El amigo con expectativas

Ole-papa | 7 de agosto de 2010 a las 9:00

En la escala de pretendientes a una chica, dos figuras se ubican en los últimos puestos de interés femenino. ¿Uno que tenga novia? No, te equivocas. ¿El ex que la abandonó? No, ése tiene posibilidades, por lo de las cenizas. ¿Un desconocido? No, ése puede ser el príncipe azul que busca. ¿Uno que no hable su idioma? No, puede tener interés en enseñarle el suyo. ¿Uno que va vestido de pingüino? No, ése le puede resultar simpático. ¿Un yonki que aún lleve la jeringuilla en el brazo? No, en él ve una posible desintoxicación y un futuro en una casa con perro. ¿Uno que no sea de este planeta? Puede, pero no es definitivo. ¿¿¿¿Entonces????
Los últimos puestos lo ocupan el amigo que es como un hermano (ése más vale que se retire) y el “amigo con expectativas”, dícese del que una vez tuvo algo con ella pero, aunque según él existen posibilidades, para ella es sólo “un amigo”. Ahí depende de la cobertura de amistad de la chica para saber si perteneces a un grupo exclusivo o entras en una clasificación en la que se encuentra en el mismo cuadro el charcutero al que ve cada dos días y que es “su amigo el charcutero”, los 250 que trabajan con ella o el gorrilla al que le da 50 céntimos por las mañanas, “mi amigo el gorrilla”.
Según relata el equipo de expertos, versión femenina, de esta sección, el relato se escribiría de la siguiente manera:
Resulta que el chaval es un amigo, te cae bien e incluso en tu mente, cosa que él incluso ni puede intuir, te pica un poco. A la chica le coge una noche tonta y dice “bueno, pues vale”, lo que a él puede cogerle hasta por sorpresa, pero allá que va.
A la mañana siguiente, llega la confusión. Él piensa que hay algo más y se pone en plan tontorrón, que si caricias, que si besitos… pero ella pasa. Te cae bien pero se ha puesto en un plan de que eres la mujer de su vida que no sabes de dónde lo ha sacado. Llegan entonces los mensajes al móvil o, como eso es muy impersonal, las llamadas, y los correos que te saturan la bandeja de entrada. Ha pasado del estado embrionario a transformarse en el sufrido e incómodo amigo con expectativas.
Ella le recuerda el estado de la situación. ”Somos amigos, nada más”, pero él rasca y piensa “sisisisi, aquí hay algo más, si no de qué”, pero responde conforme al guión: “claaaaro, por supueeeeesto”. Piensa que detrás de una primera hay una segunda y después una tercera. Sobre la cuarta, quizá disminuye la presión, pero la segunda es la segunda porque una terrible sospecha asalta sobre su mente: “¿lo habré hecho mal?” “¿no le ha gustado?”. El chaval se pasa toda la semana intentando forzar un encuentro para volver a pillarte en un momento tonto a ver si caes. No importa que no le cojas el teléfono, “estará en la ducha” piensa él. Va creando una bola en la que en un momento indeterminado, según él solito ha concluido y sin que nadie más se lo confirme, él y tú estáis juntos. Ya se lo habrá vendido así a los amigos, y puede que incluso te haya presentado ante ellos como “la nueva novia”. Así que cuando al fin coges el teléfono y sueltas “tú y yo somos amigos y esto no va a volver a pasar y como sigas así ni amigos vamos a ser” hay algo en la cabeza del chaval que no cuadra.
¿Solución? Para ella, ni idea. Mudanza a Laponia, quizá. O habérselo pensado mejor. Pero es a él al que quiero dirigirme.
Puede que te apetezca, ante la desconcertante situación, hablarlo con los colegas. Está bien, los tíos también tenemos gabinetes de crisis, sólo que lo camuflamos, porque queda un poquito raro lo de llamar a un colega y de primeras decirle “tío, que hay una tía que pasa de mí”. Vamos a ver. No, a los colegas eso no se les cuenta así.
La cosa se plantea de modo que tú eres un adonis, ¿vale?, y te llevaste a una porque te moló, vale, nada de que se conformó contigo. Para que te quede claro, tú llegaste, pim pam pum, y para dentro, vale, y ahora no sabes si la volverás a llamar o no. Así de primeras para ponerles en situación. Luego ya vas matizando y acercándote un poquito a la realidad, ojo, un poquito, no le vayas a contar la verdad porque con esas cosas nos morimos todos un poco por dentro. ¡Eh, se trata de la supervivencia de la especie¡.
Aquí quien pasa somos nosotros, y si te entra la vena de la sinceridad y lo cuentas todo como es, que ni te coge el teléfono ni quiere saber de ti, omite que te ha dicho que, para ella, el destino os dibuja sólo como amigos, porque cada vez que se dice eso en el mundo, a los tíos nos gusta un poco menos el fútbol y hasta ahí podríamos llegar que hay muchos millones metidos. Así que termina con un leve giro de cabeza y di “las tías están todas locas” que tus amigos no dudarán en asentir, desde el casado hasta el párbulo, y así todos nos quedamos más tranquilos en un planeta donde, quizá, en un futuro no muy lejano, todos seamos amigos con expectativas. Extraterrestres y dignos yonkis incluidos.

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