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Bar Nueva Imagen (Salamanca)

Alberto Blanco | 16 de octubre de 2011 a las 11:52


Hemos dado una vuelta por nuestro antiguo barrio.

Cerca de la calle Van Dyck, la calle para tapear más tradicional de Salamanca, en el barrio de Garrido, se ubica el bar “Nueva Imagen”.

Juana, es una señora peruana (de Lima) que regenta el bar y Patri ayuda en todo. Son como los mosqueteros: “todas para una y una para todas” y la verdad es que lo llevan muy bien.

El caso es que el bar en sí no tiene nada diferente. Es un bar de los que te puedes encontrar en cualquier punto de España pero, como en las buenas personas, lo bueno está en el interior… Las paredes del local te empiezan a indicar que hay algo de mezcla hispanoamericana y el olor indica especias que normalmente no se utilizan en la cocina tradicional española.

Los pinchos más característicos de Salamanca (alitas de pollo, jeta de cerdo…) se mezclan con pinchos al estilo más típicamente peruano (causas, cau-cau, ají de pollo, patata rellena…) que corren por doquier a la par que los vinos y cervezas que van sirviendo.

Juana y Patri están pendientes de todo y de todos y es increíble la cantidad de personas a las que conocen por su nombre y saludan más como amigos que como clientes.

Los domingos, Juana prepara un ceviche que está para chuparse los dedos. Acompañado de verduras, este manjar de la cocina peruana es un auténtico tesoro que, o bien no se encuentra fácilmente, o bien es demasiado caro. Y aquí sabes de buena tinta que es casero.

Hace unos días fui cocinar a Nueva Imagen un arroz con carne y unas carrilladas con salsa y me ha enseñado algunos trucos de la cocina peruana que algún día utilizaré…

Mientras me llevo conmigo esos consejos de la cocina andina, Juana y Patri se quedan en el bar sirviendo a sus amigos-clientes.

Quizás, algún día, si te pasas por Nueva Imagen puedas degustar los platos que Juana acaba de preparar…

Bar Nueva Imagen

 (c/ Valdivia, 4 – Salamanca), 37004

Salamanca, España


La Taberna de las Fernandicas – Ledesma (Salamanca)

Alberto Blanco | 16 de octubre de 2011 a las 10:50

Hoy es domingo y hemos decidido ir a Ledesma. Me han hablado de un sitio que, por mucho que lo alaben, aún no me lo creo.
Hoy día, es imposible encontrar un restaurante como el que me dicen.
Así que, como santo Tomás, voy a meter el dedo en la llaga… y finalmente, creer.

Cojo el coche y nos dirijimos a Ledesma.
Por la S-300 (pasando por Villamayor y Juzbado) son algo menos de 25 minutos a una velocidad legal.

Entramos en el pueblo de Ledesma y en la Plaza de Santa Elena (aunque lo de plaza es un decir) se encuentra la Taberna Las Fernandicas.

Como es domingo, quiero ser precavido y hacer una reserva para dos personas.

Entramos al local por vez primera y preguntamos si podemos reservar.
Tere, una señora de aspecto afable nos trata como si fuésemos allí de toda la vida y nos dice que no hay problema, que vayamos a la hora que queramos que vamos a tener sitio.




En fin, que damos una vuelta por Ledesma y nos tomamos un pequeño refrigerio en la plaza del castillo en la que hay un verraco de piedra de época ancestral.
Hace un sol espléndido y se nota que la primavera está en todo su apogeo. Hace calor y apetece la terracita (y la cervecita, claro).
Es temprano pero decidimos acudir a nuestra cita con la Taberna Las Fernandicas (y con Tere, claro), así que nos dirigimos hacia allí (“p’allí” como dicen los castizos por estos lares).
La Taberna tiene algo más de cien años según Tere y se les llama “las Fernandicas” porque son las hijas de Fernando (su abuelo) las que empezaron con el negocio familiar en aquellos años.

En cuanto aparecemos por allí un tufillo a buena comida nos da la bienvenida junto a Tere que nos lleva amablemente a nuestra mesa.

¿Cómo explicaros a los que no habéis estado allí el ambiente de este lugar? Tengo que intentarlo…

¿Os acordáis de la casa de vuestra abuela?
A quienes tengamos la suerte de haber disfrutado o de seguir disfrutando de nuestra abuela, la señora Tere nos pega el empujón para acordarnos de ella en el primer acercamiento. Sin tapujos, sin protocolos… “Sentaos ahí que váis a comer estupendamente…”
El típico “tenemos” se traduce por un “hoy he hecho…” que le da al tufillo de la entrada el significado de que ella es la responsable de tal “guisado”.
Y enumera los platos de memoria porque los ha hecho ella misma esta mañana…. y ayer por la noche.
“Hoy he hecho: de primero, entremeses de nuestra matanza, patatas revolconas, ensalada, alubiada…”
” De segundo, unas codornices en salsa, o cabrito (al horno o frito), tostón frito…”
De primero elegimos unos entremeses (sachichón, chorizo y jamón serrano) y unas patatas revolconas (puré de patatas con pimentón y torreznos).
De segundo codornices y tostón frito.
Y se marcha a la cocina.

En el entretanto, echamos una ojeada alrededor de nosotros y en la pequeña habitación se distribuyen cinco mesas con manteles a cuadros y la decoración típica de la casa de una abuela (el sagrado corazón, un reloj de pared, una dedicatoria enmarcada y una fotografía pintada de cuando Tere era moza y agasajaba a los pollos-pera con sus incipientes guisos).

Y entra Tere con jarra de vino y gaseosa y una botella helada de agua… para empezar.

“¿Todo bien? ¿Vienen ustedes de Madrid?”
“Todo bien, gracias.”
“No, ¡¡¡aquí la que tiene que agradecer que vengan ustedes soy yo!!! ”
Y se marcha a por nuestras viandas.

Y llegan las viandas y nos disponemos a disfrutar de ellas y nos deja para que estemos cómodos con nuestra degustación.


Cuando terminamos nuestros entremeses y “revolconas” no tarda ni un minuto en venir a retirar nuestros platos, ofrecer más pan y preguntar si todo va bien (“Muy bien, gracias.” “¡No, gracias a ustedes por venir!” Espeta siempre a nuestros agradecimientos).


Nos trae lo que suponíamos que era el plato fuerte (las codornices y el tostón frito) y atacamos por ambos flancos.

Las codornices son las más tiernas que he probado en mi vida con un regusto a escabeche riquísimo y el tostón (en otros sitios “cochifrito”) está crujiente por fuera y tierno por dentro, textura de perfección.
Aún sin haber degustado ni la mitad de la pitanza, aparece el marido de Tere portando una mesa baja sobre la cual hay más de media docena de quesos diferentes, una tabla de madera y un cuchillo y te sueltan: “Eso para que comáis todo lo que queráis; pero esperad un momento que os traemos la carne de membrillo casera y un poco más de pan.” Nos miramos y sonreímos y seguimos disfrutando de los manjares que tenemos.


El ambiente es tan familiar, tan de casa, que en ese momento, aparecen dos parejas por la puerta que no tienen por menos que saludarnos con un “que aproveche”; lo agradecemos y yo, que estaba ya cortando alguno de los quesos, ofrezco, y como si de la familia fueran, aceptan de buen grado por lo que el ambiente del pequeño saloncito se torna aún más acogedor.

Los quesos están exquisitos. Hay de los que le mandan a la Casa Real, según Tere, y también de los pueblos de alrededor y, esto lo digo yo, uno tierno que con la carne de membrillo casera está superior.

Cuando la abuela (perdón, Tere) aparece con las viandas de nuestros acompañantes “familiares” y la oigo decirle a uno de ellos: “Anda, cómete otro trozo más”, las miradas se tornan pícaras y hay sonrisas y guiños cómplices como si de un juego de nietos se tratara.

Y se acerca a nuestra mesa disfrutando también ella del ambiente que ha creado y nos pregunta: “de postre ¿flan?” y se responde ella misma: “sí, flan” y trae un plato que parece el sombrero de D. Quijote con medio flan de huevo con caramelo casero que quita el hipo.
Hala, un cuarto de flan para cada uno. Y que no sobre, dice ella, porque me he tirado hasta las tantas de la noche haciéndolo. Y vaya si te lo comes…


Le pedimos la cuenta y nos dice “son 43 euros” lo que sale a 21,50€ por persona; sin duda, bien pagados y mejor aprovechados.Ahítos de comer, con más sueño que un koala en verano, ofrece café que lo sirve en la misma cafetera antigua donde se ha hecho y copita de licor para rebajar el “aperitivo” que por supuesto, también se vienen de viaje con nuestros cuerpos.

Nos despide con dos besos a cada uno y un “volved cuando queráis” que aseguras que se cumplirá… muy pronto.

Taberna Las Fernandicas
C/ Del Cerezo, 2 (plaza de Santa Elena)
Ledesma – Salamanca
Tfno: 923 57 00 54

Buen jamón…bien cortado

Alberto Blanco | 16 de octubre de 2011 a las 10:15

Ayer fuimos a Cubo de Don Sancho (Salamanca).
Los padres de mi amiga Esther nos han invitado a las fiestas del pueblo en honor a Santa Teresa, así que hemos cogido el coche y, en 45 minutos desde Salamanca, nos hemos plantado allí.
Curiosa la historia de un pueblo llamado así (Cubo de Don Sancho) por una torre que tiene forma de cubo y que perteneció, hace ya varios siglos, a un noble cuyo nombre era Don Sancho.
El padre de Esther, diácono del pueblo, nos ha explicado los pormenores de la ubicación, historia y evolución del sitio que ha ido recopilando, a modo de buen cronista, durante años de documentación e investigación sobre el terreno (es decir, dando pávulo a los recuerdos de los más mayores del lugar).
Terminamos el “paseo turístico” y nuestro improvisado guía se despide dejándonos en la plaza del pueblo que cuenta con tres bares. Allí, nuestros amigos Esther y Antonio, se reencuentran con amigos de “Cubo” que han organizado una velada de las que siempre gusta participar: han comprado un jamón (perdón, un excelentísimo señor JAMÓN ibérico) y un noble queso y los van a degustar acompañándolos de unas cervezas en el reservado de un pequeño bar en las “afueras” del pueblo.
Lo mejor de todo y, a mi entender, de lo que más orgullosos se sienten, es que su amigo Juan va a ser quien corte el jamón.
Juan es cortador profesional de jamón y, en cuanto llega al reservado, saca sus herramientas sin más preámbulos y procede al noble arte de lonchear el jamón.
Sus manos y cuchillos se mueven con la rapidez y pericia que sólo tienen los que conocen al dedillo la fisonomía de un jamón. Y ,sin dudar, limpia el jamón con tres o cuatro cortes dejándolo presto para recibir el primer ataque con el afilado cuchillo de lonchear.

Las lonchas salen limpias, con el grosor milimétrico y con la proporción justa de carne y tocino que hacen de este manjar algo exclusivo.
Y Juan lo hace con arte y sin alardes, disfrutando del momento con sus amigos…
Juan Moro Hernández
Tfno: 689311838
juanmohdez@hotmail.com

Ahora toca degustarlo.

¡Buen provecho!