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Andalucía y el retorno del péndulo

Carmen Pérez | 20 de febrero de 2021 a las 9:25

TRIBUNA ECONÓMICA, 29/1/2021

En los últimos 150 años Andalucía ha pasado de ser la región más rica de España a la más pobre”. Así comienza el trabajo de Ángel Arcos, ganador del I Premio del Observatorio Económico de Andalucía, que se entregó el miércoles. Durante el siglo XIX Andalucía era la región más próspera de España, con el 25% del PIB, pero desde los años 30 su producción per cápita ha permanecido significativamente por debajo de la media española, compartiendo en las últimas décadas, junto con Extremadura, las últimas posiciones. El autor aborda cómo revertir esta situación, cómo conseguir el “retorno del péndulo”, recordando a Ortega y Gasset, que ya lo esperaba hace ochenta años.

Lo cierto es que en Andalucía vivimos con una calidad de vida que no nos corresponde. Podemos sostener este nivel de vida, unas fantásticas infraestructuras y unos buenos servicios públicos gracias a la solidaridad del resto de España. Así de claro y contundente. Y con razón dice el autor que no hay tiempo que perder: el Covid-19 nos ha golpeado más y la solidaridad interregional cada vez resulta más problemática. Añadamos una razón más genérica: no es digno acomodarse a ser dependientes.

Hay que reenfocar, pues, la economía andaluza. Y una mayor industrialización es una solución eficiente: sin industria no hay puestos de trabajo ni crecimiento. Pero, ¿cómo implicar en este proceso a los empresarios? Andalucía puntúa bien globalmente en Interés Empresarial, índice definido en el estudio como diferencia entre la productividad y el coste laboral medio, pero profundizando más, realmente sólo es atractiva en dos divisiones concretas: la metalurgia y el refino de petróleo.

El análisis encuentra que para incrementar la productividad, y por ende el Interés Empresarial, hay que actuar fundamentalmente en tres variables: peso de la gran empresa, capital productivo e intensidad de innovación. Además, propone aprender de los mejores, analizando qué hacen las regiones líderes en cada uno de los sectores. Junto a las “medidas clásicas”, aplican algunas novedosas, como atraer talento juvenil y potenciar la internacionalización, la personalización de productos, usando la economía circular y la eco-innovación, o la multilocalización productiva.

Estudios como éste son esenciales para que Andalucía salga del pozo, aunque no estaría de más, por seguir con Ortega, abordar al mismo tiempo nuestra realidad desde múltiples perspectivas: histórica, sociológica, educativa… O la psicológica. Precisamos de una terapia que nos descubra el porqué de nuestro carácter: el desinterés por las asociaciones económicas, el rechazo al empresario y al sobresaliente, el no enfocar la creatividad en la empresa o no considerar el estudio, el trabajo o el conocimiento como fuentes de placer. Y que analice cómo le influye disponer de un clima y una tierra tan propicios, decisiones políticas pasadas o si es un efecto nefasto de la sobreprotección. Al igual que en la vida particular, conocerse a fondo y reconocer los traumas es el primer paso para el cambio. Enderezando muchos frentes que se retroalimentan recíprocamente, quizá Andalucía pueda recuperar el lugar que por su historia le corresponde.

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