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Anti-Sade

Alfonso Crespo | 11 de marzo de 2013 a las 11:23

 

“Miren los besos, las caras, los labios, las mejillas, los párpados, los dientes, en un filme como La muerte de María Malibrán, de Werner Schroeter. Llamar a eso sadismo me parece totalmente falso, salvo por el desvío de un vago psicoanálisis donde se trataría del objeto parcial, del cuerpo fragmentado, de la vagina dentada. Hay que volver a un freudismo de calidad bastante baja para transportar sobre el sadismo esa manera de hacer cantar los cuerpos y sus prodigios. Hacer de una cara, de un pómulo, de los labios, de una expresión de los ojos; hacer lo que hace Schroeter con esto no tiene nada que ver con el sadismo. Se trata de una multiplicación, un brote del cuerpo, una exaltación de alguna manera autónoma de sus menores partes, de las menores posibilidades de un fragmento del cuerpo. Hay aquí un cuerpo anarquizado donde las jerarquías, las localizaciones y las denominaciones, la organicidad, si usted quiere, están en vías de deshacerse.”

“Justamente se trata de desmantelar esa organicidad: no es ya una lengua, es algo muy distinto que una lengua lo que sale de una boca; no es el órgano de la boca profanado y destinado al placer del otro. Es una cosa «innominable», «inutilizable», fuera de todos los programas del deseo; es el cuerpo que se ha vuelto enteramente plástico por el placer: algo que se abre, que se tiende, que palpita, que late, que se destapa. En La muerte de María Malibrán, la manera en que las dos mujeres se abrazan, ¿qué es? Dunas, una caravana en el desierto, una flor voraz que se adelanta, mandíbulas de insecto, una anfractuosidad a ras de hierba. Todo eso es antisadismo. Para la ciencia cruel del deseo, nada que hacer con esos seudópodos informes que son los movimientos lentos del placer-dolor.”

 

-Der Tod der Maria Malibran (Werner Schroeter, 1972).

-Sade, el sargento del sexo. Entrevista de G. Dupont a Michel Foucault. Cinématograph, nº16, dic. 1975-ene. 1976. En FOUCAULT, Michel: Dits et Écrits, nº164, Gallimard, 1994. Fragmento en español: MANIGLIER, Patrice y ZABUNYAN, Dork: Foucault va al cine, Buena Visión, Buenos Aires, 2012, pp.111-115.

Trampantojo

Alfonso Crespo | 25 de julio de 2012 a las 9:26

 

Ha habido muy pocos cineastas preocupados por la arqueología de su medio, por repasar los estratos de su formación y atender a las posibilidades que se arracimaban en cada uno de ellos. Cuando uno, gustoso, se deja cegar por los planos de Bill Douglas y se pregunta por el porqué de ese deslumbramiento, encontrará la respuesta en todas las historias del cine que han transcurrido en paralelo a la hegemónica –la de la verosimilitud y la “corrección” en el narrar, la que se suele enseñar en las desdichadas facultades y escuelas–. Douglas, amante confeso de lo precinematográfico, no acostumbra a salir en las historias universales del cine, pero sí lo haría, por ejemplo, en una aún por escribir, ésa que, a partir de la lectura que Crary hizo de Foucault, tenga al cine como un invento tan relacionado con la cámara oscura como con los avances, pifias y posibilidades recreativas de la medicina ocular.

 

Comrades (Bill Douglas, 1987).