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¿Qué hacer?

José Antonio Martín Pereira | 15 de mayo de 2017 a las 10:23

¿Qué hacer? ¿Cómo proceder? En la última semana dos robos en sendas hermandades han sacudido la actualidad cofradiera, poniendo de nuevo en relieve la difícil tesitura a la que se enfrenta el patrimonio religioso a diario. Si bien el pasado domingo día 7 era la hermandad Sacramental de Umbrete la que denunciaba el robo de una parte importante del ajuar del Santísimo Cristo de la Vera-Cruz y María Santísima de los Dolores, el miércoles fue la hermandad de la Resurrección de la capital la que a través de los miembros de su junta de gobierno hacía lo propio en relación al robo de varias de las joyas que la Virgen de la Aurora portaba en ese momento en su capilla.

El problema se agrava si hacemos un repaso por la hemeroteca. Es fácil seguir sumando ejemplos, como los que tienen que ver con las cofradías del Transporte o la Cena de Jerez de la Frontera, o el conocido también que afectó a la corporación de la Soledad de Parla (Madrid), todos ellos acontecidos en lo que va de 2017. El tema en sí causa revuelo, pero como azucarillo se diluye al paso de los días sin que se atisben vías posibles de solución común. Es más, son muchas las ocasiones en que las sustracciones ni siquiera alcanzan a la opinión pública, generalmente porque o bien afectan a parroquias pequeñas, o simplemente porque el valor de lo que desaparece no alcanza la cuantía suficiente para hacer saltar las alarmas.

Lo cierto es que, en definitiva, la economía marca el discurrir para todos, y cuando decimos para todos aquí se engloban por supuesto hermandades e Iglesia, perjudicadas por este mal silencioso y en su mayoría con escasos recursos para intentar ponerle freno. En este sentido, a nadie se le ocurriría pensar en un museo cualquiera sin sus correspondientes medidas de seguridad y vigilancia, sin embargo a todos nos extraña encontrarnos con una cámara en alguna esquina superior de un determinado templo. La comparación es más curiosa si nos atenemos al valor patrimonial que generalmente custodian los templos, superior al de muchos museos en innumerables ocasiones.

Difícil encrucijada entonces teniendo en cuenta la innegable dificultad que ya se le plantea a la Iglesia, y dentro de la iglesia a las propias corporaciones, en aquello referente al mantenimiento y conservación de su patrimonio sin descuidar la incansable labor asistencial de la que dependen un sinfín de instituciones y personas cada día. Entre tanto imploramos para que este tipo de acciones no se conviertan en recurrentes, no estaría de más aunar criterios que planteen al menos alguna que otra alternativa para la resolución de un dilema que en cierta medida nos afecta a todos. La cuestión inicial sigue pendiente.

 

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Iglesia de Santa Marina. Foto: Diario de Sevilla

2014: del conteo a la Macarena

José Antonio Martín Pereira | 29 de diciembre de 2014 a las 14:17

Es tiempo de balances. Las postrimerías de diciembre traen consigo cientos de páginas a modo de registro de lo que ha sido un año al que le se le pueden aplicar otros tantos cientos de síntesis según el grado de perspectiva que se afronte. Desde el plano sevillano, en lo que a las cofradías de penitencia de la ciudad respecta, cabría resaltar a modo de esquema general, por razones obvias, el conteo de nazarenos, la meteorología favorable, las sillitas portátiles, los actos de conmemoración en La Macarena y La Paz, o en inicio del fin de la clausura del templo de Santa Catalina.

El año del conteo

La de 2014 será recordada como la Semana Santa del conteo, dentro del extremo intento de las hermandades por cumplir los horarios sugerido por la presión del Consejo y por las sanciones contempladas en sus nuevos estatutos. Se puso en tela de juicio la identidad, en un intento para que la cuantificación sirva como carta de juego en una futura organización que, hasta el día de hoy, no se intuye más allá que entre multitud de interrogantes difíciles de despejar sin el consenso de cada una de las partes que conforman el escenario.

La meteorología

Fue sin duda la mejor de las noticias. Tres años llevaban todas las cofradías del Martes Santo y dos del Viernes Santo, El Cachorro y La Carretería, sin que sus hermanos pudieran ver un cielo luminoso. El sol trajo calor, y éste se dejó notar especialmente en las jornadas del Domingo de Ramos y Jueves Santo. Vimos cirios arqueados y los establecimientos y comerciantes ambulantes se pusieron las botas con la venta de todo tipo de refrigerios. Faltó el broche, y es que la cofradía de Santa Marina se vio obligada a interrumpir su desfile para regresar apresuradamente bajo el intenso aguacero en la madrugada del Domingo de Resurrección.

Las sillitas portátiles

Una de las principales cuestiones de fondo de la pasada Semana Santa, y quizás la más desagradable. Desde el Ayuntamiento son conscientes de que el problema se ha agravado y requiere de medidas. Sevilla fue más que nunca una ciudad impracticable, donde las faltas de civismo y educación pusieron en relieve la urgente necesidad de que las autoridades se planteen seriamente combatir el problema. En este sentido, y a la vista de movimientos de consideración ausentes, todo hace indicar que la de 2015 vendrá instaurada en los mismos parámetros. Las soluciones, como en otros aspectos de la vida, llegarán cuando algún hecho grave suceda.

La Macarena y La Paz

Dentro de las innumerables efemérides que se celebran a lo largo de un año completo, dos especialmente marcaron la agenda de los cofrades, la de la Hermandad de La Macarena y la de La Paz, respectivamente. La primera evocando las bodas de oro de la coronación de su Dolorosa universal, la segunda haciendo lo propio para que Sevilla conociera unos 75 años de vida (los de la fundación de la Hermandad) muy bien llevados. Hubo excesos en los actos exteriores, si bien el respaldo del público mitigó gran parte de las críticas. Por cierto, La Paz será coronada en 2016.

Santa Catalina

Se hizo oficial recientemente pero ya es una realidad. La reapertura de la iglesia de Santa Catalina servirá para las hermandades que allí han radicado históricamente no tengan que buscar quien las acoja, circunstancia que lleva produciéndose desde el cierre del templo, allá por el año 2004.

Todo ello tuvo lugar tras la firma del protocolo entre el Ayuntamiento y el Arzobispado donde el organismo municipal se compromete a aportar un millón y medio de euros, exactamente la mitad de lo que cuestan las obras integrales, que se elevan a tres millones. La Exaltación enfoca pues la que previsiblemente será su última salida procesional desde la iglesia de Los Terceros, ya que para 2016 se espera que la cofradía vuelva a cruzar un dintel que nunca debió dejar de verles pasar.

La Macarena

La degeneración

José Antonio Martín Pereira | 12 de febrero de 2013 a las 10:50

Mucho están tardando en la RAE en plantearse la inclusión de un término que aquí estamos presenciando subir como la espuma, y es que el pulso con el que los kofrades, con su banalización a cuestas, están sometiendo a la tradición gestada durante siglos debería hacernos plantear ciertos límites, por lo menos allí donde la sevillana guasa no encuentra razones.

La degeneración, el abismo sobre el que pisa cierto sector vinculado a las cofradías que poco o ningún favor nos hace, queda reflejado en acciones de este tipo, que encuentran calificativo en sí mismas. Ocurría el pasado domingo, durante el traslado del paso de misterio de la Hermandad de Torreblanca a Santa Marina, desde donde participará en el Vía Crucis de la Fe previsto para este próximo día 17. La foto es de mi amigo Joaquín Corchero (siempre al pie de la batalla), colaborador de la Web Arte Sacro.

A la vista, sobran argumentaciones y comentarios. Esto simplemente prueba que el ejercicio piadoso que se pretende no rascará nada allí donde la fe se mueve a golpe de canastillas doradas.

Foto: Joaquín Corchero