No decirle la verdad ni al médico

Jesús Alba | 8 de noviembre de 2010 a las 2:57

ribas

Como el fútbol es una disciplina que tiene la curiosa particularidad de que todo el mundo entiende de ella y está capacitado para hablar, sentenciar y dogmatizar en cualquier foro, ya sea la barra del bar, la peña o una tertulia radiofónica o televisiva, por simple extensión habría que decir que de medicina deportiva o futbolística entiende también todo el mundo y cualquiera puede opinar sobre si un mes y medio de baja es mucho o poco para un esguince de rodilla o para sanar de la rotura del dedo meñique a un futbolista.

El caso que nos ocupa, como todo el mundo adivinará, es desde luego mucho más grave que lo que tarde el médico de un equipo de fútbol en poner a un lesionado a disposición de su entrenador. Estamos hablando de otras cosas que casi no tienen nada que ver con la medicina. Bueno, es que ya quito el “casi”. No tienen nada que ver. 

El Sevilla tiene un problema con sus médicos pero no de ahora, sino desde hace mucho tiempo. Décadas, diría yo. Porque esto es muy antiguo, casi de cuando se inventó el fútbol, y lo de gestionar interesadamente la información que hay que ofrecer de los lesionados es tan viejo como la propia competición. Lo que pasa es que hace años se ocultaba información para beneficiar al equipo (los entrenadores no querían que los rivales supieran que tal  o cual jugador tenían un tobillo o una costilla maltrecha porque iban a hierro a la zona afectada). El problema es que ahora se oculta la información para beneficio de otros que no son el equipo. Unas veces es interés del propio médico, otra del propio club.

¿Qué ha pasado en el caso Guarente? Pues que han chocado los beneficios que puedan llevarse de esta idea maquiavélica pero tan antigua de ocultar información dos entes que no son el equipo en sí: el club y los médicos. Se han desenvainado las espadas. Vaya por delante que mi opinión (ojo, opinión) es que al doctor Juan Ribas le quedan en el Sevilla FC dos pelaos. Algunos, o la mayoría, no han reparado -porque lo que dijo después de la rodilla de Guarente es una auténtica bomba de incalculables consecuencias- en que lo primero que salió de los labios del jefe de los servicios médicos del Sevilla en la famosa rueda de prensa puede ser hasta más grave que lo que desveló luego. O mejor dicho confirmó, porque desvelarlo lo desveló Diario de Sevilla. Vino a decir que el oscurantismo del que lo había acusado el periodismo en la última semana no obedecía a una decisión propia, sino a “la política de comunicación del club”. Es decir, que Del Nido y Monchi le tenían puesto un esparadrapo en la boca. Pues se lo ha quitado. Vaya si se lo ha quitado.

Decía antes que el Sevilla tiene un serio problema con los médicos desde hace mucho tiempo, desde que el insigne Antonio Leal Graciani, una institución en la entidad e intocable por historia y recorrido profesional, empezó a ir acompañado de sus hijos a la ciudad deportiva como cualquier trabajador que los sábados que no hay colegio se lleva a su prole a la oficina si tenía que arreglar un par de asuntillos. Los hijos, porque todo el mundo tiene la sana costumbre de crecer, se hicieron mayores, estudiaron y sacaron la carrera de medicina. Llegó un momento en que Antonio y César eran los médicos del Sevilla. Eso sí, contaban chistes y hablaban demasiado. Y el problema de verdad vino cuando Rafael Carrión firmó un contrato con ellos por una serie de temporadas. ¿Cómo se solucionaba aquello? La solución se encontró. La de siempre, liquidando. Aunque hubo un feo gesto (no faltó otro de un entrenador que tampoco viene a cuento) con esta familia que es historia en el Sevilla dejándola absolutamente al margen de los actos del centenario. Ni una mención.

USP desembarcaba en el Sevilla. Ellauri, entonces consejero delegado de esa firma, y Ribas se ponían la bata en la enfermería del Sevilla. Se proyectaba una mentalidad moderna del diagnóstico y la medicina deportiva, se pensaba en una clínica propia a la que podrían acudir hasta los socios… y acertaron en una serie de cuestiones, como la división multidisciplinar y el descubrimiento de Escribano y sus milagros dietético-energéticos.     

Me estoy enrollando demasiado, pero creo que es necesario para la comprensión general del problema. Quien se aburra que se vaya. Sigo. Estos señores ya no eran médicos que contaban chistes. Eran eminencias, catedráticos de Universidad, médicos de un rango superior que más que curar, organizan, gestionan y dirigen. ¿Qué pasa entonces? Que hace falta un médico que pringue, que esté todos los días en el entrenamiento y que, sencillamente, se coma los marrones. Ahí entran médicos que tienen que hacer méritos. Ahí entran Juan de Dios Beas (se aburrió), Adolfo Muñoz (lo aburrieron) y ahora Juan José Jiménez (lo aburrirán). 

En esta tesitura la información de lo que ocurre con el tobillo de Fazio tiene que subir desde el peldaño más bajo de la escalera hasta el más alto (he escrito el más alto) y luego bajar de nuevo, con el infatigable jefe de prensa siempre por medio. Así la información nunca puede llegar a tiempo. Los periodistas que han visto con sus propios ojos a Fazio retorcerse de dolor se enteran de lo que pasa a los tres o cuatro días y sentados en sus ordenadores. Antes los médicos chistosos lo decían al momento, a la cara y sin necesidad de partes fríos que generan más dudas y malos entendidos. Es el precio de en lo que se ha convertido el futbol moderno. Más funcional y estructurado. Sobre todo estructurado.   

Los médicos del Sevilla, ya desde hace tiempo en el punto de mira del club porque –hablando mal y pronto- no curan a nadie (por varios factores entre los que también está el galimatías que forman algunos yendo a especialistas de su confianza), se han puesto a la defensiva. Alguno, como Ribas, ha llegado un punto en que ha pensado que no tiene por qué aguantar esto o aquello y que su prestigio profesional está por encima de ciertas cosas. Al fin y al cabo, es catedrático, una eminencia de reconocidísimo prestigio y el fútbol, así visto, le puede llegar a importar tres leches.

De lo otro, del meollo de la cuestión y con lo que hay tanta gente con las manos en la cabeza, no voy a opinar. Es grave, gravísimo, pero hay que escuchar las explicaciones. Ansiosos estamos, eso sí.

  • igpalo

    Pareces bien informado, Alba. En lo único con lo que no estoy de acuerdo contigo es en la falta de declaración de responsabilidad del Doctor Ribas que veo en tu artículo. Vale que será muy complicado manejar los servicios médicos de un club de este nivel y vale que los jugadores lo complican yéndose a otros especialistas, pero habrá que preguntarse porqué ocurre esto último. No olvidemos que el primero que ve siempre a un jugador lesionado es el médico del club, pero si el jugador no ve seguridad en el diagnóstico o no mejora con el tratamiento, ya me dirás. Al final el sistema que se está imponiendo a nivel profesional es el de que el médico del club sirva sólo como coordinador-supervisor del proceso de tratamiento que lleve el servicio externo que elija el jugador y pague el club.

  • jose maria morillas

    Mi respetado Jesus Alba: su comentario (incompleto) dá en el clavo, es decir, apunta ALTO,FUERTE Y DURO, y no porque sea su obligación como periodista “CONTAR LO QUE VE”. siempre desde su subjetividad, como todos,sino porque intuyo que a nivel personal usted ve, pienso, lo que yo veo y si puedo decir, donde este este presidente llamado Sr. del Nido hay peligro y huele mal, solo hay que tener una minima memoria historica, frase al uso muy de moda, pues no es solo el caso que nos trae, Guarente, sino muchos mas que estan en la memoria de cualquier aficionado no fanatico “adicto” al poder, es decir, a su Presidente. Desde hace miles de años, miles, EL DINERO ES EL DINERO,O LA PELA ES LA PELA,como diría un “buen” catalan, y por el se rompen familias, se mata, se engaña, se corrompe la mayoria de este mundo, por eso he de decir en este caso que, SALVASE QUIEN PUEDA, Y A EL SR. MONCHI TAN ACERTADO CON D. ROBERTO ALES, DEBERIA DE DARLE VERGUENZA “TRAGAR SAPOS” O COMULGAR CON RUEDAS DE MOLINO….pero la “pela es la pela”…..sentarse a la puerta y veremos pasar el cadaver de……proverbio arabe; tomemos nota.

  • fernando

    Yo no se si quien tiene que emitir un diagnóstico es el prof. Ribas, el Dr. Adolfo Muñoz, u otro cualquiera. Lo que si se, porque de esto entiendo algo, es que un problema médico puede ser quirúrgico o no, incluso siendo inicalmente médico, puede llegar a ser quirúrgico, pero tardar 1 año enterito en enterarse que Lautaro Acosta tiene que ser operado es una confesión de incompetencia, de quien corresponda como se decía antes

  • MOI

    Completa y acertada exposicion. Pone usted a cada cual en su sitio sin alinearse.