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¡Dejen de meter miedo!

José Antonio Martín Pereira | 2 de marzo de 2018 a las 13:25

La seguridad se ha convertido en uno de los objetos de debate prioritarios para cualquier equipo de gobierno que se preste. La extrema sensibilidad con la que los ciudadanos afrontamos el tema sitúa a las Administraciones ante una responsabilidad sin precedentes hasta ahora, y a la Semana Santa de Sevilla, expuesta a una encrucijada de intereses peligrosamente contrapuestos.

Partiendo de la base que en la Semana Santa de Sevilla son casi 3.000 los agentes de la Policía Local y fuerzas de seguridad del Estado quienes integran el operativo puesto en marcha para la ocasión, fruto de la colaboración entre la Delegación del Gobierno en Andalucía, el Ayuntamiento y la Delegación de la Junta en Sevilla, los graves incidentes acaecidos durante la pasada Madrugá han determinado un giro radical de cara a este año, concretado en una serie de medidas destinadas a evitar situaciones similares.

En este sentido, amén de ciertas innovaciones técnicas preventivas añadidas a algunas modificaciones de horarios e itinerarios, hemos pasado, radicalmente, de intentar buscar las causas y los culpables de aquellos desgraciados incidentes, que los hubo (y sino que pregunten a los Diputados Mayores de Gobierno de las distintas cofradías implicadas), a la última de todas, es decir a que nos intenten hacer creer que una serie de mensajes en cadena difundidos a través de WhatsApp y Twitter van a salvarnos de la histeria colectiva que genera la propia naturaleza humana ante lo gravemente desconocido.

Todo en mitad de una Semana Santa cada vez más encorsetada, la de los últimos años, en la que los cortejos atraviesan calles desiertas o, en su defecto, caminan en el sentido que marcan las vallas de color limón. Una Semana Santa gobernada por una falta de educación exacerbada, por la constante desacralización de sus otrora fervientes signos, y por la escasa unión que demostramos los cofrades cuando se trata de afrontar aspectos básicos. Una Semana Santa, además, en la que interesadamente el pánico ya derrama chorreones de cera hirviente, en la que se ponen parches a no se sabe el qué, pero que hábilmente están consiguiendo fermentar entre intereses personales para, tal vez, dejar constancia de algo que para nada necesitamos.

Llegados a este punto nos preguntamos, ¿qué pasará?; ¿a quién debemos temer?; ¿quién es nuestro enemigo?; ¿contra quién saldremos a luchar?. Miedo, si repasamos la Historia, pasarían nuestros hermanos en tiempos de la Segunda República, por citar sólo un ejemplo de uno de los períodos más infaustos a los que han sobrevivido nuestras cofradías, porque lo que ahora se observa más bien se entiende como relativización de intereses de cara a colocar a la Semana Santa y a sus cofradías una bomba de ventilación para insuflar respiración asistida ante determinados problemas de salud que no se corresponden como mal endémico de la celebración, sino que más bien pertenecen a la degradación colectiva de la sociedad que formamos parte.

Y es que desgraciadamente , los problemas a los que se enfrentan las cofradías no son exclusivos a la celebración de la fiesta, sino que afectan a lo cotidiano y precisamente por ello pasan desapercibidos a la conciencia universalizada. La Semana Santa en general, la Madrugá de Sevilla en concreto como principal objeto de debate, se alza como un simple altavoz por la dimensión que obtiene todo cuanto se le interpone.

Por ello pienso que si no se atajan de raíz las verdaderas inquietudes en materia de seguridad que como vecinos nos intimidan en nuestro día a día, los que se evidencian provocados por la masificación de las calles en Semana Santa, buena parte o todo lo que intentemos caerá en saco roto, porque los problemas no vienen cuando una cruz de guía traspasa el dintel de su templo y pisa la calle, ni tampoco lo traemos los cientos de miles de personas que tranquila y educadamente, como por cierto se viene haciendo desde que las cofradías tienen su origen, salimos a conversar con Cristo y su Bendita Madre contemplando serenamente el milagro de cada primavera y disfrutando de la ciudad a la que amamos; los problemas los traen, y reitero no exclusivamente en Semana Santa, quienes ponen su ausencia de civismo y valores al servicio de la ley que los ampara, protege y acoge.

¿O es que acaso los botellones y las peleas ocurren sólo cuando hay hermandades en la calle? Siendo así, es decir, utilizando a la Semana Santa como gran laboratorio de pruebas, hemos de reconocer que la mayor preocupación para muchos de los que salimos, insisto tranquila y educadamente, a participar de la protestación colectiva de fe que es la Semana Santa, pasa por las dichosas sillitas plegables, las cuales cumplen una década entre nosotros y a las que nada ni nadie parece poner remedio.

Dejando claro, pues, que toda acción formativa debe tener como principal objetivo ser de utilidad, y que algo es útil cuando satisface una necesidad, y la seguridad no sólo es necesaria, sino obligatoria para todos, resulta evidente también que la Semana Santa de Sevilla requiere de una reforma integral en la que participen de manera unánime cada uno de sus agentes. Cierto es, y así lo reconocemos quienes participamos de ella durante los 365 días del año, que las hermandades son reticentes a cambios drásticos inmediatos, pero no es menos cierto que si no hubieran sabido adaptarse a los vaivenes del tiempo con toda seguridad no habrían llegado al presente, con lo cual ese cambio, en el que a menudo se omite a Dios, no pasa ni de lejos por el control de las redes sociales ni tampoco puede ser guiado por agentes externos ajenos en buena parte a la integridad moral y sustancial de nuestras cofradías, y que han visto aquí un extraordinario filón de negocio.

Empecemos a construir por abajo, y no desde arriba, fomentando la educación en valores en casa, en los centros educativos o en las propias hermandades, puesto que ahí reside la clave, permitiendo dicho sea de paso a la Semana Santa aprovecharse de la modernidad que nos rodea sin renunciar a la esencia y al compromiso cristiano que la sostienen. Abracemos su combinación. ¡Dejen de meter miedo!

Semana_Santa_Sevilla

El númerus clausus no es la solución

José Antonio Martín Pereira | 21 de noviembre de 2017 a las 21:12

Se viene hablando recientemente, más concretamente durante los últimos días, de la imperiosa necesidad por dimensionar la Semana Santa actual conforme a las limitaciones que se deducen de la indivisible conjunción espacio-tiempo.

Nada más lejos, y sea cual sea cada parecer, todos los que nos sentimos integrantes de la misma en mayor o menor medida participamos de esa percepción, admitiendo que el modelo tal y como se concibe actualmente urge de retoques incuestionables. Pero es que además, si es la propia Policía la que recomienda al Consejo adoptar medidas como el númerus clausus para solventar (junto con otro tipo de propuestas) los graves problemas que rodean a la Madrugá, la cosa no sólo se complica sino que requiere de un análisis mucho más profundo.

El tema, como otros muchos de los que rodean a una de las manifestaciones culturales y religiosas más conocidas del mundo como es la Semana Santa de Sevilla, ni es nuevo ni de llevarse a la práctica solucionaría el conjunto que inquietudes que hoy día alteran la celebración. Es más, a la vista de las numerosas de opiniones vertidas al respecto, unas con más acierto que otras, podría inclusive conllevar efectos contraproducentes.

Lo que es irrebatible, como decía anteriormente, es que razones no faltan para tener en cuenta ésta o cualquier otro tipo de alternativa que repercuta en mejoras en la seguridad, pero siempre con matices porque si nos quedamos sólo ahí estaríamos cayendo en un grave error. Sirva como elemento de partida que (aunque se esté llevando especialmente la cuestión para las hermandades de la Madrugá) no todas las cofradías llevan una línea ascendente en cuanto al número de hermanos que componen sus cortejos, como tampoco todas cuentan con un exceso de nazarenos en sus filas en proporción a sus respectivas nóminas, y mucho menos aún si derivamos esa perspectiva desde la óptica de una ciudad que cuenta con aproximadamente 700.000 habitantes (sólo su núcleo, sin contar su área metropolitana).

Llama poderosamente la atención, y no es casualidad, que haya quien secunde esta teoría desde su posición de acomodado de silla en la Campana. Es lógico, hasta el mayor de los capillitas puede aburrirse viendo pasar cortejos con 2000 y 3000 nazarenos. Pero la situación en las calles es otra, amén de los embotellamientos que se forman en lugares de sobra conocidos, permitidos por el uso de las sillitas plegables y otras malas prácticas recientes (ahí es donde verdaderamente habría que actuar), moverse como se ha hecho toda la vida sigue siendo relativamente fácil (sobretodo en ciertas jornadas y en determinadas horas). De modo que aquí lo que sobra es cierto público que no sale a ver cofradías sino a pasar una tarde de camping en el centro de la ciudad y rodeado de pasos.

Dicho esto, se antoja temerario plantear límites sobre el derecho de los hermanos (que recordemos son los que con sus cuotas sustentan a las hermandades y con ello a todo lo que sale de ellas), máxime si destapando la cortina nos asomamos fuera de la ciudad y comprobamos como en muchas otras localidades los cuerpos de nazarenos, los costaleros, las personas que quieren ser miembros de junta y hasta el público escasean de manera preocupante. No es menos cierto, en el polo opuesto, que la Semana Santa de Sevilla está de moda, para lo bueno y para lo malo, y nuestra obligación es la de contribuir de cara al auge en la formación dentro y fuera de las hermandades, para que ésta repercuta en favor de una sociedad en valores. Miremos al pasado, echemos mano a los libros o tiremos de memoria, quizás así aprendamos que para asestarle puñaladas ya vendrán otros.

Los gitanos Sevilla

La seguridad, de nuevo a escena

José Antonio Martín Pereira | 13 de septiembre de 2016 a las 13:45

La noticia colapsaba las redes sociales en la tarde noche de ayer, hasta el punto de situar el hashtag #GranPoder como uno de los diez más utilizados en la popular red social Twitter. Los hechos ocurrían durante el transcurso de la habitual misa de 20.30 horas, cuando un individuo accedía a la capilla del Sagrario para prender fuego al paño de la mesa de altar. Un susto que no llegó a más por la rápida intervención de feligreses y del propio personal de la corporación. Posteriormente la Hermandad confirmaba que el fuego originado había destruido en su totalidad el paño de altar, afectando mínimamente a la mesa sobre la que se disponía el mismo. Además, daba cuenta que el autor de los hechos fue identificado y detenido por miembros de la Policía Nacional.

No obstante, y a pesar de que lo acontecido no llegó más lejos, la protección y salvaguarda de los bienes que atesoran las cofradías y los templos vuelve hoy copar un protagonismo que sólo renace cuando se dan circunstancias de esta índole. Por desgracia en Sevilla los robos y saqueos a hermandades e iglesias se producen con relativa asiduidad, si bien muchas veces por la cuantía de lo sustraído ni siquiera son recogidos por los distintos medios. La cuestión de fondo pasa por la ausencia de medidas de seguridad con las que cuentan la mayoría de casas de hermandad, templos o almacenes donde se guardan enseres, lo que dispara el ambiente propicio para los amantes de lo ajeno. Si a ello le añadimos la vulnerabilidad en cuanto a acciones como la acaecida en la jornada de ayer, se advierte un panorama de intranquilidad moderada que exige de un consenso común.

La tesitura sin embargo es complicada, ya que en la inmensa mayoría de las veces la economía priva de acceder a medios de conservación más acordes al valor patrimonial y sentimental que atesoran la Iglesia y sus distintas entidades, en este caso las cofradías. Lo que parece evidente es que la preservación del patrimonio se alza como uno de los principales desvelos en el seno de las cofradías. Conservar y mantener el que existe y mejorar o enriquecer de cara al futuro son siempre objetivos prioritarios de cualquier junta de gobierno. En este sentido no cabe duda toca seguir ideando, queda mucho por hacer.

capilla sacramental gran poder

Foto: Capilla Sacramental. Hermandad del Gran Poder

Semana Santa 2016: a destacar

José Antonio Martín Pereira | 29 de marzo de 2016 a las 11:23

Las nubes y los horarios

Lo comprobamos especialmente el Domingo de Ramos, donde el riesgo álgido de lluvias previsto para la madrugada del Lunes Santo motivó que las hermandades acelerasen su regreso. Los pasos andando, y los nazarenos aliviados por ello. La Hiniesta y la Estrella entraron a su hora, y la Amargura 45 minutos antes de lo previsto. En esta ocasión las nubes favorecieron a la Semana Santa.

En cuanto a horarios e itinerarios, la vista estaba puesta en el desarrollo de la Madrugá tras todo un año de debate. Finalmente la solución vino de la mano del pequeño matiz aplicado en principio a modo de parche, y los ensambles funcionaron a la perfección. Apenas hubo retrasos, y la sensación generalizada deja muy buen sabor de boca.

El CECOP y la seguridad

Después de lo sucedido en la Madrugá de 2015, la seguridad se había convertido en premisa fundamental para hermandades, Ayuntamiento y CECOP. Y los datos oficiales avalan el nuevo plan de seguridad puesto en práctica, ya que apenas se registraron incidencias destacables en una semana marcada además por los atentados de Bruselas.

Lo más llamativo quizás fueron los aforamientos en determinadas zonas calificadas como de riesgo en función a episodios anteriores. Ése será por tanto el talón a pulir en un futuro, si bien la idea cuenta con el respaldo de las propias cofradías que han visto facilitado su discurrir, y de muchos cofrades que pensamos que a la Semana Santa necesitaba de un giro de tuerca radical en lo que a dicho aspecto se refiere.

Las Siete Palabras y el Buen Fin

Dos cofradías imprescindibles por el rigor de sus cortejos. La primera a pesar del puesto que ocupa en la jornada, que la hace transitar por las calles del centro hasta bien entrada la madrugada, así como de una historia reciente cargada de capítulos poco agradables. La segunda pese a contar con un nutrido grupo de niños entre sus filas, con las connotaciones que esta circunstancia conlleva. El corte clásico del Misterio de Las Siete Palabras, y el del paso de Cristo del Buen Fin dignifican a la Semana Santa de Sevilla.

La compostura del Cerro

El Martes Santo fuimos testigo de la jornada más difícil en cuanto a la meteorología. Una de las cofradías que sufrió los vaivenes entre el sol y las nubes fue la del Cerro del Águila, que se vio obligada a refugiar su paso de Misterio y todo su cortejo en el interior de la Catedral, mientras que el palio se resguardaba en el Rectorado para, poco después, trasladarse también al templo metropolitano. En todo lo que duró la incertidumbre en la calle, el numeroso cortejo formado por nazarenos y acompañantes, tan particular como siempre, guardó una compostura ejemplar facilitando la tarea al grupo de diputados de la Hermandad.

El Cachorro de vuelta

Con la madrugada del Sábado Santo acariciando la cofradía entre la oscuridad de la calle Castilla, los numerosos puntos de luz del paso del Cachorro y el clasicismo de los sones musicales que lo acompañaban convirtieron el regreso de la cofradía en un espectáculo sensorial inigualable. La vuelta de la cofradía trianera conserva matices de otra época al alcance de un público en su justa medida. Ni el frío logró desarticular el decoro de un cuerpo de nazarenos estoico.

Buen Fin

 

Semana Santa 2015: a olvidar

José Antonio Martín Pereira | 8 de abril de 2015 a las 11:55

La organización de la Madrugá

La Madrugá fue un caos. Desde el Cabildo de Toma de Horas y su posterior corrección (circunstancia surrealista), y hasta que las Esperanzas detuvieron la incomprensible batalla de relojes (nada más y nada menos que a las tres de la tarde), en esa pugna por alzarse con el dudoso honor de convertirse en la última cofradía en cerrar una jornada para el olvido, la Madrugá de Sevilla evidenció un estado de decadencia que requiere de inapelable solución conjunta. Hubo carreritas en distintos puntos del centro de la ciudad que evocaron episodios pasados, retrasos acumulados en el palquillo de la Campana (por encima de la media hora), un escape de gas en la calle Feria que obligó a La Macarena a tomar un itinerario alternativo, y sobretodo una extrema sensación de inseguridad ciudadana. El modelo está agotado, sin embargo a día de hoy aún esperamos alguna respuesta oficial (y creíble) para no pensar que lo acontecido volverá a repetirse en un futuro.

Las sillitas portátiles

La tomadura de pelo. Nadie creía antes del comienzo de la Semana Santa, cuando se instalaron las famosas señales, que con simples “recomendaciones” se conseguiría atajar el profundo problema de movilidad y seguridad que a la postre ha afectado (un año más y viene ocurriendo desde 2008) al centro de la ciudad y a los principales enclaves por los que pasaban las cofradías durante los días que dejamos atrás. Las señales y las “recomendaciones”, más que nada, han supuesto motivo de mofa entre las redes sociales en forma de imágenes clarividentes. La plaga, ésa que nos permite hacernos con un trocito de calle “porque la calle es de todos y aquí me siento y no me muevo” se ha extendido a razón de 2,90 euros. Y ahora que venga quien quiera a decir que no es necesario prohibir.

La basura

Si bien pasado cualquier evento la basura es utilizada como indicador para medir la cantidad de público asistente, también puede servir para caer en la cuenta de la degeneración de una sociedad avocada a la desconsideración cívica más categórica. Papeleras vacías como meros adornos en calles cubiertas de desperdicios al paso de todas y cada una de las cofradías. Los empleados del servicio público de recogida de basuras no dieron a basto desde las vísperas y hasta bien entrado el Domingo de Resurrección.

Los retrasos y las entradas tardías

Mal endémico de la Semana Santa de Sevilla en su concepción actual. Los retrasos marcaron una vez más el discurrir de las jornadas avivando la percepción que invita a pensar en que se ha alcanzado un punto de saturación que requiere de algo más que el quitar y poner minutos entre unas cofradías y otras del mismo día. Las soluciones parecen hallarse en la reconversión drástica del invento. Cosa distinta fueron algunas de las entradas tardías (con la parte del público que ronda las calles a esas horas), como las de La Candelaria o El Dulce Nombre, cuyos pasos de palio entraron entorno a las cuatro y media de la madrugada del Miércoles Santo; o las de La Estrella, San Gonzalo, Los Panaderos o La O, amén de las ya mencionadas de la Esperanza de Triana y La Macarena; por citar las más notorias. Ninguna de estas cofradías puede achacar su demorada entrada a los retrasos acumulados en sus respectivas jornadas porque esa justificación no tiene por dónde sostenerse.

Algunos usos de la tecnología

La tecnología en ocasiones puede llevar a la ceguera. Malgastamos un momento único, algo que sólo disfrutaremos una vez en la vida, en tomar una fotografía con el teléfono móvil que probablemente saldrá descuadrada, y que con casi toda seguridad caerá en un archivo del que no se hará uso nunca más. A los pasos le rodeaban multitud de manos alzadas con pantallas brillantes, y algún que otro (molesto) palito selfie. Y lo que era irrepetible, se escapó…

Madrugá Sevilla 2015

2014: del conteo a la Macarena

José Antonio Martín Pereira | 29 de diciembre de 2014 a las 14:17

Es tiempo de balances. Las postrimerías de diciembre traen consigo cientos de páginas a modo de registro de lo que ha sido un año al que le se le pueden aplicar otros tantos cientos de síntesis según el grado de perspectiva que se afronte. Desde el plano sevillano, en lo que a las cofradías de penitencia de la ciudad respecta, cabría resaltar a modo de esquema general, por razones obvias, el conteo de nazarenos, la meteorología favorable, las sillitas portátiles, los actos de conmemoración en La Macarena y La Paz, o en inicio del fin de la clausura del templo de Santa Catalina.

El año del conteo

La de 2014 será recordada como la Semana Santa del conteo, dentro del extremo intento de las hermandades por cumplir los horarios sugerido por la presión del Consejo y por las sanciones contempladas en sus nuevos estatutos. Se puso en tela de juicio la identidad, en un intento para que la cuantificación sirva como carta de juego en una futura organización que, hasta el día de hoy, no se intuye más allá que entre multitud de interrogantes difíciles de despejar sin el consenso de cada una de las partes que conforman el escenario.

La meteorología

Fue sin duda la mejor de las noticias. Tres años llevaban todas las cofradías del Martes Santo y dos del Viernes Santo, El Cachorro y La Carretería, sin que sus hermanos pudieran ver un cielo luminoso. El sol trajo calor, y éste se dejó notar especialmente en las jornadas del Domingo de Ramos y Jueves Santo. Vimos cirios arqueados y los establecimientos y comerciantes ambulantes se pusieron las botas con la venta de todo tipo de refrigerios. Faltó el broche, y es que la cofradía de Santa Marina se vio obligada a interrumpir su desfile para regresar apresuradamente bajo el intenso aguacero en la madrugada del Domingo de Resurrección.

Las sillitas portátiles

Una de las principales cuestiones de fondo de la pasada Semana Santa, y quizás la más desagradable. Desde el Ayuntamiento son conscientes de que el problema se ha agravado y requiere de medidas. Sevilla fue más que nunca una ciudad impracticable, donde las faltas de civismo y educación pusieron en relieve la urgente necesidad de que las autoridades se planteen seriamente combatir el problema. En este sentido, y a la vista de movimientos de consideración ausentes, todo hace indicar que la de 2015 vendrá instaurada en los mismos parámetros. Las soluciones, como en otros aspectos de la vida, llegarán cuando algún hecho grave suceda.

La Macarena y La Paz

Dentro de las innumerables efemérides que se celebran a lo largo de un año completo, dos especialmente marcaron la agenda de los cofrades, la de la Hermandad de La Macarena y la de La Paz, respectivamente. La primera evocando las bodas de oro de la coronación de su Dolorosa universal, la segunda haciendo lo propio para que Sevilla conociera unos 75 años de vida (los de la fundación de la Hermandad) muy bien llevados. Hubo excesos en los actos exteriores, si bien el respaldo del público mitigó gran parte de las críticas. Por cierto, La Paz será coronada en 2016.

Santa Catalina

Se hizo oficial recientemente pero ya es una realidad. La reapertura de la iglesia de Santa Catalina servirá para las hermandades que allí han radicado históricamente no tengan que buscar quien las acoja, circunstancia que lleva produciéndose desde el cierre del templo, allá por el año 2004.

Todo ello tuvo lugar tras la firma del protocolo entre el Ayuntamiento y el Arzobispado donde el organismo municipal se compromete a aportar un millón y medio de euros, exactamente la mitad de lo que cuestan las obras integrales, que se elevan a tres millones. La Exaltación enfoca pues la que previsiblemente será su última salida procesional desde la iglesia de Los Terceros, ya que para 2016 se espera que la cofradía vuelva a cruzar un dintel que nunca debió dejar de verles pasar.

La Macarena

El Consejo de Cofradías, en evidencia

José Antonio Martín Pereira | 26 de enero de 2013 a las 11:28

Ayer se convirtió en uno de esos días en los que la información quedaba diluida entre tantos supuestos sin fundamento. Se nota que cada vez se contrastan menos las cosas. La cuestión en sí, es que a primera hora de la mañana fuentes oficiales de la Subdelegación del Gobierno alertaban acerca de la seguridad del público durante la celebración del Vía Crucis de la Fe previsto para el domingo 17 de febrero. Por consiguiente, desde este organismo desaconsejaban que existieran tres lugares de acceso de pasos a la Avenida, estimando que lo más conveniente es que todos los pasos lleguen a la misma por la zona del Banco de España, o lo que es lo mismo, uno detrás de otro.

El nuevo planteamiento modifica sustancialmente los horarios determinados hasta la fecha, tan aireados, por cierto, durante la última semana. Así las cosas, la Hermandad del Santo Entierro será la primera en llegar, y Montesión la última. Del mismo modo, terminado el rezo de las estaciones, y una vez que los 14 pasos salgan de la Catedral, el cortejo continuará hasta la Plaza Nueva donde cada corporación tomará camino hacia su templo.

Con estas modificaciones, queda en evidencia la gestión hasta ahora desarrollada en referencia al acto por parte del Consejo de Cofradías. La pregunta, sin respuesta, es qué llevan haciendo desde noviembre los miembros de la junta superior, si en una cuestión trascendental como es la de la seguridad, en la susodicha Administración autónoma, cuyas competencias en esta materia se atribuyen directamente, no se tenía constancia de los movimientos ejecutados.

Con ello, lo que parece evidente es que, si finalmente, como se estima, el evento programado sigue su curso y el día 17 Sevilla se inunda de pasos, fieles, curiosos y friki-frades, será la madrurez de las propias hermandades la que salve más de una cabeza.

Relativo a la seguridad del Vía Crucis

José Antonio Martín Pereira | 21 de enero de 2013 a las 11:37

A estas alturas, cuando resta menos de un mes para la celebración del Vía Crucis de la Fe, conocida la ubicación definitiva de los pasos, así como los horarios de ida (que no de vuelta), itinerarios, y forma en la que los cortejos llegarán al recinto acotado y abandonarán el mismo, las miras se centran ahora en la concreción de los aspectos relativos a la seguridad de una jornada que, a priori, se presenta compleja.

Por consiguiente, el pasado martes 8, tuvo lugar una reunión a tres bandas, entre representantes del Consejo de Cofradías y las delegaciones municipales de Fiestas Mayores y Movilidad y Seguridad. El encuentro sirvió, entre otras cosas, para poner sobre la mesa la necesidad de redactar un plan de seguridad y emergencias similar al que se lleva a cabo en Navidad, a fin de resolver la gran afluencia de fieles que se espera congregue la celebración del magno evento. Asimismo, el viernes, miembros de la institución cofradiera y de las dos áreas municipales anteriormente citadas, recorrieron in situ el espacio (Avenida de la Constitución, Santo Tomas, Plaza del Triunfo y Plaza Virgen de los Reyes) por el que se desarrollará el rezo de las estaciones, con idea de analizar sobre el terreno los principales problemas que pudieran derivar del mismo.

La última, a raíz de estos movimientos, es el llamamiento que desde el Consejo han trasladado a las hermandades participantes, para que aunen esfuerzos por mantener el orden en sus cortejos, fundamentalmente durante los traslados de ida, siempre en estrecha colaboración con las fuerzas y cuerpos de seguridad. Se ha pedido que aumenten considerablemente el número de auxiliares externos propios, para que en total sean entre diez y quince, con idea de atar con creces lo que a los cortejos respecta. No obstante, quedan abiertos muchos interrogantes que atañen al apartado de la seguridad, los cuales confiemos se vayan resolviendo en los próximos días.

Semana Santa 2012: balance general

José Antonio Martín Pereira | 10 de abril de 2012 a las 11:45

Quién lo diría a la vista del sol y el ascenso de temperaturas con el que el primer capítulo de la Pascua ha tomado cuerpo sobre la ciudad de Sevilla. Suena incluso irreverente hacer mención a la lluvia a estas alturas, conocido que ésta, como ya ocurriera el año pasado, ha copado gran parte del apartado dedicado al protagonismo en pretéritos días. Semana Santa (vulgo #SSanta en Twitter) pues diagnosticada por la presencia del líquido elemento, que hizo acto de presencia en mayor o menor medida a lo largo y ancho de la práctica totalidad de las jornadas, a excepción eso sí del Miércoles y el Sábado Santo. Por consiguiente, únicamente 31 de las 60 cofradías lograron realizar sus estaciones de penitencia (San Gonzalo y La Redención a medias), cifra ligeramente superior a la de 2011, donde fueron solo 27, y que ha hecho de la pasada una de las más atípicas a las que la memoria alcanza. En este sentido, la principal diferencia entre ambas estuvo en la presencia en las calles de la Macarena y el Gran Poder, devociones siempre referentes.

Vinculada a esta circunstancia la eficiencia de los cuerpos y fuerzas de seguridad, en cualquiera de sus acepciones, así como el papel de los expertos en Meteorología, cuyos pronósticos fueron trascendentales. Mismamente, gran labor la de parte de los medios de comunicación, con despliegues informativos nunca vistos e incluso ofreciendo a sus usuarios el acceso a determinadas aplicaciones para teléfonos móviles de apreciada utilidad.

Desde tal perspectiva, cabe mencionar lo relativo a los vaivenes de público en las calles. Salvo el Sábado Santo, y sin datos fehacientes hasta el momento (salvo los aportados por Lipasam), tal vez hayamos asistido a la Semana Santa menos concurrida de los últimos años.

En definitiva, habiéndose cebado (en exceso) la lluvia sobre la ilusión de los cofrades de Sevilla, cualquier análisis de la Semana Santa que se precie convergerá en terminos similares a los citados. Bastaría hacer un recuento exhaustivo acerca de la repercusión que la misma ha dictaminado en la ciudad desde la óptica humana, cultural, religiosa y por supuesto económica, para acercar el envite real del infausto capricho de la naturaleza, poco o nada benevolente con las aspiraciones de la ciudad.

Relativo a la seguridad

José Antonio Martín Pereira | 21 de enero de 2012 a las 12:10

Lo sucedido hace un par de días en Las Siete Palabras ha vuelto a poner de manifiesto el valor de lo sentimental, por encima de lo patrimonial. Pierde Sevilla, perdemos todos. El recuerdo de los que ya velan desde el más glorioso de los atriles, de la mano del derecho que poseen aquellos que vendrán cuando los que ahora damos cabida al presente dejemos sitio. Hoy sin embargo no es el mejor momento para progapar alarmas, por lo tanto lo mejor será guardar la calma e idear la forma idónea de solucionar amenazas que ya forman parte del propio devenir de los días.

Sucede, y a todos alguna que otra vez nos ha pasado, el hecho de observar, en la soledad de algunos templos, como enseres de incalculable cuantía se encuentran mínimamente vigilados y al alcance de quien tenga intención de tomarlos. Cierto es que ni las hermandades ni la propia Iglesia podrían asumir los costes, e incluso ni aún con la colaboración de las administraciones, dada la precaria situación de éstas, es por ello que quizás la pelota se aloje en el tejado de la jurisprudencia, en el hecho de reclamar un endurecimiento de las penas. Si no está a nuestro alcance la posibilidad de conseguir limitar el campo, sí que podríamos al menos vallarlo, ya que desgraciadamente la situación económica y de valores actual, unido al incierto futuro, no cabe duda generarán desagradables acontecimientos en los próximos años. Ca siendo hora de tomar la palabra…