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El Cristo de los Desamparados, una joya por descubrir

José Antonio Martín Pereira | 9 de junio de 2017 a las 10:16

Mañana sábado será el día en el que el Cristo de los Desamparados, que habitualmente preside la Capilla Sacramental de la iglesia conventual del Santo Ángel de Sevilla, en la calle Rioja, saldrá en procesión extraordinaria en lo que será el gran acto público del IV Centenario (1617-2017) de su hechura a manos del insigne imaginero Juan Martínez Montañés.

Para tal ocasión se ha dispuesto la imagen sobre el paso del Cristo de la Salud de la hermandad de San Bernardo, formando una conjunción casi perfecta. Así mismo, dicha salida contará con el acompañamiento musical de la Banda de Nuestra Señora de la Oliva de Salteras.

De este modo lo que se prevé es que resulte una tarde difícil de olvidar entorno a una de las joyas de la imaginería sevillana la cual, como tantas otras que no procesionan en Semana Santa (aunque ésta en concreto sí lo hizo siendo titular de la Lanzada desde el año 1851 hasta 1916) permanece en el más absoluto de los desconocimientos para gran parte de los cofrades. Lo curioso aquí es que haya tenido que ser un paso el que ponga en órbita este Crucificado que saliera de la gubia de uno de los grandes genios de la escultura española de la primera mitad del siglo XVII. Si esto sirve para despertar la curiosidad por los tesoros que esconde esa Sevilla oculta de la que no se habla pero sigue ahí, intacta en sus raíces bajo los centenarios muros de templos y conventos, ya nos podremos haber dado por satisfechos.

Cristo Desamparados Santo Angel

El Cristo de los Desamparados sobre el paso de la hermandad de San Bernardo.

Foto: hermandad de San Bernardo

Descripción del IAPH tras su intervención practicada entre los años 2007 y 2008

Esta imagen representa a Cristo Crucificado clavado en una cruz arborea mediante tres clavos, con la herida de la lanzada en el costado derecho. La figura muestra un leve descolgamiento respecto al travesaño horizontal de la cruz. Tiene la cabeza inclinada hacia su lado derecho y hacia delante con el mentón apoyado en el pecho. Esta postura origina un pliegue en el cuello que el escultor realiza con gran realismo. El rostro tiene forma ovalada, los ojos están cerrados y ligeramente hundidos con marcadas ojeras y las cejas se encuentran algo arqueadas. La nariz presenta el tabique nasal pronunciado y las aletas nasales marcadas. La boca tiene los labios entreabiertos dejando a la vista los dientes de ambos maxilares que aparecen mostrando la tensión del sufrimiento padecido. El labio superior está oculto por el bigote, salvo la zona central que es más abultada, mientras el inferior es grueso. Muestra la barba bífida, al igual que el bigote la talla está realizada en el inicio mediante suaves incisiones, la barba se inicia también con leves incisiones y desde la zona inferior de los pómulos se va abultando formando pequeños rizos hacia la parte de la mandíbula y el mentón. El cabello es largo formado por sinuosos mechones que se encuentran pegados al bloque craneano y caen sobre la nuca. Por el lado derecho desciende un grueso mechón hacia delante por el lateral del rostro y por el lado izquierdo otro pequeño mechón enmarca la oreja dejándola a la vista. Lleva la corona de espinas tallada y le ajusta sobre la frente clavándole algunas espinas. Tras la restauración se ha puesto de manifiesto la rica policromía de la corona con matices de color verde, simulando las ramas que aparecen sujetas entre sí por una especie de cintas también talladas en madera. El torso muestra el tórax hinchado con el vientre rehundido y las costillas marcadas. Lleva el sudario tallado por un plegado anguloso situado a la altura de las caderas. Tras su restauración en el IAPH se ha puesto de manifiesto de forma más evidente el dramatismo del rostro, destacando la tensión de la boca y los rasgos faciales con los signos de la defunción. A esto hay que añadir la excelente calidad de la policromía que representa con gran virtuosismo los tonos de la piel y las marcas de la pasión de Cristo tras la Crucifixión. Se ha podido comprobar que las características técnicas de la misma son muy semejantes a la del gran Cristo de la Clemencia de la Catedral de Sevilla, realizado por Martínez Montañés en 1603 por encargo del arcediano Vázquez de Leca. Es una polocromía compuesta por unas capas muy delgadas que deja trasparentar casi la madera. El estudio realizado durante su intervención en el IAPH confirma la gran calidad artística de la obra. Através del análisis estilístico se observan claros grafismos de la producción de Martínez Montañés, sin embargo presenta algunas características tanto a nivel compositivo como técnico que difieren en parte de otras imágenes suyas del mismo tema iconográfico.

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