Archivo de la categoría ‘Opinión’

¿Cuánto valdrán ahora los billetes de 500?

Carmen Pérez | 3 de febrero de 2019 a las 17:41

TRIBUNA ECONÓMICA, 1/2/2019

En marzo de 2006 saltó la noticia. El Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo había tomado la decisión de finalizar la producción de billetes de 500 euros -los bin laden-a finales de 2018. Y ya ha llegado el momento: desde el domingo pasado se han dejado de emitir. Algunos ni lo notaremos, y quienes los tengan no han de preocuparse porque seguirán siendo válidos indefinidamente. La razón que dio el BCE para tomar esta determinación es que este billete de tan alto valor facilita las actividades ilegales: drogas, armas, tráfico de personas y de órganos, evasión fiscal o lavado de dinero. Pero, a pesar de esta contundente razón, no falta quien se oponga a esta medida ni quien encuentre razones ocultas ni quien especule sobre cuál será su valor a partir de ahora.

Los alemanes protestaron por su desaparición. Ellos son grandes amantes del efectivo, fueron los que quisieron este billete cuando se creó el euro, como sustitución del de 1000 marcos alemanes (511 euros), que se eliminaba. Sin embargo, el español mayor era de 10.000 pesetas (60 euros). El temor es que a esta medida le sigan otras, hasta acabar completamente con el dinero físico, con la pérdida de libertad que esto conlleva: las transacciones electrónicas dejan rastro; bastará darle a un botón para reconstruir los pasos diarios de cualquiera, no sólo sobre qué ha comprado y cuánto ha pagado sino en qué horas y lugares ha estado. Se plantea, por tanto, la tensión entre seguridad y libertad, dos objetivos que con frecuencia actúan dialécticamente y en contradicción.

Por otra parte, esta decisión ha invitado a la suspicacia por el momento en que se toma: se han emitido durante 17 años, desde el inicio del euro, y nadie parecía preocuparse, y ahora que estamos inmersos en un mundo de tipos de interés bajísimos y que es posible que los bancos terminen cobrando por los depósitos, se dificulta que pueda guardarse el dinero debajo del colchón para no tener que pagar por él. Un millón de euros en billetes de 500 pesa solo 2,2 kilos; en billetes de 50 euros pesaría 20 kilos. Pero es un paso que ya se dio en otros países: EEUU, por ejemplo, eliminó los billetes de 1.000 y 500 dólares, dejando como más alto el de 100 dólares. En el Reino Unido el más grande es de 50 libras. Sólo en Suiza persiste el billete de 1.000 francos suizos (unos 877 euros), el más valioso del mundo.

Y lo más curioso respecto a este asunto es la encuesta sobre el futuro valor de los billetes de 500 euros que realizó la gestora británica de fondos M&G en 2016. Teóricamente, el valor debería ser el mismo, porque sigue en vigor como medio de pago, pero se planteaban dos argumentos. De un lado: intentar utilizarlos en una transacción podría ser una señal de que esa persona es un criminal o un evasor de impuestos: ¿deberán sus dueños venderlos con descuento? De otro lado: seguirá habiendo demanda por parte de personas que los ven como la forma de resguardar el dinero en metálico con menores costes de almacenamiento: ¿incrementará su valor? El 14% opinó que se intercambiará con descuento; el 36% que mantendría su valor; y el 50%, que cotizará con una prima. A ver cómo y por cuánto se deshacen de los suyos.

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A cámara lenta

Carmen Pérez | 3 de febrero de 2019 a las 17:37

TRIBUNA ECONÓMICA, 25/1/2019

A los bancos centrales se le han puesto las cosas más difíciles. El camino hacia la normalización monetaria que comenzó hace ya años en la Reserva Federal (Fed) y en otros bancos centrales, como el de Canadá o el Banco de Inglaterra, se ha complicado. También para el nuestro, el Banco Central Europeo (BCE), que los sigue con retraso. La paciencia, que ha sido una de las palabras banderas de Mario Draghi -junto con prudencia y persistencia- se ha convertido también en la nueva palabra de la Fed. La desaceleración económica y la volatilidad en los mercados exigen estar a verlas venir, no hay otra. De momento no es que vayan a desviarse o retroceder en este proceso pero lo que sí han hecho es ponerlo a cámara lenta. Ahora, incluso algunos miembros de sus consejos, que eran claramente halcones, se han vuelto palomas.

Los datos de la revisión a la baja del crecimiento de EEUU -del 3% al 2,3%- y los descensos bruscos en Wall Street de diciembre, tras la última subida de tipos, constituyen un problema para la Fed. Se le acusa de alimentar la volatilidad financiera y de poner en riesgo el bienestar económico del país. De nada sirvió que de forma paralela a la subida de esos 25 puntos básicos. le acompañara una declaración de mayor suavidad para el año que viene. En una conferencia posterior Jerome Powell tuvo que suavizar aún más las cosas, aclarando que los tipos de interés ya han alcanzado el límite inferior de la tasa neutral: donde la Fed dijo que serían tres la alzas, y luego dos, ahora es posible que quede en una o en ninguna. También está por ver si detiene la reducción de su balance, que venía disminuyendo a razón de 50.000 dólares al mes. Todo dependerá de sus dos objetivos: la inflación y el empleo.

En cuanto al BCE, ayer tuvo lugar una nueva reunión de su Consejo de Gobierno. No se esperaba ningún cambio y así ha sido, aunque había cierta expectación por los comentarios que hiciera Mario Draghi tras lo sucedido en EEUU. En la Eurozona, aunque ya finalizó el programa de compra de activos, la economía seguirá muy estimulada por la promesa de reinversión de los activos que vayan venciendo. Esto no es poca cosa, significa que el BCE comprará hasta 200.000 millones de bonos este año, fundamentalmente bonos soberanos. En cuanto a los tipos de interés, ayer mantuvo que permanecerán en los niveles actuales “hasta al menos durante el verano de 2019″.

Pero las tasas de crecimiento “han seguido siendo más débiles de lo esperado” y “es probable que la inflación general disminuya aún más en los próximos meses”. Además, Draghi reconoció que existe “una larga lista de factores” que pueden influir en el crecimiento más allá del corto plazo”. Expresamente mencionó el Brexit, la amenaza proteccionista, la desaceleración en China y los problemas de la industria automovilística alemana ante el riesgo de aranceles. Su tono más pesimista y alarmista cabe esperar que también el BCE se ponga en cámara lenta y que la subida de tipos no llegue hasta finales de 2019 o que incluso haya que esperar a 2020. No sólo el BCE, a todos los bancos centrales no les queda más remedio que ir “ajustando todos sus instrumentos” sobre la marcha. No lo van a tener nada fácil.

 

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El futuro del dinero y la banca

Carmen Pérez | 3 de febrero de 2019 a las 17:34

TRIBUNA ECONÓMICA, 18/1/2019

Este miércoles celebramos en la Facultad de Turismo y Finanzas de la Universidad de Sevilla una jornada sobre el futuro del dinero y la banca. Los ponentes que me acompañaron en la Mesa fueron Carlos Arenillas, ex vicepresidente de la CNMV; Ignacio Ozcáriz, CEO en Grupo RFintech Plc, y el catedrático de Economía Aplicada, Juan Torres. Además, contamos con Jesús Manuel Utrilla, coorganizador del evento y presidente de Dinero Positivo, la rama española de una estructura internacional que lleva años reivindicando que el sector público recupere el poder de creación de dinero que ha ido acaparando cada vez más la banca.

La primera cuestión que abordamos pretendía dejar claro el punto en el que nos encontramos. Hemos pasado la mayor crisis de la Historia, hace unos meses se conmemoraba los 10 años de la quiebra de Lehman Brothers, ¿pero hemos superado el peligro de caer en otra crisis financiera? Repasamos causas, consecuencias, las reformas propuestas y las finalmente realizadas. La conclusión unánime es que la banca es ahora más sólida, pero no se han cambiado sus fundamentos absolutamente en nada: sigue asentada en el barro de la inestabilidad y los privilegios, sólo se le han puesto puntales -mayormente públicos- para conseguir que no se desmorone.

La situación, por otra parte, incluso se ha complicado por la revolución tecnológica, que está impactando de lleno en el mundo de las finanzas. Nos referimos a la imparable desaparición del dinero en efectivo en favor de los pagos digitales. Actualmente, los billetes y monedas en circulación ascienden sólo a 1,1 billones de euros, frente a los 17,5 billones de euros depositados en instituciones bancarias. Así, la creación de dinero está quedando completamente en poder de la banca, porque ellos son los que generan los depósitos al prestar dinero y porque además están desde el sector público garantizados.

Esta tendencia está siendo motivo de preocupación para los bancos centrales. Por ello, abordamos también la solución que vienen barajando: la emisión de dinero digital soberano; esto es, que podamos mantener tanto los particulares y las empresas nuestros depósitos directamente en el banco central y no en la banca. ¿Cuál sería entonces el papel del sistema bancario? La banca quedaría despojada del poder de crear dinero, que debe ser una función del Estado, y sería sólo financiadora de la economía real, función que sí debe desarrollarse desde el ámbito privado. El seguro de depósitos ya no tendría sentido. No habría temor a los bancos too big to fail. Se eliminaría tantísima regulación y tanto personal que requiere gestionarla. Y también estaría controlada el nivel de deuda.

La solución parece maravillosa, ¿pero qué problemas conllevaría que la decisión estuviera concentrada en un comité de banqueros centrales y no como ahora descentralizada?, ¿cómo podría llevarse a cabo la transición de un sistema a otro cuando se ha construido el Estado del bienestar sobre una montaña de deuda?, ¿estamos obligados a una huida hacia adelante? El debate, por tanto, está abierto. Mientras, la deuda del mundo sigue subiendo: ya supera los 244 billones de dólares, el 318% del PBI global.

Cambio de tendencia

Carmen Pérez | 3 de febrero de 2019 a las 17:32

TRIBUNA ECONÓMICA, 11/1/2019

En febrero de 2016 se produjo un hecho sorprendente. El euríbor a doce meses pasó a cotizar en negativo. Y no fue algo puntual sino que esta anomalía financiera día tras día se fue intensificando. Así, el euríbor fue descendiendo desde entonces hasta marcar en marzo del pasado año su mínimo histórico, -0,191%. A partir de ahí cambió la tendencia y emprendió el camino contrario: lleva 9 meses subiendo. Pero, a pesar de esto, el euríbor aún no ha dejado los valores negativos y ayer se situó en -0,118%. El miedo de todos los endeudados a tipo variable -particulares y empresas- es que siga creciendo y se encarezcan sus préstamos. Es lo que previsiblemente pasará, pero pueden estar tranquilos: el ritmo de subida será lento, muy lento.

Para hacernos idea del impacto de la subida que ha experimentado el euríbor estos últimos meses podemos acudir a un ejemplo. Una hipoteca media, de un importe de 150.000 euros, a 20 años y con un diferencial sobre el euríbor del 1%, a la que le tocara revisar el tipo de interés este mes de enero, vería incrementarse su cuota mensual de 677 a 682 euros, 5 euros más. Pero no hay que olvidar que este importe era y sigue siendo extraordinariamente bajo: hace diez años, en 2008, cuando el euríbor se situaba por encima del 5%, un préstamo de estas características suponía un pago de 1.085 euros: ¡400 euros más mensualmente!

Los endeudados no pueden tener quejas, han sido los grandes beneficiados -junto con los Estados- de las políticas del Banco Central Europeo. Aunque pueda pensarse que lo que se decide allí no nos afecta directamente a nuestro bolsillo no es en absoluto así. Los tipos de interés de referencia que establece el banco central en su relación con la banca (operaciones principales de financiación y la facilidad marginal de crédito y de depósito) condicionan completamente las operaciones que realizan los bancos entre ellos en el mercado interbancario, donde queda fijado el euríbor a los distintos plazos.

Ante esta remontada del euríbor, los expertos de fondos de inversión, entidades financieras, thinktanks, lanzan sus especulaciones: cada uno marca un ritmo de subida concreto. El escenario más moderado establece que el 0% se alcanzará al final del primer trimestre de 2019 y que el euríbor acabe el año en el entorno del 0,20%. Los más extremos sugieren que no se volverá positivo antes de final de año; o, por el contrario, que termine por encima del 0,5%.

Depende de Mario Draghi. En los últimos comunicados sobre las decisiones de política monetaria sólo se aclara que “El Consejo de Gobierno espera que los tipos de interés oficiales del BCE se mantengan en los niveles actuales hasta al menos durante el verano de 2019″, y luego añade una coletilla que les dota de flexibilidad para moverse en un sentido o en el contrario. Y el caso es que las circunstancias económicas actuales no están siendo muy favorables para que prosiga la normalización monetaria. De hecho, Jerome Powell ha manifestado esta semana que la Reserva Federal está preparada para dar marcha atrás si hace falta. El BCE sigue sus pasos, así que cabe la posibilidad incluso que este cambio de tendencia del euríbor quede finalmente en nada.

El euro, un cesto con diferentes mimbres

Carmen Pérez | 3 de febrero de 2019 a las 17:29

TRIBUNA ECONÓMICA, 4/1 /2019

Las finanzas públicas de los países del euro son muy dispares. La Comisión Europea no les quita el ojo a ninguna de ellas. A finales de noviembre, partiendo de la situación actual y de lo que piensan hacer cada uno de sus Gobiernos el año que viene -plasmado en los planes presupuestarios para 2019- realizó una valoración del mayor o menor riesgo de que incumplan con las normas establecidas, fundamentalmente con las disposiciones del Plan de Estabilidad y Crecimiento (PEC). En esta evaluación, la buena noticia es que diez países -cuatro más este año- cumplen sin problemas y no presentan riesgo de no hacerlo. Tres están casi casi en esa situación. El problema lo plantean seis países que suspenden claramente. En ellos existe riesgo de incumplimiento del PEC. España está entre ellos.

Alemania, Irlanda, Grecia, Chipre, Lituania, Luxemburgo, Malta, Países Bajos, Austria y Finlandia registran posiciones fiscales para conseguir los objetivos presupuestarios a medio plazo que se les tienen marcados. Estonia, Letonia y Eslovaquia son esos tres países que aprueban raspado, es decir, que cumplen en líneas generales: con los planes presupuestarios presentados pueden desviarse, pero sería sólo levemente. Sin embargo, problemáticos son, además de España, Bélgica, Francia, Portugal y Eslovenia. E Italia , al que la Comisión obligó a rehacer su plan inicial para 2019 porque suponía un incumplimiento especialmente grave: su situación es la más delicada.

Las economías de estos seis países son estructuralmente deficitarias, aunque puedan estar cumpliendo incluso con los objetivos de déficit nominales asignados. Y así les es imposible realizar avances suficientes hasta alcanzar unas finanzas públicas saneadas. En estos años de crecimiento deberían estar constituyendo colchones fiscales para incrementar su capacidad de resistencia ante futuras desaceleraciones económicas. Si llega una recesión, no tendrán más remedio que endurecer sus políticas fiscales. O dicho más claro: volver a los recortes, y ya se sabe lo que significa esto.

Ante una nueva crisis las dificultades sería mayores, porque ahora estos países parten de unos niveles de deuda pública en relación con el PIB muy elevados, todos ellos por encima del 100%, y en el caso de Italia, del 130%. Sería imposible tirar de deuda a manos llenas como se hizo entonces. También la eurozona se encontraría con las herramientas de política monetaria gastadas, y lo peor es que el alivio que han proporcionado estos últimos años no se ha aprovechado convenientemente.

Estos seis países deberían haber hecho reformas y no las han hecho, o al menos no las suficientes. Tampoco se han hecho las reformas necesarias para profundizar en la Unión Económica y Monetaria. La heterogeneidad fiscal de los países que tienen que unirse las frenan. Resulta difícil construir un cesto con mimbres tan diferentes.

El euro, que en estos días cumple 20 años de vida, si quiere seguir sobreviviendo, necesita de unas y de otras, y del apoyo de los países sobresalientes. Se avecinan tiempos difíciles para la eurozona: la desaceleración del crecimiento económico no es una posibilidad para el futuro, es el presente.

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Vaya final de año

Carmen Pérez | 3 de febrero de 2019 a las 17:21

TRIBUNA ECONÓMICA, 28/12/2018

El miércoles 20 de diciembre, el banco central de EEUU, la Reserva Federal (Fed), elevó los tipos de interés un cuarto de punto hasta un rango entre el 2,25% y el 2,5%. Es el noveno aumento desde que en 2015 comenzara a subir el precio del dinero. Días antes Donald Trump había dejado bien claro que no estaba en absoluto de acuerdo con esto. Conminó a Jerome Powell a que “sintiera el mercado” y expresó su incredulidad porque estuviera siquiera considerando otra subida “con un dólar muy fuerte y prácticamente sin inflación, el mundo exterior explotando a nuestro alrededor, París en llamas y China cayendo”. Pero Powell lo hizo, tenía que demostrar que la Fed es un organismo independiente: “Nada nos impedirá hacer lo que creemos que es lo correcto”. Pero también había otro motivo adicional para hacerlo: ¿cómo reaccionarían los inversores con las claras señales de desaceleración económica que existen si no se subieran los tipos de interés tal y como estaba descontado desde hacía tiempo?

Con todo, la Bolsa americana sufrió un importante descenso. Los mercados cayeron con fuerza, aún más sobre lo que ya llevaba todo el mes perdiendo. El índice S&P 500, considerado como el más representativo de la situación real del mercado, se situaba el 3 de diciembre en 2.790 puntos; el 24 de diciembre había descendido hasta los 2.351: un 15,73% menos. El indicador del miedo, VIX, subió en esa jornada hasta los 36 puntos, niveles no vistos desde principios de febrero, cuando el mercado tuvo la primera corrección seria. También entonces como ahora se desató el miedo.

Cuando la situación se pone así, cualquier cosa que pase o se diga puede acentuar la tendencia adversa. Incluso cuando lo que se intente con ello es calmar los nervios. Como en esta ocasión, que el secretario del Tesoro de EEUU, Steven Mnuchin, comunicó este pasado domingo que los bancos más grandes del país le habían confirmado que disponen de mucha liquidez, que no había problemas. Trataba de tranquilizar a los mercados y lo que consiguió fue un día de Nochebuena negro. Los inversores se preguntarían alarmados: ¿qué ocurre, por qué tuvo Mnuchin necesidad de hablar de forma extraordinaria con los banqueros?

Tras las navidades, el índice S&P 500 resucitó y recuperó parte de las pérdidas. Este miércoles se disparó casi un 5%, registrando su mayor subida porcentual desde 2009. Pero luego vuelta a las pérdidas. Siempre los índices se mueven en dientes de sierra, hasta para continuar cayendo los precios tienen que rebotar antes con fuerza. En los próximos meses las turbulencias están aseguradas en los mercados financieros.

Los bancos centrales necesitan recuperar la normalidad monetaria retirando los estímulos financieros. Pero no les va a resultar nada fácil. Si suben los tipos de interés más rápido de la cuenta, mal asunto. Si se suavizan, también malo porque se interpreta que la desaceleración será más intensa; o peor, que la recesión económica está cerca. De hecho, las negras sesiones de estos pasados días se han producido tras la proyección de los miembros del Consejo de Gobierno de la Reserva Federal que apuntaba a dos subidas de tipos en 2019, en comparación con las tres que preveían en septiembre.

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Mensaje de Navidad del Banco de España

Carmen Pérez | 9 de enero de 2019 a las 21:05

TRIBUNA ECONÓMICA, 21/12/2018

Muchos estamos habituados a vivir con continuos bombardeos publicitarios para que aplacemos el pago de nuestras compras. Así, al pasar la tarjeta en una gran superficie recibimos inmediatamente en el móvil un mensaje de nuestra entidad financiera que nos ofrece trocear el importe en cómodos pagos. También es habitual que una pantalla nos incite a aceptar el crédito que tenemos preconcedido al sacar dinero del cajero o cuando consultamos nuestra cuenta on line. O en cualquier establecimiento, si el gasto es de cierta importancia, la pregunta siempre es la misma: ¿aplaza el pago? Sin embargo, a otras muchas personas estas ofertas no suelen llegarle porque no cuentan con las garantías necesarias que exigen los bancos o los establecimientos financieros tradicionales. Y como suelen ser las que realmente lo necesitan se ven abocadas a solicitar créditos rápidos a entidades que ni siquiera están supervisadas por el Banco de España.

Los créditos rápidos son “préstamos de importes pequeños que suelen ser concedidos de forma inmediata, a través de internet o por teléfono, sin que prácticamente se requiera documentación a la persona que lo solicita”. Pero todas esas facilidades terminan teniendo un precio bien alto. Resulta lógico que los intereses y comisiones sean mayores por el riesgo que conllevan estos créditos de rápida concesión y menores garantías exigidas. Pero lo que no resulta aceptable es que se eleven de forma desproporcionada. La TAE resultante supera el 4.000% en algunas entidades.

¡Cuidado con los créditos rápidos! es el mensaje de Navidad que nos ha dejado esta semana el Banco de España, a través del Portal del Cliente Bancario. En esta época se disparan las compras y es más posible ceder a la tentación de pedir prestado. Nos advierte de todos los créditos rápidos, pero especialmente advirtiendo de las entidades que escapan a su control. Hace así un llamamiento al consumo responsable, haciendo notar el tremendo error que supone acudir para cubrir caprichitos a este tipo de créditos.

Pero haría bien el Banco de España en acordarse durante todo el año de los que acuden a ellos no para superficialidades, sino por la necesidad de dinero rápido extra hasta el día del cobro de nómina para un apuro por una compra no planificada o para pagar una factura inesperada. El documental de Netflix, dentro de la serie Dirty Money, sensibiliza de forma extraordinaria con estas situaciones en las que este tipo de préstamos es la única solución para muchas personas, y que en numerosas ocasiones quedan atrapadas y tienen que renovar y renovar, volviéndose insoportable.

El Tribunal Supremo recientemente ha puesto límite a los intereses de estos créditos, concluyendo que aquellos que dupliquen el interés medio del mercado deben considerarse usurarios y, por tanto, nulos. Aún está en vigor la Ley de Represión de la Usura de 1908. Pero a pesar de esto, siguen ejerciendo su actividad empresas que aplican no el doble sino 500 veces más. Esperemos que el Banco de España lance otro mensaje de Navidad, al Gobierno estatal y autonómicos: que no permitan que estas entidades desarrollen su actividad con semejantes condiciones.

Se terminó

Carmen Pérez | 9 de enero de 2019 a las 21:02

TRIBUNA ECONÓMICA, 14/12/2018

Ayer, tras la última reunión del año del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi confirmó que el programa de compras de activos se daba por terminado. Tal y como estaba previsto, las compras netas cesarán este diciembre. El saldo final es espectacular: desde marzo de 2015 el BCE ha comprado bonos por más de 2,6 billones de euros, de los que el 80% han sido bonos soberanos. De España, en concreto, 259.000 millones, más del 22% de toda nuestra deuda pública. Y llega el final y llega su aprobación, ambas cosas al mismo tiempo. Ha querido el destino que esta misma semana este programa reciba las bendiciones del Tribunal de Justicia de la Unión Europea: Draghi hizo lo correcto.

La finalización llega en un momento complicado: el crecimiento de la zona euro se ha ralentizado. Draghi así lo reconoció y comunicó crecimientos previstos para los tres próximos años, ligeramente a la baja: 1,7 %, 1,7% y 1,5 %. En cuanto la inflación, las estimaciones del BCE son del 1,6%, 1,7% y 1,8%. Tampoco los riesgos que ahora mismo están presentes han sido determinantes para que retrocediera en la decisión, aunque la guerra comercial/tecnológica entre EEUU y China, ese Brexit que no termina de aclarase, las crisis de algunos países emergentes, la complicada situación de una Italia estancada o la conflictividad de Francia supongan un entorno más desafiante para la zona euro.

Pero volverse para atrás hubiera sido incluso contraproducente. En economía las expectativas lo son todo. Además, sigue disponiendo de un arsenal enorme. El balance no va a incrementarse, pero sí va a mantenerse, reinvirtiendo el importe de los bonos que venzan todo el tiempo que sea necesario, incluso hasta después de la subida de tipos. Ayer no aclaró más la política de reinversión, pero previsiblemente será en deuda pública, cambiando bonos de vencimiento a corto plazo por otros a medio y largo plazo, para conseguir reducir los tipos de largo plazo. O incluso vendiéndolos antes de vencimiento para conseguir mayores plazos, como ya hizo la Reserva Federal -operación Twist- en 2011. También tiene en su poder administrar el calendario de subidas de los tipos oficiales y manejar la disponibilidad de préstamos a largo plazo para los bancos de la zona euro.

Por tanto, nuestras economías van a seguir estimuladas por mucho tiempo. Y esas medidas de política monetaria tan agresivas han supuesto, y seguirán suponiendo, una ayuda a los estados de la zona euro por la puerta falsa. De ahí la denuncia que interpusieron en su día un grupo de alemanes: los estatutos del BCE le prohíben que apoye directamente a los gobiernos comprándoles deuda pública. Ahora, los jueces de la UE le han dado legitimidad a este programa: no ha sido una ayuda directa -las compras no se han producido en el mercado primario- y además esas medidas eran fundamentales para que el BCE cumpliera su mandato. La apelación constante de Draghi a los estados para que sean rigurosos con la disciplina fiscal, lleven a cabo las necesarias reformas estructurales, constituyan colchones fiscales o completen la Unión Bancaria es su forma de intentar evitar que la Historia le dé en un futuro la razón moral a los demandantes.

El CO2 no entiende de fronteras

Carmen Pérez | 9 de enero de 2019 a las 20:59

TRIBUNA ECONÓMICA, 7/12/2018

Los incendios forestales. Las erupciones volcánicas. Un sinfín de seres vivos respirando. La generación de electricidad. Las industrias, especialmente las de cemento, el acero o el amoniaco. Los medios de transporte. Todos expulsando C02 y otros gases de efecto invernadero. Muchas de esas fuentes de emisión son inevitables; a otras, la voluntad humana puede modularlas. Las emisiones de estos gases, después de permanecer constantes -por la crisis- durante el periodo 2012-2016, han vuelto a recuperar su ritmo de crecimiento. La atmósfera es común, las emisiones no entienden de fronteras, conseguir que el planeta no siga calentándose es necesariamente tarea de todos. El compromiso existe: 159 países firmaron el Acuerdo de París en 2015. Pero no basta con las palabras. En esta semana se celebra la cumbre anual del cambio climático en Katowice, Polonia, para definir cómo llevarlo a la práctica. No será nada fácil. Colaborar en este reto global conlleva asumir costes nacionales propios.

Y el contexto actual no ayuda. Vivimos momentos de repliegue de los países hacia los intereses de dentro de su territorio. El America First de Donald Trump se reproduce, con mayor o menor radicalidad, en los demás países que también miran por sus intereses primero.

EEUU, responsable del 15% de las emisiones totales, se retiró del Acuerdo de París. Jair Bolsonaro, el presidente brasileño, insinuó durante su campaña que también se retiraría. En Australia acaba de ser rechazado el plan de reducción de emisiones. Partidos populistas de todo el mundo enfocan sus esfuerzos en los derechos de su gente, y el cambio climático o es despreciado o mandado a un segundo plano. Y que algunos países se retiren o no se impliquen con fuerza desanima al resto.

Además, no todos están en la misma posición para contribuir. Colectivos concretos se niegan a ser ellos los que soporten los costes y condicionan la actuación de sus países. Hemos tenido esta semana un buen ejemplo: las protestas de los chalecos amarillos convirtieron el centro de París en un campo de batalla. Se niegan a una nueva subida de las tasas a los carburantes: ¿los que no llegan a final de mes son los que tienen que frenar el cambio climático? El mismo planteamiento se hacen los países pobres o los que arrastran una situación histórica. Como Polonia, la anfitriona de la Cumbre, muy dependiente del carbón, que se pregunta qué hacer con los 112.500 trabajadores de ese sector si tienen que eliminarlo.

La transición debea ser justa. Este es uno de los temas claves de la Cumbre que se está desarrollando en Polonia. Otro es poner sobre la mesa la necesidad de que todos los países comprometidos sean aún más ambiciosos. Los modelos atmosféricos predicen aún mayores temperaturas en las próximas años. Los objetivos fijados se han vuelto cortos. Hace falta dinero para poner en marcha todas las medidas que ya se sabe que paliarían las emisiones y para apoyar la innovación y el desarrollo tecnológico con las que descubrir otras. La generosidad se hace indispensable. Sólo se conseguirá si la lucha contra el cambio climático trasciende las fronteras y se convierte en la religión de cada uno de nosotros.

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‘In Gold we trust’

Carmen Pérez | 9 de enero de 2019 a las 20:56

TRIBUNA ECONÓMICA, 30/11/2018

En la historia del dinero, 1971 es un momento crucial. Fue el año en que se acabó definitivamente con el patrón oro y a partir del cual se comenzó a operar con un sistema monetario basado exclusivamente en el factor confianza. Así, el billete de dólar -la divisa internacional- pasó de ser un documento al portador canjeable por oro o plata en el banco central a convertirse en un trozo de papel con la frase impresa In God we trust (En Dios confiamos). Pero es posible que tras décadas de abuso de este sistema, que carece de límites, esa confianza esté bien resentida. Algo así es lo que concluye el informe In Gold we trust (En el Oro confiamos). Los autores reflexionan sobre el oro en el contexto de la coyuntura macroeconómica mundial y determinan que las circunstancias actuales están exigiendo una vuelta al pasado, un retorno al oro.

Señalan tres acontecimientos, que ellos denominan mareas, que van a conmocionar de forma profunda al sistema monetario mundial. El primero es el cambio de política monetaria: de flexibilización cuantitativa (QE) a ajuste cuantitativo (QT). Los 5 grandes bancos centrales han aumentado sus balances en más de 14 billones de dólares en estos últimos años. Y dejar de vivir encharcados en liquidez no va a ser nada fácil. Este proceso de retirada -comenzado ya por la Fed y que el BCE apenas ha iniciado- va a enfrentar a los mercados -con los precios de los activos financieros sobrevalorados- a una verdadera prueba.

La segunda marea es un cambio de rumbo en el sistema monetario global, lejos del dólar estadounidense. La disminución lenta del dólar estadounidense como la reserva global dominante se desarrolla junto con un renacimiento del oro como reserva de divisas. De hecho, los bancos centrales de los países emergentes están desde el inicio de la crisis incrementando fuertemente sus reservas de oro. En concreto, en estos últimos diez años, los de China, Rusia, Turquía e India han pasado de poseer 1.524 toneladas de oro ( 5,1% del total oficial de las reservas de oro) a mantener 4.804 toneladas (el 14,3% del total) en sus balances.

La tercera hace referencia al vertiginoso cambio tecnológico que se está produciendo y que está afectando profundamente al mundo financiero. Hay multitud de innovaciones en numerosísimos campos, pero especialmente el impacto en el mundo monetario vendrá como consecuencia de la tecnología blockchain. Las criptomonedas, sean de una naturaleza u otra, están aquí para quedarse, y si van ligadas al oro se conjugarán las fortalezas de ambos.

Los autores se atreven incluso a vaticinar el paso de un mundo unipolar a otro multipolar, con un nuevo orden monetario global que se negociará entre los países en función de su oro. Dicen que sólo hay que esperar para que la demanda de oro como un refugio seguro tradicional regrese a que las consecuencias del reciente cambio de rumbo en la política monetaria se vuelvan obvias y a que la amenaza de recesión se avecine en el horizonte. Nosotros podemos darle o no credibilidad a sus conclusiones, pero los cambios que ellos refieren los estamos viendo todos. Además, el riesgo de no poseer oro es mucho mayor que el de poseerlo: In Gold I trust!