¿Quién quiere ser como Bogart?

Ole-papa | 15 de agosto de 2010 a las 9:00

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Miro al frente con la cara inclinada hacia el suelo.
Mirada penetrante capaz de tumbar a un elefante de espaldas.
Mueca de sonrisa en la que se intuyen dientes afilados.
Un, dos, tres segundos, pausa (=).
Con voz grave de perdona vidas toco a su espalda.
Cuando mira al hueso inrroíble que tiene delante, le estrello a quemarropa un “encanto, ¿sabes a quién has tenido el placer de colarte?”
Sí, eso es lo que tenía preparado, pero no soy Bogart.
Esperé mi turno con el tabaco guardado en el bolsillo acatando el letrero y dejé que pidiera primero en la barra del bar. Total, de mi boca sólo hubiera salido un “illa, ¿qué paza?” y después hubiera defraudado a la leyenda al pedir un café descafeinado y un batido de fresa, no dos whiskys que es lo que hubiera pedido Bogart de desayuno, sobremesa, merienda y cena para él y su acompañante, así llevara a su sobrino al cine.
“Y a usted, ¿cómo le gusta el whisky?”
“En un vaso”
, responde él, que es más que duro. Es seis pesetas.
Pasa que, a veces, hay que ser como Bogart. El otro día, por ejemplo.

No te puede coger desprevenido que cuando te toca una chica atractiva delante en la cola del súper, tu cesta vaya llena de productos, digamos, comprometedores. Cuando los dejas en la cinta de la cajera, preferirías que se teletransportasen directamente hasta el frigo y que nadie, salvo tú, los viera.
De la cesta de un hombre en un súper se pueden sacar muchas conclusiones y siempre no se puede llevar una botella de whisky, seis latas de cerveza y dos paquetes de tabaco de mascar, que es lo que, en resumen, se debe componer la lista de la compra de un machote, que va obligado al super porque le cerraron los bares del oeste y no sabe a dónde ir.
No me imagino a Bogart con una bolsa de ensalada ya preparada, atún en aceite de oliva, que será más sano, un litro de leche semidesnatada, yogures de fresa, desnatados claro y, para rematar, un litro de agua de sabor manzana y otro de té verde.
Y menos mal que reculé y no eché los cereales ésos de fibra, con la tontería ésa de dar vueltas por los pasillos que pillas cualquier cosa. Entonces hubiera dejado la cesta allí plantada y huido saltando las barreras automáticas.
Observé que la chica, una Bacall de la vida, miró distraída. Primero a la cinta. Luego a mí, luego a la cinta y de nuevo a mí para asegurarse de que aquello era mío, imagino. Pena de no llevar ni filetes de buey ni nada que sangrase y pringase aquello.
Mira que por lo general no miro las letritas y numeritos ésos que ponen en los paquetes (llámese información nutricional), no soy uno de esos, (que los hay, y muchos que yo los veo), pero esta vez, no hubiese sido capaz de negarlo.
Me hubiera gustado más que la chica hubiera mirado la sangre chorreando y yo le hubiera dicho, encendiendo un pitillo, “yo sólo como algo que haya estado vivo antes”, pero la lechuga y las otras cosas innombrables del paquete hubieran saltado en mi contra.
Bogart le hubiese dicho que come la sopa con tenedor, que la cuchara le parece cosa de críos para las papillas. Bogart le hubiera dicho que un machote recolecta su propio alimento, ya sea cazando, pescando, mariscando o abriendo un tarro de atún con una tijera de plástico, según dicte la necesidad y el entorno. Se come carne, si acaso pan, y puede ser que alguna vez mahonesa. Y las ensaladas son la comida de la comida.
Bogart hubiera sacado la petaca que casualmente llevaba en el bolsillo, le hubiera dado un trago y descarado hubiera atacado con la mítica “mmm, ¿sabes que hago colección de rubias?” y cuando ésta le hubiera dicho “mmm, es usted guapo”, él le hubiera contestado “y cada minuto que pasa, lo soy más, no me haga darle un cachete”.
Sesenta años después, las versiones en color, sobre todo en color pelirrojo, no tienen gran parecido. De Bogart, por ahora, lo único que tenemos en común es el whisky, aunque él siempre termine todas las películas sobrio y con el sombrero puesto y a mí me tengan que sacar a gatas de los bares.
Y sobre las mujeres, Bogart, las mujeres… el whisky es la mitad de dulce, pero el whisky querido amigo, es tan difícil de mejorar…

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