Archivo de la categoría ‘Opinión’

Draghi, estímulos y reformas

Carmen Pérez | 27 de octubre de 2017 a las 11:56

TRIBUNA ECONÓMICA, 27 Octubre, 2017

La política monetaria desarrollada por el Banco Central Europeo (BCE) trae a la memoria una de las increíbles historias del barón de Münchhausen. Concretamente aquélla en que contaba que había sido capaz salir de una pantano cenagoso donde había quedado atrapado con su caballo sin más que tirar de sus propios cabellos. También la Eurozona se ha dado, bajo el mando de Mario Draghi, un fuerte tirón monetario para salir de la crisis. Con el programa de compra de activos, el balance del BCE ha aumentado desde marzo de 2015 en más de 2,2 billones de euros, hasta situarlo en 4,4 billones de euros: nos hemos comprado una ingente cantidad de bonos a nosotros mismos. Al igual que la hazaña del barón Münchhausen es del todo imposible, Draghi sabe que con el esfuerzo monetario sólo no es suficiente.

Está dispuesto a que el tirón monetario, aunque suavizado, siga perdurando. Ayer comunicó que las compras seguirán desde enero hasta septiembre de 2018, si bien reduciendo de los 60.000 millones de euros al mes actuales hasta los 30.000 millones. Y dejó abierta la posibilidad, para entonces, de extender la duración, y de subir o bajar esa cifra. En todo caso, posteriormente, se mantendrá el balance, reinvirtiendo el principal de lo que vaya venciendo. En cuanto a los tipos de interés, ni los ha movido ni lo hará hasta mucho más allá de que las compras cesen.

Pero a pesar del crecimiento y del aumento del empleo, la inflación no termina de estar en su sitio. Esta circunstancia está preocupando a todos los bancos centrales porque pone en evidencia que algo se escapa. Por esto, conviene unir al discurso de ayer el del pasado miércoles, en Fráncfort, Structural Reforms in the Euro Area, donde Draghi lo dijo claro: es totalmente necesario que la política monetaria sea respaldada por medidas de los gobiernos nacionales.

Y señaló que la política monetaria actual es la oportunidad para abordar reformas en el mercado laboral y en los mercados de bienes y servicios, agilizar la apertura de los negocios, acelerar los procesos judiciales, luchar contra la evasión fiscal, abordar intereses creados o mejorar la educación y capacitación. Además, especialmente resaltó que el desafío está en emparejar las reformas con la inclusión, cuidando a los que han sido “dejados atrás” por la expansión de las fuerzas del mercado.

Incluso, se le podría añadir, se debería afrontar cómo se genera y distribuye la riqueza actualmente. En este sentido, Manuel Muñiz, en su artículo Economic Growth Is No Longer Enough, apunta que los modelos de crecimiento nuevos e inclusivos deberían tener en cuenta, por ejemplo, el impacto de la tecnología en el empleo, que hace crecer el de alta y el de poca destreza, vaciando el centro. Y deberían reducir la desigualdad -los ricos lo son más desde 2008-, desplazando la presión fiscal del trabajo al capital, y utilizar nuevos mecanismos redistributivos que complementen el papel decreciente de los salarios en la economía.

La política monetaria está haciendo su papel, ha conseguido que saquemos la cabeza de la ciénaga de la crisis, y la mantiene fuera. Pero la recuperación hay que apuntalarla en tierra firme.

Un Plan E financiero

Carmen Pérez | 27 de octubre de 2017 a las 11:54

TRIBUNA ECONÓMICA, 20 Octubre, 2017

Hagamos un poco de historia. La tendencia descendente del euríbor comenzó en 2008, y fue hace tres años, a finales de 2014, cuando los tipos euríbor empezaron a ponerse en rojo. Primero fue el eonia o euríbor a 1 día, pero enseguida le siguieron el euríbor a una semana, a dos semanas, y así se fueron tiñendo de valores negativos los euríbor a plazos más amplios. Pero la noticia no saltó a los medios de comunicación hasta febrero de 2016, cuando alcanzó al euríbor a 12 meses, la referencia utilizada en la mayoría de las préstamos a tipo de interés variable. Ahora el euríbor es noticia de nuevo porque se ha vuelto lo suficientemente negativo como para que la posibilidad remota que existía de cobrar intereses por tener un préstamo deje de ser eventualidad para ser un hecho. Sucede ya con las hipotecas más agresivas de antes de la crisis, con diferenciales de 0,17% y 0,18%.

Así, los hipotecados han ido comprobando año tras año que las decisiones de política monetaria que se adoptaban desde el inicio de la crisis en el Banco Central Europeo (BCE) no eran algo lejano y ajeno, sino que condicionaban la evolución del euríbor, afectando directamente a sus bolsillos con ello: las cuotas se iban reduciendo de forma sustancial en cada una de las revisiones periódicas. Por ejemplo, la cuota de una hipoteca de un importe de 150.000 euros, a 20 años, contratada a euríbor+0,40% , en 2008, cuando el euríbor estaba a 5,3%, era de 1.049 euros mensuales; ahora, para esa misma hipoteca, es de 639 euros: 410 euros menos.

Pero las políticas del BCE no sólo han beneficiado a las familias hipotecadas, sino también al Estado y, principalmente, a las empresas no financieras. Según los datos del Boletín Económico de este organismo, el ahorro neto en intereses en España equivaldría aproximadamente al 4,2% del PIB (el ahorro de los hogares, un 0,8%; el de las empresas no financieras, el 3,2%; y el del Estado, el 0,2%) o, lo que es lo mismo, ha supuesto un ahorro de intereses de algo más de 45.000 millones de euros desde el tercer trimestre de 2008 hasta finales de 2016. Cifra que se incrementará en 2017, y en los próximos años, porque las medidas monetarias están a pleno rendimiento.

Dinero que no se destina a intereses y queda liberado para impulsar la actividad económica del país y el empleo. El mismo objetivo que tuvo el Plan E o Plan Zapatero: fueron más de un centenar de medidas de política económica las que se llevaron a cabo a partir de 2008 para hacer frente a la crisis. Entonces, los 16.000 millones de euros que se movilizaron los soportamos todos los contribuyentes, salieron de los presupuestos. También el BCE nos está proporcionado un plan E, pero a lo financiero: su agresiva política monetaria realmente se ha convertido en una política fiscal encubierta. La diferencia es que los 45.000 millones no han sido soportados por todos. Con sus actuaciones monetarias, el BCE está favoreciendo a algunos agentes económicos y dañando a otros: especialmente están siendo perjudicados los depositantes y ahorradores pequeños. El fin último puede justificarlo, pero ¿está legitimado el BCE para llegar tan lejos?

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Finanzas de Occidente, finanzas de Oriente

Carmen Pérez | 27 de octubre de 2017 a las 11:50

TRIBUNA ECONÓMICA, 13 Octubre, 2017

Conviene no perderle el ojo a los asuntos que se están cociendo a nivel global porque con algunos podemos terminar escaldándonos. Como el desequilibrio económico y financiero de China. Este gigante asiático reaccionó a la crisis financiera del mundo occidental apuntándose al modelo de crecimiento a base de deuda, con el desarrollo de productos financieros derivados consecuente. Actualmente su sector bancario es uno de los mayores y su progresión ha ido aparejada a una gran expansión de la actividad bancaria en la sombra. Una evolución que recuerda demasiado a la que experimentó EEUU, con los activos tóxicos derivados de las hipotecassubprime, y en la que las cuentas externas de China no fueron ajenas. Entonces, las finanzas de Occidente afectaron al mundo; ahora son las de Oriente las que pueden provocar el mismo caos financiero.

El punto de arranque del proceso de sobreendeudamiento fue la puesta en marcha por parte de su gobierno de un ambicioso plan fiscal y de fuertes estímulos monetarios a partir de 2008: quería que, pese a la crisis, la economía siguiera creciendo a ratios elevados. Según los datos de un reciente informe sobre China del Banco de España, su deuda, en porcentaje del Producto Interior Bruto (PIB), pasó del 150% en 2008 hasta el 257% a finales de 2016. Sobre todo creció la deuda privada de las empresas no financieras, pero también la subida de la deuda de los hogares, por los préstamos para viviendas, ha sido espectacular en ese tiempo.

Esta expansión ha conllevado la proliferación paralela -fuera de la banca- de instrumentos financieros sobre los préstamos concedidos, y que se han distribuido masivamente a inversores minoristas y mayoristas. El nivel de créditos morosos oficialmente se cifra en el 5,3%, pero no faltan consultoras que lo elevan hasta el 25%. El aumento del tamaño, la complejidad y la interconexión entre el sector público, la banca regulada y la banca en la sombra han elevado de forma importante los riesgos financieros, lo que ha llevado a Moody’s y Standard&Poor’s a recortar la nota de su deuda soberana.

Y si estos riesgos latentes se materializaran se contagiarían más allá de sus fronteras. Se vería perjudicado el comercio internacional, descendería el precio de las materias primas y se afectarían el resto de sistemas financieros. En este sentido, esta misma semana, tanto Wolfang Schäuble, próximo presidente del Bundestag, como Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional, han advertido de la posibilidad de una crisis financiera global causada por la rápida expansión del crédito en China.

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Munición financiera

Carmen Pérez | 27 de octubre de 2017 a las 11:48

TRIBUNA ECONÓMICA, 06 Octubre, 2017

Ante el referéndum ilegal del 1 de octubre, Caixabank, acuciado por los acontecimientos, se pronunció, manifestando que su único objetivo como entidad era “proteger en todo momento los intereses de sus clientes, accionistas y empleados, garantizando la integridad de los depósitos”. Y que esta postura “guiará las decisiones futuras que, en caso de ser necesario, hayan de tomarse”. Por otra parte, Josep Oliu, presidente el Banco de Sabadell, también mandó un mensaje de tranquilidad, asegurando que “si fuera necesario se tomarían las medidas suficientes”. Era más que sabido que estas entidades tenían un plan diseñado para trasladar -si hiciera falta- su domicilio fiscal en pocas horas a otro territorio de España. Hizo falta. Ayer tarde, el Banco de Sabadell decidió abandonar Cataluña y protegerse en España. Se marcha a Alicante; Caixabank parece que seguirá esos mismos pasos: munición financiera para la cuestión catalana.

La situación se había puesto delicada: depositantes catalanes, independentistas o no, sacando su dinero de los bancos catalanes, y llevándolo a otros bancos españoles, a sus sucursales fuera de la región catalana. Y depositantes españoles abandonando los bancos catalanes, con rabia por todo lo que está pasando. Caixabank y el Banco de Sabadell habían empezado a recibir castigo desde muchas partes. No disponemos de contadores visibles que marquen la evolución de los depósitos. Según los supervisores, Banco Central Europeo (BCE) y Banco de España, estos movimientos de dinero -de momento- no eran demasiado preocupantes.

Lo que sí fue transparente y claro fue la actitud de los inversores, catalanes y no catalanes: la cotización de la acción de Caixabank había bajado un 12,3% este última semana; y la del Banco de Sabadell, un 17,5%. Nada más comunicarse la reunión del Sabadell para decidir el cambio de sede, y las intenciones en el mismo sentido de Caixabank, pasaron de las pérdidas a fuertes ganancias. No hay que olvidar -ellos tampoco- que estos dos bancos han trascendido ampliamente sus territorios originarios y desarrollan su actividad por toda la geografía de España: sólo el 18% del negocio del Sabadell y el 22% de Caixabank se encuentran en tierras catalanas.

Banco de Sabadell no ha esperado ni a la declaración unilateral de independencia. En realidad, si llegaba esa circunstancia, hubiera sido ineludible la aplicación del artículo 155, y entonces el cambio de sede no hubiera hecho falta. Pero, aunque la independencia nunca va a llegar, sí habrá elecciones más adelante. Y el traslado de estas sedes puede ser de la mayor relevancia. Son símbolos de Cataluña, sobre todo Caixabank, algo así como el Barça. Puede ser el jarro de agua fría que despierte a muchos independentistas del engañoso sueño al que están entregados, puede hacerles sentir el abismo financiero que podría esperarles. Los fanáticos de la CUP han saltado al instante, y han pedido al Govern que se deje de trabajar con ellos y que se potencie una banca pública catalana. Pero, almas de Dios, ¿quién iba a confiar su dinero a ese banca? Ay, qué pena, ¡no poder dejarlos ser independientes por una semana!

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Bonos a 100 años

Carmen Pérez | 27 de octubre de 2017 a las 11:46

TRIBUNA ECONÓMICA, 29 Septiembre, 2017

Hace unos días nos llegó la noticia de que el Tesoro público de Austria había emitido bonos a 100 años. El inversor que los haya adquirido recibirá un 2% anual durante 100 años, y recuperará el importe desembolsado en septiembre de ¡2117! No es el único país europeo que se ha atrevido a utilizar un plazo tan largo. Bélgica e Irlanda también lo hicieron el año pasado, aunque con bajos importes. Francia, Italia y España, de momento, sólo se han animado a hacerlo a 50 años. Concretamente, el Tesoro español colocó 1.000 millones a 50 años en 2014, y repitió el año pasado con dos emisiones más a ese plazo, adjudicando unos 4.000 millones de euros. Los largos plazos que están utilizando los Estados europeos para endeudarse impactan. La de cosas que pueden suceder en ese tiempo. Sólo hay que mirar la historia y recordar todo lo que hemos vivido en Europa desde 1917.

Los inversores que adquieren estos bonos son aseguradoras, fondo de pensiones, fondos de inversión, etc., que buscan algo de rentabilidad en el entorno de tipos de interés nulos e incluso negativos que existen actualmente. Muchas de estas entidades están obligadas por la regulación a invertir en activos financieros de bajo riesgo y con liquidez, como son los bonos soberanos europeos. Si además quieren rentabilidad, tienen que embarcarse en plazos más amplios.

Por su parte, los emisores, estados europeos, aprovechan la favorable situación actual para reestructurar en lo posible sus deudas. Así, en España, el perfil de vencimientos de la deuda pública se ha extendido en el tiempo. El año que viene se tiene que hacer frente a la devolución de más de 140.000 millones de euros. Y hay cantidades pendientes en 2019, y al año siguiente, y al otro, y así continúa hasta 2066. Cada año se volverá a pedir prestado para atender los vencimientos que llegan, incrementando lo que haga falta para atender el nuevo déficit: la deuda pública se ha convertido en una bola de nieve que se desplaza en el tiempo a la vez que aumenta.

Lo importante es que siga rodando y que pueda atenderse puntualmente el pago de intereses que genera. Ahora juega a nuestro favor la protección del Banco Central Europeo (BCE), cuya actuación permite que el coste de la financiación del Estado sea muy bajo. La inflación, aunque sea escasa, también beneficia, porque con los años se vuelven menos gravosos tanto la devolución de la deuda como sus intereses. Del mismo modo, mientras más se alarguen los plazos de las emisiones más llevadera será la deuda.

Una deuda que no es poca cosa, ya supera los 1,1 billones de euros, 750.000 millones de euros más desde el inicio de la crisis financiera. No sólo pasa en España, la deuda pública en Europa asciende a más de 12 billones de euros. Quizá estas emisiones ultralargas, todavía anecdóticas, se intensifiquen para disolver a base de años y años el problema. Quizá el BCE las vaya comprando. Quizá el BCE finalmente hasta se olvide de ellas. Todo es posible en 100 años. Pero de lo que no cabe duda es de que le estamos traspasando el problema a las generaciones siguientes. Les complicamos el futuro a ellos, a nuestros hijos y nietos, para tener nosotros mejor presente.

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Liberbank y el tamaño de la banca

Carmen Pérez | 24 de septiembre de 2017 a las 17:45

TRIBUNA ECONÓMICA, 22/9/2017

La situación de Liberbank muestra que la crisis bancaria aún no se puede dar por terminada en España, que sigue habiendo entidades que aún no están saneadas. Y también plantea las posibles consecuencias, no deseadas, de las nuevas normas que se han aprobado en Europa para aplicar en caso de crisis bancarias. Durante estos últimos años nos hemos indignado porque se utilizara dinero público para salvar a los bancos. La normativa actual -el mecanismo de resolución europeo- tiene el objetivo de que esto no siga pasando. Antes, la protección al depositante protegía de camino a accionistas y bonistas bancarios: éstos tenían una seguridad de fondo de que no se dejaría caer a su banco. Ahora, con la protección al contribuyente por delante, se puede producir el efecto contrario: que la mera existencia de las normas precipiten la caída del banco.

Las cifras de Liberbank reflejan que el banco está pasando por una situación delicada: tiene un alto volumen -800 millones de euros- de activos no productivos, del que buscan deshacerse; está reestructurando la plantilla; su solvencia a largo plazo no es la que debiera y la calificación crediticia es baja… Su futuro depende del buen hacer de sus gestores en esta etapa tan complicada, de la credibilidad que inspire en los inversores el plan de viabilidad que han diseñado, con una ampliación de capital de 500 millones de euros garantizada.

Si perdieran la confianza, la cotización de la acción seguiría cayendo -ayer terminó la sesión en 0,83 euros- y le abandonarían los depositantes. Tan esencial es conservar la confianza que incluso algunos accionistas relevantes de Liberbank no han aceptado de buen grado que la Comisión Nacional del Mercado de Valores, con la venia de la Autoridad Europea de Valores y Mercados, ESMA, siga cuidando la cotización, prorrogando la prohibición de posiciones cortas. Entienden que tener que ser protegidos es mandar una señal de debilidad al mercado.

Con el banco Popular se estrenaron las nuevas normas bancarias, y ni los depositantes ni los contribuyentes se han visto afectados. Pero sus accionistas y bonistas han salido escaldados. Los de Liberbank se estarán mirando en este espejo y, a la mínima, se puede desatar el pánico.La entidad entonces acabaría -antes de una resolución europea o tras ella, como le pasó al Popular- en manos de otro banco. La ESMA teme que este miedo a la aplicación de la normativa actualmente vigente desencadene un rosario de caídas de bancos europeos que también están tocados.

Pero no todos los bancos están expuestos a sufrir este efecto, sólo lo estarán aquellos débiles, que el mercado sepa que podrían ser rápidamente resueltos: pequeños y medianos bancos que podrían acabar engrosando a los de gran tamaño. Porque, sin embargo, no sería nada fácil encontrarle salida si se tratara de un gran banco. Too big to fail , o demasiado grandes para caer, se les denominó cuando estalló la crisis. Ahora son demasiado grandes para que sean resueltos. Imposible compatibilizar con ellos la protección a los depositantes y a los contribuyentes al mismo tiempo. Y el asunto se agrava, porque poco a poco se acrecientan sus tamaños.

Brechas y subidas salariales

Carmen Pérez | 24 de septiembre de 2017 a las 17:42

TRIBUNA ECONÓMICA, 15/9/2017

Recientemente hemos conocido dos iniciativas encaminadas a disminuir brechas salariales que existen entre los empleados. Una procede del Reino Unido, promovida por la primera ministra, Theresa May, y su secretario de economía, Greg Clark; y la otra es más cercana, del Partido Socialista Obrero Español, anunciada por Carmen Calvo, la responsable de Igualdad en la Ejecutiva Federal del PSOE. La propuesta británica persigue que se acorten las diferencias entre los sueldos de los trabajadores y los directivos dentro de las empresas; la socialista, que se acorten las distancias entre lo que cobran mujeres y hombres. Ambas utilizan la misma arma para la luchar por sus objetivos: una mayor transparencia con los salarios.

En el Reino Unido, dentro de un amplio paquete de medidas para mejorar el gobierno corporativo, se contempla una norma que obligará a las empresas a publicar anualmente una ratio que mida la relación entre la remuneración de los ejecutivos y la media de la retribución de los empleados. Como señala Sarah O´Connor, en su artículo del Financial Times, el impacto real de esta política no será que bajen los salarios de los jefes, sino que presionará para que se inflen el de todos los demás trabajadores. De hecho, los altos salarios de los ejecutivos se deben en gran parte a la transparencia que siempre ha habido en estos niveles de sueldos en el mercado: las empresas han tenido que competir entre sí para captarlos. Del mismo modo, que los empleados conozcan en qué grado relativo se le está pagando puede empujarlos a pedir aumentos o a cambiar de trabajo.

Por su parte, Carmen Calvo presentará en el Congreso de los Diputados un proyecto de ley de igualdad laboral y salarial para atacar la brecha entre hombres y mujeres, que incluirá la obligatoriedad para las empresas de publicar un cuadro -tablas salariales- con las retribuciones de sus empleados. Esta plena transparencia afectaría también a los directivos y altos cargos, porque la mayor discriminación se da precisamente en los puestos de mayor cualificación y responsabilidad. La medida, mucho más radical que la inglesa, porque no se limita a una ratio, tendría un efecto no sólo en una mayor igualdad de género, sino que conduciría igualmente a sueldos más altos.

Ambas iniciativas se impulsan además en un contexto generalizado de reivindicaciones de subidas salariales. Es como si la Comisión europea les hubiese dado el pistoletazo de salida este verano al determinar que la crisis económica ya había terminado. Hasta Mario Draghi, el presidente del Banco Central Europeo, señaló hace unos días en su intervención en el Parlamento que “ha llegado el momento de que los salarios suban en Europa”. En España, también esta semana se ha hablado de aumentos salariales para los próximos años. Se están negociando los de los empleados públicos, con la importancia que esto supone para las negociaciones que se desarrollan en el sector privado. Después de una larga crisis, ha llegado la hora de que la recuperación económica nos alcance a todos, y que de camino se lleve por delante las brechas salariales que no estén justificadas.

 

La subida de tipos de interés se atrasa

Carmen Pérez | 24 de septiembre de 2017 a las 17:40

TRIBUNA ECONÓMICA, 8/9/2017

Desde que en julio de 2012 Mario Draghi pronunció aquella frase -“Haré todo lo que sea necesario para preservar al euro, y créanme será suficiente”-, ha sido consecuente: fue bajando los tipos de interés hasta llevarlos a terreno negativo y ha realizado un monumental programa de compras de activos financieros, fundamentalmente bonos soberanos europeos. Puede decirse que Draghi ha cumplido su palabra: la economía de la zona euro ha salido del pozo en el que se encontraba. Ayer hubo una nueva reunión del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE), y Draghi prosigue con la misma autoridad en esta nueva y delicada fase, en la que hay que determinar cuándo y cómo se va a proceder a la retirada de los estímulos monetarios, resistiendo las fuertes presiones de algunos países europeos, y también de la banca, que están en desacuerdo con lo que él está desarrollando.

Draghi sabe que una salida prematura o demasiado radical podría revertir la recuperación y arruinar su éxito. Tiene muy presente el mal que supuso para la economía de la Eurozona -especialmente para España- que Jean-Claude Trichet, el gobernador del BCE por entonces, subiera los tipos de interés en 2011. Así, aunque la buena previsión en cuanto al crecimiento -se ha elevado hasta el 2,2% para 2017- empuja a iniciar la retirada, ayer Draghi siguió sin mover ficha, manteniendo los mismos tipos de interés y las compras hasta diciembre, como estaban planificadas.

Y es que otra variable -la fortaleza del euro de estos últimos meses- se ha vuelto condicionante para la eliminación de los estímulos, o incluso para reavivarlos. Actualmente el euro cotiza a 1,2 dólares, tras una subida del 13% en este año. Un euro fuerte puede perjudicar la recuperación económica, por el efecto negativo en las exportaciones; y porque puede presionar la inflación a la baja, por el abaratamiento de las importaciones. Aunque Draghi no quiso darle demasiada importancia a este tema, señalando que “el tipo de cambio no es objetivo de la política monetaria”, terminó reconociendo que afecta a la estabilidad de los precios, por lo que hay que vigilarlo de forma estrecha.

“Este otoño revisaremos y decidiremos el calibre de nuestra política monetaria”, dijo, remitiendo a la reunión de octubre para los detalles de qué pasará a partir de enero con las compras. En cuanto a los tipos de interés subrayó repetidamente que seguiría manteniéndolos en los niveles actuales hasta mucho más allá de las compras de activos. Y todo hace pensar desde ayer que esa fecha se atrasa. Por las previsiones de inflación que manejó, 1,5%, 1,2% y 1,5% para 2017, 2018 y 2019, que están lejos del objetivo del 2%. Y porque puede acentuarse la escalada del euro frente al dólar si la Reserva Federal reduce el ritmo de subidas de sus tipos de interés y si persisten los graves problemas políticos de EEUU con Corea del Norte. Así lo interpretó el mercado: los futuros sobre los tipos de interés marcaban una probabilidad sólo del 34% de que subieran el próximo año. Esta probabilidad era del 90% hace seis meses, y del 46% justo antes de que la reunión de Draghi empezara.

A estudiar

Carmen Pérez | 24 de septiembre de 2017 a las 17:38

TRIBUNA ECONÓMICA, 1/9/2017

Ya es septiembre, y millones de niños y jóvenes van a iniciar un nuevo curso académico. Además, otro colectivo -el personal de banca que informa o asesora a los clientes sobre las inversiones financieras- también va a tener que estudiar a la vuelta de las vacaciones. Si aún no cuentan con los conocimientos y competencias que les exige la nueva normativa, todavía están a tiempo. Tienen hasta enero de 2018, fecha en la que comienza la aplicación del nuevo marco europeo sobre mercados e instrumentos financieros. Se pretende que no vuelva a suceder lo que en el pasado ocurría: que los inversores no entendían exactamente lo que estaban comprando y, todavía peor, que los gestores bancarios, con algunos productos, tampoco sabían exactamente lo que estaban vendiendo.

Las materias que tienen que dominar estos financieros y cómo serán evaluados se concretan en una guía técnica, publicada este verano por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Así, deberán conocer en profundidad los productos que se comercializan: riesgos, implicaciones fiscales, gastos, cómo se afectan según la evolución de los mercados financieros y de las variables económicas nacionales y globales, rendimientos pasados y previsibles escenarios futuros, etc. Y si su función no se limita a informar, sino a asesorar, tendrán además que conocer los costes de este servicio, la idoneidad del cliente para cada producto y los fundamentos de gestión de carteras.

Para capacitarse deberán recibir un número mínimo de 80 horas lectivas en el caso del personal que sólo facilita información, y de 150 si asesora; y posteriormente, 20 y 30 horas cada año, respectivamente. Quedarán acreditados sus conocimientos si poseen un título o certificación aceptados por la CNMV, o mediante cualificación obtenida mediante la formación interna o externa, cumpliendo los requisitos de la guía. La mayor parte de las entidades se pusieron las pilas hace tiempo, y las horas de formación están siendo muy superiores a las exigidas.

Pero seamos claros. Siendo muy positivo mejorar la formación del personal, su posible insuficiencia no fue la causa de los problemas del pasado. Pudo serlo con productos como los depósitos estructurados complejos, que incorporaban incluso opciones exóticas asiáticas. Pero no con otros, como las preferentes. Tampoco fue por un defecto de formación la concesión masiva de hipotecas o la inclusión de cláusulas suelos en las mismas.

Lo necesario es que no exista una estrategia de remuneración que establezca incentivos para que se coloquen productos diseñados e impuestos desde las cúpulas directivas, y que no se presione al personal para que empujen a los clientes a asumir riesgos. Los inversores difícilmente comprenderán las complejidades del mundo financiero por mucho que se las expliquen. La clave está en la profesionalidad y en la lealtad de las entidades financieras con ellos. Y, según dicen, quieren volver a ganarse su confianza. Pero los controles que está realizando la CNMV, enviándoles inspectores -mystery shoppers- que se hacen pasar por usuarios, siguen mostrando fallos en la comercialización de los productos financieros.

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Nueva economía en la generación eléctrica

Carmen Pérez | 26 de agosto de 2017 a las 15:49

TRIBUNA ECONÓMICA, 25/08/2017

Si hay algo que define al ser humano es la búsqueda constante de la técnica. Pero, a veces, algunos logros técnicos con los que consigue alcanzar ciertos objetivos resultan a la par indeseablemente destructivos. Entonces otras técnicas han de proporcionar nuevas y mejores soluciones al mismo problema. Actualmente una revolución tecnológica está posibilitando el reemplazo de la generación de energía eléctrica basada en combustibles fósiles -carbón, gas y petróleo- por energías renovables, libres de emisiones de CO2, causantes del calentamiento global del planeta.

Los avances tecnológicos son asombrosos. En sólo siete años el coste de la energía eólica se redujo más del 65% y el de la solar casi un 90%. Paralelamente la técnica está solucionando la necesidad de acumulación para cuando no hay viento o sol, con el rápido abaratamiento de las baterías, cuyo precio bajó cerca del 70% en cinco años. Dentro de 15 años se podrán construir sistemas de energía en los que el 90% de la electricidad se genere en plantas eólicas o solares, con un coste total competitivo con el coste actual de la energía basada en combustibles fósiles.

Estos datos, tan alentadores, están extraídos del artículo Siempre necesitaremos París, en el que su autor, Adair Turner, advierte, sin embargo, que la tecnología por sí sola no es suficiente, que es necesaria la intervención pública para dirigirla. Los bajos costes actuales de las energías renovables nunca hubieran sido posibles sin subsidios. Y es necesario apoyar también opciones tecnológicas en desarrollo que permiten descarbonizar sectores -la aviación, el transporte terrestre a larga distancia o el acero y el cemento- en los que la electrificación difícilmente es una solución al menos por varias décadas.

Además, defiende la intervención porque la técnica tampoco se detiene -del fracking, por ejemplo- en el otro sentido. Así, es probable que los precios de los combustibles fósiles también bajen y, si no existe un impuesto al carbono generalizado, este descenso puede obstaculizar que se alcancen los retos marcados en la Cumbre de París. Ayer mismo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) planteaba un escenario en el que el precio del petróleo, si se incentiva el coche eléctrico, podría ponerse a 15 dólares el barril en 2040.

El artículo de Turner es una crítica a Donald Trump por salirse del acuerdo de París. Pero también debe servir de reflexión a los países que siguen dentro. En Europa sigue siendo intensivo el uso del carbón, sin que exista un calendario de cierre de estas centrales. La apuesta europea por el gas, con sus millonarias inversiones en infraestructuras, debería revisarse porque puede hipotecar a largo plazo el desarrollo de las renovables. El mercado de derechos de emisión, al que está sometida la industria europea, incluida la de generación eléctrica, marca un precio tan bajo por contaminar -ni 6 euros/tonelada de CO2- que no incentiva en absoluto al cambio tecnológico. Y éstos son sólo algunos aspectos. Se necesita que los firmantes de París sigan apoyando la revolución tecnológica que está transformando la economía de la generación eléctrica, y que actúen además en consecuencia.