¿Saldremos de la sofocante deuda?

Carmen Pérez | 29 de diciembre de 2017 a las 8:48

TRIBUNA DE OPINIÓN, 16/12/2014

El gráfico que recoge el perfil de vencimientos de la deuda pública española es literalmente para echarse a temblar. Nos muestra lo que debemos pagar los próximos años, hasta el 2064, en el que aparecen los últimos vencimientos: el billón de euros desglosado por plazos. Para hacernos una idea, el año que viene tendremos que afrontar la devolución de más de 150.000 millones de euros, y en 2016, ya tenemos comprometidos 80.000 millones de euros; a lo largo de 2015 el Tesoro pagará unos 100 millones de euros diarios en intereses, en total 35.490 millones de euros, que superará en un 12% el gasto financiero de este año.

Pero si la situación actual es así de preocupante, la evolución de la misma será todavía peor. Primero, porque se necesita financiación adicional para seguir cubriendo los nuevos e importantes déficits que siguen apareciendo en nuestras cuentas anuales, por lo que nuestra deuda pública seguirá creciendo de forma inexorable. Segundo, porque en un escenario de mayores tipos de interés las cosas se pueden complicar enormemente, al provocar fuertes aumentos del gasto financiero y, por tanto, mayores déficits. Así, cada nueva emisión que realiza el Tesoro se convierte en una prueba de fuego para España.

¿Cómo conseguir que no nos devore la deuda? Respondiendo a esta pregunta, en los pasados días ha causado cierto impacto el artículo de Wolfgang Münchau, uno de los comentaristas más sobresalientes del Financial Times, en el que defiende abiertamente la propuesta del partido Podemos de reestructurar la deuda pública. Que es muy sensata, dice, que nuestra deuda pública es insostenible, que no hay otra solución. Muestra asimismo su asombro porque el resto de los partidos la ignore; juegan, dice él, a extend and pretend, o lo que es lo mismo, a seguir para adelante y fingir que no sucede.

En la propuesta de Vicenç Navarro y Juan Torres López para Podemos se señalan las cuatro vías para salir de esta situación: crecimiento económico (se estima que sería necesario un crecimiento en torno al 4% durante una década); un ajuste fiscal muy duro; una inflación suficientemente alta, o la reestructuración y el impago. Descartan las tres primeras y, por tanto, defienden que estamos abocados a la última: “La única salida posible a este auténtico círculo vicioso es la reestructuración lo más ordenada posible de la deuda europea y de la española. Y la cuestión, por tanto, no es si se desea o no llevarla a cabo sino en qué condiciones se va a dar porque es materialmente inevitable que antes o después se lleve a cabo, salvo que se quiera provocar una convulsión de consecuencias inimaginables en todo el continente”.

Sin embargo, el resto de partidos apuestan por la vía del crecimiento, que ya se espera que alcance en España el 2% el próximo año, y, de forma combinada a lo anterior, con proseguir con el ajuste fiscal. Las políticas monetarias y fiscales europeas se orientan en este sentido. En estos momentos, tenemos un valioso apoyo desde el Banco Central Europeo, BCE, que se muestra decidido a seguir llevando a cabo todas las medidas de política monetaria que sean necesarias. Su actuación seguirá manteniendo la financiación de nuestra deuda pública a coste bajo, y continuará facilitando que el crédito vuelva a llegar a familias y empresas. De forma añadida, los incrementos de inflación que puedan provocar estas políticas monetarias expansivas, aunque nunca serán elevados porque el BCE la mantendrá a raya, también ayudarían. Por su parte, con el Plan Juncker o Fondo Europeo de Inversiones Estratégicas, la Comisión Europea pretende movilizar al menos 315.000 millones de euros en inversiones, y al que el Gobierno español ha presentado proyectos de inversiones valorados en 53.000 millones. También, la bajada del precio del petróleo, si se mantiene en el tiempo, puede ser un factor muy positivo para que afiancemos la recuperación económica.

Sólo con el tiempo veremos si hemos podido reconducir la deuda pública hasta niveles aceptables. Desde luego, lo que es seguro es que no va a resultar fácil en absoluto, y que, en todo caso, pasarán muchos años para ello. Pero no nos queda otra opción, la solución radical de Podemos no es solución, es abismo. En el mundo global en el que nos encontramos, ésa sí que podría provocar una convulsión de consecuencias inimaginables. Tiene que ser el BCE el que, en última instancia, decida cuándo y cuánto absorber de la deuda pública europea. Así que, por el momento, mejor sacar el mejor de nuestros ánimos, dejar atrás el pesimismo, y decir con Pablo Neruda, al que citan Vicenç Navarro y Juan Torres López en su documento: Adelante, salgamos del río sofocante.

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