“Spain… two points”

Jesús Alba | 5 de diciembre de 2010 a las 1:50

Mirarse el ombligo y presentar candidaturas nos encanta a los españoles. Con proclamar el qué bien se vive aquí y sacar la cerveza y el flamenco en los spots de promoción creemos que es suficiente para que otros nos voten. Es un complejo de victimismo que está pegado a nosotros desde la Eurovisión que no ganó Betty Misiego.

Pero hay que agradecer profundamente su decisión a los que no confiaron en la candidatura ibérica el pasado jueves. Tener la misión de organizar una Copa del Mundo un jueves y el viernes tener al país medio en manos de los militares tras proclamarse el estado de alarma hubiera sido el mayor ridículo internacional en 32 años de democracia.

La huelga salvaje, así la llamaron, de los controladores aéreos que hoy todavía tiene a clubes de Primera División cruzando España en autocar hubiera sido un buen ejemplo para la FIFA de lo que somos capaces de hacer aquí.

Sirve para que tengamos conciencia de lo que somos y hacia dónde vamos. O mejor dicho, lo que somos y hacia dónde van los organismos que mandan en el deporte mundial, COI y FIFA por señalar a los más fuertes, poderosos entes que se manejan en decisiones más políticas que deportivas. España ahora mismo es una potencia futbolística, pero en política precisamente, no.
Y la política deportiva lleva años y hasta décadas señalando a potencias emergentes y ayudándolas a emerger del todo. Y hasta nosotros fuimos uno de los beneficiados. ¿Qué era España en 1982 con una Constitución de sólo 4 años? Fue entonces cuando organizamos nuestro Mundial. Australia, China, Sudáfrica, Brasil, Rusia, Qatar… son las nuevas ‘Españas’. Sólo India, a la que aún le queda por hacer, falta en esta baraja de países en pleno impulso a los que se le ha otorgado el premio como empujoncito de organizar un evento deportivo de estas magnitudes.

Sevilla dos mil ‘nosecuántos’ porque hubo que hacer varios logos, Madrid con Barcelona 92 aún reciente… ahora la candidatura para un Mundial junto a nuestra vecina Portugal en la época de mayor paro de los últimos años y en el mayor estancamiento financiero de las últimas décadas. En todas las quinielas para que tengan que acudir al rescate, como con Grecia, el resto de países de la zona euro… todo eso nos llega a dar igual con tal de sentirnos orgullosos de nuestra tortilla de patatas, de la que el mundo entero debería tener envidia. No tenemos sentido del ridículo cuando entonamos lo de que “como se vive aquí… en ningún sitio”

Nuestro argumento era el de otras veces. En Sevilla, que ya teníamos el estadio olímpico hecho; en Madrid al menos tuvieron el decoro de llamarlo la Peineta hasta no ver la llama olímpica crepitar en él. Para acoger los Mundiales de 2018 o de 2022 vendíamos el jueves en Zúrich que tenemos más plazas hoteleras que nadie y que nuestros estadios son ya una realidad mientras las otras candidaturas presentaban proyectos en animación informática en 3D. A saber cómo iban a estar nuestros estadios en 2022, dentro de 12 años. Modernísimos.

Algunos clubes se frotaban las manos pensando que el Gobierno, como en 1982, iba a financiar la construcción de un nuevo estadio (Valencia) o la remodelación de otros (La Peineta para el Atlético). Curiosamente, los que mejor parados salen del proyecto de acuerdo de Real Madrid y Barcelona para el reparto de los derechos de televisión a partir de 2014. ¡Uy! Justo cuatro años antes del Mundial.

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