¿Y quién recupera la pelota?

Jesús Alba | 24 de julio de 2010 a las 15:38

Ignoro qué tipo de centrocampista está buscando el Sevilla. Por lo que escucho de las opiniones de los protagonistas, no consideran importante el robo del balón, el concepto defensivo, el equilibrio que dice desear Antonio Álvarez para el buen funcionamiento del equipo. Importa más el buen trato, el buen gusto, el toque, el fútbol alegre y vistoso. También es más fácil vender esos propósitos y recalcar que el Sevilla que guardaba la ropa ya es historia. “Diviértete con nosotros” se vende a bombo y platillo, ¿no? Pero para darle ese buen trato al balón primero habrá que recuperarlo, quitárselo al adversario. Principio fundamental basado en la lógica. Y todo esto con el Barcelona, con un tal Xavi y otro tal Iniesta, a la vuelta de la esquina.

Después de tres amistosos durante la concentración de pretemporada en Rota ante equipos de chiste para el nivel de un equipo como el Sevilla se advierte, o por lo menos yo advierto, una carencia bastante evidente en la recuperación del balón y no porque el trabajo táctico no sea el adecuado. Tarea ardua desde luego le queda al cuerpo técnico si quiere que haya una labor eficiente de recuperación de la posesión con los futbolistas que tiene en nómina. Una cosa distinta es el repliegue, la basculación, el juntar la líneas, el ocupar con más o menos acierto los metros que tiene el terreno de juego para evitar el avance del rival… Sin los jugadores adecuados para el robo del balón el Sevilla estará en manos de los contrarios, como en muchos partidos del tramo final de la temporada, sobre todo fuera de casa.

Ha llegado Guarente y el Sevilla sigue sin tener un hombre agresivo y táctico a la vez que ayude a la recuperación de la pelota. Pero lo peor es que, por lo que se ve, ni se busca. No se atisba ni la menor preocupación. Se afana más la planificación en dejar muy claro que no tienen ni la mínima oportunidad tipos como Duscher, lo que, por supuesto aplaude esa afición ávida de buenos peloteros. Habría que recordar que Dragutinovic llegó el año pasado a Costa Ballena siendo un semidescartado y acabó siendo clave en la temporada. Y me preocupa todo esto. Pero, bueno, los profesionales saben lo que tienen entre manos y este club tiene una secretaría técnica compuesta por hasta diez personas que se reúnen, viajan, espían y consultan un millonario programa informático que le da acceso en tiempo real a una base de datos que alguno de ellos llegó a cifrar en “doce mil futbolistas” los que tiene controlados el Sevilla.

Si Romaric cuando llegó dejó boquiabiertos a unos cuantos noveleros que se encandilaron con su pierna izquierda y que son los mismos que después le han dado con zafiedad en sus críticas, con Guarente ni siquiera eso puede decirse. Tiene buen pase, buena visión al primer toque, pero hasta el momento pocas virtudes más ofrecido en los tres partidos jugados ante Chiclana, Villa de Rota y San Fernando. Por cierto, que el del sobrepeso puso de manifesto en los únicos 45 minutos que ha jugado que es el medio centro de más calidad que tiene el Sevilla cuando tiene espacios. ¿Alguien ha pensado que la solución podría estar en rodearlo de los futbolistas adecuados para que se lo creen? Claro que eso imposible con dos extremos y dos delanteros. No se puede todo.

En esos tres partidos con lo que uno se queda es con tres o cuatro sensaciones que poco tienen que ver con los fichajes. Por supuesto, Perotti, un futbolista que ha llegado en un estado de forma excepcional; también Capel, su competidor en la izquierda, que está igual de fino o casi; pero también asuntos que está en el aire. ¿Qué va pasar con José Carlos?. Éste es un jugador que está en la lista de descartes, al que se le quiere buscar una cesión, pero que ha demostrado en los ensayos una calidad que no tiene el resto. Se pone siempre en el lado feo de la balanza su mente dispersa, pero llegados a este punto habría que dudar de la capacidad de los llamados a educar y pulir un fútbol que sale a borbotones de sus botas, fresco, pulcro y de una calidad exquisita. Tiene cosas de futbolista de la antigua Yugoslavia, un golpeo a balón parado que no tiene nadie en la plantilla y que sólo por lo que puede ofrecer en un córner o en una falta directa o indirecta debería estar entre los 18 para desatascar un partido encorsetado. Otra vez lo de antes: los técnicos… Álvarez lo ha probado y ha sido de los mejores en todos los ensayos como medio centro, en la posición precisamente de ese futbolista que andan buscando: último pase, transición para el juego de ataque… Sacrificio no, no le pidan que robe balones, pero ¿quién los roba?

Otro aspecto que la pretemporada ha dejado ver es que Kanoute es esencial para el buen funcionamiento de este equipo y que ha llegado a buen nivel físico. Una grata sorpresa que, eso sí, aporta tranquilidad. Otra cosa es ver cuánto dura.

Alfaro no es noticia. Nadie dudaba de que es un jugador aprovechable donde sea, de delantero o en la banda. Lo que no se entiende es qué pinta Lautaro Acosta en esta plantilla, pero ésa es otra historia.

Por último, con Dabo sigo opinando igual. Mucha velocidad y cal y arena a partes iguales a la hora de centrar. En San Fernando le puso uno muy bueno a Negredo, pero ¿cuántos se fueron al limbo en Chiclana, en Rota y en Bahía Sur?

De Guarente y Dabo, de Chiclana y Rota

Jesús Alba | 18 de julio de 2010 a las 13:05

El términ0 “fichaje” tiene en el aficionado al fútbol un halo de ilusión, de misterio positivo y de buena onda que, no está demostrado, pero que puede producir hasta cambios hormonales. En tiempos, tenía su efecto inmediato en la venta de carnés -hoy más extendido lo de abonos-, así que presidentes y directivos sabían perfectamente que con nuevas caras en el plantel cada verano hacía falta muy poquito más para meter el veneno del fútbol a aquellos fieles que descansaban, aburridos, en las playas.

Igual que los trofeos veraniegos. Nada que ver con lo de ahora. Entonces era más importante dar buena imagen en estas giras que casi ganar en la primera jornada de Liga. En los amistosos había que poner a los titulares y ganar como fuera porque también repercutía en la fuente de ingresos básica, como era aumentar la masa social. La preparación que demandaban los técnicos, el reparto de minutos, las cargas físicas para que aguantase el granero todo el año, la no marginación de los descartes… eso no importaba nada. Con lo que de verdad no le llegaba la camisa al cuello a los presidentes era con ganar como fuera el Carranza, el Colombino, el Teresa Herrera y el Ciudad de Sevilla.

Pero el dinero de la tele lo ha cambiado todo. Las pretemporadas son el momento de los profesionales, las tecnologías más modernas aplicadas a la preparación física… y se acaba olvidando con qué se ilusiona el aficionado, que cuando acude a uno de estos torneos y amistosos de playa llega con los ojos muy abiertos para empaparse de lo que puede dar de sí el fichaje de turno.

Ha pasado en Chiclana y en Rota con Guarente y con Dabo y el aficionado se ha quedado un poco con el gesto torcido. El parroquiano entiente todo eso que le repiten una y otra vez: que estos partidos son meros entrenamientos, que falta el acoplamiento con los movimientos del equipo y los compañeros, que las piernas están más pesadas porque el mismo día del partido le han dado un tute de categoría en el campo de golf… todo eso lo entiende el aficionado de hoy y es muy posible que no convenciera al de los años ochenta, pero los fieles necesitan carnaza en esta época del año. Del Nido, que es aficionado de los buenos y ha vivido esos tiempos, lo soluciona en parte presentando a sus fichajes en lugares exóticos, fuera del club, una fórmula que han copiado ya otros. El Valencia ha presentado este año futbolistas en el Parque de la Ciencias.

Guarente, en paralelo

Analizados los dos partidos jugados por el Sevilla, un 1-5 y un 0-6 en los que los goles no tienen tanto valor como lo que pueda sacar en conclusión Antonio Álvarez y su equipo de técnicos, el sevillista se volvió al chiringuito igual que antes de ver a Guarente. “Se le ve algo, pero… habrá que seguir viéndolo”.

Tiberio Guarente en el Atalanta la pasada campaña no rayó a un nivel altísimo. Incluso hay entrevistas en Italia en las que reconoce que no fue su mejor año, pero el Sevilla ha confiado en él adecuando sus características a las necesidades de su equipo, que han sido muchas estos dos últimos años en el centro del campo. Tiene un gran desplazamiento de balón con la izquierda y un aceptable balance defensa-ataque. Es dinámico en contacto con el balón y no esconde el pie en los balones divididos. Llega sin problemas a los cruces y no es, como suele decirse, un futbolista diesel. 

La incógnita la encuentro en la posición táctica, en los terrenos que ocupe. Los técnicos que lo han seguido en el Sevilla han defendido que puede hacer bien las dos funciones de un medio centro, restar y construir; defender y repartir. Y es cierto en la medida de que en el Atalanta jugaba junto a otro compañero en paralelo, De Ascentis o Padoin, pero sin que entre ellos existieran posiciones claras. La función de ancla, que es la que creo que necesita el Sevilla si quiere seguir jugando con dos extremos y dos delanteros, por así decirlo no la tenía nadie en concreto, sino quien pasara por allí. Ello hacía que a Guarente en un mismo partido se le pudiera ver igual robando el balón atrás que dando el último pase. ¿Quiere eso decir que puede hacer las dos funciones correctamente en un equipo de las exigencias del Sevilla? No tiene por qué. Simplemente habrá que esperar.

El Sevilla tiene un problema con esta historia porque posiblemente sea el único equipo del mundo -es un decir, habrá más- que juega con dos extremos y dos delanteros. Nadie juega ya por las bandas. El Sevilla tiene que explotarlas porque las tiene, pero nadie lo hace ya. El Sevilla, además, posiblemente sea el único equipo del mundo -es un decir, porque habrá más- que juega con dos delanteros-referencia. Nadie juega ya con dos delanteros. En España el pasado año sólo el Atlético de Madrid por razones similares a las del Sevilla, porque estaba obligado con Agüero y Forlán.

Y eso, jugar con extremos y con dos delanteros, abre tanto el campo que todo el marrón le cae a los dos centrocampistas. Construir y equilibrar. Esto lo palia en parte Kanoute porque es un futbolista único. Pero cuando no está, cuando no se ofrece atrás como un centrocampista más y acarrea él solito la pelota arriba, se hace todo muchísimo más difícil. Por eso Guarente tiene una difícil papeleta. Su presentación imperial en el anfiteatro de Itálica esperemos que no sea una losa para él como lo han sido para Negredo los 14 millones que el Sevilla pagó. En Chiclana cumplió y en Rota dejó más dudas en esa función por delante de la defensa, aunque vaya por delante que hay que darle el beneficio de la duda.

Dabo, el colibrí

Otra cosa es lo de Dabo. Muchísima menos responsabilidad colectiva por la posición que ocupa. El costado no es el centro. Se mueve como un colibrí en el campo. Da la sensación de pesar poco y tiene una facilidad inmensa para iniciar la carrera, ya desde su origen a gran velocidad. Tiene, eso sí, aprendida la cultura de desdoblar por fuera al extremo para esperar el pase otra vez al córner, jugada que rara vez hace el Sevilla y ya en desuso en el fútbol de hoy, aunque para nada desechable como opción. El problema es volver desde esa posición en caso de una pérdida de balón.

Ve muy bien la anticipación en el corte, lo que a veces le hace correr riesgos innecesarios por su impulsividad, no porque vaya a hacer falta y lo vayan a expulsar, sino porque juega al filo de ser desbordado, con las consecuencias que tener a un hombre menos tiene para un sistema defensivo cuando además juega de lateral.

En Chiclana estuvo discreto, pero en Rota aprovechó que el equipo mejoró con la salida de Kanoute y José Carlos, que se tocó más el balón, para subir el carril con brío y poner algún centro decente. Ésa es otra, dio varias de cal y varias de arena en cuanto a la calidad de los servicios. En principio, el titular debe ser Konko. Tiene más calidad y cuando juega mejora al equipo, pero tiene un gran problema a menudo por un talante especial que a veces hace pensar que le falta compromiso.

Son reflexiones que no son definitivas. Apenas llevan una semana con el grupo y sólo han jugado 90 minutos Guarente y 45 más Dabo, ya que en Rota jugó el partido completo. Pero la afición demanda sensaciones, señales, detalles… de lo que pueden dar de sí los nuevos, los fichajes. Ese venenillo del verano.

Fútbol y contaminación acústica

Jesús Alba | 15 de julio de 2010 a las 2:41

Presenciar un entrenamiento de fútbol debería requerir un comportamiento igual o similar al de la entrada a la ópera. Me dirán ustedes que uno de los grandes aderezos que tiene un partido es la salsa que ponen las gradas con sus gritos, cánticos y manifestaciones de locura. Pero es distinto.

Sé que estoy hablando de un imposible, pero repasen y vean que he escrito “debería requerir”. No es una afirmación, es un deseo propio que se sabe inalcanzable. Por eso, no me miren mal si me reconocen en uno -en un entrenamiento digo- y me ven solo, apartado de las tertulias. Además, es que tengo algunos coletazos de ser insociable. No muchos, no vayan a creerse que no se me puede hablar.

Lo que pasa es que asistir a un entrenamiento requiere un esfuerzo (espera, sol y calor en esta época y lluvia, viento y frío en otra) y yo trato de que valga la pena. Soy educado. Llego, saludo, hago algún comentario y cuando puedo me escabullo. Aprovecho para exponer mis mejores dotes de civismo mientras dura el calentamiento previo, los juegos de pelota que buscan la finalidad de mejorar, como se suele decir, aspectos técnico-tácticos de los fútbolistas, aunque yo eliminaría la parte que sigue al guión que sirve de unión. Mejoran la técnica y a veces son tan enrevesados que uno piensa que quien los diseña en sus ratos libres también debe dedicarse a parir crucigramas para que los rellenen otros. Rondos con un toque, con dos toques o tres obligatorios -uno solo no vale-, con dos balones, con dos equipos y un futbolista comodín, que para eso hay tres colores de petos… Todo eso me puede mantener la atención dispersa, pero cuando el entrenador alza la mano y anuncia sesión táctica, hago una prosprección del campo, analizo la situación y me voy en busca de la ubicación que mejor se adapte a mis necesidades.

Y mis necesidades entonces son ver y escuchar y, como en la ópera, la contaminación acústica se convierte en enemigo del fútbol, de mi fútbol. Tenemos la suerte de que en este espectáculo nos dejan asistir a los ensayos, a la mayoría porque también los hay a puerta cerrada. Con la ópera no, aprovechémoslo. Yo llevo mucho tiempo haciéndolo, aunque claro, también depende del cuerpo técnico que dirija la obra. Con algunos es imposible, aparte de las pachangas para que desfoguen todos -jugadores y público-, todo son crucigramas. 

Para ver no tengo problemas, en las revisiones rutinarias a las que he ido hasta ahora (toco madera) los oftalmólogos no encuentran letras más en miniatura que mostrarme. Pero en lo de escuchar importa mucho la distancia y no por mi salud auditiva, de la que -vuelvo a tocar madera- no he recibido quejas, sino porque hay una serie de variables que, en su conjunto, acaban siendo directamente proporcional a mi capacidad de frustración. Son las siguientes: el número de metros que hay entre la posición del entrenador y la mía, la dirección de su voz en los muchos giros sobre sí mismo que la explicación a un grupo posicionado en el campo requiere y, cómo no, la contaminación acústica.

Pero bueno, hablemos de fútbol ya y utilicemos la primera, la distancia, para entender cómo se organiza una sesión táctica. Joaquín Caparrós Camino, que los que me conocen algo saben que no está en mi santoral pero al que respeto enormemente porque le ha dado muchas cosas al fútbol y al Sevilla, se presentó una vez a un entrenamiento de pretemporada con una cuerda. Pero no era una cuerda, eran tres cuerdas. Cuando las repartió entre sus defensas y empezó a hacer bascular la línea de izquierda a derecha, todos los que allí estábamos y queríamos prestar atención entendimos lo que buscaba. Las cuerdas, cogida por las puntas por los cuatro zagueros, la función que hacía no era más que la de mantener la distancia entre las piezas de la línea y ayudar a los futbolistas a acompasar mecánicamente sus movimientos sin que ningún actor se quedara descolgado. Es la regla número uno de un sistema defensivo, no dejar huecos y defender en bloque. Evitar que uno de ellos se descuelgue y cree el desequilibrio.

Pero a Caparrós, en mi humilde opinión de periodista que ningún profesional del fútbol -de los que cobran- tendrá en cuenta, se le olvidó dos cuerdas más. O a lo mejor no quería complicar más el ejercicio y convertirlo en un crucigrama. Pregúntenle a un defensa central si para ellos no es igual de importante atar con una cuerda al lateral que tienen a izquierda o derecha que tirarle otra cuerda al medio centro que tienen delante. Si éste se vuelve loco en la presión, acabará sacando al central de su espacio natural y la consecuencia posterior será que el lateral tenga que acudir a cerrar el centro y la consecuencia posterior es que la banda se quedará libre… A Zokora ya lo tengo calado, habrá que ver qué comportamiento táctico tiene Guarente, aunque la tendencia individual puede ser atemperada si los consejos son sabios.

En fin, como sé que aburro, aquí os dejo unas imágenes sobre lo bonito y educativos que pueden ser los entrenamientos en pretemporada. Advierto que, a falta de aficionados, el fantasma de la contaminación acústica adquiere esta vez forma -es un decir- de viento. Y al viento tampoco le gusta el fútbol.      

¿Tan difícil era? Debe ser que sí

Jesús Alba | 13 de julio de 2010 a las 3:47

Quizá moleste por decantarme a abrir este blog con un personaje llamado a desempeñar un papel secundario. Como aún no domino el género, supongo me sabrán perdonar. Me dicen que el secreto en estas cosas está en crear polémica, cuanto más mejor. No irán por ahí mis tiros, al menos no será ésa la intención primera, pero es muy probable que mis opiniones no sean las de todo el mundo aunque luego algunos me den la razón en las menos ocasiones y en las más, me equivoque y me lo recriminen. De eso se trata.

Y que esto vea la luz desde la playa de La Ballena, ahora con el prefijo que le otorga la especulación urbanística -Costa-, donde el Sevilla acaba de iniciar su pretemporada, no tiene ni mucho menos que significar que me vaya a preocupar de contar lo que desayunan, almuerzan y cenan los futbolistas; quién está con quién en las habitaciones y si jugando al pádel Ramón Orellana y Nacho Oria le han ganado a Cristóbal Soria y a Paco Leal (cualquier cosa es un bolito).

Aquí se habla de fútbol, no pretendo otra cosa, y alguno hasta se aburrirá (no los quiero aquí). Es lo que me gusta de esto. Asumo el riesgo y me hago cargo de lo que significa desnudar mis opiniones y exponerlas en público. Mantengo que no soy de esos tipos que caen bien a todo el mundo. Entre otras cosas porque nunca lo he intentado. Debe ser un ejercicio agotador. Expondré mis opiniones, siempre futbolísticas, y serán las que tenga en la cabeza en ese momento, aunque después las cambie por todo lo contrario cuando me demuestren que tenga que hacerlo. Y lo haré. No soy de los que no se mueven de la primera opinión vertida a bombo y plantillo aunque por dentro, pese a que no se lo digan a nadie, lleguen hasta a admitir la evidencia con el tiempo. Ése será su gran secreto.

En fin, expuestas mis condiciones, reflexiono por primera vez para que cada cual marque o no la casilla de “aceptar” según crea oportuno.

En 2008, en abril creo, opiné en Diario de Sevilla acerca de la especialización que echaba en falta en el asunto de los entrenadores auxiliares de los equipos de fútbol. No me he prodigado mucho en estas cuestiones opinativas, pero decía en aquella columna que en una época en la que la profesionalización y la tecnología han convertido a este deporte en una actividad a la que han acudido como moscas al olor de la miel multitud de especialistas multidisciplinares, ya sea con corbata o en calzonas, el trabajo de entrenamientos del día a día se había quedado parado en los tiempos de Helenio Herrera. Y ahí seguimos. Un entrenador, un ayudante, un preparador físico y un adiestrador de porteros, siempre por siempre un guardameta retirado. Venía aquello a colación porque recibía el entonces equipo de Manolo Jiménez una sangría de goles a balón parado y, en general, por falta de concentración defensiva. Yo, más que eso, me atrevía a decir que era una falta de adiestramiento defensivo y no me quedaba simplemente en el borde de la piscina que era criticar los métodos de ese entrenador. Un borde muy concurrido, por cierto.

Exponía que los cursos de entrenadores escupen y escupen anualmente decenas y decenas de Benitos Floros con su titulito Nivel III, muy repeinados, la inmensa mayoría tras haber dejado pasar un par de añitos en los que se aburrieron como ostras desde que colgaron las botas, e ilusionados con que algún amiguete o ex compañero lo animara a ser su segundo. Eso era ya meter la cabeza.

Lo que vi ayer en el primer entrenamiento del Sevilla en Costa Ballena es lo que pensé aquella tarde de 2008 cuando delante del teclado en la calle Rioja plasmé un convencimiento que me indignaba después de años asistiendo a entrenamientos todos iguales, muchas veces tan insulsos que no fuera que lo grabasen las cámaras y lo vieran los rivales.

Un entrenador de porteros, vale. ¿Y por qué no un entrenador de centrales? ¿Por qué no uno de delanteros si tenemos un problema serio de definición? ¿Y de extremos? ¿Quién mejor puede inculcar a los jugadores los trucos que quien prepara concienzudamente y de manera profesional un entrenamiento específico destinado a una acción concreta del juego?

A Javi Navarro, que entre otras cosas se entretuvo en levantar cinco títulos después de pasarse dos años y medio en una máquina de cuádriceps, lo vi ayer hablar más que en todos sus años de futbolista en activo. Lo creía (porque él mismo se definía así) como el tímido por excelencia cuyo primer mandamiento es hablar lo menos posible para no hacerlo más de la cuenta. Claro que en estos casos gana por goleada la capacidad de observación.

Colocado detrás de los centrales, les dijo cosas que posiblemente alguno no haya oído jamás: no perder las referencias, las dos intersecciones de la media luna, juntarse en el momento justo y mirar, mirar mucho. Tocar al rival para saber dónde está cuando uno está esperando el centro. Ir a la basculación lógica que pide la línea, pero cada dos segundos echar una miradita atrás y ver que el compañero está en la distancia correcta. Apretar cuando hay que apretar, esperar cuando hay que esperar. Mandar al lateral, hacer la cobertura (acción defensiva consitente ocupar el puesto del compañero que es desbordado) y hacer la permuta (el jugador desbordado recupera la posición y ocupa, a su vez, la función del que le hizo la cobertura). Hablarle al medio centro, que es el gran guardaespaldas de la defensa, para que no se despegue más de la cuenta…

¿Tan difícil era? Debe ser que sí.