a base de vulgaridades y sinrazones. Resulta sencillamente curioso, y cuesta encontrar la lógica, puesto que por lo general el mismo grupo que ha diluído la ‘K’ en los términos ‘korneta’, ‘izkierdo’ o ‘flamenko’, adjuntándola como una letra indisoluble en el acervo cofradiero, es el mismo que luego no pone un pie en los templos para acudir a este tipo de cultos, en los cuales precisamente la ‘K’ brilla por su ausencia y no es ni de lejos necesaria. Los antropólogos aquí tienen un campo de estudio rico en ingredientes, esperemos que alguno se anime.