Papá olé

Ole-papa | 28 de agosto de 2010 a las 9:00

papá

Nunca me he caído para atrás como los dibujitos de las series japonesas, pero creo que ésa sería mi reacción, romperme el cogote. Porque es ver a mi padre y preguntarme: “pero tío, con lo bien que tú estarías por aquellos entonces, ¿cómo te metiste en esto?” Porque sí, seguro que ser padre es una de las experiencias más maravillosas que puedes tener en la vida, pero yo no soy materialista. El que la quiera, para él.
Miro a mi padre y me lo imagino. Ese día en que una zagalilla de coletas llegó a aquel chaval de jersey de rombos, pantalones de campana, cara de panoli y cuatro pelusillas en el bigote y le dijo: “Tengo que decirte algo”. Y ese chaval que empieza a sudarle la frente, que a los cuatro segundos parece que acaba de bañarse, que se estruja las dos manos y le sale un chorro, como un limpiaparabrisas. Y empieza a temerse lo peor, pero no se hace a la idea de lo peor de lo peor, lo más peor, lo peorísimo, es decir, yo.
No, su cabeza se imagina “ya está, mi vespita, me la han rayao” o “ya está, ya su padre me ha visto fumándome un celtita aliñao” o “si yo lo sabía, el musculitos ése de las fritangas, cómo mueve el mondadientes el tío”, o siendo más dramático incluso, “mi chalequillo de los domingos, que se ha quedao en la lavadora, o el gato se ha hecho un ovillo con él o se le ha caío una chinita o qué, por dios, dime ya lo que sea que van a tener que llevarme en canoa del charco que estoy formando”.
Y llega ella, y le dice, suavemente y con mucha tranquilidad. “Manolo, Manolo…” y el ya se da cuenta de que dos manolos de su pichurri, ésa que le llama cari, o bichito, o osito, o amorriskis, o no hace falta ni que lo llame porque se lo dice todo con los ojos, eso solo puede significar una cosa. Sí, tú.
Y ante eso solo hay dos reacciones. Una, se cae para atrás y se ahoga. O dos, le empieza a salir una sonrisilla, como si desde arriba le estuvieran tirando de las comisuras con unos hilos, se va hacia ella, la abraza, y mientras ella empieza a llorar, él se va directamente a mirar el reloj y empieza a buscar la calculadora. “Coño, que todavía no han inventado los casio, que éste es de aguja”, estoy viendo a mi padre.
Porque empieza a pensar cuánto va a costarle a lo largo de su vida el día que se pusieron tontorrones. Imagino que a un futuro padre cuando le dan la noticia, lo que tenga que venir no se lo imaginas con piernas, bracitos, los ojitos de éste o aquel… No, tiene forma de hucha. Como aquella que te regalaron en un cumpleaños y que ibas ahí metiendo tus duritos y una día desapareció y a los días te encontraste en el salón una lámpara nueva.
Pues los ahorros de aquel chaval, ahora mi padre, a tomar viento. De los ahorros para el seita, con el que quería ir al campo los domingos, nada. Y ese grupillo de rock que tiene con los amigotes, que suenan como los Beatles pero a la española, Los Chicharras, nada. Los vinitos en la bodega antes de comer. Y el chalequillo ése tan chulo. Ahora para diario y que dure.
Creo que esta reacción no entiende de razas. Que donde dice Manolo, dice Rachid, y te lo ves echando cuentas de que no va a tener para el elefante nuevo con el que quería ir al curro, que van a tener que echar a la mitad de los panderetas del grupillo con los amigotes y que los kebab se los va a tener que hacer con pan bimbo.
O los esquimales. Aunque esos tiene una ventaja: ya estaban helaos de primera. Pero sudan también, aunque cubitos de hielo, claro. Y cuando se acercan a la esquimalita, entre los lloros de una y el sudor del otro, ¡pum¡, estalagmita al suelo y agujero en mitad del salón. Mucho más dramático, sí.
Así que yo entiendo que esto de ser padre es para quien planea. Para quien planea hacer otra cosa y un día le dicen que nada, a ‘aplazarlo’, eufemismo de ‘ya ni de coña en tu vida’. Así que estamos aquí por coincidencia, porque tu padre no te quería a ti, quería un seita o un elefante nuevo. Y cuando el hombre estaba de nuevo a punto de conseguirlo años después, ¡pum¡, tu hermano o tu hermana. Y otra vez o se cae como los dibujitos o la calculadora.
Eso sí, si nuestros padres no hubieran coincidido en ese momento que se pusieron tiernos, ninguno estaríamos aquí y ahora. Así que gracias, papá, mamá (un aplauso). Y como no quiero discriminaciones, otro para los tubos de laboratorio, de los que nadie se acuerda. Y a los que vayan a ser padres, mucha suerte, ¡y al toro¡

http://www.youtube.com/watch?v=3s3SNHIH0bs&feature=fvw

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