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Ángeles caídos

Carmen Pérez | 10 de diciembre de 2020 a las 8:45

TRIBUNA ECONÓMICA, 6/11/2020

No se sabe bien quién acertó al denominar así, ángeles caídos, a las empresas que pierden la consideración del grado de inversión y pasan a ser de riesgo. En el cristianismo, un ángel caído es un ángel que ha sido expulsado del cielo por desobedecer o rebelarse contra los mandatos de Dios. Del mismo modo, por su mal comportamiento -deterioro de sus balances y cuentas de resultados-, las empresas quedan suprimidas del ámbito de calidad y son arrojadas al mundo especulativo o high yield. Las agencias de calificación, las diosas en este terreno, dictan las sentencias. Desde marzo, con la crisis económica que ha originado la pandemia, sólo algunas empresas han visto cómo su “nota” se rebajaba hasta adentrarse en la basura; sin embargo, son muchas las que están en ese punto.

La calificación o rating es para los participantes en los mercados financieros el indicador más relevante sobre el riesgo de crédito de un activo financiero o de su emisor. Desde los bonos AAA hasta los BBB, según la escala de Standard&Poors, se consideran aceptables para la inversión; a partir de ahí, desde los BB hasta los D, son bonos de diferentes grados especulativos. Mientras más bajo puntúe, mayor es la probabilidad de incumplimiento por parte del emisor, y mayor es el rendimiento que los inversores exigen, o lo que es su correlato: mayor es el coste de financiación para la empresa.

Pero además de ese efecto continuo a medida que se desciende en la jerarquía, hay implicaciones adicionales por pertenecer a uno u otro bloque. Muchos inversores institucionales -fondos de inversión, de pensiones o compañías de seguros- tienen prohibido invertir en bonos sin grado de inversión; y si poseen alguno que “pierde la gracia” tienen que venderlo, forzando aún más la caída de sus precios. Para frenar este efecto, desde la pandemia, la Reserva Federal los acepta en sus compras de activos. El BCE aún no lo hace, aunque los acepta de la banca como colateral para evitar perjudicar a algunos países de la Eurozona.

La CNMV, en su Boletín del tercer trimestre, analiza la evolución de los ratings de la deuda española. Podemos estar tranquilos: el 96,6% de los bonos tienen (incluso excluyendo las emisiones públicas) la consideración de grado de inversión, sin cambios significativos desde la declaración de la pandemia. Sin embargo, también advierte de que el escalón más bajo de ese bloque, BBB, justo en el límite, aumentó un 9,3% (de 148.900 a 165.000 millones de euros). Además, de las subcategorías dentro de los BBB, la más baja aumentó un 43,7% (de 54.748 a 78.679 millones de euros). Este daño no se centra en ningún sector en concreto, aunque hoteles, líneas aéreas, sector inmobiliario y bancos están especialmente afectados.

Este análisis sólo alcanza hasta el 30 de junio; el empeoramiento de las circunstancias desde entonces puede precipitar una bajada masiva de calificaciones crediticias. Muchas empresas pueden caer en desgracia, perjudicándose ellas mismas, afectando a los tenedores de sus bonos e incluso comprometiendo la estabilidad financiera. Lo trágico es que verán cómo se les “arrancan sus alas” aun cuando su deterioro sea por causas externas y ellas no tengan culpa alguna.

 


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