Buen jamón…bien cortado

Alberto Blanco | 16 de octubre de 2011 a las 10:15

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Ayer fuimos a Cubo de Don Sancho (Salamanca).
Los padres de mi amiga Esther nos han invitado a las fiestas del pueblo en honor a Santa Teresa, así que hemos cogido el coche y, en 45 minutos desde Salamanca, nos hemos plantado allí.
Curiosa la historia de un pueblo llamado así (Cubo de Don Sancho) por una torre que tiene forma de cubo y que perteneció, hace ya varios siglos, a un noble cuyo nombre era Don Sancho.
El padre de Esther, diácono del pueblo, nos ha explicado los pormenores de la ubicación, historia y evolución del sitio que ha ido recopilando, a modo de buen cronista, durante años de documentación e investigación sobre el terreno (es decir, dando pávulo a los recuerdos de los más mayores del lugar).
Terminamos el “paseo turístico” y nuestro improvisado guía se despide dejándonos en la plaza del pueblo que cuenta con tres bares. Allí, nuestros amigos Esther y Antonio, se reencuentran con amigos de “Cubo” que han organizado una velada de las que siempre gusta participar: han comprado un jamón (perdón, un excelentísimo señor JAMÓN ibérico) y un noble queso y los van a degustar acompañándolos de unas cervezas en el reservado de un pequeño bar en las “afueras” del pueblo.
Lo mejor de todo y, a mi entender, de lo que más orgullosos se sienten, es que su amigo Juan va a ser quien corte el jamón.
Juan es cortador profesional de jamón y, en cuanto llega al reservado, saca sus herramientas sin más preámbulos y procede al noble arte de lonchear el jamón.
Sus manos y cuchillos se mueven con la rapidez y pericia que sólo tienen los que conocen al dedillo la fisonomía de un jamón. Y ,sin dudar, limpia el jamón con tres o cuatro cortes dejándolo presto para recibir el primer ataque con el afilado cuchillo de lonchear.

Las lonchas salen limpias, con el grosor milimétrico y con la proporción justa de carne y tocino que hacen de este manjar algo exclusivo.
Y Juan lo hace con arte y sin alardes, disfrutando del momento con sus amigos…
Juan Moro Hernández
Tfno: 689311838
juanmohdez@hotmail.com

Ahora toca degustarlo.

¡Buen provecho!

Conejo al estilo del cazador

Alberto Blanco | 14 de octubre de 2011 a las 13:57

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Mi hermano Antonio es un apasionado de la caza.
Siempre me habla de monterías, recechos, escopetas de caza pero no me atrae en absoluto…hasta que me toca mi lado culinario.
Ahí es donde empieza a contarme los desayunos a las 4 de la mañana en los que se trata de coger fuerzas para el día de caza que viene por delante. Mientras desayunan, todos los amigos cazadores conversan de sus cosas mientras que esperan impacientes el momento de coger el Land Rover y dirigirse a su puesto en el coto. Y fanfarronean sobre las piezas que hoy cobrarán. Y también se acuerdan de los hijos de la gran (…) que no han respetado la veda de este año y que aún no han detenido las autoridades. Porque esto de la caza es muy serio, oiga.

Mi cuñada, Lourdes, me dice que haga un plato que no tenga muchas calorías porque hoy quiere comer lo mismo que Antonio porque a veces cansa querer cuidar la línea y hacer una comida para cada uno.
Así que me decanto por el conejo ya que tiene muy poca grasa y, además, a mi hermano le encanta el sabor a caza que le recuerda su afición.

Allá voy.

Ingredientes:

– 1 conejo troceado
– 1/4 vaso de aceite
– 6 dientes de ajo
– 1/2 vaso de vino blanco
– 2 cebollas
– 2 pimientos verdes
– 1 tomate grande o 2 pequeños (a ser posible, maduros)
– 6 granos de pimienta
– 2 cucharaditas de tomillo
– 1 cucharadita de pimentón
– sal

Pon en una cacerola baja, los dientes de ajo con el aceite y dóralos.
Cuando cojan un ligero color tostado, incorpora el conejo y dóralo. Si el conejo viene con la asadura, rehógala también.
Cuando veas que el conejo esté bien rehogado, apártalo y deja el aceite con los ajos.
Incorpora ahora la cebolla y el pimiento bien troceados y deja que se cocinen bien.
Mientras tanto, tritura el vino con la asadura que has rehogado .
Agrega el conejo nuevamente a la cacerola, dale unas vueltas para que se mezcle bien con las verduras y agrega el triturado anterior con las pimientas, el pimentón y el tomillo.
Deja que cueza hasta que se evapore el vino e incorpora el tomate bien picado.
Cuando veas que el tomate se ha frito, agrega agua hasta cubrir el conejo y sal al gusto y deja que hierva a fuego fuerte.
Cuando empiece a hervir, reduce a medio fuego y cuécelo hasta que reduzca el agua y se quede una salsa espesita.

¡Está exquisito!

Nota: Este plato puede servir de base para un impresionante arroz con conejo. Sólo añade el arroz y la cantidad de agua apropiada y cocínalo como lo harías normalmente.

Manitas de cerdo con salsa de zanahoria

Alberto Blanco | 6 de octubre de 2011 a las 22:51

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Lo entiendo. Es verdad…
Hay personas a las que no les gustan las manitas de cerdo.
Por mucho que se les diga, si no quieren probarlas… ya te puedes vestir de músico, que no las prueban.
Pues ellos se lo pierden. A mí y a mi mujer nos encantan y si es con salsa de zanahoria, pues mejor aún.
Porque yo sé de mucha gente que ha probado las manitas en guisos, acompañando a otras viandas en un segundo plano (el potaje con manitas, unos callos con manitas) pero nunca protagonizando el plato.
Pero cuando pruebas esas manitas con tan delicada gelatina que impregna de textura el puré de zanahoria… (¡está bien, ya paro que estamos babeando!).
Pues aquí va mi homenaje a tan denostado pero suculento manjar.

Ingredientes:

– 2 manitas de cerdo partidas por la mitad (a lo largo)
– 3 zanahorias grandes
– 2 cebollas grandes
– 1/2 vaso de vino blanco
– 8-9 granos de pimienta
– 1 hoja de laurel
– 3/4 vaso de leche
– sal
– 1/4 vaso de aceite

Pon el aceite a calentar en una olla a presión mientras pelas y cortas las cebollas y las zanahorias.
No hace falta cortar las verduras en trozos muy pequeños porque después se triturarán.
Pónles sal y rehógalas bien en el aceite caliente (unos 8-10 minutos).
Añade las manitas bien lavadas y rehoga unos 2-3 minutos. Incorpora el vino. Deja que evapore el alcohol y agrega agua hasta cubrir las manitas.
Ahora, agrega la hoja de laurel y los granos de pimienta para reforzar el sabor del guiso.
Cierra la olla y pon el peso. Cuando empiece a sonar, deja que cueza a fuego medio unos 20 minutos.
Abre la olla y saca las manitas a un plato.
Retira la hoja de laurel y bate el contenido de la olla junto con la leche hasta que se haga una salsa.
Llévala a ebullición sin parar de removerla y retírala del fuego después de que hierva.
Acompaña las manitas con la salsa.
Están exquisitas.

Piquillos rellenos de gulas con queso

Alberto Blanco | 3 de octubre de 2011 a las 17:03

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Lunes… Sí, un lunes como otro cualquiera.
Como cualquier lunes.
¿No te da la sensación de que todos los lunes se parecen? Pues a mí, también.
Y digo que es lunes. Y pienso: “¿Y si hago algo diferente?”
Vale. Es tarde y ya no me apetece ir a comprar y tengo que buscar lo que haya por la despensa…
¿Aceitunas? No me siento con feeling de aceitunas.
¿Atún? mmmmm, que no, que no, que no quiero atún.
Pimientos del piquillo…Espera, a ver si hay algo más que le vayan a los piquillos…
Queso de untar.
¡Anda, mira, gulas! ¡Y surimi!
Me emociono y empiezo a creer que este lunes va a terminar de forma diferente…

Ingredientes:

1 lata de pimientos del piquillo
1 paquete de gulas
3 dientes de ajo
1/2 cayena
2 palitos de surimi
2 cucharadas de aceite
1/2 tarrina de queso de untar

Pica el ajo y la cayena y los pones en una sartén con el aceite. Cuando esté doradito, pon las gulas y el surimi y los rehogas entre 1 y 2 minutos.
Sácalos a un bol y mézclalos con el queso de untar.

Abre los piquillos y rellénalos con las gulas, el surimi y el queso.

¡Y ponte a comer, que se va a acabar este lunes!

Cambios en el blog “No Consigo Cocinar”

Alberto Blanco | 2 de octubre de 2011 a las 18:11

Estimados todos:

Después de haber escrito varias recetas para vosotros he estado pensando sobre si incluir o no en su título si son aptas para la dieta Dukan.

Cierto es que, como ya dije en el prólogo de este blog “no pretendo conformar ningún menú ni ser base para ninguna dieta” y que mi intención es la de simplemente informar.

No obstante, he estado documentándome algo más sobre nutrición y he vuelto a leer el libro del Dr. Dukan “No consigo adelgazar”.
Por ello y en base a mis principios no voy a seguir etiquetando mis recetas con la leyenda “apto para la dieta Dukan”.

En el Aviso del Ministerio de Sanidad a través de la estrategia NAOS con respecto a la dieta del Dr. Dukan encontraréis muchas de las razones científicas por las que, a partir de ahora, dejaré de etiquetar las recetas en base a dicha dieta.

No obstante, seguiré cocinando para vosotros y escribiendo las recetas para que sigáis disfrutando de ellas.

Un saludo,

“Rectificar es de sabios”

Costillas de cerdo con cebolla caramelizada

Alberto Blanco | 29 de septiembre de 2011 a las 20:03

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El paseo hasta la Plaza Mayor ha sido bastante agotador…
Además, esta mañana no hemos tenido tiempo de comprar nada para llenar la depensa (lo de llenar, con la crisis que está cayendo, es un decir bastante arriesgado).
– “¿Qué te apetece cenar?” – me pregunta Maridó.
A estas horas y con este cansancio, pocas ganas tengo de hacer la cena, pero tengo un hambre canina y, encima, la dieta, siempre la dieta…
– “Pues a mí me apetece algo sustancioso. Carne, por favor.” -Respondo sin mucha convicción de que sea una respuesta consensuada.
– “A mí también”.

Para mi sorpresa, mi mujer está de acuerdo con la sugerencia y nos dirigimos a la carnicería sin tiempo que perder porque son las 20.15h. A ver si ahora nos cierran…

Mientras nos dirigimos a comprar la carne, vamos pensando el menú que va pasando desde jeta de cerdo, filetes de lomo… hasta pavo que, aunque lo comentamos, decidimos que es demasiado ligero para el hambre que tenemos.

Le pregunto a David, el carnicero, si tiene jeta de cerdo pero me dice que no se la traen hasta mañana, así que me decido por medio costillar de cerdo que veo en el mostrador y que me está llamando: ¡Cómeme!

Nos vamos para casa, contentos de tener algo más de medio kilo de costillar en ciernes de ser cenado y empiezan a entrarme ganas de cocinarlo. Pero como no tengo muchas ganas creo que “sólo” las voy a hacer al horno… con cebolla caramelizada.

Ingredientes:

– 600 grs. de costillas de cerdo en una pieza.
– 2 cebollas grandes
– 5 cucharadas de aceite de oliva
-1 vaso de agua
– 1 cucharadita de miel
– sal
– pimienta

Pon las costillas con la parte de la carne hacia abajo en una fuente refractaria y salpiméntalas. No añadas aceite.
Mételas en la zona media del horno precalentado (200ºC) durante 50 minutos.
Mientras tanto, corta las cebollas en juliana (es decir, a tiras) y ponlas en una sartén con aceite.
Échale sal a tu gusto y rehógalas hasta que las cebollas cojan un tono dorado y estén tiernas.
En ese momento, echa el vaso de agua con la cucharadita de miel (yo la disuelvo en el vaso de agua previamente calentado) y deja que reduzca. Cuando reduzca todo el agua y quede sólo la cebolla con la salsa caramelizada, resérvala.

A los 50 minutos de tener las costillas en el horno, dales la vuelta (es decir, ahora quedará la carne hacia arriba) y pon el grill unos 10 minutos.

Saca las costillas y acompáñalas con la cebolla.

¡Riquísimas!

El Secreto de Tía Sofía (Pan casero)

Alberto Blanco | 28 de septiembre de 2011 a las 15:54

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Nada hay en la cocina más antiguo y más misterioso que la fabricación del pan… o, al menos, así lo creo yo.

Hay algo que… ¡vamos!, que no tiene explicación. De hecho, hay personas que aún siguen intentando hacer su pan en casa y todavía no han logrado algo, digamos, parecido.

Pero, tía Sofía tiene su secreto…

(Nota: Para aquéllos que no conozcáis a tío Manolo y tía Sofía, haced click en el post http://lacocinadepeto.blogspot.com/2011/08/judias-moradas-con-salsa-de-tomate.html del blog La Cocina de Peto).

Me remonto un tiempo atrás cuando hablaba con Tía Sofía sobre mi interés en la cocina.
En mitad de la conversación le guiño el ojo y le digo:
– “Sí, tía, a veces me atrevo incluso a hacer pan”.
Ella, sin borrar esa sonrisa perenne de su cara y sin darle mayor importancia a la cosa me dice:
– “Yo era panadera cuando era joven”.
– “¡Quéeeeeeeeeeee!” – imaginad mis ojos como platos del tamaño del sombrero del Quijote y sin poder articular palabra.
“Es decir, esto…, ¿usted sabe hacer pan? -le solté de sopetón.
– “Pues, claro, hombre. A eso se dedica un panadero.” – Y se ríe ligeramente y me da una palmadita cariñosa en la espalda.
– “¿Cómo se hace?” – ya se me olvidaban la educación y las formas.
El “saber estar” ya no entraba en mi cabeza cuando delante de mí tenía a una auténtica panadera de las de antaño, de las que saben el secreto de un pan tierno pero crujiente, salado pero con regusto dulzón, apetitoso manjar de dioses…y de pobres.
Y para más inri, es la tía Sofía, la tía de mi madre.
– “Fácil” – sin tiempo a coger una hoja y un lápiz para apuntar empieza a contar…
-“Shhhh” – el tío Manolo pide silencio. “¡A ver, señores, que la tía Sofía va a dar una conferencia y será mejor que atiendan!”
Como mi madre sigue hablando con la prima Elsa, tío Manolo pide otra vez silencio y nos callamos todos.
– “Fácil”, decía, ” harina, agua, sal y levadura”.
– “Pe…P….Pero, tía Sofía, ¿algo más?”.
– Sí, se amasa, se deja reposar y se mete al horno. Eso es todo”.
Todavía con la boca abierta, sin dar crédito a que lo que oía era exactamente igual que todo lo que he leído y visto, le pregunto:
-“Entonces, ¿no hay ningún secreto?”
Y, en ese momento, Tía Sofía se acerca a mi oído y empieza a contar, y contar, y contar.
Y empiezo a ver la luz y a entender el porqué de tanto misterio: La conjunción de los diferentes ingredientes, el amasado, las temperaturas, algún añadido secreto… todo ello estaba siéndome transmitido con tanta claridad que ahora me pregunto cómo es posible que hoy se coma algo que no merece tener el nombre de “pan”.
A partir de ese momento no paraba de pensar en cómo haría el pan cuando llegara a casa. Y qué forma tendría. Y qué olores desprendería…
Ahora sí, ahora lo entiendo y algún día lo contaré pero, en este momento, disfrutad con la vista de los panes que ya empiezo a hacer y que, cuando crea tener la suficiente experiencia para explicar cómo se hacen, intentaré contaros la receta en estas líneas.


Albóndigas en caldo de pollo

Alberto Blanco | 27 de septiembre de 2011 a las 22:59

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Hoy he comprado un pollo entero en el “super” pero no lo he hecho al horno.

Me encontraba con ganas y he decidido deshuesarlo. Así que, le he quitado la piel y, poquito a poco, he ido quitando la carne del hueso. No es una labor complicada pero sí requiere de tiempo y paciencia. Ah, y también de un cuchillo bien afilado.

Una vez deshuesado, este es el resultado:

Como ves en la foto, a la izquierda están la carcasa o caparazón con los huesos de las patas y las alitas. A la derecha, están las pechugas y los muslos ya deshuesados y sin piel.

Con los huesos, la carcasa, 3 dientes de ajo y una cebolla vamos a hacer un caldo.

Así que, pon los huesos en una olla, cúbrelos de agua y hiérvelos. En cuanto empiecen a hervir, verás una capa de espuma que hay que quitar con ayuda de una cuchara.

Ahora, deja hervir el caldo con los huesos durante 30 minutos a fuego medio-alto.

El caldo ya está hecho, sólo tienes que colarlo en una olla y esperar a preparar las albóndigas.

Ingredientes para las albóndigas:

– 2 pechugas de pollo

– 2 muslos de pollo

– 1 huevo

– 3 ajos

– 1 cucharadita de pimentón

– 1 cucharada de cominos molidos

– perejil

– sal

Tritura todos los ingredientes en una procesadora tipo Thermomix, batidora con cuchillas para picar…

Para que te resulte más facil hacer las albóndigas, coge un bol con agua y humedécete las manos antes de formar bolas del tamaño que quieras con la carne picada.

Cuando formes las bolas , introdúcelas dentro de la olla que estará en el fuego y deja que se cuezan 10 minutos junto con un chorrito de leche para blanquear el caldo.

Sírvelas acompañadas de perejil picado.

Esta receta está indicada para la fase de ataque de la dieta Dukan porque no tiene prácticamente grasa y está compuesta por proteína de pollo de alta calidad.

Las albóndigas caseras o hechas por nuestro carnicero de confianza, nos dan la seguridad de que comemos solamente proteínas y de que no van acompañadas de un exceso de grasa.

Disfruta de la receta.

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Atún con tomate y guisantes

Alberto Blanco | 26 de septiembre de 2011 a las 15:33

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Hoy no tengo tiempo para dedicárselo a la cocina así que he decidido hacer algo rápido. Sin embargo, hay veces que, por falta de tiempo y a veces de ganas, no cocinamos algo apetitoso y nos excusamos por esa falta de tiempo.
Pues bien, aquí tenéis una receta que es sencillísima, rápida, sana y muy barata.

Ingredientes:

– 4 cucharadas de aceite de oliva
– 1/2 kilo de atún fresco o descongelado a temperatura ambiente en tacos o en rodajas
– 1/2 kilo de guisantes congelados

– 1/2 kilo de tomate triturado
– sal
– 1 cucharadita colmanda de pimentón dulce

En una sartén o cacerola calienta a fuego fuerte el aceite de oliva.
Cuando esté muy caliente, incorpora los guisantes y déjalos que se cocinen durante 5 minutos.
Agrega el tomate, el pimentón y sal al gusto y deja cocinar durante 7-8 minutos removiendo de vez en cuando para que el tomate no se pegue.
Incopora el atún y deja que se cocine por espacio de 5 minutos. Si  no te gusta poco hecho, déjalo reposar 2 minutos más sin fuego ya que se cocinará con el calor residual.

Sírve el atún sobre los guisantes y el tomate.

¡Delicioso!



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Tarta Tatin

Alberto Blanco | 21 de septiembre de 2011 a las 9:46

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Esther me ha pedido una tarta Tatin para su cumpleaños.

Al parecer le recuerda a su familia que emigró a Francia y alguna tía suya le hacía esta tarta a menudo.

No es difícil de cocinar, aunque para desmoldarla hay que tener cuidado.
La historia de la tarta Tatin es curiosa: al parecer, esta tarta la inventaron unas hermanas (de apellido Tatin) un día en que tenían mucha prisa y se les quemaron unas manzanas que estaban caramelizando para una tarta de manzana.

Como tenían poco tiempo, una de las hermanas decidió colocar en la fuente de horno las manzanas caramelizadas poniéndoles encima la capa de hojaldre a modo de tapa para que, de esta manera, el calor del horno no fuera demasiado agresivo y terminara por arruinar el postre.
Pues bien, cuando terminó de cocerse la masa, desmoldaron la tarta y quedó tan exquisita que ya ese postre se llamó como sus creadoras: Tarta Tatin.
Los ingredientes para este postre son:
– 1 masa de hojaldre o pasta brisa
– 3 cucharadas de aceite o 1 cucharada de mantequilla
– 1 manzana grande
– 2 cucharadas colmadas de azúcar
– 1 chupito de ron

Se pela la manzana, se corta en láminas y se pone aceite o mantequilla en una sartén. Cuando el aceite esté muy caliente, pon la manzana y dórala. Cuando se vea la manzana con color tostado, añade el azúcar muévelo y cuando se quede líquido incorpora el ron (con cuidado que puede saltar). Deja que se evapore el alcohol y vierte el “sofrito” en una fuente para horno.
Coge una lámina de hojaldre o de pasta brisa y tapa las manzanas con ella. Pon un poco de aceite o mantequilla en los laterales de la fuente para poder desmoldar después.


Enciende el horno con el grill a una temperatura de 180-200ºC y mete la fuente durante unos 30 minutos.
Cuando saques la fuente del horno y (con mucho cuidado porque está muy caliente) vuelca el contenido sobre un plato.
¡Delicioso!

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