Empujados al riesgo

Carmen Pérez | 4 de septiembre de 2016 a las 10:00

TRIBUNA ECONÓMICA, 19/8/2916

ES posible que en los próximos meses su banco le envíe una carta advirtiéndole que ante determinadas circunstancias empezarían a cobrarle por mantener su dinero en las cuentas de la entidad. O que si abre un nuevo depósito encuentre en el contrato una cláusula que lo contemple. Y ya le es posible comprobar cómo el director de cualquier sucursal bancaria, si le lleva dinero, sin añadirle más negocio financiero, busca la forma de disuadirle de dejarlo allí, dirigiéndole a otros productos -fondos de inversión- o le anima a acudir a alguna otra entidad que pueda ofrecerle mayor rendimiento. Los bancos no tienen apetito de dinero, están encharcados en él; pueden obtenerlo si lo necesitan del Banco Central Europeo (BCE) al 0%, y tienen que andarse con cautela al tomarlo de los clientes porque su exceso les cuesta a ellos al depositarlo en el banco central un O,4%.

La remuneración media que recibieron los depositantes españoles el pasado año fue del 0,35%, la media de los nuevos actualmente es del 0,22% y la cuestión es si se socavará el suelo del 0%. En algunos países ya lo han hecho: en Alemania, Commerzbank, uno de sus mayores bancos, cobra, aunque sólo a clientes institucionales y grandes empresas; y algunos más pequeños, como Skatbank, por los saldos superiores a 500.000 euros, o Gmund am Tegernsee, que percibirá un 0,4% desde septiembre si los depósitos superan los 100.000 euros. En Dinamarca o Suecia también sucede, y HSBC o Royal Bank of Scotland, con la reciente bajada de tipos del Banco de Inglaterra tras el Brexit, ya han comunicado que están dispuestos a hacerlo.

El atrevimiento de estos primeros bancos puede provocar que los depósitos se desplacen hacia otros que aún no penalicen creándoles tensiones por exceso de liquidez por lo que terminen por obligarles a adherirse también. De momento, la mayoría de los bancos aguantan, ideando nuevas comisiones por servicios que antes eran gratuitos o compensando el coste con los ingresos de otros productos financieros que contrate el cliente con ellos. Pero algunos bancos están tan molestos que hasta han amenazado con sacar su propio dinero y guardar los billetes en bóvedas acorazadas para evitar la penalización que el BCE les impone por depositarlo allí.

Ante todo esto, Benoit Coeuré, consejero del BCE, ha querido tranquilizar a los depositantes minoristas, pero lo cierto es que las políticas expansivas de los bancos centrales, por muy necesarias que sean para reactivar la economía en su conjunto, no son en absoluto inocuas: los pequeños depositantes son grandes perjudicados. Privados ya de los justos rendimientos que percibían, sería del todo inadmisible que se impusieran los intereses negativos -directamente o camuflados bajo comisiones- y que sus capitales empezaran a mermarse. El dinero es tiempo, y los depositantes cambian presente por futuro, abriendo posibilidades para más adelante, y así poder completar la jubilación, atender la educación futura de los hijos o afrontar imprevistos, como paros o enfermedades. Esfuerzos realizados en el pasado que la irracionalidad financiera en la que vivimos les está invalidando, empujándoles a realizar un esfuerzo adicional: ahorra, pero que sea arriesgando.

 

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