Science

Ole-papa | 8 de agosto de 2010 a las 9:00

science

Creo que voy a llamar a la revista Science. Tengo una teoría sobre las relaciones humanas y sociológicas que probablemente arroje luz sobre un colectivo, quizá minoritario, de gente que tenemos una curiosa incapacidad corporal: no podemos mear con otro especimen del mismo género al lado.
Llamadme raro pero yo, así de primeras, y de últimas, soy un tanto reacio a tener a menos de un metro a otro tío. Y ella, como que se corta y no le sale, se siente vigilada y así puedo explotar por dentro que no le da la gana.
Dice mi madre (no sé cómo salió la conversación), que ya era así de pequeño. Que me llevaba al baño, me quitaba los tirantes, me ponía muy dispuesto y que yo lo primero que hacía era mirar hacia atrás con cara de “esto no es un circo, así que vayan circulando”.
Luego llegaron los colegas, y ahí me fui soltando. Una noche de cervecitas te obliga a ciertas prácticas. Teníamos hasta una costumbre cuando salíamos fuera del pueblo. Dejar una huella en los sitios emblemáticos. Y cuando los invité en mi primer fin de semana en Sevilla, que el lunes empezaba la facultad, ellos lo tenían claro: la Giralda, la Torre del Oro y Canal Sur. Era nuestro propio tour-meón. No es tan raro. Conozco a una compañera de la cadena que se jacta de haber dejado huella en todos los parques naturales de Andalucía, vamos, que veía un pino carrasco y le faltaba tiempo para quitarse los tirantes sin pensárselo dos veces.
Ahí no se me daba mal, aunque reconozco que mientras pintábamos con nuestro pincel el nombre de nuestro pueblo en tan ilustres fachadas, que menos mal que no somos de Alcalá de los Gazules, alguna vez tuve que pedir “¿alguien puede hacer sonidito de agua?” y sólo con el “psssssssss” me apuntaba al cuadro, feliz.
Y toda esta reflexión a qué viene y dónde está la teoría, se preguntarán intrigados los de Science cuando reciban mi reportaje.
Pues creo que hay una situación en la que ese colectivo de orinada complicada no se siente solo en su desdicha, porque, en ese momento, a todo el espécimen humano masculino se nos antoja imposible hacer de aguas menores.
Me ha pasado esta mañana y con ello validaré mi prueba científica.

Pongámonos en una oficina. Digamos así por imaginar que tienes una reunión super importante que has salido corriendo porque, para variar, el despertador se ha quedado mudo y sales con la camisa a medio abrochar que cuando llegas al curro lo primero que dices a tus compañeros es “un momentito, que ahora vengo”, porque encima ha estado lloviendo un poco y eso te recuerda que has dejado deberes sin hacer.
Te encaminas hacia ese pequeño cubículo al que metafóricamente le dan por llamar aseo de caballeros, y estás ahí brindando por el sol de la mañana, cuando, de repente, alguien abre la puerta y entra. Te ha cogido de espaldas y no sabes quién se aproxima, pero cuando escuchas ese “hola” de una voz que te suena familiar, te vas concienciando de que, en ese momento, va a ser imposible. Es tu jefe.
Y se te pone al lado, porque sólo hay dos y no hay donde elegir, el libre, que sólo faltaría lo contrario, que también te quitase de dónde estás tú. El tipo no dice ni mu, y empieza el ritual. Y tú, que eres un tío educado dices “qué hay” y el otro “ya ves… ¿bien todo?” y tú “sí hombre, tirando”, no te vas poner a pedirle un aumento, pero por mucho que lo intentes, nada, se te ha cortado.
En esa ocasión, lo mejor es que lo dejes para otro momento y salgas corriendo, porque si te esfuerzas y lo intentas, será peor. Porque en esas situación en la que el grifo se cierra, tu jefe o cualquier otro va a hacer lo que este tipo de espécimen indeseable al que llamamos hombre tiene por condición, que viene así por defecto desde la prehistoria. Se trata de seguir la conversación mañanera con una frase intranscendente y entonces hace una cosa que no voy a comprender en la vida, que es ese “aaaaaaayyyyyyy” y con un leve gesto de cabeza, que es como que sí pero que no, ladea un poco la cabeza, una miradita y sí, te la ha visto y tú no estabas haciendo nada.
Por lo tanto, y en resumen, queridos científicos, mi teoría a compartir con el mundo, que ya me veo dando conferencias con diapositivas detrás, consiste en que esa incapacidad de algunos individuos que no pueden ver ni en pintura a sus semejantes porque les parece una cosa abominable son una especie de lo más común cuando se da un factor que ha sido así desde el principio de la historia y que viene a dar por cierta una verdad como un templo que afecta a toda la humanidad y que así seguirá por los tiempos de los tiempos, amén: los jefes no te dejan ni mear.

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