Hasta 2037

Carmen Pérez | 26 de abril de 2017 a las 6:56

TRIBUNA ECONÓMICA, 14/4/2017

Contamos con muchos datos para tomar conciencia de la importancia del principal problema económico al que se enfrenta España en los próximos años, esto es, su deuda pública. 1.106.952 millones de euros fue su volumen en valor absoluto a finales de 2016. Sin embargo, como esta cifra dice poco por sí sola, conviene compararla temporalmente. Y la conclusión que se extrae analizando su evolución en estos últimos años es que no ha dejado de crecer desde 2008, cuando se situó en 439.771 millones de euros. Casi se ha triplicado en estos ocho años, y seguirá creciendo mientras los Presupuestos Generales del Estado (PGE) arrojen déficit.

No obstante lo anterior, más fundamento se alcanza cuando se relaciona su volumen con otras variables que dan cuenta de en qué medida el país puede hacerse cargo de ella, como son el Producto Interior Bruto (PIB) y la población que la soporta. En este sentido, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) señala en el informe Observatorio de Deuda del cierre de 2016, publicado este mismo martes, que la deuda terminó en el 99,4% del PIB el pasado año. Este ratio ha ido mejorando desde el pico del 100,4% de 2014, pero sigue muy lejos del 39,5% que supuso en 2008. Y también sigue muy alejado de nuestro compromiso europeo: alcanzar el objetivo de deuda pública del 60% del PIB para 2020.

En cuanto al ratio del volumen de deuda en relación con la población, como ésta no crece y la deuda sí, no ha dejado de elevarse estos últimos años, pasando de los 9.511 euros que se debían per cápita en 2008, hasta los 23.793 euros que debe cada español en 2016; es más, en el caso de utilizar sólo la población que se encuentra en activo, estas cifras serían mucho más altas.

Asimismo, igual de importante para valorar el problema económico que supone la deuda pública es considerar el volumen de intereses que genera anualmente. En los recientes PGE se estima que el coste de financiar la deuda ascenderá a más de 32.000 millones de euros en 2017, la segunda mayor partida de gasto, sólo por debajo del gasto en pensiones. Pero más inquietante aún es que los PGE incluyen la previsión del gobierno de que el tipo de interés del bono español a 10 años será del 2%, frente al 1,4% de 2016. Es un cambio de tendencia -las previsiones desde 2012 eran a la baja- que se acentuará en los próximos años en la medida en que la inflación se eleve y que retire sus estímulos el Banco Central Europeo (BCE).

Con estos datos por delante, el problema de la sostenibilidad de la deuda es evidente. Si en los próximos años tanto los tipos de interés como el volumen de deuda van a ser cada vez mayores, los intereses anuales también lo serán, empujando al alza el déficit. Esto, a su vez, puede mermar la confianza de los mercados financieros, perjudicando la renovación de la deuda y elevando la prima de riesgo. Y esto implicaría aún mayores intereses. Es el peligro de caer en un bucle como el que vivimos desde 2008 a 2012. Es cierto que ahora contamos con crecimiento del PIB. Y la Airef, muy optimista, cuenta con que sea lo suficientemente amplio como para que esta rueda no se retroalimente, y que el objetivo de déficit europeo se alcance en 2037.

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