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Participar de la cofradía

José Antonio Martín Pereira | 6 de abril de 2017 a las 12:11

Participar de la cofradía es para todos motivo de orgullo. Una sensación indescriptible recorre el cuerpo cuando, después de un largo año, volvemos a sentirnos partícipes del momento soñado, pero que a la vez vierte sobre nosotros un altas dosis de responsabilidad cristiana, de ferviente compromiso a pesar del silencio público.

A menudo durante la Semana Santa y tras ella, las redes sociales que se han convertido en altavoces rápidos e implacables, con jueces que sentencian sin antes mirarse al espejo, donde se martiriza el trabajo de las cofradías por comportamientos o malas prácticas puntuales las cuales, eso sí, degeneran la buena acción que realizan las hermandades a diario. No obstante, podemos afirmar con rotundidad que participar de la cofradía es algo muy serio, sea cual sea el puesto que ocupemos en ella el motivo esencial es hacer Estación de Penitencia por todo aquello que nos impide parecernos a Cristo.

Precisamente hacer referencia a esto último, la Estación de Penitencia, que consiste en ir en procesión desde los distintos templos la hasta la Santa Iglesia Catedral, y a su vez determina el saber entender muy bien el significado de este gesto. La Catedral es símbolo de la Iglesia del Cielo hacia la que todos los cristianos nos dirigimos, como peregrinos, con cirios que son signos de la eternidad, tras la Cruz del Redentor.

Es por ello que debemos estar preparados para el sufrimiento que conlleva el alcanzar esa meta. Nadie dijo que realizar la penitencia fuese tarea fácil, hay que vencer al cansancio, a la incomodidad prolongada, al calor o al fío, en un ejercicio de resistencia que nos debe servir para ahondar en la conversión al Evangelio, y también para fomentar la fe entre quienes asisten al tránsito de nuestros amados Titulares. De nada sirve el esfuerzo que otros hayan puesto inculcándonos la tradición o el recogimiento, si luego a la hora de la verdad nos dejamos vencer por nosotros mismos. Con la mirada puesta en lo que está por venir, dejemos el listón bien alto.

Los gitanos Sevilla

Caminemos…

José Antonio Martín Pereira | 1 de marzo de 2017 a las 10:21

Con la impronta que suscita el nuevo ropaje, la amanecida trajo un elenco inagotable de elogios. Atrás el tiempo ordinario, el testigo queda ahora en manos de una Cuaresma cuyas intenciones pasan, una vez más, por ayudarnos a tejer el los perfiles que conduzcan hacia la conversión verdadera. Y el que arriba no es, pese a la projilidad de sus instrumentos, un tiempo fácil donde aventurarnos al descuido, sino que más bien exige de la implicación diaria a través de los pequeños gestos a nuestro alcance.

Con las puertas de par en par abiertas, la ciudad a lo largo y ancho de los límites que le han sido establecidos dispensará a su debido tiempo cada signo, cada escena con hilo directo a los sentidos; cultivando la memoria, alimentando la llama de esa candelería enrojecida que, encendida hoy, culminará con su luz hasta fundirse con el azul del Domingo anhelado. Entonces, y sólo entonces, el sueño habrá vuelto a desbancar todo el universo de sensaciones idealizado. Caminemos…

Nazarenos

Foto: Antonio Sanchez Carrasco

¿Vacaciones con o sin Él?

José Antonio Martín Pereira | 2 de agosto de 2015 a las 12:42

En el intermedio veraniego que determina el cambio en la hoja del almanaque, inmersos en ese breve paréntesis en el que se cruzan los que van con quienes vuelven, y a tenor del panorama social que nos envuelve a todos, cabe preguntarnos cómo de grande es la distancia que guardamos con Dios en estas jornadas de tardes alargadas y calurosas noches.

De este modo y por mucho que, por causas naturales relacionadas con la crisis económica, el concepto vacacional haya variado para muchas personas y no puedan disfrutar de unas vacaciones como otras veces las habían tenido, lo cierto es que culturalmente asociamos el verano al tiempo de descanso, de tal manera que con viajes o sin viajes lo irrefutable es que caminamos sobre un tiempo de ocio que, sin embargo, no puede ser sinónimo de abandono de Dios.

Pero ese peligro existe, e inconscientemente podemos caer en vivir la longitud del verano en ausencia de Dios, aparcando la fe cristiana para los días ordinarios como si el desarrollo de la misma se tratara de algo más en medio de la vorágine de cosas que ocupan nuestra mente en otras etapas del año. Pensar en el verano como una especie de balsa a la que le cabe todo tipo de olvido es un lujo que como cristianos no podemos ni debemos permitirnos, máxime cuando un leve ejercicio de reflexión puede encontrarse a golpe de click, en una de las numerosas aplicaciones que nos permiten mantener el seguimiento de las lecturas diarias. Además, si en tiempo vacacional contamos con más tiempo libre no es poco cierto que, por eso mismo, deberíamos estar más dispuestos a acordarnos más de Dios mediante la oración, o visitándole en la piel de un enfermo, o simplemente acudiendo al Sagrario de la localidad de paso. En cada uno de nosotros queda…

evangelizo.com

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