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Con un nuevo préstamo a la espalda

Carmen Pérez | 10 de diciembre de 2020 a las 8:53

TRIBUNA ECONÓMICA, 4/12/2020

A estas alturas la caída de la actividad derivada de la pandemia les ha supuesto a decenas de miles de autónomos y pymes casi la ruina de sus negocios y, además, haberse echado un préstamo a la espalda. Para las administraciones públicas era fundamental que no se produjera un cierre rápido y masivo en estos colectivos -motores de la economía- y que no se desencadenara una nefasta cadena de impagos. Así, actuaron con diligencia suministrándole liquidez a manta. Como medida de contención de lo que hubiera sido una hecatombe no tiene tacha.

En este contexto hay que entender las líneas de avales ICO. La banca, como pasó en la crisis financiera, hubiera sido muy reacia a conceder operaciones a estos colectivos dado el deterioro de sus cuentas de resultados y la alta incertidumbre imperante, por lo que el Estado español -al igual que todos en Europa- sacó pecho y resolvió avalar las operaciones. Así, desde el inicio de la pandemia hasta noviembre los bancos les han concedido préstamos avalados por 92.000 millones de euros con condiciones muy ventajosas. En principio, tenían un plazo de hasta cinco años para pagarse, con un periodo de carencia de un año. Pero, a la vista de la segunda ola, hace unos días se ha extendido el vencimiento de estos préstamos tres años más y se ha prolongado la carencia otros doce meses.

También la Junta de Andalucía tuvo el acierto de concertar con Garántia -la Sociedad de Garantía Recíproca (SGR) andaluza-, apoyándola con hasta 87 millones de euros, para que mediante su aval facilitara créditos por valor de 600 millones. Las micropymes y los autónomos andaluces han disfrutado del valor que aporta la intervención de nuestra SGR, obteniendo financiación en unas condiciones excepcionales de importes, plazo y tipos de interés (de 1,1 a 1,4%). El convenio también contempla que no tengan que enfrentar ni el coste del aval, ni la comisión de apertura ni los intereses en el periodo de carencia. La línea terminará 2020 utilizada por 217 millones de euros, pero sigue vigente hasta marzo de 2021. Además, también van a mejorarse las condiciones de plazo y carencia, al igual que los ICO.

La asistencia financiera, por tanto, ha sido más que suficiente. Iniciativas paralelas, como los ERTE, las ayudas estatales por cese de actividad o las varias que la Junta de Andalucía ha puesto en marcha también han sido vitales para ayudarles a sobrevivir este año. Pero, a tenor del artículo publicado esta semana por el Banco de España -El impacto de la crisis del Covid-19 sobre la situación financiera de las empresas no financieras en 2020-, van a terminarlo muy debilitados: sus niveles de rentabilidad han experimentado una brusca caída y se han elevado sus ratios de endeudamiento.

Ahora, las vacunas abren una gran esperanza de que puedan empezar pronto a recuperarse. Pero eso no debe ser óbice para que las administraciones públicas de todos los niveles no diseñen planes sectoriales para apoyar a las pymes y autónomos que hayan sabido capear el temporal y sigan siendo viables, no sólo a sobrellevar el sapo de los préstamos en los que muchos se han encontrado embarcados, sino también para que tengan capacidad para acometer las inversiones necesarias.

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Dinero gratis, palos y zanahorias

Carmen Pérez | 10 de diciembre de 2020 a las 8:51

TRIBUNA ECONÓMICA, 27/11/2020

La deuda pública española no deja de crecer tanto en términos absolutos como en relación con el PIB. A finales de septiembre ya alcanzó los 1.308.439 millones de euros, un 114% del PIB. Y ha seguido, sigue y seguirá subiendo. Y lo normal sería que el coste de financiación para el Estado se fuera incrementando a medida que crece su endeudamiento. Pero no, España se está financiando prácticamente gratis. La cotización del bono español a diez años es del 0,06%, y es negativa para las letras e incluso para los bonos a 3 y 5 años. Así de maravillosa es la situación: cuando España marca récords históricos de deuda pública es capaz de cobrar intereses por financiarse, en lugar de tener que pagarlos. Esta aparente violación de la más elemental lógica financiera tiene su explicación, y se llama Banco Central Europeo. Pero su bendita actuación no está exenta de incentivos perversos.

Desde 2012 los españoles tendríamos que levantarnos cada día dando gracias al BCE. Nos ha mantenido en pie desde entonces. Y lo está haciendo ahora de nuevo con la crisis del Covid-19, con el fenomenal programa de compras de bonos, el PEPP (Pandemic Emergency Purchase Programme) que puso en marcha en primavera. Su balance se ha multiplicado por nueve desde 2000 y ha crecido nada menos que un 40% desde el inicio de la pandemia. Así, el repunte que sufrió la prima de riesgo española en marzo se cortó radicalmente por la rápida y contundente intervención del banco central. Si no, hubiera ido escalando como pasó con la crisis financiera.

Pero ésta es una realidad que se silencia. Escuchamos a los miembros del gobierno pavonearse de que España se financia en condiciones muy ventajosas en los mercados financieros: “no tenemos problemas de financiación, hay una gran confianza”. ¿Qué confianza? Y cuando prefieren no pedir fondos bajo condicionalidad, aunque sea mínima, como con el préstamo de 25.000 millones de euros disponible en el Mecanismo de Estabilidad Europeo, presumen: “podemos endeudarnos por nuestras propias fuerzas”. ¿Qué fuerzas? ¡Qué manera de disfrazar la verdadera situación financiera de España!

Al mismo tiempo, las reglas fiscales europeas respecto al control de los niveles de déficit y de deuda pública se han suspendido temporalmente. Esto es: los Estados pueden lanzarse a gastar, y el endeudamiento será a tasas muy bajas, porque el BCE se encargará de ello; y pueden gastar sin rendir cuentas, porque la política monetaria se desarrolla sin condicionamientos. El incentivo no puede ser más peligroso. No empuja en absoluto a que los Estados se fortalezcan, a que persigan mejorar sus primas de riesgo por sí mismos, trabajando, haciendo las cosas bien, acometiendo las reformas necesarias, con objetivos a largo plazo: a que cada euro de gasto pese.

Más nos vale que esta carta de libertad para gastar, asistida por la política monetaria, no sea motivo para que las administraciones de todos los niveles sean desleales al espíritu europeo de sostenibilidad de las cuentas públicas. La disciplina fiscal volverá. Y cualquier día se acaba esta política del BCE “sin palos pero con zanahorias”. A ver con qué confianza y fuerzas propias contamos entonces.

El necesario veto a los dividendos bancarios

Carmen Pérez | 10 de diciembre de 2020 a las 8:48

TRIBUNA ECONÓMICA, 20/11/2020

Cuando en marzo el Covid-19 se extendió por Europa y EEUU, los reguladores mundiales “recomendaron” a los bancos que no repartieran dividendos, que se abstuvieran de recomprar acciones destinadas a retribuir a los accionistas y que aplicaran políticas prudentes en la remuneración variable a sus empleados. Así, el BCE fijó el plazo hasta al menos el 1 de octubre. Posteriormente, en julio extendió la recomendación hasta el 1 de enero de 2021. En diciembre está previsto que esta medida se revise, y es probable que se prolongue un año.  La razón los asiste, y no deberían ceder a las intensas quejas bancarias hasta más allá de que las vacunas no sean esperanzas sino hechos.

Las últimas declaraciones del gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, apuntan en este sentido: “Dadas las actuales circunstancias, la prudencia en la distribución del dividendo tendrá que mantenerse”. Y este mismo martes, Carolyn Rogers, la secretaria general del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, se pronunciaba del mismo modo, afirmando que es demasiado pronto para que los bancos canten victoria con el coronavirus, y que los accionistas deberían permanecer en espera hasta que el impacto de la pandemia a largo plazo sea claro.

Esta segunda e intensa ola de la pandemia ennegrece el panorama futuro, pudiéndose desatar demasiado la morosidad –ahora contenida por los apoyos públicos, como la extensión del plazo y de la carencia de los préstamos avalados por los Estados– y complicar la solvencia de las entidades bancarias. Frente a esto no tienen otra vía para reforzar su capital que retener beneficios. Las bajísimas cotizaciones de sus acciones –es un sector en reconversión por múltiples causas– imposibilitan la captación de nuevo capital en los mercados.

Los argumentos que contraponen los bancos son falaces. Afirman que pagar dividendos es algo necesario, que las cotizaciones se deprimen aún más si no se hace. Pero a los accionistas –¡si realmente lo fueran!– les debería compensar ver a sus empresas reforzadas. Además, el capital no desaparece. Si el impacto finalmente no es tan fuerte, podrán recibirlos más adelante. También aducen que con esta medida se les incrementa el coste de capital. Tampoco es cierto. Precisamente esta medida les permite no tener que recurrir a la costosa financiación híbrida de cuasi capital.

Por último, los banqueros añaden una amenaza –“si sigue el veto, se restringirá el crédito”– a sabiendas de lo nefasto que resultaría esto para la recuperación económica. Es inadmisible.  Están funcionando con respiración asistida pública. Se les han puesto –desde el BCE y los Estados– las condiciones en bandeja de plata para que hagan su trabajo: prestar. Y no, no son deseables en absoluto las prohibiciones en la actividad privada, pero no hay otro remedio cuando los bancos están tan protegidos por el sector público que es quien finalmente tiene que sacarles las castañas del fuego cuando les llegan los problemas. Si los bancos fueran completamente independientes –¡ojalá!– no procedería este veto: serían ellos solitos los que en circunstancias como las actuales voluntariamente se autolimitarían los dividendos.

 

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Con Biden, pocas diferencias respecto a China

Carmen Pérez | 10 de diciembre de 2020 a las 8:46

TRIBUNA ECONÓMICA, 13/11/2020

Por supuesto que China quiere a Biden”, decía en uno de sus múltiples tuits el presidente Donald Trump durante la campaña. Incluso lo definió como “el candidato de Xi Jinping”. Defendía que esto obedecía a que él había sabido defender los intereses de su país: “He tomado millones de dólares de China y se los he dado a nuestros granjeros y a la oficina del Tesoro de EEUU”. Y advertía: “China se apoderará de EEUU si gana Biden”. Pero esto realmente no son más que argumentos electorales. Podrán cambiar las maneras, pero la postura del nuevo presidente no diferirá de la de su predecesor en este asunto. El propio Biden ha reconocido estos meses pasados que China es una amenaza por sus avances tecnológicos y sus prácticas represivas. Ha llamado “matón” a Xi Jinping y ha proclamado que “hará todo para que China se comporte de acuerdo a las reglas”. Olvidémonos de que vayan a mejorar las relaciones entre EEUU y China.

China es la segunda economía más grande del mundo, con un PIB de 14 billones de dólares, sólo por detrás de los EEUU, con un PIB de 21,3 billones de dólares. Desde hace años no deja de recortar distancias, y la rápida recuperación de China tras la crisis del Covid-19 acelerará el acercamiento. Además, si se mide la importancia económica a través del PIB en Paridad de Poder Adquisitivo -tomando la producción a precios de EEUU-, la china es ya la más grande del mundo, el 22,7% del PIB global, frente al 17,8% de la estadounidense o el 13,2% de la zona euro.

Tampoco descansa un instante por igualarse en el otro campo, el financiero. En este terreno las distancias son aún enormes, pero su Comité de Estabilidad Financiera y Desarrollo está aplicando multitud de medidas para conseguir la apertura de su sistema financiero. También, ha sido la primera en emitir dinero digital soberano. Todo para conseguir que el yuang se internacionalice. Y según Ray Dalio, el fundador de Bridgewater, la firma de fondos de cobertura más grande del mundo, “lo veremos”. Hace poco, en The New York Times, subrayaba el poder de China y cómo el tiempo juega a su favor, destacando que la cotización de empresas interesantes en los mercados de valores chinos está atrayendo capital y que las tasas de interés más altas de China significan que el gigante asiático está en una mejor posición para “no tener que imprimir dinero”.

Con Biden habrá cambios en numerosos temas, como el cambio climático, pero no demasiados respecto a la escalada comercial y tecnológica de China. Tampoco respecto a la militar; podrá suavizar la estrategia del actual secretario de Estado, Mike Pompeo, pero no tendrá más remedio que enfrentar el expansionismo militar de China en la región del Indo-Pacífico. El secretario general de la ONU, António Guterres habla de la posibilidad de una nueva “Guerra Fría”: “Nos movemos en una dirección muy peligrosa”. Y tampoco conviene ser ingenuos sobre la posición de Biden hacia Europa. Los aranceles son un arma más para presionar: con ellos o contra ellos. Emmanuel Macron tuiteó que no se puede dejar al mundo a merced del pulso entre las dos potencias. Ahí se encuentra una de las explicaciones del solidario Fondo de Reconstrucción europeo.

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Ángeles caídos

Carmen Pérez | 10 de diciembre de 2020 a las 8:45

TRIBUNA ECONÓMICA, 6/11/2020

No se sabe bien quién acertó al denominar así, ángeles caídos, a las empresas que pierden la consideración del grado de inversión y pasan a ser de riesgo. En el cristianismo, un ángel caído es un ángel que ha sido expulsado del cielo por desobedecer o rebelarse contra los mandatos de Dios. Del mismo modo, por su mal comportamiento -deterioro de sus balances y cuentas de resultados-, las empresas quedan suprimidas del ámbito de calidad y son arrojadas al mundo especulativo o high yield. Las agencias de calificación, las diosas en este terreno, dictan las sentencias. Desde marzo, con la crisis económica que ha originado la pandemia, sólo algunas empresas han visto cómo su “nota” se rebajaba hasta adentrarse en la basura; sin embargo, son muchas las que están en ese punto.

La calificación o rating es para los participantes en los mercados financieros el indicador más relevante sobre el riesgo de crédito de un activo financiero o de su emisor. Desde los bonos AAA hasta los BBB, según la escala de Standard&Poors, se consideran aceptables para la inversión; a partir de ahí, desde los BB hasta los D, son bonos de diferentes grados especulativos. Mientras más bajo puntúe, mayor es la probabilidad de incumplimiento por parte del emisor, y mayor es el rendimiento que los inversores exigen, o lo que es su correlato: mayor es el coste de financiación para la empresa.

Pero además de ese efecto continuo a medida que se desciende en la jerarquía, hay implicaciones adicionales por pertenecer a uno u otro bloque. Muchos inversores institucionales -fondos de inversión, de pensiones o compañías de seguros- tienen prohibido invertir en bonos sin grado de inversión; y si poseen alguno que “pierde la gracia” tienen que venderlo, forzando aún más la caída de sus precios. Para frenar este efecto, desde la pandemia, la Reserva Federal los acepta en sus compras de activos. El BCE aún no lo hace, aunque los acepta de la banca como colateral para evitar perjudicar a algunos países de la Eurozona.

La CNMV, en su Boletín del tercer trimestre, analiza la evolución de los ratings de la deuda española. Podemos estar tranquilos: el 96,6% de los bonos tienen (incluso excluyendo las emisiones públicas) la consideración de grado de inversión, sin cambios significativos desde la declaración de la pandemia. Sin embargo, también advierte de que el escalón más bajo de ese bloque, BBB, justo en el límite, aumentó un 9,3% (de 148.900 a 165.000 millones de euros). Además, de las subcategorías dentro de los BBB, la más baja aumentó un 43,7% (de 54.748 a 78.679 millones de euros). Este daño no se centra en ningún sector en concreto, aunque hoteles, líneas aéreas, sector inmobiliario y bancos están especialmente afectados.

Este análisis sólo alcanza hasta el 30 de junio; el empeoramiento de las circunstancias desde entonces puede precipitar una bajada masiva de calificaciones crediticias. Muchas empresas pueden caer en desgracia, perjudicándose ellas mismas, afectando a los tenedores de sus bonos e incluso comprometiendo la estabilidad financiera. Lo trágico es que verán cómo se les “arrancan sus alas” aun cuando su deterioro sea por causas externas y ellas no tengan culpa alguna.

 

Un invierno difícil

Carmen Pérez | 10 de diciembre de 2020 a las 8:42

TRIBUNA ECONÓMICA, 30/10/2020

Tanto en la introducción del comunicado publicado ayer sobre las decisiones que el Banco Central Europeo había tomado en materia de política monetaria como en la conferencia posterior que impartió su presidenta, Christine Lagarde, en la que las explica, se dibuja un panorama bien sombrío para el futuro próximo. Los desafíos que presenta el resurgimiento de las infecciones por el coronavirus y, consecuentemente, la intensificación de medidas encaminadas a contenerlo, están provocando que la recuperación económica esté perdiendo impulso con más rapidez de lo esperado. Pero pese a que “los riesgos que rodean las perspectivas de crecimiento de la zona del euro se inclinan claramente a la baja” decidieron no tomar nuevas medidas. De momento.

Los tipos de interés se quedan como estaban: 0%, 0,25% y -0,50% para las operaciones principales de financiación, la facilidad marginal de crédito y la facilidad de depósito, respectivamente. Continuarán las compras en el marco del programa de compras de emergencia frente a la pandemia (PEPP), al que aún le queda margen de la dotación de 1,350 billones de euros con la que se inició en marzo. Asimismo, seguirán las compras bajo el programa de compras de activos (APP), con 20.000 millones de euros mensuales y con 120.000 millones de euros adicionales hasta final de año. Y continuarán apoyando a la banca, proporcionándole abundante liquidez a través de las diferentes operaciones de financiación.

Con todo ello, valoró Lagarde, tienen munición suficiente para seguir actuando. Y afirmó que utilizarán todos esos instrumentos a lo largo del tiempo con la flexibilidad con los que se han definido, tanto para discriminar libremente entre las distintas clases de activos como para actuar en la medida de lo necesario en las diferentes jurisdicciones.

No obstante, también dejó claramente marcado el camino para la próxima reunión de diciembre: más estímulos monetarios. Se reservan este tiempo para ir evaluando la información entrante, incluida la dinámica de la pandemia, para ir conociendo las perspectivas sobre el lanzamiento de vacunas y para seguir la evolución del tipo de cambio. Las nuevas proyecciones económicas que estarán disponibles en diciembre “permitirán una reevaluación completa de la economía y los riesgos”, y será “cuando recalibren sus instrumentos”.

La claridad con la que dejó abierta la puerta para más acción en diciembre implica que están seguros de que ese “deterioro en las perspectivas” se habrá materializado. La alta incertidumbre con esta segunda ola conducirá a que los consumidores sean aún más cautelosos y a que las empresas sigan posponiendo sus decisiones de inversión. La actividad comercial en los sectores de fabricación y servicios de Europa ya estaba en declive antes de que se anunciaran medidas más estrictas de confinamiento, y tras ellas, sólo cabe esperar que las principales economías europeas se contraigan de nuevo en el último trimestre de 2020. Así, esta semana, la canciller Angela Merkel, en un discurso en el parlamento, hablaba de un “invierno difícil”. Esperemos que las cosas no empeoren tanto y tan rápido como para que el BCE tenga que actuar antes de lo que ha planificado.

 

Evitar un naufragio financiero

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:48

TRIBUNA ECONÓMICA, 23/10/2020

Que nos quede algo claro. Desde la crisis de 2008 no hemos levantado cabeza. En Europa tuvimos unos cuantos años de crecimiento, pero fue gracias a los descomunales estímulos monetarios aplicados: la economía creció como la espuma, sin sustancia ni fundamento. Y los riesgos para la estabilidad financiera, entrelazados y que se perjudican mutuamente, se han ido incrementando, sin hacer absolutamente nada respecto a ellos. Ya antes de la pandemia, la situación macroeconómica de la zona del euro se volvía a deteriorar y los riesgos financieros se agudizaron: vuelta a insuflar más gas monetario. Ahora, esos riesgos están en alerta máxima.

Aludió a ellos Luis de Guindos el pasado lunes, en el XI Encuentro Financiero organizado por Expansión y KPMG. Se los debe saber de carretilla porque los ha denunciado hasta la saciedad desde que es vicepresidente del Banco Central Europeo.

Primero, enfrentó el problema de la deuda. Antes de que el virus arribara, los niveles de deuda pública eran ya muy elevados. El alivio de los tipos de interés bajos fue aprovechado por muchos países para gastar más, no para contenerla. Por su parte, la deuda corporativa, a pesar de su descenso, se la podía seguir calificando de sobreendeudamiento. Ambas se han disparado con la pandemia. Guindos dio datos: la deuda pública europea supera el 100% del PIB y la corporativa, el 150%. Todo saltará por los aires si los tipos de interés se elevan. Y volvió a predicar: en cuanto el virus se vaya, hay que buscar la sostenibilidad de las finanzas.

La segunda de sus advertencias fue respecto al sector no bancario, que se ha duplicado en estos diez últimos años, y que ha seguido una tendencia creciente hacia los fondos de inversión de mayor riesgo, disminuyendo sus colchones de liquidez al mismo tiempo. De Guindos señaló que en marzo hubo importantes tensiones de liquidez que, gracias a la ayuda del BCE, consiguieron solventarse, pero que el riesgo sigue persistiendo. Y volvió a predicar: para el futuro hay que actuar en este campo.

Y, por último, De Guindos abordó el problema de los bancos. Si demoledora es la aseveración: “El 75% de los bancos en Europa no son rentables” que el presidente repetía en conferencias del año pasado, pone los vellos de puntas escucharlo describir la situación del sector esta semana. Se ha reclutado a un ejército de bancos, se les ha armado hasta los dientes a cargo público y ellos han hecho un extraordinario esfuerzo, pero la debilidad de partida era enorme y pueden terminar sucumbiendo. Y volvió a predicar: los bancos tienen que hacer algo.

Apuntalar una economía podrida una y otra vez desde las finanzas no conseguirá que levantemos cabeza. Además, conduce a una mayor inestabilidad financiera. Los que están al mando han hecho oídos sordos ante estos peligros. Todo han sido patadas financieras hacia adelante sin abordar a fondo los problemas. Con la pandemia se han dado muchas más y más intensas. Sin embargo, Europa también ha decidido poner a la economía real en el centro. Ahora tiene que tener la firmeza de exigir reformas, saneamientos y que se aproveche bien y a tope el Fondo de Reconstrucción Europeo. Podemos terminar destruidos en un naufragio financiero.

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Hipotecas aberrantes

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:46

TRIBUNA ECONÓMICA, 16/10/2020

Hace más de cinco años que aparecieron las primeras noticias sobre los préstamos a tipos negativos. Financial Times publicó un artículo el 8 de abril de 2015 sobre Dinamarca (Denmark highlights naked truth about negative lending), señalando que una terapeuta sexual danesa había saltado a la fama no por su oficio, sino por endeudarse a tipos negativos: recibía dinero y encima cobraba por ello un -0,0172% anual. Era el primer ejemplo de un mundo financiero al revés. Muchos por entonces eran escépticos sobre que esto lo veríamos aquí; también, cuando se pronosticaba que no era algo puntual, sino que continuarían por mucho tiempo. Pero así ha sido.

En poco tiempo las anomalías en préstamos llegaron a Europa, el Euríbor se volvió negativo a comienzos de 2016 y comenzaron a aparecer los primeros casos, todavía esporádicos, ligados a algunos trabajadores de la banca que disfrutaban de diferenciales preferentes. Ahora esta circunstancia empieza a extenderse por la profundización del euríbor en terreno negativo. El Euríbor a 12 meses cerró ayer en el -0,468%. Se estima que el volumen de hipotecas que tienen pactado un diferencial por debajo es de 300.000 millones de euros.

Los bancos se resisten a ello. Desde junio del año pasado, con la reforma hipotecaria, los nuevos contratos nacen con cláusulas que limitan la bajada hasta el 0%. Pero no tienen nada que hacer con los antiguos, en los que no se incluía ese suelo (¡quién iba a pensar esto!). La defensa que aluden sobre que es algo irracional que contradice la esencia de la actividad prestamista se cae por su propio peso: los bancos son los primeros que se endeudan a tipos negativos con su banco central. Y los Estados reciben financiación a tipos negativos. En España sólo pasa con las letras y los bonos de menor plazo, pero a Alemania le llegan hasta sus bonos a 20 años (-0,349%).

Lo ha tenido que reconocer José Manuel Campa, presidente de la Autoridad Bancaria Europea, en su intervención en el Parlamento Europeo de este martes, preguntado por el eurodiputado Luis Garicano: los bancos tendrán que pagar a los particulares por sus préstamos si la suma del Euríbor y el diferencial pactado resulta negativa, y el contrato no tiene límite inferior señalado.

Ahora bien, las anomalías también empezaron a llegar desde 2015 por el otro lado, cuando los bancos comenzaron a cobrar a sus mayores clientes corporativos e institucionales por el dinero depositado en sus cuentas. Siguiendo la aberración financiera instalada deberían aplicar lo mismo al público en general en las cuentas corrientes y depósitos. El miedo a corridas bancarias los retiene. De momento.

Todo esto es producto del desmadre de la deuda durante décadas, que continúa, aunque desplazado al sector público. Nada nuevo. En Mesopotamia ya se producían crisis de deuda y se tomaba ante ellas una solución radical: hacer borrón y cuenta nueva. La Biblia también recogió esta tradición con la institución del jubileo: como Dios así lo manda: cada 50 años se debe hacer con las deudas tabla rasa (Levítico, 25, 8 y ss.). En la actualidad esto es inadmisible, y la purga se hace con los tipos negativos, pero este camino es lento, muy lento.

El euro digital, en primera plana

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:44

TRIBUNA ECONÓMICA, 9/10/2020

Estas últimas semanas, el euro digital está teniendo un protagonismo indiscutible. El 18 de septiembre, el Parlamento Europeo aprobó una resolución con recomendaciones en el campo de las finanzas digitales. Entre otras, insta al Banco Central Europeo a desarrollar un análisis de las oportunidades y los riesgos que presenta el establecimiento de un euro digital y a que mantenga un diálogo internacional sobre este tema. Hace unos meses era impensable que el Parlamento europeo tratara este tema. Algo se mueve, y rápido.

Esta recomendación llega a posteriori: el BCE lleva tiempo implicado en el asunto. Pero que se trate expresamente en el Parlamento supone un espaldarazo político para que avance en su desarrollo. Sólo 15 días después, el 2 de octubre, el BCE publicó un extenso informe -On a digital euro- analizando numerosos aspectos sobre la emisión de un euro digital. Al mismo tiempo, anunció una consulta pública -el 12 de octubre- por la que se mantendrán contactos frecuentes con ciudadanos, el mundo académico, el sector financiero y las autoridades públicas para valorar en detalle los beneficios y retos que esperan de un euro digital.

El Banco de España, por su parte, ese mismo día también publicaba una nota informativa notificando que el BCE está intensificando su trabajo sobre un euro digital. En ella se hace eco de las declaraciones de la gobernadora, Christine Lagarde: “El euro pertenece a los europeos y nuestra misión es salvaguardarlo. Los europeos eligen cada vez más los medios digitales para gastar, ahorrar e invertir. Nuestro papel es garantizar la confianza en el dinero, lo que significa asegurar que el euro sea adecuado para la era digital. Debemos estar preparados para emitir un euro digital si fuera necesario”.

Y, por último, también el mismo 2 de octubre, Fabio Panetta, miembro del Comité Ejecutivo del BCE, publicaba una entrada en el blog del BCE en la que explica de forma pedagógica de qué va todo esto: “Contamos con medios de pago digitales, como transferencias electrónicas. Y, por supuesto, tenemos dinero físico del banco central en forma de efectivo. Lo que no tenemos es una moneda digital emitida por el banco central y que todos podamos usar en la vida diaria. En otras palabras, no tenemos un equivalente digital de los billetes en euros”.

Los que llevamos mucho tiempo siguiendo este tema, ahora vemos en las más altas instancias el reconocimiento de que resulta completamente necesario: han asumido que está en peligro la soberanía pública del dinero. La amenaza está en posibles iniciativas privadas, como la propuesta de Mark Zuckerberg, con el anuncio de Facebook de lanzar la moneda libra. Pero la amenaza también se encuentra en la emisión de otras públicas, como la moneda digital china, que ya se está probando en la práctica, y que no sólo persigue dominar los pagos domésticos de China, sino expandir su uso e influencia. La recomendación del Parlamento es más bien una exigencia: resolved los desafíos que plantea. Entre ellos, el impacto que tendría en el sistema bancario: ¿qué puede pasar con estas entidades si se abre la posibilidad de tener nuestro dinero seguro en un colchón electrónico?

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El deterioro de las empresas

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:43

TRIBUNA ECONÓMICA,  2/10/2020

Que a las empresas nos les ha ido nada bien durante el primer semestre es algo que todos podíamos intuir; ahora tristemente podemos constatarlo estadísticamente y concienciarnos de la magnitud del impacto. Del artículo Resultados de las empresas no financieras hasta el segundo trimestre de 2020, publicado esta semana por el Banco de España, pueden extraerse varias conclusiones sobre el estado de nuestro tejido empresarial después de las medidas introducidas para la contención de la pandemia. Ninguna buena.

El Valor Añadido Bruto, la primera parada en la cuenta de resultados, fruto de la diferencia entre el Valor de la Producción y los Consumos intermedios, ha descendido un 21,6% en el primer semestre en comparación con el del año anterior. Entre sus componentes destaca la caída de las ventas, tanto dentro como, en mayor medida, fuera de España (-22,5%); el decremento de las compras (-29,7%), algo más intensa en las importaciones que en las compras nacionales; y los menores gastos de explotación (-8,7%). El impacto ha sido muy heterogéneo, afectándose en mayor medida el sector del transporte (-40%) y el industrial (-37,6%), y menos el de la energía (5,5%) y el de información y comunicaciones (13,5%).

Con ese menor valor añadido bruto han tenido que enfrentar los gastos de personal, que si bien también han descendido (-4,8%), no lo han hecho en la misma medida, haciendo que el Resultado Bruto se redujera con intensidad (un 39,1%) en el primer semestre de 2020. Por su parte, el Resultado Neto, una vez considerados ingresos y gastos financieros y amortizaciones, mostró una brusca contracción (un 69,6%), cuando en el mismo período de 2019 había aumentado un 1,8%. El resultado neto final presenta un valor agregado negativo, lo que no sucedía en estos informes periódicos del Banco de España desde 2002.

Consecuentemente a estos resultados, la ratio de rentabilidad sobre el activo ha descendido a la mitad, del 4% al 2%, y la ratio de rentabilidad respecto a los recursos propios tres puntos, pasando del 5,5% al 2,1%. Un elevado porcentaje de empresas presentaron valores negativos en estos indicadores (un 37,1% en el caso de la rentabilidad del activo y un 39,7% en el de la correspondiente a los recursos propios), superando, en más de 11%, los valores registrados un año antes.

Derivado de esta fuerte caída de la actividad, un 58% de las empresas de la muestra presentaron déficit de liquidez, especialmente las industriales y las de comercio y hostelería. Esta situación ha conducido a que aumentaran su endeudamiento y a que haya crecido ligeramente el porcentaje de los beneficios ordinarios destinado al pago de intereses, quebrándose la tendencia descendente de esta ratio desde 2015.

El deterioro, por tanto, ha sido muy acusado, máxime cuando este semestre incluye los tres primeros meses antes de la pandemia. Habrá que esperar al próximo informe para constatar si con el levantamiento del confinamiento se ha ido corrigiendo este impacto o si, por el contrario, en muchas de ellas haya sido tan fuerte que no han podido levantar cabeza, sobre todo en aquellos sectores para los que la normalidad aún, y parece que por mucho tiempo, no se ha instalado.

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