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Pan Pita de Ternera

Alberto Blanco | 18 de abril de 2012 a las 15:36

¿Qué te apetece cuando vuelves a casa y no tienes ganas de cocinar?

Normalmente quieres un bocadillo. Un trozo de pan al que le metas algo y rápidamente saciar tu hambre rápida y fácilmente.

Hoy me decanto por el pan pita.

Primero, porque al ser un pan cerrado, facilita la introducción de los ingredientes que me apetezcan y evita que se caigan cuando estás en plena degustación.

Segundo, porque al ser un pan fino pero tierno, ofrece una óptima relación entre el volumen de ingredientes que se pueden introducir con el pan que ingerimos. Es decir, comemos menos pan en relación con relleno.

Y ahora, vamos a prepararlo.

Ingredientes:

– 1 pan pita

– 100 grs. de carne picada de ternera (pollo, pavo, cerdo…)

– 1 cucharadita de aceite de oliva

– 1 puñado de lechuga, col o cualquier tipo de verdura de hoja verde.

– 3 tomates cherry o 1 tomate cortado en láminas

– 1 cucharada de mayonesa

 

Pon en la tostadora el pan pita, mientras que calentamos el aceite en una sartén.

Salpimenta y sofríe la carne picada.

Corta los tomates en láminas (si son cherries, córtalos por la mitad) y las verduras en juliana o en trozos ni muy grandes ni muy pequeños.

Abre el pan pita hasta la mitad e introduce los ingredientes lo más repartidos posible.

Agrega la mayonesa o tu salsa favorita.

¡¡¡A comer que ya hay hambre!!!

 

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El Secreto de Tía Sofía (Pan casero)

Alberto Blanco | 28 de septiembre de 2011 a las 15:54

Nada hay en la cocina más antiguo y más misterioso que la fabricación del pan… o, al menos, así lo creo yo.

Hay algo que… ¡vamos!, que no tiene explicación. De hecho, hay personas que aún siguen intentando hacer su pan en casa y todavía no han logrado algo, digamos, parecido.

Pero, tía Sofía tiene su secreto…

(Nota: Para aquéllos que no conozcáis a tío Manolo y tía Sofía, haced click en el post http://lacocinadepeto.blogspot.com/2011/08/judias-moradas-con-salsa-de-tomate.html del blog La Cocina de Peto).

Me remonto un tiempo atrás cuando hablaba con Tía Sofía sobre mi interés en la cocina.
En mitad de la conversación le guiño el ojo y le digo:
– “Sí, tía, a veces me atrevo incluso a hacer pan”.
Ella, sin borrar esa sonrisa perenne de su cara y sin darle mayor importancia a la cosa me dice:
– “Yo era panadera cuando era joven”.
– “¡Quéeeeeeeeeeee!” – imaginad mis ojos como platos del tamaño del sombrero del Quijote y sin poder articular palabra.
“Es decir, esto…, ¿usted sabe hacer pan? -le solté de sopetón.
– “Pues, claro, hombre. A eso se dedica un panadero.” – Y se ríe ligeramente y me da una palmadita cariñosa en la espalda.
– “¿Cómo se hace?” – ya se me olvidaban la educación y las formas.
El “saber estar” ya no entraba en mi cabeza cuando delante de mí tenía a una auténtica panadera de las de antaño, de las que saben el secreto de un pan tierno pero crujiente, salado pero con regusto dulzón, apetitoso manjar de dioses…y de pobres.
Y para más inri, es la tía Sofía, la tía de mi madre.
– “Fácil” – sin tiempo a coger una hoja y un lápiz para apuntar empieza a contar…
-“Shhhh” – el tío Manolo pide silencio. “¡A ver, señores, que la tía Sofía va a dar una conferencia y será mejor que atiendan!”
Como mi madre sigue hablando con la prima Elsa, tío Manolo pide otra vez silencio y nos callamos todos.
– “Fácil”, decía, ” harina, agua, sal y levadura”.
– “Pe…P….Pero, tía Sofía, ¿algo más?”.
– Sí, se amasa, se deja reposar y se mete al horno. Eso es todo”.
Todavía con la boca abierta, sin dar crédito a que lo que oía era exactamente igual que todo lo que he leído y visto, le pregunto:
-“Entonces, ¿no hay ningún secreto?”
Y, en ese momento, Tía Sofía se acerca a mi oído y empieza a contar, y contar, y contar.
Y empiezo a ver la luz y a entender el porqué de tanto misterio: La conjunción de los diferentes ingredientes, el amasado, las temperaturas, algún añadido secreto… todo ello estaba siéndome transmitido con tanta claridad que ahora me pregunto cómo es posible que hoy se coma algo que no merece tener el nombre de “pan”.
A partir de ese momento no paraba de pensar en cómo haría el pan cuando llegara a casa. Y qué forma tendría. Y qué olores desprendería…
Ahora sí, ahora lo entiendo y algún día lo contaré pero, en este momento, disfrutad con la vista de los panes que ya empiezo a hacer y que, cuando crea tener la suficiente experiencia para explicar cómo se hacen, intentaré contaros la receta en estas líneas.