Archivo de la categoría ‘Opinión’

Atreverse con el MARF

Carmen Pérez | 25 de noviembre de 2018 a las 13:01

TRIBUNA ECONÓMICA, 23/11/2018

La reciente crisis puso de manifiesto el alto grado de bancarización de nuestra economía, y la vulnerabilidad que supone para las empresas esta dependencia. Para superarla, en 2013, Bolsas y Mercados Españoles (BME) puso en marcha el Mercado Alternativo de Renta Fija (MARF). Este mercado se diseñó, en línea con los de otros países europeos, con las características adecuadas para que empresas de menor tamaño, con pocos años de actividad o que tuvieran una naturaleza innovadora pudieran captar financiación ajena mediante la emisión de pagarés y bonos. El número de sociedades admitidas a negociación ha crecido de forma continua y actualmente son 47. Sin embargo, a pesar del crecimiento que ha experimentado este mercado, el volumen de financiación canalizado es todavía muy reducido. Son muchas las empresas españolas que cumplen los requisitos y podrían también atreverse.

Esta iniciativa se enmarca dentro del proceso de desintermediación financiera que se viene produciendo en nuestro país en estos últimos años, impulsado en parte por determinados cambios normativos y fiscales que se han llevado a cabo. Según datos del Banco de España , “en el periodo 2009-2017 las empresas no financieras han captado financiación por un valor medio anual de 50.000 millones a través de los mercados de valores, frente a un descenso en media anual de 34.000 millones vía préstamos bancarios”. Y especialmente destaca cómo los valores de renta fija en relación con el total de los pasivos exigibles con coste se ha duplicado, pasando del 7% en 2007 al 14% en 2017.

Pero el grueso de esa financiación se debe a las emisiones de grandes empresas. El reto ahora es que se animen a emitir también muchas más de las que tienen un tamaño algo más pequeño. Para ello, los requisitos de acceso al MARF son más flexibles, permiten una mayor agilidad y la tramitación de las emisiones supone un menor coste. Entre las empresas emisoras están Copasa, Pikolín, El Corte Inglés o Barceló. También han entrado otras de mayor tamaño, como Sacyr o Masmóvil. En Andalucía, sólo una empresa, Inmobiliaria del Sur, se ha lanzado a esta forma de financiación, emitiendo un programa de pagarés para financiarse a corto plazo. Se estima que el MARF habrá admitido a cotización en todo 2018 unos 5.000 millones de euros, con emisiones de un volumen medio de 50 millones.

Las ventajas que puede aportarle a una empresa financiarse en el MARF va más allá de diversificar las fuentes de financiación y de ganar independencia frente a la banca. Cotizando en el mercado se gana visibilidad internacional y confianza. Además, cumplir con las exigencias en el momento de la salida y con las obligaciones de información al mercado de carácter periódico suele conducir a una mejora de la gestión interna y a una mayor calidad del gobierno corporativo. Pero queda mucho por hacer hasta que los empresarios se familiaricen con esta forma de financiación. Y en este sentido, es muy interesante la plataforma El Entorno Premercado, creada por BME y Big Ban Angels dentro de la Bolsa de Valencia para formar financieramente a las empresas, ayudarlas a superar las barreras de entrada y preparar su salida a los mercados.

Riesgo soberano

Carmen Pérez | 25 de noviembre de 2018 a las 12:59

TRIBUNA ECONÓMICA, 16/11/2018

Tiene el mismo riesgo un bono del Estado alemán que uno emitido por el Estado italiano? No, no todos los estados son igual de confiables. De hecho, las notas que les otorgan las agencias de calificación marcan las disparidades. Así, la puntuación otorgada por Moody´s a los bonos de Italia es Baa3, a un escalón del bono basura; a los españoles, Baa1; o Aaa, la propia de un país completamente solvente, a los bonos alemanes. También sus primas de riesgo deberían reflejar las diferencias, pero las compras masivas del BCE las tienen a todas completamente distorsionadas y mejoradas. Pues bien, pese a no ser iguales, todos los bonos soberanos europeos son tratados como si fueran alemanes: de nulo riesgo. Y, por tanto, sin que les supongan a los bancos europeos consumo de capital alguno por tenerlos en sus balances.

La regulación de estos aspectos le corresponde al Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, el foro internacional de supervisión bancaria. Es ahí donde se determinan las reglas mundiales del juego bancario. Basilea establece que los bancos tienen que valorar el riesgo que asumen con los bonos soberanos que poseen y respaldarlo con cierto nivel de capital. Pero la norma admite cierta flexibilidad, y fue utilizada por la Comisión Europea para permitir que los bancos de la eurozona consideren como carentes de riesgo los bonos europeos soberanos.

La mayor parte de los bonos que poseen los bancos europeos es de su propio Estado. Los españoles, por ejemplo, tienen unos 200.000 millones de euros de deuda pública española en sus balances; o los italianos, más de 143.000 millones de la suya propia. Y, aunque menor, también tienen exposiciones cruzadas: los bancos españoles tienen 27.000 millones de deuda italiana. Estrictamente, toda la deuda que no sea triple A tendría que computar como riesgo a efectos del cálculo de la solvencia bancaria.

Esta situación lleva años discutiéndose. Alemania no deja de reclamar que el trato regulatorio preferente asignado a la deuda soberana debería revisarse: los bonos estatales deben estar respaldados con una cantidad de capital adecuada al riesgo y hay que poner coto a la financiación que los Tesoros obtienen de los bancos. Pero pasa el tiempo y las cosas siguen exactamente iguales. Ni le interesa cambiar a los estados, porque supone un incentivo para que los bancos les compren su deuda, ni a los bancos, ya que muchos se verían en serias dificultades.

Estado y banca mantienen una relación tan intensa que ya no se sabe dónde empieza uno y termina la otra. Él ha desarrollado en el tiempo una dependencia excesiva, sólo consigue crecer si ella se anima a expandir deuda entre empresas y particulares. Él quiere someterla a base de regulación, pero ella siempre intenta escaparse. Ella, por su parte, necesita que él sea fuerte, que la respalde, que garantice a sus depositantes: la disciplina fiscal se hace necesaria. Y ahí está el bono soberano, como barómetro de esta relación conflictiva y complicada. Aunque esté maquillado para las cuentas de la banca, el riesgo existe: y cuando se eleva, como nos pasó o le sucede ahora a Italia, la toxicidad de la relación Estado-banca puede volverse insoportable.

Etiquetas:

La financiación empresarial del futuro

Carmen Pérez | 25 de noviembre de 2018 a las 12:57

TRIBUNA ECONÓMICA, 9/11/2018

Los retos a los que se enfrenta el sector bancario español, que son compartidos en gran medida por otros sistemas bancarios de la eurozona, son objeto frecuente de análisis en nuestros días. Menos usual, sin embargo, es la reflexión sobre la forma en que esta reconversión en la que está inmersa la banca, y que la hará ser distinta en el futuro, va a repercutir en la financiación de las empresas. Y al contrario, cómo el cambio que las empresas están a su vez experimentando hará que la banca modifique su modelo de negocio.

Uno de los retos que suele señalarse como clave para el sector bancario es el de incrementar su fortaleza. Todavía le queda mucho por hacer en cuanto a la reducción de activos deteriorados por la crisis y tienen que continuar adaptándose a los cambios regulatorios pendientes. En este sentido, hay que ser conscientes de que esta conveniente presión regulatoria hará que las entidades sean más sólidas,’ pero es más que posible que esto se traduzca en un mayor coste de financiación para la empresas.

Las nuevas tecnologías también está transformando la financiación empresarial, al facilitar la llegada de nuevos, numerosos y diferentes competidores financieros: desde pequeñas empresas fintech hasta las grandes tecnológicas que se están introduciendo en el mundo financiero. Asimismo, plataformas de crowdlending o esquemas basados en las redes sociales, que ofrecen factoringconfirming o hipotecas. Y fondos que invierten en préstamos corporativos de distinta naturaleza. Así, a las empresas del futuro se les está abriendo un panorama muy positivo, con gran diversificación de las fuentes a las que acudir, pero que exigirá de ellas una mejor formación financiera.

A la banca, por el contrario, esta intensa competencia le obliga a transformarse en una banca con menores costes, más eficiente y mucho más cercana si no quiere perder la vinculación con sus empresas clientes. Un enorme reto, porque además parte de unos niveles de rentabilidad muy debilitados por el impacto de la crisis y por la reestructuración acometida -oficinas y trabajadores- para adaptarse a un menor volumen de negocio.

La tendencia creciente hacia la desintermediación viene a intensificar el efecto anterior. Cada vez en mayor medida la gran empresa está financiándose en los mercados. Y también se están poniendo las condiciones -el Mercado Alternativo de Renta Fija- para que se animen las que no son tan grandes. Ante esto, la banca tendrá que reorientar su modelo de negocio, convirtiéndose en una banca de servicios para las empresas, estableciendo una relación directa y especializada con ellas, que permita que los ingresos por comisiones palien los menores de la concesión de crédito.

Por último, la empresa del futuro será diferente porque tendrá un mayor peso de la inversión en activos intangibles. Los intangibles no son colaterales claros debido a su carácter específico, a las asimetrías de información en su valoración en uso y a su bajo valor de liquidación. A la banca se le plantea otro gran reto: tan dependiente hasta ahora de las garantías físicas, no tendrá más remedio que adaptar sus sistemas de valoración y de supervisión de riesgos.

Banca y cambio climático

Carmen Pérez | 4 de noviembre de 2018 a las 19:32

TRIBUNA ECONÓMICA, 2/11/2018

Este martes, Sabine Lautenschläger, miembro del BCE, pronunció en Nassau un excelente discurso, Diez años después de la crisis financiera: riesgos, normas y supervisión, en el que se preguntó si el sector bancario se ha convertido en un lugar más seguro. Aunque su respuesta es afirmativa, advierte de que este negocio evoluciona constantemente. Lo que es seguro hoy podría no serlo mañana. Repasa muchos riesgos que ya tiene encima la banca, como el Brexit, el cambio de política monetaria, las tensiones comerciales, los activos improductivos, la revolución tecnológica o la banca en la sombra. Pero también se detiene especialmente en unos riesgos que pueden convertirse en problemas del futuro: los relacionados con el cambio climático.

Cita los riesgos físicos, como tormentas, inundaciones, sequías, olas de calor o el aumento del nivel del mar. Estos fenómenos, que están siendo más frecuentes y más severos, en la medida que no estén convenientemente asegurados, tienen efectos muy directos sobre el riesgo crediticio de los bancos, entre otras cosas, a causa de las garantías dañadas.

También se refiere a todo el negocio que se está desarrollando en torno a la financiación verde. En este sentido, ya tuvimos ocasión de contar aquí hace unos meses el aumento espectacular que están teniendo los bonos verdes, cuyo volumen ha pasado de los 2.600 millones de dólares en 2013 a los 150.000 millones de dólares en 2017.

Lautenschläger señala que la innovación financiera puede ser muy positiva, pero advierte de la importancia de controlar las finanzas verdes tal como lo haríamos con cualquier otro tipo de innovación financiera. Sin embargo, como también recogimos aquí en otra tribuna, ya hay ejemplos de querer caminar hacia una economía más sostenible a costa de alterar la estabilidad financiera. El vicepresidente de la Comisión Europea, Valdis Dombrovskis, propuso que se estudiara la posibilidad de reducir los requisitos de capital para los préstamos verdes bancarios.

Por otra parte, también menciona cómo las políticas relacionadas con la transición a una economía baja en carbono puede tener consecuencias de gran alcance para muchos clientes de los bancos, como los fabricantes de automóviles o los proveedores de energía. O por lo que pudieran impactar en los precios de los commodities y la energía, que afectarían a su vez al riesgo de mercado bancario.

Resulta gratificante esta intención de “obligar a los bancos a prepararse para la tormenta cuando el sol está brillando”. Pero de nada sirve que los supervisores detecten las nubes que se acercan sin que los políticos esté alineados con ellos. Y es para echarse a temblar al escuchar lo que Lautenschläger nos dice: se repite la Historia; en tiempos de crisis todos están de acuerdo en fijar reglas estrictas. Pero tan pronto como las cosas comienzan a mejorar, las reglas se ven repentinamente como un impedimento para que los bancos hagan buenos negocios y la economía crezca. También es descorazonador oírla reconocer la lucha titánica que mantienen para evitar el arbitraje regulatorio, citando casos en los que se demuestra lo bien que saben los bancos maniobrar para sortear las reglas.

Ay, Italia

Carmen Pérez | 4 de noviembre de 2018 a las 19:30

TRIBUNA ECONÓMICA, 26/10/2018

El otro día se vivió en el Parlamento europeo una escena bochornosa. El eurodiputado de la ultraderechista Liga del Norte, Angelo Ciocca, cogió los papeles que acababa de leer el comisario europeo, Pierre Moscovici, los puso sobre la mesa y con uno de sus zapatos en la mano los pisoteó, dejando grabar su actuación en un vídeo. Su enfado provenía de que la Comisión europea había rechazado los presupuestos que habían presentado para 2019. Los que, según ellos, van a mejorar la vida de los italianos: “Italia merece respeto y estos euroimbéciles lo tienen que entender”. Están cerrados en banda. Al día siguiente, el ministro del Interior, Matteo Salvini, lo dijo claro: “Aunque la Comisión mande doce cartas, el Gobierno italiano no cambiará sus presupuestos”.

“Nosotros proponemos una receta distinta porque apostamos por el crecimiento de Italia”. Y ese crecimiento lo piensan conseguir a base de aumentar el gasto público; tanto como para que las cuentas arrojen un déficit del 2,4% del PIB en 2019. Pero con un PIB creciendo al 1,5%, como pretenden alcanzar, les sería posible revertir el crecimiento del ratio de deuda pública sobre el PIB. Así, lo sitúan el año que viene en el 130% del PIB, algo menor que el valor actual del ratio.

Pero la Comisión no confía en estas cuentas. Considera que los gastos se cumplirán seguro, pero que no son ciertos los ingresos. No otorga credibilidad al ritmo de crecimiento que ellos dicen; lo rebajan al 0,9%. Y si los ingresos no alcanzan los niveles presupuestados, el déficit en el que incurrirán será incluso mayor del 2,4%, siendo éste además el triple de lo inicialmente acordado. La desviación es de casi 25.000 millones de euros. La deuda pública se desmandaría, según los cálculos europeos.

Ese nivel de déficit lo han presentado en muchas ocasiones otros países de la Eurozona, pero el elevado nivel de deuda pone a Italia, y a toda Europa, en una situación muy delicada. El problema de sus presupuestos son los intereses de la deuda, que alcanzan los 65.000 millones de euros. Y pueden elevarse: su prima de riesgo supera los 300 puntos básicos. ¡Esto se debe a una conspiración contra los bonos italianos!, diría Salvini. El mes pasado manifestaba al periódico Deustsche Welle que si la prima de riesgo italiana se ha duplicado desde que ellos llegaron al poder es porque los Lords of the spread están conspirando contra los populistas de Italia.

Que se deje de cuentos. Muy al contrario, si ha habido una conspiración ha sido a su favor por el Banco Central Europeo (BCE), que lleva años cuidando de todas de las primas de riesgo europeas, porque lo necesitaban algunos países, especialmente Italia. Ayer, el Consejo de Gobierno del BCE mantuvo la ruta prefijada: las compras de deuda cesarán en diciembre. Eso no supone acabar con la política monetaria, Draghi reiteró que seguirá siendo muy acomodaticia gracias a la reinversión de vencimientos. Será poco para los populistas italianos, que reclamarán que prosigan las compras o que el BCE les perdone la deuda. Así que, cualquier día, en algunas de esas reuniones, algún miembro del Gobierno de Italia quizá zapateará también los papeles con las decisiones de política monetaria.

 

Teatro financiero

Carmen Pérez | 4 de noviembre de 2018 a las 19:28

TRIBUNA ECONÓMICA, 19/1o/2018

Una de las propuestas contenidas en el acuerdo de Presupuestos Generales del Estado de 2019, pactado entre el Gobierno y Unidos Podemos, es la de gravar determinadas transacciones financieras. Se podría esperar de esta coalición que liderara iniciativas, aquí y en Europa, para reformar en profundidad el sistema financiero, que está tan lleno de privilegios. Pero no, lo que proponen es aplicarle un Impuesto a las Transacciones Financieras (ITF), con la que sólo se conseguirá recaudar una cantidad, que no será muy alta por las características del impuesto y que, además, terminará pagando el inversor medio. Por su parte, el mundo financiero protesta, pero en el fondo tiene que estar encantado con lo que podía haber sido y, sin embargo, en lo que ha quedado este impuesto.

Este impuesto, y más duro, ya se trató de poner en marcha desde Europa en 2011. Desde entonces, una serie de países, como el Reino Unido, se opusieron a seguir para adelante; otros decidieron continuar unidos con el proyecto. Pero finalmente cada uno ha dispuesto a su antojo, y en todos los casos de manera mucho más débil que la versión original propuesta. Y, dicho sea de paso, no debe estar muy orgullosa la Comisión Europea con esta fragmentación, cuando no deja de afirmar lo mucho que se está trabajando para alcanzar una Unión de Mercados de Capitales auténtica.

El ITF español, en línea con los otros países europeos, afectará exclusivamente a lo más básico: las compras de acciones. Y no a todas. Sólo a las acciones de empresas cotizadas y que tengan una capitalización bursátil superior a 1.000 millones de euros. En total, unas 65 empresas, incluyendo todas las del Íbex 35. Queda fuera del impuesto, por tanto, la renta fija pública y privada. Tampoco alcanza a las operaciones con derivados, y seguramente estarán exentas las operaciones intradiarias: todas las más profesionales y especulativas, y por las que se podría recaudar más dinero.

Tomando como referencia lo que sucede en Francia, y contando con la estructura de nuestro mercado y con las características específicas con las que se ha diseñado el impuesto español, con un tipo del 0,2%, se estima que la recaudación no superará los 700 millones de euros. Eso en el mejor de los casos, porque puede provocar la disminución de la negociación, perjudicando así la profundidad y liquidez del mercado. O que, con la libertad que tienen los capitales para circular por este mundo tan globalizado, empresas e inversores emigren hacia otras plazas financieras.

Así, este impuesto es puro teatro. El Gobierno y Unidos Podemos lo utilizan de escaparate electoral, como si fuera un freno a la especulación financiera, como una batalla ganada a las perversas instituciones financieras, cuando no viene a mejorar en absoluto la esencia del sistema financiero. También ocultan a la población que la recaudación terminará saliendo de sus bolsillos, directamente o a costa de la rentabilidad de sus fondos de inversión o planes de pensiones. Por su parte, las instituciones financieras se quejan como si les fuera a dañar gravemente, sabiendo que tienen bien controlada la situación en Europa y en todos los países que han implantado el impuesto.

Etiquetas: , ,

¿Por qué los salarios no suben?

Carmen Pérez | 4 de noviembre de 2018 a las 19:25

TRIBUNA ECONÓMICA, 12/10/2018

En 2014 dejamos atrás la crisis y volvimos al crecimiento económico, y de forma potente. En los últimos tres años el PIB se ha incrementado a un ritmo medio superior al 3% anual. Sin embargo, la evolución de los salarios no ha acompañado como debiera a esta recuperación económica. Ni aquí en España ni en la mayor parte de las economías avanzadas. ¿Qué está fallando? El Banco de España ha publicado esta semana un artículo, La moderación salarial en España y en la UEM, que compara lo que teóricamente se esperaba que pasara y lo que realmente está pasando.

La tasa de paro es uno de los factores con el que usualmente la teoría económica ha explicado los crecimientos salariales. Así, a medida que escasea la disponibilidad de trabajadores en un ciclo expansivo, la presión sobre los salarios aumenta. Pero la realidad ha sido otra. Desde 2013 la tasa de paro ha ido disminuyendo y esta reducción no ha venido paralela al aumento en la tasa de crecimiento salarial que corresponde.

Esto pone de manifiesto que la tasa de paro como tradicionalmente se ha medido no refleja bien la situación del mercado de trabajo de hoy en día. El estudio señala el alto crecimiento de la tasa de trabajadores a tiempo parcial, que están así de forma involuntaria porque declaran estar dispuestos a trabajar más horas. También habría que contar con un porcentaje considerable de desempleados desanimados, que han dejado de buscar trabajo.

Estas conclusiones no son nuevas. Ya hizo referencia a este asunto Mario Draghi, en su discurso en el Foro de Bancos Centrales el año pasado en Sintra, denunciando el precario empleo que se está creando, que conlleva que en las negociaciones se priorice conseguir más horas o seguridad en el empleo, y no salarios más altos. También aludió a los subempleados, a los que han abandonado la búsqueda y a los marginalmente vinculados a la fuerza de trabajo. Y dio una cifra: el paro con estas premisas en la Eurozona no sería del 10%, sino del 18% de la población activa.

Entonces Draghi explicaba que la inflación no sube si no se elevan los salarios. Pero también podría plantearse esta relación, como en este estudio, en sentido contrario. Así, las expectativas sobre la evolución de los precios presionan en la negociación de los convenios colectivos con el fin de que no se produzca un deterioro del poder adquisitivo de los trabajadores. Y estas expectativas se han mantenido relativamente moderadas durante la recuperación económica, atascándose inflación y salarios mutuamente.

Con una holgura en el mercado de trabajo tan amplia sólo estaba, y está, en la responsabilidad de los empresarios trasladar a sus trabajadores parte de la mejora que ellos sí han estado experimentando en sus resultados estos últimos años. Sin embargo, la subida salarial sería un hecho con el pacto de PSOE y Podemos para situar el SMI en 900 euros. Y no sólo para los de ese escalón sino que esto presionaría para que mejoraran todos los escalones por encima. ¿Pero es oportuna y conveniente esa medida? Esta noticia saltó ayer a la vez del descenso de las Bolsas provocado en gran parte por las expectativas futuras de desaceleración económica…

Mamá Eurozona

Carmen Pérez | 4 de noviembre de 2018 a las 19:22

TRIBUNA ECONÓMICA, 5/10/2018

Desde esta semana el sistema financiero de la Eurozona cuenta con un banco más: Nordea Bank Abp. Se ha venido con nosotros -a Finlandia- desde Suecia, país que no pertenece al eurosistema. El 1 de octubre se efectuó el cambio de la sede social de Estocolmo a Helsinki, pero a nivel operativo todo permanece igual, apenas unos 20 empleados han tenido que desplazarse.

La noticia es importante porque no es un banquito pequeño, es el más grande de la región nórdica, está catalogado como “too big to fail“. Con él ya tenemos ocho. Y es importante también este hecho porque Nordea pasa directamente a formar parte de la Unión Bancaria Europea. O sea, que su riesgo es ya, de hecho, nuestro riesgo. Y puede serlo pronto también de derecho.

Este consorcio bancario tiene más de 10 millones de clientes, unos 30.000 empleados y 600 sucursales en Dinamarca, Suecia, Noruega, Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania y Rusia. A Suecia se le ha ido con su marcha el 36% de su sector financiero. Y si era significativo para el país saliente, aún lo es más para el entrante. Se convierte en su mayor compañía por capitalización bursátil, 39.000 millones de euros, desbancando a la tecnológica Nokia. Sus activos, 580 mil millones de euros, equivalen a más de 2,5 veces el PIB finlandés.

El cambio empezó a gestarse el año pasado, cuando el gobierno socialdemócrata sueco decidió aumentar a las entidades financieras la contribución que tienen que hacer a un fondo estatal con el que contar en caso de una crisis bancaria. “Nordea no puede ser una vaca que se ordeñe sin fin”, dijo entonces su presidente, Björn Wahlroos. Con el traslado espera ahorrarse unos 1.200 millones de euros. E l dinero no entiende de patria.

Los suecos se quedan sin esos ingresos, pero también eliminan el riesgo para los contribuyentes si llega una crisis bancaria y se activa la garantía pública a los depósitos. Para Finlandia, más allá del glamour que significa tener en su territorio un banco tan grande, ni le aumentan significativamente los ingresos fiscales ni el número de empleados del banco. Y ha tenido que contratar un 10% de personal extra para supervisarlo y eso que por su tamaño Nordea pasa directamente a ser supervisado por el Banco Central Europeo. Además el riesgo que suelta Suecia es el que asume Finlandia, y de paso todos nosotros por pertenecer este país a la Unión Bancaria.

Nordea nunca se hubiera ido a Finlandia si no perteneciera al eurosistema. Hoy en día la solvencia de un banco se mide por la fortaleza del Estado que tenga detrás respaldándole. Es absurdo pensar que Finlandia por sí sola pueda ser garantía para su sector bancario cuando, con la incorporación de Nordea, sus activos casi cuadriplican el PIB finlandés. “Finlandia, como parte de la Unión Bancaria, es un mejor hogar para Nordea”, dijo Wahlroos. Sin duda alguna. También es verdad que ha puesto confianza en que finalice este proceso de Unión Bancaria, que aún está incompleto. Finlandia también estará rezando para que esto suceda. Y a la Eurozona le toca reflexionar si es Suecia la que tiene razón y valorar si lo que se le exige aquí a la banca para preservar la estabilidad financiera es suficiente.

‘Trabajos de mierda’

Carmen Pérez | 1 de octubre de 2018 a las 18:19

TRIBUNA ECONÓMICA, 28/9/2018

La cuestión que plantea el antropólogo americano David Graeber en su libro Trabajos de mierda (Ariel, 2018) es bien provocativa. Al leer ese título seguramente lo primero que se nos viene a la cabeza es que se referirá a los innumerables trabajos mal pagados, que conllevan la realización de tareas duras, con horarios agotadores o que se desarrollan en condiciones penosas. Pero no, no va por ahí el planteamiento. El anarquista Graeber califica así “al empleo que es tan innecesario que incluso la persona que lo está haciendo cree íntimamente que ese trabajo no debería existir”. Y afirma que el número de empleos de esa clase es creciente.

Graeber distingue entre esos “trabajos de mierda” y los realmente útiles. Una primera prueba de fuego para saber en qué tipo clasificarlo puede ser imaginar el efecto que causaría si se pusieran en huelga. Así, si paran los que recogen la basura, los transportistas, los enterradores o los enfermeros, por citar algunos ejemplos, el caos se instalaría enseguida en la ciudad. Y también de otros muchos trabajos tenemos claro que benefician a la sociedad, como los médicos, científicos o profesores. Sin embargo, ninguno de ellos suele estar bien pagado, o al menos no tanto como otros cuya utilidad es más discutible.

La tipología que cita es amplia. Asesores de imagen o asistentes personales, cuya única función es que su jefe brille; los que existen sólo porque en otras empresas existen, como los relaciones públicas, televendedores o abogados de empresas; los que realizan tareas -informes, estadísticas, reuniones- prácticamente inventadas por sus jefes con el sólo fin de justificar o dar relevancia a sus puestos; los de supervisión cuando ésta no hace falta; y así un largo etcétera. Y en muchas ocasiones no se dan de forma pura sino que estas tareas inútiles están mezcladas con las que sí tienen sentido y gastan gran parte del tiempo.

La radical división propuesta de Graeber tiene la virtud de hacernos reflexionar sobre el hecho de que a medida que hemos ido ganando productividad gracias a la tecnología hemos ido perdiéndola también al rodear la producción de bienes y servicios de tareas superfluas que no añaden más al bienestar final. Son actividades de “suma cero”. Y no sólo es que la productividad salga perjudicada. Realizar tareas que no aportan, incluso con salarios altos, producen ansiedad y tristeza.

Resulta difícil admitir que en el ámbito privado puedan existir trabajos absurdos. Aunque su utilidad sea muy indirecta, por lógica deben ser necesarios. Si no, la lucha de las empresas en el mercado tendería a eliminarlos. Pero ahí está el fondo del problema. Cada vez hay más sectores en los que la sana competencia brilla por su ausencia. También el ámbito público es campo abonado para que estos trabajos proliferen. Sólo hay que ver la de veces que para la prestación de un servicio necesario se infla rápidamente una empresa pública, con multitud de cargos y de tareas adyacentes. Y el remate se produce cuando los oligopolios se entreveran con lo público, como sucede en el mundo financiero. Conjunción perfecta para que se disparen los “trabajos de mierda”.

Una innovación financiera simple y sorprendente

Carmen Pérez | 1 de octubre de 2018 a las 18:16

TRIBUNA ECONÓMICA, 21/9/2018

La innovación en finanzas ha venido asociada generalmente a un mayor grado de complejidad. Productos enrevesados, como las opciones exóticas de tipo asiático, procedimientos oscuros, como la titulización sintética, o valoraciones que utilizan intrincados modelos matemáticos hacen que las finanzas constituyan un mundo inaccesible. Ingeniería financiera la llaman. Sin embargo, recientemente se ha producido una innovación completamente rompedora que no puede ser más simple. A alguien en EEUU se le ha ocurrido una feliz idea: crear un banco con un modelo de negocio sorprendente. Ha conseguido todos los permisos, sólo está a falta de que el banco central americano, la Reserva Federal (FED), le abra la cuenta para empezar a operar. Tiene por ley que hacerlo, pero ha dicho “NO”. Por supuesto, el banco aspirante le ha puesto una demanda.

TNB, que así se llama el banco, acrónimo de The Narrow Bank, quiere que su actividad consista exclusivamente en captar depósitos -en principio, de grandes inversores institucionales como fondos monetarios o compañías de seguros- y aparcarlos en la FED. Y como actualmente la FED retribuye los depósitos de los bancos al 1,95%, trasladaría este tipo de interés prácticamente completo a sus depositantes. Una rentabilidad muy atractiva porque el interés medio de los depósitos en los bancos comerciales es del 0,09%. Arbitraje puro y duro de tipos de interés, pero legal, y con seguridad absoluta y óptima rentabilidad para los depositantes.

Ésta es la respuesta privada a una iniciativa que viene de lejos -desde el plan Chicago, 1933- y que se ha reactivado desde la crisis: que los bancos centrales permitan abrir cuentas a particulares y empresas para que depositen allí su dinero. La tecnología blockchain la hace más factible. La alternativa propuesta estaría a medio camino: los depósitos estarían igualmente en el banco central pero la operativa sería privada. TNB no está dispuesto a rendirse: ¡el capitalismo defiende la libre competencia!

Ese modelo de negocio podría importarse para la Eurozona, aunque el tipo de interés actual para los depósitos de los bancos en el Banco Central Europeo es del -0,4%, por lo que un narrow bank tendría que trasladarle un coste aún más alto a sus depositantes. Pero estas condiciones no tardarán en cambiarse. Además, los grandes fondos ya vienen siendo penalizados y la total seguridad de la que disfrutarían podría compensarles, porque éstos no están cubiertos con el seguro público de depósitos.

“Motivos políticos” es lo que se ha alegado para dar la negativa. ¿Qué temen, que afecte a la estabilidad financiera si son 100% seguros?, ¿que tengan que reorientar la política monetaria?, ¿o es que este banco de bancos (la FED es una entidad privada) está protegiendo a los suyos? El temor puede estar en que esta iniciativa podría extenderse en el futuro a depositantes minoristas -particulares y empresas-. Es más, si en el mercado existiera una solución para aquella parte de la población que quiera depósitos 100% seguros, ¿por qué habría de mantenerse el nefasto seguro de depósitos público? La FED sabe bien que por una rendija puede naufragar un barco.