Guerra por la supremacía económica

Carmen Pérez | 26 de marzo de 2018 a las 8:50

TRIBUNA ECONÓMICA, 23/3/2018

Durante décadas nos hemos acostumbrado a ver en innumerables productos la frase made in China. Este país ha sido la fuerza bruta que fabricaba lo que en los países desarrollados se ideaba. Pero el Gobierno chino está decidido desde hace años a que esta etapa sea cosa del pasado. El plan de acción nacional chino señala la intención de seguir un modelo de crecimiento impulsado por la innovación, apoyando a las compañías de alta tecnología y de nueva economía. Quiere productos designed in China. China mira al futuro con estrategias a largo plazo sobre numerosos sectores, como el computacional, la Inteligencia Artificial o la tecnología 5G. Está dispuesta a ganarle a EEUU la guerra por la supremacía tecnológica.

La respuesta de Trump a esta batalla, sin embargo, se está centrando en proteger el pasado, bloqueando compras de empresas tecnológicas y subiendo aranceles. La forma de entender su America First es a base de aislamiento y de “políticas orientadas al interior”, como ahora se denomina eufemísticamente a sus medidas proteccionistas. Este comportamiento está siendo muy criticado desde numerosos ámbitos, desde donde se hace notar que China está haciendo ahora lo que EEUU hizo en los años cincuenta y que le proporcionó el éxito: incrementar la inversión pública en investigación básica, que requiere gran cantidad de recursos, y abrir el país a mentes brillantes procedentes de cualquier rincón del planeta.

El martes, en su primer discurso tras la eliminación del límite a los mandatos, el presidente chino, Xi Jinping, se expresaba ya como líder mundial: “Es hora de que tomemos el centro de la escena en el mundo y hagamos una mayor contribución a la humanidad”, e imploró a Trump que no se “guíe por las emociones”. Pero también a China hay mucho que reprocharle. Las regulaciones chinas obligan a las empresas extranjeras a transferir sus innovaciones tecnológicas a empresas nacionales chinas, con las que están obligadas a trabajar para obtener el acceso al mercado del país, de 1.300 millones de personas. De hecho, EEUU, Japón y la UE están considerando presentar ante la Organización Mundial del Comercio una demanda por robo de propiedad intelectual y transferencia forzada.

El PIB de EEUU, de más de 18 billones de dólares, todavía supera al de China, con cerca de doce billones. Pero el alto crecimiento anual de China, en torno al 6%, está cerrando poco a poco la brecha. Y puede repetirse la Historia. En su día, fue EEUU el que superó al Reino Unido, y décadas después el dólar sustituyó a la libra como moneda de referencia. China tendrá en su contra que el valor de una moneda no sólo depende del PIB, sino de la calidad de las instituciones que la respaldan. Pero está trabajando con fuerza para que el yuan se internacionalice. Desde 2016 el yuan está incluido en la cesta de monedas de reserva del Fondo Monetario Internacional, con un 10,9%, por encima de la libra o del yen japonés. El dólar y el euro tienen un papel hegemónico, con un 41,7% y un 30,9%, respectivamente. Para China, que el yuan sea la moneda principal es sólo cuestión de tiempo. Ganar la guerra por la supremacía tecnológica es el primer paso.

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