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Privacidad, por favor

Carmen Pérez | 20 de febrero de 2021 a las 9:21

TRIBUNA ECONÓMICA,  15/1/2021

El 12 de octubre, el Banco Central Europeo, pocos días después de que el Parlamento Europeo le instara a que resolviera los desafíos que plantea el establecimiento de un euro digital, anunció una consulta pública para que el mundo académico, el sector financiero, autoridades públicas, empresas y, en general, cualquier ciudadano, tuvieran la oportunidad de hablar sobre este tema. Esto es, que pudieran pronunciarse sobre la posibilidad de que, como complemento al efectivo físico actual, porque de momento no lo reemplazaría, se disponga del mismo dinero de siempre, pero en formato digital. El euro digital combinaría la seguridad de estar emitido por el banco central y la eficiencia y comodidad para los pagos diarios. El plazo terminó este martes. Y, según comunicó el BCE tras el cierre, ha sido todo un éxito.

En realidad, el BCE no investiga con esta consulta si habría que lanzar el euro digital, porque ya cuenta con razones contundentes para hacerlo. La más evidente es la significativa disminución del uso de efectivo como medio de pago, tendencia además agudizada con la pandemia, que está otorgando un protagonismo en exclusiva inaceptable al único dinero del que se dispone hasta ahora en formato digital: el dinero bancario. También urge emitirlo por la amenaza de lanzamientos de medios privados de pagos globales, como la propuesta de Facebook, que plantearían preocupaciones regulatorias, riesgos para la estabilidad financiera y para el consumidor, y que le robaría al banco central la soberanía sobre el dinero y le dejaría sin armas de política monetaria. Por último, porque otros bancos centrales, como el de China, ya lo están haciendo.

El BCE, por tanto, simplemente investiga sobre su diseño. Y nunca una consulta pública suya recibió tantas respuestas: 8.221. Fabio Panetta, miembro del Comité Ejecutivo del BCE y presidente del grupo de trabajo sobre un euro digital, señaló que este elevado número de respuestas “muestra el gran interés de los ciudadanos y las empresas de Europa en dar forma a la visión de un euro digital”, aunque la verdad es que a las encuestas acuden fundamentalmente los que potencialmente pueden verse perjudicados. Quiénes han sido y qué han opinado se conocerá en un informe completo que se publicará en primavera.

Por el momento, sólo han proporcionado una primera valoración sobre las características de un potencial euro digital. Y lo más requerido fue que respetara la privacidad de los pagos, con un 41% de las respuestas. Sin duda, el anonimato del euro digital es uno de los aspectos más conflictivos. Si con el efectivo actual ya es enorme la lucha para combatir la financiación del terrorismo, el blanqueo, la economía sumergida y demás actividades ilícitas, con un euro digital anónimo esta lucha se acrecentaría aún más porque sería más fácil acumularlo y sin peligro de robo o deterioro. Así, el BCE tendrá que encontrar fórmulas que permitan mantener dinero digital en billeteras electrónicas en los móviles de forma anónima, aunque en cantidades reducidas, y al mismo tiempo posibilitar la apertura de cuentas para saldos mayores, de información conocida, aunque sólo utilizada ésta bajo supuestos determinados.

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