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No es tiempo de desconectar

José Antonio Martín Pereira | 7 de julio de 2019 a las 12:12

El verano cada vez más se concibe como sinónimo de descanso y tiempo libre, oasis en el que cargar las pilas y en días en los que poder pasar más tiempo con la familia, en los que aparcar el trabajo y disfrutar del las horas de una forma distinta al resto del año. Sin embargo esto no ha de convertirse en excusa para no vivir la fe con coherencia y para no ir a misa.

Es cierto que durante los meses estivales las actividades parroquiales disminuyen, pues muchos fieles pasan este tiempo en la playa o en otras ciudades, pero la Iglesia no cierra sus puertas, y precisamente en las inmediaciones del mar la acogida de los fieles es siempre muy servicial. Dios no se va de vacaciones. La vida de fe debe ser mantenida durante todos los días del año y eso es muy fácil de hacer, incluso en el destino vacacional.

En este sentido el Papa Benedicto XVI, en agosto de 2012, expuso sus consejos para vivir las vacaciones, invitando en particular a meter el Evangelio en la maleta. «En los días llenos de ocupaciones y de problemas, pero también en aquellos de descanso y de distensión, el Señor nos invita a no olvidarnos que si bien es necesario preocuparse por el pan material y restaurar las fuerzas, aún más fundamental es el crecer en la relación con Él, reforzar nuestra fe en Aquel que es el ‘pan de vida’», dijo el entonces Santo Pontífice. Benedicto XVI explicó además que la fe es encontrarse con la persona de Jesús: «La fe es lo fundamental. Aquí no se trata de seguir una idea, un proyecto, sino de encontrar a Jesús como una Persona viva y dejarse implicar totalmente por Él y por su Evangelio».

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Crónica anticipada del Corpus

José Antonio Martín Pereira | 18 de junio de 2019 a las 22:46

Este jueves los distintos medios dedicados a la información cofradiera comenzarán con el viejo dicho de los “tres jueves que relucen más que el sol”, cuyo carácter litúrgico cada vez calza menos con las tendencias de la sociedad actual, más interesada por alargar el descanso en forma de puente en aquellas localidades donde los tres festivos, Jueves Santo, Corpus Christi y la Ascensión todavía se mantienen como tales.

Amén de esta circunstancia, que señala ciertas actitudes enfrentadas y beligerantes con respecto a la Iglesia, propias en algunos casos del laicismo desenfrenado en el que nos movemos, la celebración del Corpus Christi en Sevilla viene siendo objeto de discusión desde hace ya algún tiempo. Es por ello que desde el consistorio, con buen criterio, se están llevado a cabo una serie de iniciativas que doten a una de las fiestas con mayor arraigo histórico de la ciudad, tal vez la que más, de un sentido de participación más amplio.

Tal es así que para esta ocasión se ha vuelto a diseñar un amplio programa de actividades previas a la jornada festiva, además de un incremento en el número de altares. También las hermandades se suman a esta labor, no solo animando a la participación, sino en otros casos como por ejemplo el de la hermandad Pasión celebrando las Noches Sacramentales en el patio de la Colegial del Divino Salvador.

Sin embargo las crónicas que emergerán toda vez la imponente Custodia del Santísimo Sacramento realizada en plata de ley por Juan de Arfe (de estilo renacentista, entre los años 1580 y 1587), lo harán haciendo hincapié en el larguísimo cortejo que cada año conforma la procesión y en el poco público asistente. Una realidad que sin embargo podría contarse de distinto modo, es decir, partiendo de la reflexión común entre todos los agentes encargados de sacar brillo a un día que cada vez luce menos. Y luce menos precisamente por nosotros mismos, que preferimos quedarnos en casa descansando, irnos a la playa, o simplemente congregarnos alrededor del Señor de la Sagrada Cena, con sus cornetas de fondo, concentrando en unas cuantas calles mayor cantidad de público de la que se dará cita entre todos los Corpus que tendrán lugar en la ciudad de aquí al domingo. La cuestión de fondo es que, según parece, nos cansa ver pasar un cortejo que es amplio, pero que también se cubre de cientos de detalles, y por el contrario no nos pesa para nada esperar tres horas para ver un paso de palio en una salida extraordinaria.

Entonces, ¿dónde está el problema?
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Foto: Archisevilla/Miguel Osuna

La involución de las primeras comuniones

José Antonio Martín Pereira | 12 de mayo de 2019 a las 12:38

Mayo, entre otras cosas, es el mes por excelencia de las primeras comuniones. Ocurre que en estos tiempos de inexcusable crisis de fe, las iglesias se llenan como nunca en estos días. Un fenómeno difícil de analizar sin su correspondiente trabajo de campo antropológico, pero que a nadie escapa se ha convertido en una soberana exhibición de poderío económico familiar que mueve cientos de miles de euros al año.

Cierto es que en muchas diócesis se ha aumentado el recorrido catequético que hay que seguir para poder recibir el sacramento de la eucaristía, como también lo es que en muchos otros casos la Iglesia ha tenido que rebajar sus pretensiones ideológicas con tal de hacer caja y así poder seguir sufragando sus innumerables costes asistenciales y patrimoniales.

Respecto a esto último, hay parroquias y colegios religiosos que tratan de corregir ciertos aspectos relacionados con el consumismo y la estética del preciado día, por ejemplo, determinando por norma que todos los niños vayan con el uniforme escolar. De este modo se evitan esos vestidos carísimos que solo se usarán un rato. En otros casos, también se están proponiendo ágapes comunes en los salones parroquiales, en un intento de dotar de un contenido más humanizador, colectivo y sencillo la celebración de lo que no deja de ser para el niño un día de fiesta cargada de simbolismo.

Del mismo modo, es evidente que, al igual que ha sucedido con otras celebraciones religiosas como las bodas, la Navidad o la propia Semana Santa, las comuniones evidencian dos de los aspectos esenciales de la transformación de la sociedad española: el laicismo y el consumismo. Si bien muchos de los autodenominados creyentes, no siempre advierten la incoherencia grave que supone convertir ese día en un monumento al despilfarro. Dentro de esta nueva concepción, el momento central como no podía ser menos se ha desplazado de la iglesia al restaurante. En estas estamos.

Lo que está claro es que la Eucaristía o la Sagrada Comunión, en la Iglesia católica, significa recordar y volver a celebrar aquella última Cena de Cristo junto con sus apóstoles. Es incluso lógico que, como todo en la vida, las connotaciones de este día se adapten a los tiempos en su forma, pero lo que no se puede dejar al margen es su marcada esencia. Así con más asiduidad somos testigos de exageraciones como espectáculos de dj´s, castillos hinchables o coches de caballos, por no decir ya como ostentosos regalos han relegado a aquellos otros que hasta no hace mucho se orientaban al cambio de niño a adolescente y a la educación, como juegos de escritura y libros. Las comuniones, por tanto, se mantienen, pero su involución es manifiesta.

comunionesFoto: El Diario Cantabria

Asimetría y desproporción

José Antonio Martín Pereira | 25 de marzo de 2019 a las 12:13

Venimos incorporando a la normalidad, el hecho de que cada vez con más frecuencia los cultos de las hermandades, y no digamos ya en las misas ordinarias, han tomado por característica general la escasa participación de fieles y hermanos.

Es ésta una realidad fuera de toda duda, que sin embargo contrasta con la nueva “Edad Dorada” que de puertas afuera parecen vivir las cofradías, aupada en Cuaresma por medio de la proliferación de cultos y actos de toda índole que roza, en algunos casos, lo absurdo.

Y no precisamente por ese porcentaje de “cofradías piratas” (que surgen y se desarrollan al margen de la Iglesia por irreal que esto parezca), crecientes en número y forma año tras año, sino también y principalmente por la superabundancia en cuanto a la cartelería, pregones, exposiciones, exaltaciones, traslados, conciertos o Vía Crucis que durante el período de Cuaresma (aunque no exclusivamente) desangran lo sustancial de un invento, la Semana Santa, que está por ver hasta dónde da de sí.

Claro que aquí hablamos de una verdad meridiana, ya que dicha desproporción dista en buen grado del estricto anonimato de la Eucaristía de los domingos o la vida diaria de hermandad, e igualmente no se corresponde con la realidad de otras localidades o regiones cercanas, en las cuales la repercusión de las hermandades y cofradías como enlaces identitarios ha decaído fruto de las actuales corrientes de pensamiento.

Es, por tanto, ese desequilibrio o asimetría una de las asignaturas pendientes, pues no sabemos en qué momento la balanza se inclinará sin retorno hacia lo banal y accesorio, de ahí que como cofrades, pero más bien como cristianos, debemos colocar a la Semana Santa por encima de una se­ma­na cul­tu­ral o una se­ma­na al ser­vi­cio del atrac­ti­vo tu­rís­ti­co, sino como una se­mana de de­mos­tra­ción y tes­ti­mo­nio de nues­tra fe. Tal vez aplicando este ejercicio durante el resto de los días del año obtengamos mejores frutos.

Nazarenos_valle_semana_santa_sevilla

Gestos

José Antonio Martín Pereira | 10 de marzo de 2019 a las 11:24

Ocurre que a menudo lo accesorio se impone en el seno de las hermandades. Las disputas y superficialidades copan, como en cualquier otra organización que se precie, un alto grado de demanda entre quienes se diluyen sin inquietudes por llegar al fondo. Y es ahí donde precisamente permanece una existencia que, lejos de bascular y guarecerse, resurge con naturalidad entre pequeños gestos, invisibles para la inmensa mayoría de los cofrades, pero que contienen un componente de humanidad difícilmente cuantificable.

En la mañana de ayer, primer sábado de Cuaresma, un grupo de hermanos de avanzada edad así como otros enfermos acudía, invitados por su hermandad de las Penas, a orar ante sus amados Titulares. Sobran motivos para seguir creyendo.

Penas_de_San_VicenteFoto: Hermandad de las Penas

Volver a lo esencial

José Antonio Martín Pereira | 5 de marzo de 2019 a las 21:37

Desde hoy y hasta la mañana del Domingo de Ramos, brotarán emblemas de un tiempo nuevo. Lustrosas muestras materiales, vivencias reconocibles o simples gestos naturales se sucederán hasta entonces, colmando ese vacío con el que la espera en ocasiones se apodera del recuerdo.

Siguiendo la tradición, una vez más Dios pedirá la venia en nuestros corazones ajeno a las estériles desproporciones cofradieras que a diario nos rodean. De la forma más simple, con la señal de la Cruz hecha con ceniza en nuestra frente, alianza de penitencia y purificación que rememora la antigua tradición hebrea, el Dios sin rostro que se venera en los Sagrarios nos propondrá una vez más volver a lo esencial, lo constitutivo, aquello sin lo cual este tiempo litúrgico que es de preparación ante la inminente llegada de la Semana Santa no tendría sentido, la conversión.

Esto sucede ahora precisamente que el mundo necesita de una respuesta contundente por parte de católicos convencidos ante la falta de cultura religiosa, unida a la nueva sociedad de la imagen y lo inmediato que tanto redunda entre los cofrades del siglo XXI. Es por ello que el período que iniciamos debe servirnos para alcanzar sin complejos por encima de lo accesorio, admitiendo además aquellas palabras del Papa Francisco en las que recordaba que la Cuaresma “no es un tiempo triste ni de luto”, de las que se desprende la necesidad por mantener siempre vivos la religiosidad y el folclore, elementos no excluyentes que dotan de sentido a nuestras cofradías, las cuales aún hoy mantienen aquella misión por la que fueron creadas, es decir, dar testimonio público de fe en las calles.

Por tanto disfrutemos, hagámonos pequeños ante la grandeza de estas tardes en las que la luz se resiste a marcharse, y dejémonos atrapar por la atmósfera sensorial con la que se prepara el camino. Al fin y al cabo el final de la historia es de sobras conocido, la vida triunfará con la Resurrección del Señor.

CapirotesFoto: Sebas Gallardo

La inmensidad

José Antonio Martín Pereira | 1 de marzo de 2019 a las 12:28

Corren tardes entremezcladas con nuevos aromas. Matices de la vida, argumentos y razones revisten de singularidad estos días en los que la conciencia despierta del letargo invernal. Y un ritual que se repite en sus formas, pero cuyo contenido es distinto cada año.

La inmensidad del Cachorro ha vuelto a rodearse de fugaces puntos de luz, elementos que motivan la contemplación y fomentan piadosos rezos. Sus brazos abiertos de par en par apuntan directamente a la conciencia, al encuentro de uno mismo con Dios como elemento central, epicentro que es invitación directa y sin rodeos al reciclaje del alma. En esa necesidad vivimos abrumados por la velocidad de lo cotidiano, y es por ello que no debemos desaprovechar ni uno solo de los segundos con los que el Señor nos reclama en estas noches de Quinario.

El olor, la luz, la Palabra y la meditación se unen fomentando una atmósfera de recogimiento que eleva el ejercicio personal de conciencia, así como la ilusión por segar las malas hierbas que a diario plantamos. Cinco noches de liturgia para acercar nuestro espíritu a Su bondad y Misericordia; cinco momentos con los que hurgar en nuestro interior; cinco instantes para darle gracias en silencio; cinco oportunidades, también, para conocer al Cachorro e interpretar que necesita Él de cada uno de nosotros.

Quinario_Cachorro_2019Foto: Hermandad del Cachorro

La “inexplicable” historia de los cuadros del Cachorro

José Antonio Martín Pereira | 28 de diciembre de 2018 a las 12:36

«La casualidad es la manera que tiene Dios de mantenerse en el anonimato». Esta frase no pertenece a ningún teólogo o religioso reconocido, sino que fue pronunciada por Albert Einstein. Sí, Albert Einstein, figura icónica de la ciencia admirada hasta el presente por sus innumerables aportaciones no sólo en lo referente a la teoría de la Relatividad, sino también por sus conocimientos políticos, históricos y filosóficos.

Precisamente una de las muchas controversias que planean aún hoy día sobre el pensamiento de Einstein en materias fuera de la física teórica es si era ateo o creía en Dios. La cuestión sea como fuere, es que sus razonamientos matemáticos escapan a determinados hechos excepcionales como ocurren a diario en nuestras vidas.

De este modo, cuando no existe ninguna posibilidad estadístico-matemática que pueda explicar ciertos fenómenos, éstos se sitúan, según los parámetros científicos, en el campo de lo imposible. Ni siquiera alcanzan el rango de hipótesis de trabajo. Es ahí donde aparece la única respuesta admisible, que no es otra que la Providencia de Dios.

Toda esta exposición previa calza con una visita a la aldea almonteña en la jornada previa al nacimiento del Pastorcito Divino. Parada obligada en Bollullos par del Condado (Huelva) para disfrutar de la rica gastronomía que ofrecen sus tradicionales bodegones, elegimos por recomendación el del Abuelo Curro. Más que aconsejable en todos los sentidos, máxime al conocer la “inexplicable” historia de los dos cuadros que presiden el segundo de los salones, uno del Santísimo Cristo de la Expiración, el Cachorro, y otro de su Madre Bendita del Patrocinio.

Fue Esteban, una de las personas que con tanta amabilidad atiende a sus comensales, quien ante mi curiosidad justo antes de marcharnos me relató aquello que un infausto día les heló el alma. Ocurrió a mediados de 2007 y así lo constatan las crónicas de la época. «Un incendio declarado en el interior del establecimiento dejó completamente calcinado el mismo, aunque sin causar daños personales». Según contaba Esteban «no se salvó nada, ni las máquinas ni ningún tipo de enser quedó en uso, tuvimos que empezar completamente de nuevo». Lo único que escapó al fuego, y así lo relataba esta persona, «fueron los cuadros del Cachorro y la Virgen del Patrocinio, que inexplicablemente yacían en el suelo del local, con el marco abrasado y sin el cristal que los cubría pero con la estampa de las imágenes en perfecto estado. Al comprobarlo no dimos crédito, parecía un milagro que el  fuego no los hubiera devorado».

Un caso extraordinario que ha servido a sus propietarios de estímulo para que once años después de la tragedia el negocio camine viento en popa y goce de una salud inmensa. El Cachorro, no cabe lugar a dudas, siempre estará con ellos.

Cuadro_Cachorro_Patrocinio

Icono de la fe

José Antonio Martín Pereira | 28 de octubre de 2018 a las 10:47

En el día de hoy el calendario santoral rinde culto a San Judas Tadeo, reconocido por la Santa Iglesia Católica como abogado de los casos difíciles y desesperados. El paso de los años ha colocado a este Santo como uno de los más populares gracias a los numerosos favores celestiales que consigue a sus fieles, de tal modo que su devoción se ha ido extendiendo por todos los rincones de la Tierra, con especial ahínco en Alemania, Italia, América Latina y por supuesto España. San Judas Tadeo fue, según el Evangelio de San Juan, uno de los testigos privilegiados de la última cena, momento en el que Jesús instauró la Sagrada Eucaristía, sin embargo, y no existen evidencias claras del por qué, a menudo ha sido confundido con Judas Iscariote, que fue el apóstol que traicionó a Jesús y lo vendió por un puñado de monedas.

El caso es que Sevilla conserva un enclave especial en lo que a la devoción de este Santo se refiere, hasta el punto de ser considerado para muchos un verdadero icono de la fe. En la Parroquia de San Antonio Abad, sita en la calle Alfonso XII y sede corporativa de la Hermandad de El Silencio, la pequeña imagen que lo representa provoca a diario un trasiego de fieles constante. Ya sea por la mañana o a última hora de la tarde; llueva, ventee o apriete el calor, en el lateral del patio interior que da acceso al templo nunca falta un ramo de flores a la vez que el rimero de velas de promesa se hace innumerable. En realidad son cientos de historias particulares con nombre propio, sin un patrón preconcebido, personas de toda clase y condición que acuden a verter sus preocupaciones sobre la voluntad del milagroso Santo.

Cuenta la leyenda no escrita en los archivos de la Sevilla más tradicional, que quien desee su intercesión para que se cumpla aquello que anhela debe rezar durante nueve días su oración (visible a los pies de la propia imagen), acompañada por tres Padre Nuestros, tres Ave Marías y tres Glorias.

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Victoria

José Antonio Martín Pereira | 14 de octubre de 2018 a las 12:11

Como dejara escrito el novelista francés André Maurois, «lo bello es aquello que es inteligible sin reflexión». No obstante, si a la belleza le buscáramos un molde, éste encontraría sus recobecos en la Virgen de la Victoria. El dolor hecho hermosura, con tal naturalidad que su poder de atracción es capaz de asombrar continuamente a propios y extraños. Y es que, no pocas veces se ha utilizado a esta dolorosa de supremo nombre para describir los cánones artísticos clásicos en su máxima expresión. Argumentos no faltan, emociones al contemplarla tampoco. Hasta la Giralda empequeñeció sus encantos en una noche de octubre en la que la belleza, la insuperable excelencia, salió para asaltar lo cotidiano con su arrolladora luz. María en el Corazón.

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