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Suspenso en deuda

Carmen Pérez | 30 de diciembre de 2019 a las 20:49

TRIBUNA ECONÓMICA, 20/12/2019

El martes el Banco de España publicó la cifra mensual de deuda de las administraciones públicas españolas. Analizando este dato y el mismo en periodos anteriores se constata que, obviando las oscilaciones mensuales, en valores absolutos la deuda ha experimentado un aumento continuado desde 2008. A finales de octubre de 2019 el saldo se situó en 1,194 billones de euros. Comparada con un año atrás la deuda es ahora un 2,7% mayor, ha crecido en 31.727 millones de euros.

Ahora bien, mirando este dato en términos relativos -en relación al PIB- la interpretación es diferente. El sólido crecimiento de nuestra economía en estos últimos años ha conseguido que, a pesar del aumento del numerador, la ratio deuda/PIB haya ido descendido desde el máximo del 100,7% que marcó en 2014 hasta el 97,8% del tercer trimestre de 2019, 1,1% menos que en el mismo trimestre de 2018. Así, esta ratio lleva cinco años contenida, sólo con ligeros descensos.

Pero esto no es suficiente. La Comisión Europea, también el martes, publicó el Informe de Mecanismo de Alerta, en el que con once indicadores evalúa a los países europeos. España suspende -además de en paro, deuda empresarial e inversión- en deuda pública. Nos recuerda que estamos muy lejos del 60%, el máximo permitido. Su reprimenda podría expresarse de esta manera: la deuda no deja de subir porque no se mejoran las cuentas públicas, los déficits fiscales son “persistentes”, el numerador sube prácticamente al ritmo del denominador, y así incluso con los niveles de crecimiento tan importantes la ratio baja tan poco.

No sólo lo advierte Europa, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal, Airef, ya lo señaló en el informe de noviembre. Viene a decir que se crece, pero que los mayores ingresos que se derivan de ese crecimiento se gastan totalmente e incluso se siguen sobrepasando. Y eso encima de que se está contando con la ventaja de que uno de los epígrafes importantes de gasto, el gasto financiero, se comporta a la baja. A España, gracias a la política monetaria adoptadas por el BCE, el coste de financiación de la deuda pública se le abarata. En 2019 el ahorro de intereses será de 2.371 millones de euros, aunque eso no significa que la cuenta no siga siendo muy abultada: 24.000 millones de intereses al año, casi tres millones cada hora.

En la medida en que haya suficiente crecimiento y que las buenas condiciones financieras persistan, la ratio de deuda no se desmandará. Pero además resulta fundamental que las diferentes administraciones respeten los límites asignados para sus presupuestos. No es de esperar que en ninguna se vaya a presentar con superávit de forma voluntaria para reducir deuda, siempre gastan a tope. Y cuidado los que creen que pueden elevar el gasto y equilibrar subiendo impuestos, porque ahogarán el crecimiento. Todos deberían sopesar muy bien el camino que toman porque una vez aprobado un incremento de gasto es muy difícil retroceder y bajarlo; y sin embargo, los ingresos futuros son siempre inciertos. Y también deben tener en cuenta la calidad del gasto: no es lo mismo el gasto corriente, con el que se le dice al dinero adiós, que el de inversión, al que se le dice hasta luego.

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