El i-derbi

Jesús Alba | 17 de enero de 2012 a las 3:45

Reconozco que me está costando, pero ahí voy, entrando en la jáquima como caballo obediente, noble y resignado a que lo lleven donde y cómo el mozo de cuadra disponga. Pero me cuesta. Y considero que voy más rápido y sumiso de lo que pensaba y juraba.

Se acerca un derbi distinto. Igual que Betis y Sevilla se juegan algo más que tres puntos, el negocio Apple y el sistema Android también se preparan para resultar ganadores en el duelo de la máxima rivalidad. El smart phone ofrece un derbi a todo color y hasta en 3D con el que no pueden luchar los periódicos de tinta y papel, que ya no visten a futbolistas de toreros. Twitter es el ingenio plural e infinito. Inagotable explosión de ideas, discusiones, apuestas y chistes que deja a aquellos guiones radiofónicos de ‘El Tío y el Sobrino’ en pieza de museo arqueológico. No digamos a la altura a la que quedan las tertulias a las que cada año acuden cantantes béticos, humoristas sevillistas… fieles a las dos citas anuales en las que, con el soniquete de fondo de tenedores rebotando en los platos, encuentran su minuto de gloria pasando sus reflexiones de barra de bar al mantel del restaurante.

Aficionados y futbolistas, como Perotti, se insultan y se retan a través de WhatsApp y piden disculpas en su muro de Facebook. Los hinchas se ilusionan buscando guiños encriptados en los twits que los posibles fichajes lanzan a la red social de los 140 caracteres y los medios oficiales de los clubes hacen lo posible y lo imposible para que las noticias importantes salgan antes que en ningún sitio, en sus webs oficiales. Las entradas se reservan y se compran online y las Juntas de Accionistas se convocan –como aprobó recientemente la asamblea del Sevilla- a través de un soporte en la red.

Que se sepa Apple, no ha sacado aún ningúna aplicación específica para derbis, pero los clubes sí que ofrecen ya videojuegos para móviles, tables e i-pads con el copyright y la imagen del club. Un manager oficial, con el que con los colores del club de sus amores, el hincha puede disfrutar de un derbi mucho más divertido que el que le ofrece la realidad.

Pero es que a lo mejor la realidad es ésta y no la otra y estamos equivocados. Aficionados, blogueros y periodistas se lanzan al mundo mágico que ofrecen el i-phone o el Samsung Galaxy para demostrar que son más ingeniosos o que saben más de fútbol que nadie precisamente mientras sus equipos disputan sus partidos, 90 minutos en los que la actividad en Twitter se dispara escandalosa y-añadíría yo- pudorosamente. Pero, poniéndonos en lo peor, hay casos incluso más graves. El director deportivo de un gran club europeo no se explica que uno de nuestros dos clubes gaste miles y miles de euros en viajes de sus ‘scouttings’ (vulgo ojeadores) cuando el enviado a los partidos pasa más tiempo mirando la pantalla del teléfono móvil que el terreno de juego.

Cómo no va a ser más interesante la smart-navigation si las agencias de representación rebotan en redes sociales hasta el mínimo paso (positivo por supuesto) que dan sus clientes. Si los clubes gastan un dineral en programas informáticos que ofrecen tantos y tan completísimos datos que, si hace falta, hasta consiguen que los delanteros marquen los goles que fallan. Es un futbol virtual que está consiguiendo también un periodismo virtual.

Uno trata de adaptarse, pero cómo. ¿Cómo subirse a un coche con cada vez más avances tecnólógicos en el salpicadero si las ruedas las cambiamos por unas de madera? ¿Dónde está el límite que debe separar la red del papel? Si el medio está y -aunque incompleta- la noticia también, a la carrera de ser el primero en darla basta con lanzar la alerta para adjudicarse la primicia. Prima la notoriedad a la calidad de la información y el desayuno pierde la magia porque todos los periódicos dan lo mismo, algunos con el mínimo esfuerzo y sin levantar un teléfono. ¿Para qué? Todo está en un click y otros te lo dan hecho.

Se explica así que el i-Phone 4S esté agotado en todo el mundo, que en Pekín haya habido tortas en una tienda de Apple y que no se vendan periódicos. No tardará el tiempo en que los periodistas vayamos a las compañías teléfonicas a pedir el último terminal -¿será el i-Phone 5?- y con la cartilla del paro nos den, sin querer ser grosero, un i-…

El i-derbi está servido. Consigan y paguen la entrada, vivan el ambiente en los bares de alrededor del estadio y, cuando el balón esté en juego, mantengan un ojo en el campo y otro en el móvil para ser el primero en twitear un gol de su equipo. ¡Viva la fiesta del derbi!

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