Archivos para el tag ‘maurice pialat’

Carne

Alfonso Crespo | 16 de febrero de 2013 a las 0:31

 

 

-Flora with blue Toenails (Lucian Freud, 2000-01).

-Loulou (Maurice Pialat, 1982).

-Portrait of the Hound (Lucian Freud, 2011).

Un niño

Alfonso Crespo | 28 de noviembre de 2012 a las 16:19

 

 

-Love Streams (John Cassavetes, 1984).

-Cités de la plaine (Robert Kramer, 2001).

-Le garçu (Maurice Pialat, 1995).

Lo que irrumpe (I)

Alfonso Crespo | 7 de junio de 2012 a las 14:56

Belle épine (2010) de Rebecca Zlotowski pasa ligera, reconocible, sacándole partido a Léa Seydoux (lean a Fernando Ganzo en la página 33 de Lumière04), que tan bien se presta a encarnar una determinada abulia adolescente. Hay sin embargo un pliegue en la película, un índice de lectura vertical, que se produce cuando la joven desorientada regresa a casa y encuentra allí a la madre, esbozo de un personaje cuya materialización parecía hasta entonces improbable. Es la manera que Zlotowski elige para inocular virtualidad en el celuloide, y que a la narración se añadan sedimentos de sueño y de memoria que reticulan el presente.

Una hija y su padre protagonizan À nous amours (1983) de Maurice Pialat, quien maquinó un inolvidable encuentro fílmico entre ellos también al final de la película, obteniendo réditos no de la sorpresa de quien tropieza con algo sino de la violencia de lo que irrumpe.

El propio Pialat interpreta al padre, quien tras desaparecer al principio del filme y dejar la casa familiar, regresa a la misma (con la idea de alquilarla o venderla) y se reencuentra allí con su mujer, sus hijos, las parejas de éstos y otros comensales. Esfumado el guión, se registra un colosal ajuste de cuentas, entre personajes y entre un cineasta y unos actores que a veces han sobreactuado en ausencia del padre.

La brutalidad de Pialat regala planos de una belleza turbadora y de una complejidad emocional y mental específicamente cinematográfica, logrando así perforar las apariencias y estableciendo un contrabando con lo real al que rara vez se atreve el cine. Si lo de Zlotowski es un tímido pliegue, lo suyo fue un terremoto entre dimensiones.

Y hasta la venganza jugó a su favor.

La secuencia completa.

La mitad de la secuencia en la que Pialat también filmó el rubor.