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Cortometraje

Alfonso Crespo | 10 de julio de 2014 a las 10:06

 

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-Sophia de Mello Breyner Andresen (João César Monteiro, 1969).

-Brutalität in Stein (Alexander Kluge, 1961).

-Hermitage (Carmelo Bene, 1968).

-Children (Terence Davies, 1976).

-BERGALA, Alain: “À Frédéric M., qui va tourner son premier court metrage”. En Le cinéma comment ça va. Lettre à Fassbinder suivie de onze autres, Cahiers du Cinéma, 2005, págs. 23-29.

 

Debut

Alfonso Crespo | 16 de julio de 2012 a las 13:31

 

El cine, como se sabe, no se aprende en las escuelas de cine, normalmente sitios tenebrosos, calamitosos y muy caros. Allí, en el caso de las que merezcan la pena, uno debería ir a pulirse. Cuando Terence Davies debutó en Children jamás había dirigido nada, y con sólo la confianza e intuición de un productor, Mamoun Hassan –que viera que su guión respondía sobre todo a una mirada–, se presentó ante un equipo técnico y artístico que, a excepción del fotógrafo y editor William Diver, no creía en él. Para hacer cine no hay que haberlo pasado mal en la vida, ser homosexual y odiarlo, perder la fe tras años de escrúpulos religiosos o ser el último hijo de una larga familia marcada por la psicosis del padre. Para serlo conviene haber visto mucho cine, tener ideas y algo que decir, pero también comprender que uno nunca sabe del todo (racionalmente) lo que quiere, y que acude al encuentro con la materia con ese déficit. Los técnicos discutieron muchas de las decisiones de Davies, que no buscaba los tiros de cámara según el manual gramatical, sino según lo que sentía que era correcto. En un arte que registra lo real, la contingencia es fundamental para completar las intenciones; la naturaleza, como bien saben los Straub, puede regalar un trino de pájaros o una ráfaga de poniente que mueva las hojas. Pero, claro, hay que estar ahí para que el azar redondee la creación, para que la selle con el marchamo de la inefabilidad. Cuando eso ocurre, comprendemos y sentimos que no se trataba simplemente de comunicar algo.

 

Terence Davies: “Esto es un puro hallazgo imprevisto, casualidad. Todo lo que había escrito fue: «Los vemos salir de la casa, los vemos a través de la carroza fúnebre». Eso fue todo lo que escribí, y el resultado es puro azar.

 

Y, de nuevo, esto es algo que hace que mi corazón dé un brinco. Nunca pensé que la escena saldría tan bien como lo hizo… No creo que esté muy mal para un primerizo, ¿no piensa lo mismo?

Y esa es mi madre”.

Children (Terence Davies, 1976).