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27 de mayo de 1923, el día en el que se inauguró el retablo cerámico del Arco de la Macarena

José Antonio Martín Pereira | 27 de mayo de 2020 a las 19:52

El del Arco de la Macarena fue el último retablo que salió del taller de Manuel Rodríguez y Pérez de Tudela, premiado en múltiples certámenes y exposiciones de cerámica, como las de Sevilla (1905, 1908 y 1911) y Méjico (1910).

La historia del azulejo que custodia este antiguo acceso que aún se conserva de las murallas de Sevilla se remonta al año 1922. Se trata del cuadro cerámico de la Esperanza que se inaugura el 27 de mayo de 1923 por la infanta María Esperanza de Borbón y fue bendecido por el Cardenal Ilundain.

Se conoce que fue realizado por iniciativa del consejero espiritual de la Hermandad, Sr. Sebastián y Bandarán, que quiso colocarlo en ese lugar porque tradicionalmente todas las puertas y postigos de Sevilla habían sido custodiadas por retablos callejeros de la Virgen.

Para pagar su factura se organizó una suscripción popular, que alcanzó la suma de 1.018 pesetas. Su cocción defectuosa hizo que se retocase al óleo y aparece flanqueado por los escudos de España y Sevilla, a la derecha y los de la Hermandad Macarena, a su izquierda.

El 23 de septiembre de 1995, dentro de los actos conmemorativos del IV Centenario fundacional de la Hermandad de la Macarena, tuvo lugar un Solemne Pontifical con el paso de la Virgen bajo el Arco, oficiado por el Arzobispo de Sevilla Fray Carlos Amigo Vallejo, con asistencia de numerosas personalidades, entre ellas Sus Altezas Reales Pedro de Orleans y Esperanza de Borbón.

arco de la macarenaImagen del día de la inauguración / Hdad. de la Macarena

retabloFoto: Retabloceramico.net

El Misterio que pudo convertirse en tercer paso del Cristo de Burgos

José Antonio Martín Pereira | 26 de mayo de 2020 a las 19:20

Para situarnos hemos de hacer mención al difícil origen de la hermandad del Cristo de Burgos, probablemente asociado a la refundación de algunas antiguas hermandades. Sea como fuere, la cofradía que hoy conocemos realizó su primera Estación de Penitencia en 1889 con un solo paso, entonces como Hermandad del Santo Cristo de Burgos y Madre de Dios de la Palma.

“No es exacta la información de que, de forma accidental en el año 1943 se constata que la Hermandad no posee reglas oficiales; la Hermandad solicita a la Autoridad Eclesiástica nuevas Reglas pero recogiendo la Titularidad de la extinguida Hermandad de las Negaciones y Lágrimas de San Pedro (vulgo antaño de los Estudiantes); se procede de manera urgente, a instancias del entonces Hermano Mayor, Don Francisco Abaurrea y Álvarez Osorio, a la redacción y aprobación por el Cardenal Arzobispo de Sevilla, Don Pedro Segura y Sáenz, quien concede dicho Titulo y, por tanto, otorga a la Hermandad una nueva y, a la vez, añeja antigüedad”.

Entre medias en el año 1932, la corporación de San Pedro encarga al escultor Lorenzo Coullaut-Valera la hechura de un grupo escultórico que representase el momento evangélico de las negaciones del Príncipe de los Apóstoles, para hacer un tercer paso con el misterio.

Coullaut-Valera, formado en los talleres de Susillo y Querol, trabajó sobre todo en obra monumental pública, ubicadas tanto en España como en Hispanoamérica y participó en diversas Exposiciones Nacionales de Bellas Artes y en la Exposición Universal de Barcelona de 1929. Era en aquel entonces un reconocido escultor e ilustrador, y contaba entre sus distinciones con el Premio Nacional de escultura de la Real Academia de San Fernando, obtenido en 1906 por la alegoría La Academia de San Fernando protectora de las Bellas Artes.

Entre las obras de este autor natural de Marchena podríamos señalar el monumento a Bécquer en la Glorieta de Bécquer del Parque de María Luisa, el monumento a la Inmaculada Concepción en la Plaza del Triunfo en Sevilla o los monumentos alegóricos “El Arte” y “El Genio” para la glorieta de Covadonga del Parque de María Luisa de Sevilla.

No obstante el proyecto ideado para la hermandad se frustraría ante el repentino fallecimiento de este gran escultor, y la hermandad finalmente decidió no ejecutarlo. Sería en 1958 cuando el hijo de Lorenzo, Federico Coullaut-Valera, lo reprodujo para la Hermandad del Prendimiento de la localidad de Orihuela (Alicante). Este grupo escultórico está compuesto por siete figuras y un gallo, tallas de tamaño más grande que el natural, en madera de pino policromada y estofada.

Se da la circunstancia de que décadas después la Hermandad del Carmen incorporaría este pasaje evangélico a la Semana Santa de Sevilla, curiosamente en la jornada del Miércoles Santo. La cofradía de Omnium Sanctorum celebra este año 2020 su XXV Aniversario fundacional.

boceto cristo de burgos

Boceto original, Lorenzo Coullaut-Valera (1932)

prendimiento orihuelaMisterio de la Hdad. del Prendimiento de Orihuela, Federico Coullaut-Valera (1958) / Foto: Hdad.

9 de mayo. El día que la Virgen de la Concepción del Silencio procesionó con música

José Antonio Martín Pereira | 9 de mayo de 2020 a las 14:00

El 9 de mayo de 2004 tuvo lugar la procesión extraordinaria de la Virgen de la Concepción de la Hermandad de El Silencio, con motivo del 150 aniversario del Dogma Concepcionista que se celebró con un solemne pontifical en la catedral, presidido por el entonces Arzobispo Carlos Amigo Vallejo.

Abrió el cortejo la Cruz de Guía y participaron las insiginias de carácter inmaculista de la cofradía así como el estandarte de la corporación.

Para tal acontecimiento se procedió al dorado de los remates del palio, que como novedad estuvo acompañado por la Banda de Tejera. La Giralda se engalanó con luminarias azules.

Itinerario

La salida de la procesión tuvo lugar a las 11,30 de la mañana siguiendo el itinerario: El Silencio, Alfonso XII, Plaza del Duque, Campana, O´Donnell, Velázquez, Tetuán, Plaza Nueva, Avenida de la Constitución y Puerta de San Miguel.

El regreso se realizó una vez concluido el solemne pontifical que presidirá en la catedral el cardenal arzobispo de Sevilla. El cortejo abandonó la catedral por Puerta de los Palos, para discurrir por la Plaza Virgen de los Reyes, Plaza del Triunfo (accederá a la zona del monumento), Fray Ceferino González, avenida de la Constitución, Plaza Nueva (por el andán del Ayuntamiento), Tetuán, Velázquez, O´Donnell, Campana, Alfonso XII y El Silencio.

concepcion_silencio_2004

La cofradía de la Cárcel Real

José Antonio Martín Pereira | 23 de abril de 2020 a las 14:03

Los historiadores coinciden en determinar el que el origen de la Semana Santa sevillana guarda relación directa con el nacimiento de las cofradías. Existen, incluso, documentos históricos que demuestran la existencia de cofradías en Sevilla desde el siglo XIII, como agrupaciones de fieles que vivían la religiosidad, de modo discreto, en el interior de templos y conventos.

En este sentido, todo parece indicar que la primera procesión de Semana Santa de Sevilla se inició con el Vía Crucis a la Cruz del Campo, una costumbre que instauró el Marqués de Tarifa, Fadrique Enríquez de Ribera, en 1521 tras su regreso a la ciudad procedente de Jerusalén.

No sería hasta mediados del siglo XVI cuando el Concilio de Trento, ante la incipiente crisis de la Iglesia, recomendó sacar pasos a la calle para llegar a más fieles, momento en el que las hermandades empezaron a portar sus imágenes.

Confluirán desde entonces los grupos de disciplinantes que ya existían previamente, la transformación de muchas hermandades de gloria, gremiales o étnicas en torno a una advocación y la modificación de la tradición medieval de las representaciones con personajes vivos de escenas de la Pasión.

En ese contexto surge una peculiar cofradía de penitencia a fines de siglo en la Cárcel pública de Sevilla, cuya existencia no es del todo considerada por los cronistas oficiales de la Semana Santa, quizás por el reducido entorno en que se desenvolvía.

Dicha organización fue creada por el Padre León, empezando como una hermandad anti-blasfemia y evolucionando hasta convertirse en cofradía de penitentes. El Padre Pedro de León (1544-1632) fue un jesuita de las primeras promociones sevillanas. Ejerció su ministerio en la Cárcel pública de Sevilla desde 1578 hasta 1616, entre otros destinos. Allí asistía a los presos, intercedía por ellos y los confesaba antes de morir.

La Cárcel Real de Sevilla se encontraba en un edificio medieval en la actual calle Sierpes reformado en los siglos XVI, XVII y XVIII y que se mantuvo en uso hasta el siglo XIX. Sus techos albergaron presos ilustres del Siglo de Oro Español, e incluso se dice que allí comenzó Cervantes a gestar su obra insigne, El Quijote.

Al parecer la procesión desfilaba el Viernes Santo por el interior de la misma, con disciplinantes e insignias, como cualquier otra cofradía sevillana; contaba incluso con una pequeña “bolsa de caridad” con la que se libraban algunos presos por deudas.

En su obra ‘Compendio’, el Padre Pedro de León relata algunas experiencias en los ministerios de que usa la Compañía de Jesús. Se cree que debió terminarse de escribir en 1616, cuando el autor contaba 71 años de edad y dejaba el ministerio de la Cárcel de Sevilla para marchar de Rector al Colegio de Cádiz.

En dicha obra el propio pastor ofrece algunos detalles de esta singular procesión: “Procuré con muchas veras estirpar el abuso notable que había en las cárceles de jurar y blasfemar, predicándoles de los males y daños que han venido al mundo por este vicio. Y para más obligarlos, hice una cofradía o congregación del nombre de Jesús contra los juramentos, en la cual se asentaron todos los que actualmente estaban presos entonces, y se iban asentando los que de nuevo entraban y estaban algún tiempo presos; y se avisaban unos a otros cuando se oían jurar, que era una de las reglas de la cofradía, y aprovechaba mucho este cuidado, e hiciéronse algunos años las fiestas con mucha música y muchos señores de los oidores y alcaldes, que se hallaban en ellas; y alguna vez el señor Regente y el Asistente y los treinta de la Congregación que después se instituyó y a la Misa comulgaron estos caballeros y algunos de los presos, cosa que causaba mucha devoción, predicándoles a las Misa algunos de los Nuestros.

Y llegó a tanto su devoción que no se contentaron los presos con que fuese esta cofradía para estorbar pecados, no jurando, sino para hacer penitencia de lo que habían jurado, y el Viernes Santo hacían por dentro de la cárcel su procesión de azotes y sus insignias, como si fuera por las calles y con mucha sangre, y azotábanse con tal denuedo que hasta caían por ahí desmayados. No había quien les quitase las diciplinas de las manos y era tan de ver la procesión, que venían gentes de fuera de la cárcel a verla, y decían que no había ninguna tan devota con sus pasos de la pasión y su estandarte y sus bocinas y muy gran número de disciplinantes, todos presos, y con muy grande concierto, y a la verdad como era dentro de la cárcel parecía que tenía un no sé qué de correspondencia con los azotes, que le habían dado a Nuestro Señor Jesús en la cárcel y prisión.

De lo que sobraba de la cera y del gasto para la fiesta se sacaban presos de deudas o de los que estaban por algunas costas; y todos estos gastos eran de las penas que se les llevaban a los que juraban, y de lo que dentro de la misma cárcel se juntaba de limosna que pedían así los que venían a ver los presos, como de lo que se les pedía a ellos mismos”.

Fuentes:

– “De las cofradías sevillanas en el siglo XVI”, Alberto Pozo Ruiz. Universidad de Sevilla.
– “Pedro de Leon, jesuita del siglo XVI-XVII (1544-1632)”, Universidad de Sevilla.

carcel real sevilla

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18 de abril de 1992, el Santo Entierro Magno

José Antonio Martín Pereira | 18 de abril de 2020 a las 11:09

El 18 de abril de 1992, Sábado Santo, se celebró el Santo Entierro Grande para conmemorar el quinto centenario de la Evangelización de América. Se llevó a cabo curiosamente dos días antes de que se inaugurase la Exposición Universal de Sevilla (20 de abril de 1992), y sería la penúltima vez que se tendría lugar un evento de estas características en la ciudad de Sevilla.

Antonio Domínguez Rodríguez fue el hermano mayor al que le correspondió organizar el Santo Entierro Grande de 1992, cuando Sevilla centró las miradas de todo el mundo, de sus líderes políticos, culturales y religiosos.

Es preciso puntualizar que el Santo Entierro Magno no es más que la escenificación de la Pasión de forma secuencial con varios pasos de misterio que procesionan en Sevilla en Semana Santa. Este acontecimiento se ha celebrado en nueve ocasiones a lo largo de la Historia. En esta procesión, además de los tres pasos de la Hermandad del Santo Entierro, se integran otros de diversas cofradías ordenados según el relato de los Evangelios.

El último evento de estas características sería aquel de 2004, en el que se conmemoró el IV Centenario del Decreto del Cardenal Fernando Niño de Guevara, que instaba a todas las hermandades a realizar su Estación de Penitencia a la Santa Iglesia Catedral de Sevilla.

En el que nos ocupa, los pasos que recorrieron las calles sevillanas fueron, en este orden, los siguientes: Triunfo de la Cruz (Santo Entierro), Oración en el Huerto (Monte-Sión), Prendimiento (Los Panaderos), Desprecio de Herodes (Amargura), Columna y Azotes (Las Cigarreras), Coronación (El Valle), Presentación al Pueblo (San Benito), Tres Caídas (Esperanza de Triana), Penas (San Roque), Exaltación (Santa Catalina), Expiración (Museo), Amor (El Amor), Tres Necesidades (Carretería), Descendimiento (Quinta Angustia), Piedad (El Baratillo), la urna de Cristo Yacente y El Duelo (Santo Entierro).

A modo de curiosidad, la primera vez que tuvo lugar este singular evento sucedió el 29 de marzo de 1850. Esta procesión contó con el apoyo del entonces alcalde, Francisco de Paula Castro, y de los Duques de Montpensier, verdaderos ideólogos de dicha procesión. El cortejo salió de la Iglesia de San Pablo (actual Magdalena), y en él participaron trece pasos: los del Triunfo de la Cruz (La Canina), Oración en el Huerto, Prendimiento, Desprecio de Herodes, Jesús de la Pasión, Humildad y Paciencia, Exaltación, Expiración (Museo), Tres Necesidades (Carretería), Descendimiento (Quinta Angustia), Sagrada Mortaja, Santo Entierro y Duelo.

santo-entierro-199223_xoptimizadax-khKF--596x900@abcFoto: Archivo ABC

Lo importante es estar vivos

José Antonio Martín Pereira | 12 de abril de 2020 a las 19:42

Domingo de Resurrección, día de alegría y júbilo para los católicos que este año entremezcla con la tragedia que asola al planeta. ¿Quién nos lo iba a decir hace solo dos meses? Se fue; se marcha la primera Semana Santa sin procesiones que las generaciones presentes hemos conocido. La última vez que esto ocurrió fue en 1933, por diferentes y conocidas causas. Se desvanece dejando ese sentimiento de nostalgia, pues aunque la hayamos disfrutado de manera distinta nunca es fácil su adiós.

Quedarán eternamente en la memoria las experiencias que nos han tocado vivir, lo que hayamos compartido en el imaginario colectivo y virtual, y sobre todo las vivencias personales que en estos días contribuyeron a perpetuar y ahondar en nuestra fe en mitad de estas circunstancias tan excepcionales. Desconocida y casi irreal fue no cabe duda, una Semana Santa sin distracciones externas, propensa a profundizar en el interior de cada uno.

Al fin y al cabo la fe es un acto natural de todo seguidor de Jesucristo, sin embargo a cualquiera de nosotros alguna vez nos ha asaltado la misma duda que a Tomás (“No lo creeré a menos que vea las heridas de los clavos en sus manos, meta mis dedos en ellas y ponga mi mano dentro de la herida de su costado”; Juan 20 versículos 24 al 29), pues como seres racionales buscamos pruebas de la existencia de Dios constantemente. Acostumbrados estamos a ponerle rostro, a llamarle por su nombre, a pedirle cuentas cuando las cosas no salen como planeamos y a darle gracias cuando nuestro egoísmo y la materialidad con la que convivimos así nos lo permiten.

Se va la Semana Santa, pero quedan los mensajes con los que el Señor se ha comunicado con nosotros en esta ocasión sin dejar huella en las calles, sin invitarnos a vivir estos días con el carácter y la identidad con los que les hemos venido dando forma desde hace siglos. Nos queda la compañía, la idea clara y verdadera de que lo importante es estar vivos, y la sensación de que la Semana Santa se repondrá como siempre hizo y volverá con más fuerza. Pasó, pero su espíritu permanece, quién sabe si con mejor planta. Solo el futuro lo dirá.

¡Feliz Pascua de Resurrección!

GRAN PODERFoto: Manu Gómez

Hoy sale mi cofradía

José Antonio Martín Pereira | 10 de abril de 2020 a las 11:40

Hoy sale mi cofradía, que yo lo sé, y es por eso que de nuevo cientos de familias se han vuelto a reencontrar. Las túnicas descansan de las perchas para volver al origen. ¡Cuidado con no confundir los antifaces! La papeleta que no se arrugue. Un puñado de estampas, este año del rostro de la Virgen, y otro de caramelos. En casa las medallas se reparten según la oscuridad del cordón, la más gastada es la del abuelo. Alfileres al bolsillo, que nunca se sabe lo que puede pasar. Es día de nervios.

Hoy sale mi cofradía, que yo lo sé, porque las fachadas de la calle Castilla lucen tapizadas de colgaduras color sangre. Un mar de capas blancas ya inunda las arterias del barrio. Todas en la misma dirección, camino del templo por el trayecto más corto. Unos avanzan solos, otros lo hacen de la mano, y también los hay que titubean desordenadamente jugando con la varita que les prestó su Hermandad. Alguna que otra estampa, y caramelo, se pierde entre esos aledaños.

Hoy sale mi cofradía, que yo lo sé, que desde el Altozano vienen regueros de ver como la Esperanza se recogía. Refleja el sol en el metal de los instrumentos, mientras las aceras se llenan de público. La fachada resplandece. Al fondo, de donde bajan aires aljarafeños, un puñado de coloridos globos desafía las leyes de la gravedad.

Hoy sale mi cofradía, que yo lo sé, lo veo en la larga fila de capirotes que aguarda revisión del diputado. Dentro los primeros besos y abrazos. A mirar el listado. En uno o dos años cambiamos de tramo. Los mayores dan pellizcos en la cara en señal de afecto, mientras los pequeños, impacientes, coquetean con sus canastillas. Hay ejércitos de cirios en cada esquina. Impaciencia.

Hoy sale mi cofradía, que yo lo sé, ¡qué bonita está la Virgen! Primero nos hacemos la foto con el Cristo, que sino luego no se puede. ¡Cómo impone con potencias y corona! De pronto el hermano al que estabas buscando, tu diputado. Otro año más, aquí estamos. Hay nervios, pero por lo menos esta vez disfrutamos de la tranquilidad de no mirar al cielo. Ya verás el calor que pasamos cruzando el puente. Primeras llamadas, se disgrega el altar de insignias. Si ya te están doliendo los pies, mal asunto pues todavía nos queda un rato.

Hoy sale mi cofradía, que yo lo sé, ¡qué ya están repartiendo los cirios! No tengas prisa, que hay para todos. Se forman los primeros tramos. En la lejanía del templo, aquel hermano al que hace tiempo que no ves. Hace calor. Fuera se escuchan murmullos, y también a los músicos poniendo a punto sus instrumentos. Rezamos la oración conjunta. Todo está dispuesto.

Hoy sale mi cofradía, que yo lo sé, que las primeras parejas se sitúan ya junto a la puerta. Rostros que se cubren de manera secuencial. Primeros recuerdos, primeras lágrimas. Últimos abrazos. Una mano se posa en el hombro. De repente un golpe seco da paso a la luz brillante que procede del exterior. Aplausos y cornetería. La cruz de guía, escoltada por dos faroles, traspasa el dintel. Hoy sale mi cofradía, que yo lo sé, ¡ES VIERNES SANTO!

Cachorro_TrianaFoto: El Correo de Andalucía /Pepo Herrera

Religiosidad popular

José Antonio Martín Pereira | 9 de abril de 2020 a las 13:10

Una Semana Santa atípica. Así la definimos mayoritariamente, y así también nos ha tocado vivirla. Sin duda estos días que con lentitud se nos van escapando quedarán en el recuerdo de las generaciones presentes, y serán objeto de estudio para las futuras, no precisamente por la ausencia de procesiones sino por la gravedad y las consecuencias que se deriven de la crisis sanitaria que ha traído consigo el COVID-19.

Pero como siempre, la historia está cargada de respuestas espontáneas que insuflan positividad. De este modo la Semana Santa, que desde sus orígenes ha sabido sobreponerse a los intentos de control del poder político y las altas esferas eclesiásticas, así como a epidemias, guerras y otros avatares, está viviendo estos días verdaderas muestras de piedad y religiosidad popular, y no solo en la intimidad de los domicilios particulares, sino también a las puertas de los templos desde donde procesionan las distintas cofradías. La Semana Santa es, bien lo sabemos, una celebración mayoritareiamente del pueblo.

Estampas bellas y ejemplos claros de un fervor que no desfallece ni en circunstancias tan excepcionales como en las que nos encontramos.

capilla_montesionFoto: Hermandad de Monte-Sión

policia_semana_santaFoto: Emergencias Sevilla

Vacío

José Antonio Martín Pereira | 6 de abril de 2020 a las 11:04

La Semana Santa tiene su fundamento en el Triduo Pascual, que celebramos entre el Jueves Santo y el Domingo de Resurrección. Pero es el Domingo de Ramos el día del primer encuentro con las cofradías y los misterios que éstas representan de la Pasión y Muerte, el primero también en esa preparación vivencial que, unida a los Evangelios, nos conducirá a la Resurrección del Señor.

Sin embargo el Domingo de Ramos de 2020 quedará para siempre grabado a fuego en la memoria de todos. El guión estaba escrito desde hacía semanas, e incluso se podría decir que habíamos disfrutado del tiempo suficiente para asimilarlo. Sería imaginábamos, una Semana Santa mucho más reflexiva, más intensa en lo personal, sin añadidos externos, una Semana Santa simplemente sin procesiones.

Y en parte el día inaugural con el que se inicia la celebración vino cargado de aire fresco para los pulmones, oxígeno para la mente confundido entre los habituales deseos de reencuentro. Pero también dejó en todos y cada uno de nosotros un inmenso vacío creciente conforme pasaban las horas, similar en parte al que debió sentir Cristo cuando fue traicionado por Judas y abandonado por sus discípulos. Soledad que es uno de los grandes temores de los que huimos por naturaleza como seres racionales, y que atrapa diariamente a muchas personas por distintas causas. Tristeza como la que está marcando a innumerables familias la crisis global que nos está azotando. Melancolía creciente.

Por ello precisamente hoy más que nunca debemos mirarnos en el desamparo del Cautivo, forzar ese acercamiento por medio del pensamiento para que las circunstancias dolorosas por las que atravesamos, también las personales y las de quienes nos rodean, se vuelvan menos amargas. Valorar la vida. Al fin y al cabo la historia de la Semana Santa tiene un final conocido, la Resurrección de Cristo, y un mensaje de esperanza que no defrauda.

Cautivo_Santa_GenovevaFoto: Jesús Giraldo

Hoy volveremos a encontrarnos

José Antonio Martín Pereira | 5 de abril de 2020 a las 11:36

Despertó el Domingo con la alegría desmedida de unos rayos de sol que brotaban impacientes sobre el inconfundible marco azul preparado con esmero por la primavera. Ajena la luz al improvisado escenario que Dios ha dispuesto para nosotros, derramando sobre la tierra de María Santísima la más hiriente melancolía.

Nostalgia que se entiende al fin y al cabo como el anhelo de personas, hechos, lugares o cosas del pasado, de situaciones vividas que nos hicieron felices. La diferencia entre la nostalgia y el recuerdo es la intensidad, que en la nostalgia es más acentuada e incluso tal y como sostienen diversas teorías psicológicas posee la capacidad de producir bienestar. Ventura que encuentra acomodo en la liturgia que inicia para los católicos este tiempo de Pasión, multiplicando su magnitud hasta cotas de largo alcance. La Semana Santa no es pasado y, aunque los contraluces amenacen con dominar los principales análisis en un intento por exponer la antítesis a lo que debió ser, el mensaje que los integrantes de las cofradías debemos lanzar al mundo en este día es precisamente todo lo contrario, un mensaje de esperanza.

Para los cofrades, la Cuaresma amén de un escenario de preparación personal destinada al encuentro con Dios conlleva también un profundo interés por el tiempo en todas las vertientes de su acepción. Sin embargo, es precisamente el conteo de los días el que nos invita a levantamos con celeridad acosando con la mirada al calendario, porque en el fondo somos conscientes de que el caudal de la cuenta atrás desembocará en un mar amurallado de vida. Y no importa que se escape, casi sin quererlo abrimos de par en par portalón para darle salida alimentando el ansia con la que los dominios del silencio ceden pausadamente paso a la algarabía propia de una ciudad que tiende, con la más precisa de las naturalidades, su mano al fulgor de la primavera.

Así llega el Domingo de Ramos, y con esos nervios saldré a buscarte. Allí donde los viejos y cobrizos muros de la muralla despedirán tus sombras para dejarte marchar por la estrecha vértebra que te conducirá al corazón de la ciudad, como queriendo abrazarte intentando secuestrar la grandeza de la que gozan en tu barrio los 364 días del año restantes. Te esperaré ahí, invisible entre la multitud, deseoso de oler el incienso que te precede y las flores que te engalanan, ávido por escuchar esos tambores que marcan el compás de tus bambalinas al viento. Ya es Domingo de Ramos, y en la esquina donde me robaste el corazón volveremos a encontrarnos, porque Tú no olvidas mis promesas ni yo el lugar donde siempre nos citamos para renovarlas. Te esperaré ahí, de corazón lo haré Madre Hiniesta.

Virgen_hiniestaFoto: Azul y Plata