José Antonio Martín Pereira | 15 de marzo de 2013 a las 11:10
Corren días de intensidad espiritual. La llegada del nuevo Pontífice, coincidiendo con el punto álgido de la Cuaresma, ha significado un nuevo balón de oxígeno para una Iglesia en constante evolución. En estas, el primer Papa jesuita de la Historia, también el primer latioamericano, Francisco I, a sus 76 años, ha sido elegido para cumplir un objetivo concreto: regenerar la Iglesia. A este respecto, en la rueda de prensa celebrada en la mañana de ayer en el Aula Antonio Domínguez Valverde del Arzobispado, monseñor Asenjo afirmaba tener «la impresión de que va a ser un hombre muy sencillo», comentario que fluye en consonancia a lo que hemos venido escuchando en las últimas horas. Clima de sosiego que no puede sino revertir en favor de todos los que, de algún u otro modo, conformamos y nos sentimos parte de la Iglesia. Desde aquí no puedo sino mostrar mi máximo afecto, y desear todo lo mejor al nuevo sucesor de Pedro.
Aprovecho para tomar prestadas las palabras del padre Marcelino Manzano en su última reflexión, y me uno al deseo de que «ojalá un día pudiera venir Francisco a ese otro balcón, el que se asoma a nuestro Palacio Arzobispal , o al que se abre desde las primeras rampas de la Giralda. En ambos estuvo Juan Pablo II. Sevilla le recibiría, como siempre, con los brazos abiertos».
Foto: Arciprensa.com
José Antonio Martín Pereira | 25 de febrero de 2013 a las 10:42
El pasado viernes 22, el arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo, presentaba la Guía de Acción Social de la Iglesia en Andalucía, un informe que, por primera vez, presenta los dispositivos que tiene en activo la Iglesia andaluza para atender a los colectivos en riesgo de exclusión en un doble soporte: papel y virtual. Se trata, según explicó el arzobispo, de «un instrumento para que se sepa lo que la Iglesia hace por el pueblo, pero ante todo servirá para que las víctimas de la crisis encuentren orientación y respuesta a sus necesidades».
La Guía contiene un total de 439 dispositivos (143 centros, 106 programas y 109 servicios) para atender a varios colectivos: menores, familias, adictos, VIH, personas sin hogar, reclusos y exreclusos, mayores, dependientes, inmigrantes y minorías étnicas.
Tanto la guía en papel como la guía virtual tienen una localización de recursos muy intuitiva y manejable para los usuarios. El diseño en papel diferencia por colores las 10 diócesis que existen en Andalucía y clasifica por iconos los colectivos destinatarios de los diferentes recursos. Mediante la guía virtual, la información es mucho más concreta y los recursos pueden ser localizados a través de diferentes criterios de búsqueda: colectivo destinatario, localidad, nombre del centro, Diócesis, etc. En su versión virtual, el usuario encontrará información sobre el último día en el que se ha actualizado. La idea es que se vayan sumando todos los recursos que existan de manera que este documento llegue a recoger toda la obra social que existe en la comunidad para atender a personas necesitadas. Como explicó el arzobispo, «no bajaremos la guardia porque los pobres cada día son más».
José Antonio Martín Pereira | 13 de febrero de 2013 a las 11:31
«Pulvis es et in pulverum reverteris» (Génesis 3,19). La reflexión acerca del deber de la conversión recuerda la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte. Hoy la ceniza, signo de penitencia intenso en la Biblia (cf. Jn 3, 6; Jdt 4, 11; Jer 6, 26), rememora una antigua tradición del pueblo hebreo, que cuando se sabían en pecado o cuando se querían preparar para una fiesta importante en la que debían estar purificados se cubrían de cenizas y vestían con un saco de tela áspera. De esta forma nos reconocemos pequeños, pecadores y con necesidad de perdón de Dios, sabiendo que del polvo venimos y que al polvo vamos.
Teológicamente el protagonista de la Cuaresma es Cristo (se retira al desierto a orar, se encuentra con la samaritana y la salva, cura al ciego, etc). Él es el dueño de la historia y avanza hacia la Pascua sembrando la Salvación. La Iglesia, por tanto, nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Dios.
A partir de ahora, la ciudad hará de perfecto tapiz para que las vivencias se agolpen destronando el impávido protagonismo de los recuerdos. Es tiempo de víspera, y hasta el ceniciento color del cielo se ha empeñado en recordarlo. La Cuaresma retorna anticipando el solemne protagonismo de la Gloria, ahora que la humanidad más lo requiere. Sea, por tanto, consciente, la levedad de la llama que encendida alumbraba el anuncio y la llegada de Niño Dios, tomará fuerza nuevamente al recibir el sombreo de la perecedera señal sobre la frente, convirtiéndole en transmisor de la verdad y el gozo. Retenga, allí donde cobija sus delirios, cualquier grabado de los sentidos, y compártalo con su entorno para hacerles conscientes del periódico milagro. Es Cuaresma…
José Antonio Martín Pereira | 10 de enero de 2013 a las 12:16
Mientras en Sevilla seguimos jactándonos de Vía Crucis Magno, en todas las vertientes que acontecen diariamente a la configuración del acto de cara a su desarrollo el próximo 17 de febrero, a menos de 100 kilómetros de distancia en superficie, otra perspectiva innunda la razón de la cúpula eclesial, creando en las últimas semanas innecesarias discrepancias en la relación entre ésta y los cofrades de a pie.
En resumidas cuentas, el Obispado de Huelva ha frenado el proyecto del Consejo de Hermandades de una celebración extraordinaria con ocasión del Año de la Fe, apenas unos días antes de que en el pleno de hermanos mayores (previsto para el próximo lunes 14) se conociera la predisposición a participar de cada hermandad con sus pasos. Mediante un comunicado emitido el pasado día 8, el Obispado de Huelva se adelanta y no autoriza esta procesión, afirmando que «desde hace tiempo y de forma inadecuada en el tiempo litúrgico de Adviento-Navidad viene apareciendo en la prensa y en otros medios de comunicación de Huelva la información sobre un posible Santo Entierro Magno en el Sábado Santo. Una noticia no contrastada, puesto que a este Obispado no ha llegado, oficialmente, ninguna comunicación ni solicitud de aprobación al respecto».
Al hilo de ello, queda claro que la negativa emitida por el Obispado de Huelva se refiere a los medios de comunicación, puesto que oficialmente no habían recibido aún propuesta formal. Se plantea, pues, el por qué de la disparidad tan evidente de criterios en relación a la celebración de actos extraordinarios con motivo del Año de la Fe entre, en este caso la Diócesis de Huelva, y la Archidiócesis sevillana que comanda nuestro arzobispo monseñor Asenjo.
Desde el punto de vista teológico y litúrgico, señala la nota, que el Sábado Santo «es tiempo de silencio celebrativo, de oración y meditación ante el sepulcro del Señor. No cabe, pues, introducir una praxis pastoral de una procesión en este sentido, aunque en algunas parroquias o lugares ya exista por una costumbre no adecuada al sentir litúrgico». En cuanto al plano práctico, incide el comunicado, «la organización de tal procesión magna supondría un verdadero obstáculo para la preparación litúrgica, en las parroquias, de la Vigilia Pascual, que es la celebración clave y central de todo el Año Litúrgico». El último aspecto hace referencia a la crisis económica que vive la sociedad actual: «teniendo en cuenta la situación de austeridad, que exige nuestra realidad social hoy, sería un antitestimonio cristiano realizar nuevos gastos en la puesta en marcha de tal procesión, puesto que serían gastos innecesarios, cuya supresión no afectaría a la manifestación religiosa de la Semana Santa en su forma ordinaria».
En definitiva, más allá de valorar lo sucedido y expuesto en la vecina Diócesis, lo que verdaderamente toma cuerpo es la necesidad de acordar un régimen común en las relaciones Iglesia-hermandades, destinado a evitar enfrentamientos que no benefician a nadie, puesto que ni éste ha sido el primero, ni mucho menos será el último si no se pone remedio. Lo que no se sostiene solo, es una disparidad tan abismal de criterios entorno a temas paralelos.
José Antonio Martín Pereira | 20 de diciembre de 2012 a las 15:58
Resulta sencillamente abrumadora la labor caritativa de las diferentes congregaciones cristianas de la ciudad en estos días previos a la conmemoración de la Navidad. Objetivo común, trabajo conjunto que toma cuerpo en la mezcolanza de iniciativas y proyectos encaminados a un horizonte vital y necesario, ahora que los obstáculos a los que hace frente la sociedad más lo demandan.
La Caridad entendida como la virtud teologal por la cual los cristianos amamos a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos, y ese sentimiento nos impulsa a la solidaridad con nuestros semejantes. En estos momentos de crisis económica y de valores, los necesitados precisan ayuda material y emocional, es por ello que en la mayoría de los casos agradecen que la colaboración no se limite a entrega de bienes materiales, sino que se complemente con muestras de solidaridad y comprensión que reconforte y motive para superar la situación.
Inmersos en este escenario, extenso es el papel de las diferentes Bolsas de Caridad que sostienen las cofradías sevillanas, otrora relegadas a un segundo plano, y hoy día prioritarias en la gran mayoría de los organigramas de nuestras corporaciones. No tratan, pues, solo de ayudar económicamente al prójimo, sino que las directrices de estas diputaciones conllevan un compromiso e implicación con el necesitado hasta el punto de sentir su situación como propia para ayudarle a superarla a partir de valores cristianos.
Podrán seguir, desde los sectores radicalmente interesados, poniendo en entredicho la labor de la Iglesia. Podremos, los cofrades, mantener en relieve el gusto por la puesta en escena del culto, especialmente externo. En estas, habrá también quien no preste atención a esta inmensa labor silente, tal vez por desconocimiento, o quizás por propio desinterés. Lo que queda claro es que la Navidad, como cada uno de los días que completan el calendario, llegará a muchos hogares corroborando el buen hacer de la Iglesia y el mensaje de Jesús al mundo, expresión viva del amplio grupo de personas anónimas que aunan esfuerzos por ello.
José Antonio Martín Pereira | 2 de diciembre de 2012 a las 11:56
Parafraseando a monseñor Juan del Río Martín, Arzobispo Castrense de España, muchos son los frentes a los que se enfrenta la Iglesia en el siglo XXI. El relativismo y secularismo dominante ha hecho mella en el seno de nuestras comunidades. Estamos asistiendo a una apostasía silenciosa de la fe, a un cansancio en la vida cristiana, a un desaliento paralizante en las nuevas generaciones motivado no sólo por la crisis económica, sino sobre todo por la carencia de fundamentos. En medio de todo este panorama los católicos no debemos vivir como hombres sin esperanza, porque el impulso a seguir esperando, frente a tantas dificultades, nos preserva del egoísmo y nos capacita para seguir aferrados a tres grandes verdades que vertebran el acto de fe: Dios es omnipotente, Dios me ama inmensamente, Dios es fiel a las promesas. Ante esta realidad, no me siento ni solo, ni inútil, ni abandonado, sino implicado en un destino de salvación que nunca se apaga. No deberíamos olvidar, que cuando desaparece la esperanza del alma, se eclipsa el propio hombre.
Siendo así, el comienzo del Año Litúrgico viene de la mano del Adviento. Desde ahora y hasta la Navidad, en el periodo que conforman cuatro domingos, la Iglesia nos invita a la preparación a través de la reflexión. Por consiguiente, el cambio de tonalidad de estos días dará vitalidad a las celebraciones, ayudando a redescubrir matices importantes y quizá un tanto olvidados de la vida cristiana e incluso servirá para alejar la rutina de unas celebraciones siempre idénticas, o por lo menos, muy parecidas.
A este respecto, el Santo Padre Benedicto XVI explica muy bien el sentido cristiano y la exigencia espiritual de la palabra adventus de la siguiente manera: la palabra latina «adventus» se refiere a la venida de Cristo y pone en primer plano el movimiento de Dios hacia la humanidad, al que cada uno está llamado a responder con la apertura, la espera, la búsqueda y la adhesión. Y al igual que Dios es soberanamente libre al revelarse y entregarse, porque sólo lo mueve el amor, también la persona humana es libre al dar su asentimiento, aunque tenga la obligación de darlo: Dios espera una respuesta de amor. Durante estos días la liturgia nos presenta como modelo perfecto de esa respuesta a la Virgen María, a quien el próximo 8 de diciembre contemplaremos en el misterio de la Inmaculada Concepción.
El tiempo litúrgico del Adviento es, pues, aquel que conforma la espera de la acción divina, la espera del gesto de Dios que viene hacia nosotros y que reclama nuestra acogida de fe y amor. Por ello, los teólogos insisten en que el Adviento no es sólo el aguarde de un acontecimiento, sino más bien la espera de una persona. Así, el acontecimiento aguardado es esa intervención de Dios en la historia que coincide con la venida del Hijo de Dios, de Cristo.
Volviendo a las indicaciones de monseñor, los elementos esenciales del Adviento nos conducen, en primer lugar, a los grandes creyentes que como Abraham y los Profetas depositaron su confianza en Dios en medio de las adversidades. Luego, nos señala como el camino para suscitar la fe en el pueblo no es la prepotencia y la opulencia, sino la humildad y la austeridad del Bautista. Por último, lo que más se admira y provoca la adhesión a Jesucristo, no es un cristianismo facilón y mediocre, sino la alegría del testimonio de fe de los santos y de aquella que es la Santa de los santos Maria, la Madre del Mesías, ¡El Señor! Haciendo nuestro este trípode espiritual del Adviento, podemos seguir afirmando aún hoy: Ésta es la fuerza victoriosa que ha vencido al mundo: nuestra fe. (1Jn 5,4).
José Antonio Martín Pereira | 27 de noviembre de 2012 a las 13:19
Despidiendo un nuevo mes, y en espera de la inminente llegada de un nuevo tiempo litúrgico, las diferentes congregaciones religiosas que insuflan vida a la Archidiócesis sevillana toman posicionamiento de cara a la preparación de la Navidad, en su faceta más piadosa y caritativa. De este modo, comienzan a verse las primeras muestras de carácter público en las numerosas iniciativas propuestas, simplificadas en la recogida masiva de alimentos y juguetes.
Una de ellas es la que tiene lugar en estos días en la Parroquia de San Gonzalo, del barrio León. A la derecha de la mesa de altar, una gran cesta preside las oratorias bajo el lema Operación Kilo. La Caridad como razón de estos tiempos, y nuevamente la puesta en liza de una idea, que no es otra que la de la fuerte necesidad que la sociedad de hoy precisa de la Iglesia, por más que ésta intente ser vulnerada o sepultada por determinados colectivos. Sirva este Año de la Fe que celebramos, como revitalizante y catalizador de este tipo de acciones.
José Antonio Martín Pereira | 25 de octubre de 2012 a las 11:03
La oportunidad ideal para acercar la institución a los fieles. El Año de la Fe, recientemente inaugurado, distinguido por Benedicto XVI como «impulso a la misión de toda la Iglesia, para conducir a los hombres lejos del desierto en el cual muy a menudo se encuentran en sus vidas a la amistad con Cristo que nos da su vida plenamente». Año de la Fe que llega como balón de oxígeno al Concilio Vaticano II (coincidiendo con su cincuenta aniversario), que fuera promulgado por el beato Juan Pablo II «con la intención de ilustrar a todos los fieles la fuerza y la belleza de la fe». Sevilla no podía faltar, y es por ello que desde la Archidiócesis han preparado un extenso programa de actividades, algunas de las cuales especialmente significativas, por su contenido y por los lugares en los que serán desarrolladas.
La muestra La Fe es Vida
Con motivo de la celebración del Año de la Fe, el tradicional Encuentro Diocesano de Laicos se transformará en una serie de actividades dinámicas orientadas a mostrar los carismas, acciones de solidaridad y la vida de las diversas realidades eclesiales sevillanas.
El fin de semana del 17 y 18 de noviembre, se celebrará en la plaza de San Francisco la muestra La Fe es Vida, un espacio en el que tendrá cabida el testimonio, la música y la exposición de realidades eclesiales. La Palabra de Dios, el Credo y el Catecismo de la Iglesia Católica, serán los hilos conductores de toda la muestra. El punto culminante será la noche del sábado, con el rezo del Santo Rosario de forma participada y festiva. Como lugar singular, se destinará un espacio para la celebración del sacramento de la Reconciliación, en el que diversos sacerdotes estarán disponibles para confesar a quienes lo deseen.
Santoral sevillano en el Salón del Apeadero
En el cercano Salón del Apeadero del Ayuntamiento de Sevilla, entrando por el arquillo de la plaza de San Francisco, se expondrá la Cruz de la Evangelización. Una cruz tallada en madera de olivo, del Monte de los Olivos de Jerusalén, que contiene las reliquias de cinco santos y beatos sevillanos contemporáneos: santa Ángela de la Cruz, beato Cardenal Spínola, beato obispo Manuel González, beata Victoria Díaz y beata María de la Purísima. De todos ellos se expondrá una referencia de sus vidas, así como objetos que utilizaron a lo largo de la misma. Además, como homenaje al beato Juan Pablo II, se proyectará de forma continuada el vídeo homenaje, Testigo de Esperanza.
La exposición Biblia y Cultura
Otro ámbito de la Muestra será la exposición Biblia y Cultura, que se celebrará en el cercano patio de la Fundación Cajasol. A través de una explicación sistemática y divulgativa se acercará la Palabra de Dios de una forma sencilla y atrayente, y se expondrán ediciones de la Biblia en más de cuarenta idiomas, así como otras Biblias históricas y reproducciones de los primeros siglos del cristianismo.
José Antonio Martín Pereira | 18 de septiembre de 2012 a las 12:20
Quiero anunciar en esta Celebración Eucarística que he decidido convocar un «Año de la Fe» que ilustraré con una carta apostólica especial. Este Año de la Fe comenzará el 11 de octubre de 2012, en el 50º aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará el 24 de noviembre de 2013, solemnidad de Cristo Rey del Universo. Será un momento de gracia y de compromiso por una conversión a Dios cada vez más plena, para reforzar nuestra fe en Él y para anunciarlo con alegría al hombre de nuestro tiempo (Homilía de Benedicto XVI en la santa Misa para la nueva evangelización, 16 octubre 2011).
Con estas palabras, el Santo Padre convocaba a toda la Iglesia a movilizarse a favor de la gran empresa de la fe en nuestro tiempo, cosa que ni mucho menos está de más si dirigimos la óptica al heterogéneo jardín de flores y espinas que siembran las cofradías aquí en nuestra ciudad. A este respecto, monseñor Asenjo espera que el lema que los católicos tomaremos por bandera en escasos días sirva para «fortalecer nuestra fe, formarla mejor, conocer mejor sus contenidos, aquello que Dios nos ha revelado y la Iglesia nos enseña, a hacerla cada vez más viva y dinámica».
Conforme a estas premisas fundamentales, comienza el nuevo curso, o mejor dicho, las hermandades arrancan paulatinamente en sus actividades a la espera de lograr la máxima participación de fieles y hermanos. Caridad y formación sobre la palestra, pues el presente aprieta y el futuro abunda en preocupaciones, como ejes principales, por lo general, en un contexto gestado en base a los bretes para llegar a final de mes. Se presenta, de este modo, un año litúrgico complicado (aunque no más que los precedentes), al que como siempre las cofradías infundirán sus propios matices. Tiempo habrá para ir desgranando pormenores…
José Antonio Martín Pereira | 28 de mayo de 2012 a las 9:17
El secretario de Organización del PSOE, Óscar López, avanzaba ayer en León que el PSOE pedirá en todos los ayuntamientos de España que se cobre el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) a la Iglesia, ya que en la situación actual «todo el mundo» debe contribuir. Secreto a voces confirmado, durante su intervención en la apertura del XII Congreso del PSOE de León, López aseguraba además que con esta medida «no se trata de ir contra nadie», subrayando que «la Iglesia también tiene que hacer esfuerzos».
López hacía pública esta (ridícula) propuesta después de que PP y CiU impidieran el pasado día 24 en el Congreso que saliera adelante una iniciativa promovida por la Izquierda Plural (cuyo portavoz parlamentario es Cayo Lara) para obligar a la Iglesia Católica a pagar el IBI, del que la institución está exenta en lugares de culto y en espacios destinados a ofrecer servicios sociales, haciendo lo propio que miles de instituciones no lucrativas de nuestro país, así como otras tantas, como por ejemplo los partidos políticos, los sindicados, las fundaciones, los consulados, las federaciones deportivas, las embajadas, y otras muchas instituciones en virtud de lo dispuesto en la Ley 49/2002, denominada “Ley de Mecenazgo”. Ley que por cierto se aplica sobre los inmuebles destinados a usos religiosos de las comunidades hebrea, musulmana, judía, evangélica y demás de cuantas conviven bajo el territorio español, a las que curiosamente nadie reclama a pagar nada, tal vez porque es así como lo dicta el patrón “progre”.
Manipulación de la opinión pública y fomento del descrédito general de la Iglesia, dos armas de las que el brazo político de la izquierda lleva sirviéndose desde tiempos inmemoriales, utilizados ahora como instrumento para hacer creer a la gente que la Iglesia católica es la única que no paga el IBI y que además no abona ninguna clase de impuestos, cuando lo que realmente persigue la Ley es estimular (fiscalmente) el trabajo de aquellos que contribuyen con su labor a la configuración de una sociedad, aunque en la práctica existan casos, como los de los sindicatos, que vulneren la confianza de la ciudadanía y repercutan sobre el resto. Paradójicamente, lo que no explican los instigadores de esta corriente es cómo se haría frente, en caso de que la Iglesia se viera obligada a responder a sus exigencias, a los aproximadamente 20.000 millones de euros (cifra muy respetable) que dicha institución ahorra anualmente y mediante sus labores de acción social al Estado.
Asimismo, conviene dejar claro que la Iglesia en España responde sobre el IVA completo, amén de las respectivas tasas municipales (basuras, coches, aparcamientos, etc.), y por supuesto del IBI correspondiente a aquellos bienes no exentos, demostrando que toda esta película que se ha montado en los últimos días deriva de afirmaciones que no se sostienen jurídicamente y que son falsas y tendenciosas.
Tan cierto es que antes de la mal-llamada Crisis ya estaba la Iglesia, como que ahora y en un futuro lo seguirá estando, abierta a todas aquella persona de buena voluntad y firme ante difamaciones e injurias ya que éstas, tarde o temprano, terminan poniendo a cada cual en su sitio, y sino que pregunten en tantos ayuntamientos andaluces cuántos miles de euros deja a deber la Junta de Andalucía (otrora gobernada por el PSOE, y ahora por la coalición PSOE-IU) a razón precisamente del IBI.