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Manitas de cerdo con salsa de zanahoria

Alberto Blanco | 6 de octubre de 2011 a las 22:51

Lo entiendo. Es verdad…
Hay personas a las que no les gustan las manitas de cerdo.
Por mucho que se les diga, si no quieren probarlas… ya te puedes vestir de músico, que no las prueban.
Pues ellos se lo pierden. A mí y a mi mujer nos encantan y si es con salsa de zanahoria, pues mejor aún.
Porque yo sé de mucha gente que ha probado las manitas en guisos, acompañando a otras viandas en un segundo plano (el potaje con manitas, unos callos con manitas) pero nunca protagonizando el plato.
Pero cuando pruebas esas manitas con tan delicada gelatina que impregna de textura el puré de zanahoria… (¡está bien, ya paro que estamos babeando!).
Pues aquí va mi homenaje a tan denostado pero suculento manjar.

Ingredientes:

– 2 manitas de cerdo partidas por la mitad (a lo largo)
– 3 zanahorias grandes
– 2 cebollas grandes
– 1/2 vaso de vino blanco
– 8-9 granos de pimienta
– 1 hoja de laurel
– 3/4 vaso de leche
– sal
– 1/4 vaso de aceite

Pon el aceite a calentar en una olla a presión mientras pelas y cortas las cebollas y las zanahorias.
No hace falta cortar las verduras en trozos muy pequeños porque después se triturarán.
Pónles sal y rehógalas bien en el aceite caliente (unos 8-10 minutos).
Añade las manitas bien lavadas y rehoga unos 2-3 minutos. Incorpora el vino. Deja que evapore el alcohol y agrega agua hasta cubrir las manitas.
Ahora, agrega la hoja de laurel y los granos de pimienta para reforzar el sabor del guiso.
Cierra la olla y pon el peso. Cuando empiece a sonar, deja que cueza a fuego medio unos 20 minutos.
Abre la olla y saca las manitas a un plato.
Retira la hoja de laurel y bate el contenido de la olla junto con la leche hasta que se haga una salsa.
Llévala a ebullición sin parar de removerla y retírala del fuego después de que hierva.
Acompaña las manitas con la salsa.
Están exquisitas.

Costillas de cerdo con cebolla caramelizada

Alberto Blanco | 29 de septiembre de 2011 a las 20:03

El paseo hasta la Plaza Mayor ha sido bastante agotador…
Además, esta mañana no hemos tenido tiempo de comprar nada para llenar la depensa (lo de llenar, con la crisis que está cayendo, es un decir bastante arriesgado).
– “¿Qué te apetece cenar?” – me pregunta Maridó.
A estas horas y con este cansancio, pocas ganas tengo de hacer la cena, pero tengo un hambre canina y, encima, la dieta, siempre la dieta…
– “Pues a mí me apetece algo sustancioso. Carne, por favor.” -Respondo sin mucha convicción de que sea una respuesta consensuada.
– “A mí también”.

Para mi sorpresa, mi mujer está de acuerdo con la sugerencia y nos dirigimos a la carnicería sin tiempo que perder porque son las 20.15h. A ver si ahora nos cierran…

Mientras nos dirigimos a comprar la carne, vamos pensando el menú que va pasando desde jeta de cerdo, filetes de lomo… hasta pavo que, aunque lo comentamos, decidimos que es demasiado ligero para el hambre que tenemos.

Le pregunto a David, el carnicero, si tiene jeta de cerdo pero me dice que no se la traen hasta mañana, así que me decido por medio costillar de cerdo que veo en el mostrador y que me está llamando: ¡Cómeme!

Nos vamos para casa, contentos de tener algo más de medio kilo de costillar en ciernes de ser cenado y empiezan a entrarme ganas de cocinarlo. Pero como no tengo muchas ganas creo que “sólo” las voy a hacer al horno… con cebolla caramelizada.

Ingredientes:

– 600 grs. de costillas de cerdo en una pieza.
– 2 cebollas grandes
– 5 cucharadas de aceite de oliva
-1 vaso de agua
– 1 cucharadita de miel
– sal
– pimienta

Pon las costillas con la parte de la carne hacia abajo en una fuente refractaria y salpiméntalas. No añadas aceite.
Mételas en la zona media del horno precalentado (200ºC) durante 50 minutos.
Mientras tanto, corta las cebollas en juliana (es decir, a tiras) y ponlas en una sartén con aceite.
Échale sal a tu gusto y rehógalas hasta que las cebollas cojan un tono dorado y estén tiernas.
En ese momento, echa el vaso de agua con la cucharadita de miel (yo la disuelvo en el vaso de agua previamente calentado) y deja que reduzca. Cuando reduzca todo el agua y quede sólo la cebolla con la salsa caramelizada, resérvala.

A los 50 minutos de tener las costillas en el horno, dales la vuelta (es decir, ahora quedará la carne hacia arriba) y pon el grill unos 10 minutos.

Saca las costillas y acompáñalas con la cebolla.

¡Riquísimas!