El caldo de cultivo del BCE

Carmen Pérez | 26 de enero de 2016 a las 15:51

El BCE decidió dejar el pasado 21 de enero las cosas tal como estaban. Ni tocar tipos ni modificar las medidas no convencionales, pero insinuó que en marzo sí podría haber cambios. Esta frase que pronunció: “los tipos del BCE seguirán en sus niveles actuales o inferiores durante bastante tiempo”, con ese “inferiores”, permite aventurar que por lo menos bajará aún más el tipo de la facilidad permanente de depósitos, que ahora se sitúa en -0,30%.

Las intervenciones del BCE hasta la fecha han provocado que la situación actual  ofrezca este panorama:

– Los tipos Euribor contagiados por los tipos de intervención del BCE están negativos a todos los plazos (el Euribor a una y dos semanas, y a un mes ya se sitúan por debajo de  -0,2%), , salvo el Euribor a 12 meses, que cotizó ayer a 0,028% . Los ahorradores lo llevan claro por mucho tiempo. Los hipotecados van a llegar a ver cómo no pagan intereses o incluso cobran por tenerlas. Igual puede decirse de los préstamos a empresas y al consumo.

– La deuda pública europea, gracias a las compras y tipos del BCE, también llevan meses con rentabilidades negativas en los plazos más bajos, posibilitando que los Estados europeos se financien cobrando. Para los plazos mayores, los costes son los más bajos de la historia.

– Las Bolsas respiran el día de la reunión del Consejo, ante las  perspectivas de mayores actuaciones en el futuro. Pero la alegría dura poco, y vuelven a sumirse en poco tiempo en el pesimismo. Lo mismo puede decirse de la cotización del euro respecto al dólar.

Todas las medidas del BCE deberían haberse trasladado a la economía real, consiguiendo crecimiento e inflación. Las condiciones son las ideales, pero este caldo de cultivo no consigue el desarrollo adecuado. El mismo Dragui reconoció su preocupación porque estas variables no están comportándose como debieran. Aunque señaló la mejora en  las condiciones económicas y financieras de la región, destacó que tanto las perspectivas de crecimiento como de inflación  “han aumentado los riesgos a la baja”.

Muchos, entre ellos Wolfgang Münchau en su columna dominical en el Financial Times, ven que una falta de actuación inmediata, cuando se reconoce a la vez que los problemas se agudizan, obedece a que en el seno del Consejo de Gobierno del BCE determinados países, como Alemania, no se inmutan ante una inflación nula, no siendo así en el caso contrario, cuando  la inflación supera el nivel objetivo del 2% .

Aunque fuera así, y estuviera sometido a presiones por parte de algunos socios, y por ello su prudencia sea quizá excesiva, no hay  duda sobre su determinación para conseguir el objetivo que tiene la entidad, ni siquiera hay dudas sobre su independencia, porque ciertamente está tomando las medidas que benefician al conjunto, pero el problema es que  salir de donde no encontramos los europeos no parece depender de él. Las tipos de interés tan anómalos tienen que tener un fin, y el BCE ya está siendo, a base de comprar deuda pública,  el mayor acreedor de los Estados europeos.

En todo caso, el BCE sabe que le queda siempre la munición más poderosa: monetizar la deuda, es decir, perdonarla.

 

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