Gracias, BCE

Carmen Pérez | 13 de octubre de 2015 a las 19:13

Subasta hoy, 13 de octubre, de letras del Tesoro a 6 y 12 meses. Las primeras se han adjudicado a un tipo de interés medio de  -0,007%, por lo que los inversores desembolsan hoy 1.000,04 euros para recibir dentro de 6 meses, concretamente el  8/04/2016, 1.000 euros.

El tipo de interés medio de las de 12 meses ha sido del 0,014%, pagando los inversores 999,86 euros hoy para recibir dentro de un año, el 14/10/2016, 1.000 euros.

Esto significa que España se financia prácticamente gratis a corto plazo, e que incluso cobramos en los plazos más cortos. A ver qué sucede el jueves con el largo plazo,  cuando se  emitirán bonos a tres años y obligaciones a diez y quince años, aunque es previsible que también se abaraten respecto a subastas anteriores.

Esta es la primera subasta de letras del Tesoro desde la reciente mejora de la calificación crediticia anunciada por Standard & Poor’s y  del retraso de la subida de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal. Pero es el apoyo del BCE lo que está siendo fundamental para abaratar la financiación de los Estados miembros, sobre todo para los países altamente endeudados como es el caso de España.

A cambio el BCE exige seriedad; no se cansa de repetir que  la economía española experimenta una fuerte recuperación   y que nuestro sector bancario se ha estabilizado, pero que seguimos teniendo por delante importantes retos, como seguir con las reformas y cumplir con el déficit público. Más que razonable.

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S&P, Fitch y Carmena

Carmen Pérez | 6 de octubre de 2015 a las 15:53

Gastar o no gastar 107.000 euros, eso es lo que tiene que decidir el Ayuntamiento de Madrid para seguir siendo calificado por las agencias  Standard & Poor’s y Fitch. No es un importe elevado, en absoluto, y menos  en relación con su volumen de deuda  (5.936 millones de euros a finales de 2014, de los que 1010 millones de euros corresponden a emisiones de obligaciones ) o el total de gastos financieros anuales  (206,9 millones presupuestados para  2015).

El hecho de que la alcaldesa haya manifestado que no tienen planificado endeudarse más vía mercados parece apoyar la decisión de eliminar este gasto. Pero, no obstante, tiene que seguir gestionando un nivel de deuda muy importante, y en este sentido eliminar de forma tajante la vía de los mercados no parece muy adecuado. Porque las amortizaciones de los préstamos y los vencimientos de las emisiones irán llegando, y aunque el endeudamiento no vaya a incrementarse habrá que ir renovando total o parcialmente la deuda en vigor.  Evaluar el posible mayor coste del endeudamiento bancario frente a la obtención de los recursos en los mercados se hace necesario antes de tomar una decisión.

Es cierto que muchísimos Ayuntamientos no están calificados pero tampoco se han introducido en los mercados para financiarse. El Ayuntamiento de Madrid todavía tiene una serie de emisiones de obligaciones en curso. La salida completa de este mundo tendría que esperar, en todo caso, a que  la estructura y el importe de la deuda estén mucho más controlados.

Otro asunto es que la razón de este rechazo es que tema la nota que puedan asignarle, ya que las agencias tienen en cuenta para la valoración todas las políticas que se estén poniendo en marcha y que impliquen consecuencias económicas para las cuentas municipales. La auditoria de la deuda que ha iniciado y sus políticas populistas pueden sin duda empeorarla.  No van a pagar encima, pueden estar planteándose.

El negocio de las agencias de calificación suele ser criticado porque es un sistema en que el emisor paga, esto es, el que va a ser calificado es  el que tiene que desembolsar los fondos. El que desde el Ayuntamiento de Madrid confíen en una valoración integral y objetiva a pesar de los 107.000 euros que le suponen no deja de ser una buena noticia respecto al funcionamiento de estas agencias que tanto poder tienen y que tan graves errores han cometido en el pasado.

 

 

 

Unión bancaria: compartir riesgos, pero no desmanes

Carmen Pérez | 28 de septiembre de 2015 a las 6:49

SI alguno de nosotros tuviera que aceptar que el día de mañana le podría tocar rascarse el bolsillo a cuenta de lo que hagan mal otros en un negocio común, se lo pensaría muy mucho y amarraría bien bajo qué condiciones. Porque puede asumirse el riesgo propio de la causa compartida, pero en ningún caso que las pérdidas sean provocadas por los desmanes de alguna de las partes. Esto es lo que piensa Alemania ante la creación de un Fondo de Garantías de Depósitos Europeo, la última fase de la Unión Bancaria: que sí, que este fondo es muy conveniente, pero con la condición de que el comportamiento de cada país en cuanto a la gestión de sus cuentas públicas sea el correcto.

Lo primero que se puso de manifiesto tras la crisis económico-financiera fue que no era lógico que cada país tuviera respecto a sus bancos diferentes, y no las adecuadas, reglas de juego. Felizmente se han mejorado, se han ampliado, y desde el 1 de enero de 2014 ya las comparten todos los bancos de la zona euro. También, se determinó en su día que la supervisión había que apartarla del control nacional por eso de evitar que se hiciera la vista gorda cuando se trataba de los bancos propios, o sea, que fuera imposible barrer para dentro. Dicho y hecho, el Mecanismo Único de Supervisión (MUS), el primer pilar de la Unión Bancaria Europea, culminó con éxito el pasado año y los 123 grupos bancarios de mayor tamaño, con sus test de stress de entrada en la boca, han pasado a ser supervisados por el Banco Central Europeo.

Pero con lo anterior no era suficiente, era absurdo pensar que porque se vigilen estrechamente a los bancos pueda descartarse completamente que alguno termine quebrando. También dicho y hecho, se desarrolló el Mecanismo Único de Resolución (MUR), segundo pilar de la Unión Bancaria Europea, que comenzará a ser operativo en enero de 2016. Su objetivo es claro: ahorrar a los contribuyentes el coste de futuras resoluciones bancarias. Accionistas, tenedores de preferentes y obligaciones subordinadas, bonistas y finalmente depositantes con saldos superiores a 100.000 euros será el orden que regirá a la hora de afrontar las pérdidas en las liquidaciones bancarias. Y si aun así es preciso inyectar dinero, se acudiría al Fondo Único de Resolución (FUR), creado recientemente, financiado por el sector bancario, y que en 2023 dispondrá de unos 55.000 millones de euros.

Pero lo cierto es que todo lo anterior no sirve de nada si quiebra más de un banco importante o vuelve a haber una crisis sistémica. Con 55.000 millones -aproximadamente el 1% de los depósitos cubiertos en la zona del euro- no hay, como suele decirse, ni para pipas. Por eso es fundamental el respaldo público de última instancia que puede proporcionar este Fondo de Garantía Europeo, el tercer y último pilar de la Unión Bancaria, que ahora se cuestiona.

Llegados a este punto, lo que fue una de las causas para impulsar la Unión Bancaria Europea, esto es, evitar los círculos viciosos entre dificultades bancarias y deuda soberana, se ha vuelto el obstáculo a salvar para finalizar su desarrollo. Y es que el círculo vicioso también funciona en el otro sentido: son los bancos nacionales, tras obtener dinero del BCE, los que financian a sus estados. Y los desmanes de los estados pueden complicar a sus bancos. Por eso Alemania exige, entre otras cosas, que se limite el porcentaje de deuda soberana en manos de los bancos antes de meterse en el charco del Fondo de Garantía de Depósitos Europeo.

En el mundo de los negocios se sabe que el que quiere firmar el contrato muy rápido, sin meditar ni discutir las condiciones, es justo porque no piensa cumplirlo, o porque no va a cargar con las consecuencias adversas. Alemania no quiere dejar ningún cabo suelto antes de comprometerse, porque sabe que puede tocarle pagar, y lo hará, si llega el caso. Y sinceramente, no es de extrañar su actitud dada la débil recuperación económica, el alto gasto público comprometido que caracteriza las cuentas públicas de los estados europeos en nuestros días y, como alerta el BCE, el auge de los populismos y “sus recetas para el desastre”.

Gowex, un año después

Carmen Pérez | 16 de septiembre de 2015 a las 4:49

Todos nos preguntábamos hace un año cómo fue posible que Jenaro García, presidente y consejero delegado de Gowex,  consiguiera, gracias a la connivencia con la auditora de la compañía,  engañar durante tantos años a la auditora Ernst&Young, su tutora en bolsa –o asesor registrado-, a la rectora del Mercado Alternativo Bursátil, MAB, y a la CNMV. Y no de forma puntual sino durante años, hasta que en julio de 2014 la empresa Gotham City Research publicó un informe denunciando las trampas que se utilizaban en su contabilidad. “Más del 90% de los ingresos publicados no existen”, era una de las afirmaciones contenidas en el documento, en el que también se estimaba que la valoración de las acciones debería situarse en prácticamente  0 euros.

Pues ahora, un año después, todavía este tema se vuelve más sorprendente. Según se recoge en El Confidencial, al parecer, en 2010,  el Servicio Ejecutivo de la Comisión de Prevención de Blanqueos de Capitales (SEPBLAC) sí se percató de las posibles e importantes irregularidades que se estaban cometiendo y se lo advirtió a la CNMV: podían estar realizándose operaciones falsas para inflar la cifra de negocio. Dio en el clavo, pero la advertencia pasó de unos a otros: de la CNMV al MAB, del MAB a Ernst&Young. Que investiga tú que eres el competente, se fueron diciendo; y luego se recorrió el camino contrario, presentando documentación pero sin observar nada raro.

Si alguien hubiera mirado la realidad y tan sólo se hubiera planteado una serie de cuestiones básicas como ¿cuál es la fuente de ingresos de esta empresa?, ¿a quién y cuánto le factura?, ¿cómo puede ser rentable ofrecer wifi gratis?…, hubiera descubierto el engaño que se escondía tras esos datos procedentes de un jaleo de filiales. ¿Nadie lo hizo, ninguna de estas entidades financieras, públicas y privadas, donde trabajan gente tan competente?  Increíble.

Más creíble resulta la hipótesis de que bien se sabía lo que había, al menos en parte, pero que nadie se atrevió a destapar un escándalo tan importante, cuando además afectaba a la empresa estrella de un mercado, tan necesario, que acababa de nacer y que  podría herirlo de muerte. Mejor una huida hacia delante y esperar  que lo ficticio se volviera real, que la magia de las finanzas lo consiguiera. Que el tiempo lo arreglara todo. Enorme error, porque los enjuagues financieros consiguen mantener el engaño pero sólo por un tiempo; pueden provocar y sostener una burbuja, una valoración inflada artificialmente, pero luego la realidad termina siempre imponiéndose de forma implacable. Ahora los jueces establecerán responsabilidades. Y a todos, aunque no hayamos sido inversores, nos afecta porque no es descartable que seamos los contribuyentes los que terminemos pagando por ello.

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‘Bitcoin’, el nuevo dinero

Carmen Pérez | 31 de agosto de 2015 a las 7:08

Conviene que vayamos familiarizándonos con secuencias alfanuméricas como 1LtU9rMsQ41rCqsJAvMtw89TA5XT2dW7f9 porque es posible que en poco tiempo nos veamos utilizando monedas criptográficas, como los bitcoins, la más importante, por el momento, de las más de seiscientas que existen en la actualidad. Instalados cada vez más en la intangibilidad del dinero, con ellas ahora se pretende que las transacciones entre los usuarios -cobros/pagos- se lleven a cabo con total confianza pero sin intervención alguna de entidades gubernamentales y financieras. Toda una revolución monetaria, ya que conlleva que la confianza, fundamental para la aceptación de una moneda, la proporcionen la tecnología y la ciencia que la hacen funcionar.

Con bitcoins ya se puede recargar el móvil, alquilar una casa rural, comprar ropa, reservar un hotel o realizar apuestas deportivas. Incluso existen en España cajeros de bitcoins que permiten convertirlos a euros. Su creciente función como medio de pago hace que, según los últimos estudios publicados, el número de usuarios activos de bitcoins sea de 1,3 millones, estimándose que para 2016 se alcanzarán los 4,7 millones de usuarios. Aproximadamente el 80% de las transacciones se efectúan desde China, seguido de Estados Unidos, con un nivel cercano al 14%.

Esta divisa electrónica se genera por el desarrollo de un algoritmo matemático ideado en 2008 por un japonés-norteamericano, de seudónimo Satoshi Nakamoto. Los mineros, como se les denomina emulando la obtención de oro, consiguen los bitcoins resolviendo esa compleja estructura matemática a través de potentísimos ordenadores con los que hacen miles de millones de cálculos por segundo. La extracción o resolución se vuelve con el tiempo cada vez más complicada, y finalizará cuando se alcancen los 21 millones de bitcoins que se estableció de partida como máximo.

Una vez que los bitcoins son generados, cualquiera puede adquirirlos a través de las numerosas plataformas (Coinbase, Gemini, Bitstamp, BTC-e, BTCChina, por citar algunas) que ofrecen este servicio, actuando como casas de cambio para que el usuario intercambie dinero tradicional porbitcoins. Para ello, necesita un monedero o wallet, equivalente a un monedero físico, donde se almacenan y gestionan las direcciones bitcoin de un usuario y los pagos que realiza. A partir de ahí, puede ejecutar transacciones en tiempo real con otros usuarios, sea cual sea su localización, a través de la red P2P o peer-to-peer, con costes de transacción bajísimos. Todo basado en herramientas criptográficas, que mantienen los registros de las transacciones, que no pueden ser alterados y que son accesibles a la totalidad de usuarios, lo que garantiza la transparencia. No obstante, el anonimato está asegurado.

La seguridad del sistema, desde el punto de vista matemático, está completamente garantizada -la falsificación es imposible-, pero no en su operativa, en su mayoría por motivos que no son ninguna novedad en nuestra sociedad, como robos o ataques de hackers al sistema, afectando al funcionamiento ordinario o a la divulgación de claves privadas, que incluso han provocado que varias grandes plataformas cierren sus puertas. También los monederos presentan vulnerabilidades, siendo fundamental guardar las claves en un lugar seguro sin conexión a internet (almacenamiento en frío), y conservarlo, porque fue sonado el caso de un galés que perdió 7.500 bitcoins, 750.575 dólares, por desprenderse del disco duro en el que había guardado la clave.

El posible blanqueo de capitales o la utilización para la compraventa de productos ilegales, además de los fraudes, robos, ataques informáticos y pérdidas que los usuarios y plataformas han sufrido, abren el debate acerca de la conveniencia de su regulación. Prohibidos o regulados, pasando por tolerados o permitidos, la situación es distinta en cada país. En España el bitcoinno tiene la consideración de dinero electrónico sino de bien mueble, cuya contabilidad es similar a la de cualquier otro activo. Pero, al margen de que se consienta por parte de las entidades gubernamentales y financieras que se extienda su utilización, lo cual es bastante improbable, de momento el bitcoin tiene un hándicap importante: su enorme volatilidad. En los dos últimos años ha cotizado desde 50 a 1000 euros, dándose diferencias considerables según la plataforma, provocando un efecto especulativo brutal e impidiendo que pueda cumplir otra de sus funciones esenciales: ser reserva de valor. Así, por mucho que como medio de pago consiga total confianza, es del todo imposible que tenga éxito esta revolución.

Tipos de intervención BCE (16 julio)

Carmen Pérez | 16 de julio de 2015 a las 12:14

En su reunión de hoy, 16 de julio de 2015, el Consejo de Gobierno del BCE ha decidido que los tipos de interés aplicables a las operaciones principales de financiación, la facilidad marginal de crédito y la facilidad de depósito se mantengan sin variación en el 0,05%, 0,30% y -0,20 respectivamente.

Estos tipos de interés tienen una importancia enorme porque se trasladan a  los tipos euríbor para los distintos plazos en el mercado interbancario,  que son los que se toman de referencia en las transacciones financieras que se realizan en la economía real, es decir, para los préstamos a empresas y familias  (para ver como se desarrolla este proceso:  http://blogs.grupojoly.com/pressing-cash/2015/03/24/el-banco-central-europeo/ ). En los gráficos siguientes vemos la similar  evolución que siguen:

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Los tipos que hoy se mantienen siguen presionando a la baja al euríbor. Para los distintos plazos, como puede verse en la siguiente tabla, el euríbor va descendiendo día a día, siendo cada vez más negativos para los plazos más cortos: 1 y 2 semanas, 1, 2 y 3 meses, y cada vez más bajos para los plazos de 6, 9 y 12 meses.

 

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Revolución copernicana para la banca

Carmen Pérez | 14 de julio de 2015 a las 7:06

CUANDO Copérnico se enfrentó al modelo cosmológico vigente por entonces estuvo seguro de que algo andaba mal: no podían necesitarse esos presupuestos tan enrevesados y un esqueleto matemático de tantísima dificultad para encima explicar defectuosamente la realidad. Siguiendo la vieja convicción pitagórica, Copérnico desconfiaba de lo que necesitaba de tanta complejidad. Quitó la tierra del centro, colocó al sol en su lugar, y las previsiones teóricas empezaron a responder a las posiciones reales detectadas con mucha mayor simplicidad. También nuestro modelo bancario resulta complicadísimo para no conseguir la estabilidad que se requiere ni mantener al contribuyente a salvo de sus descalabros. Pitágoras, sin duda, nos aconsejaría también una revolución en este campo.

Prestar dinero a largo plazo y captarlo, a través de los depósitos, a corto, es una tarea tan delicada que, a los astronómicos niveles en los que se desarrolla, la banca precisa del apoyo público: de la garantía pública y explícita sobre los depósitos; y de la financiación continuada del Banco Central Europeo. El poder político se lo proporciona porque también la necesita: para canalizar la política monetaria; para que adquiera las emisiones de deuda pública que financian los estados, siempre sedientos de recursos; y como instrumento de recaudación, de pagos y de información de las Haciendas Públicas.

Y para que funcione esta simbiosis, se somete al sistema a una hiperregulación. La Autoridad Europea Bancaria, EBA, lo inunda cada año de miles de páginas de regulación procedentes de los reguladores nacionales, comunitarios y de los supervisores internacionales. Además, no sólo es excesiva en cantidad sino que han ido adquiriendo una enorme dificultad y conllevan la utilización de un sofisticado aparato matemático y estadístico, que produce verdadero cansancio existencial. Sin embargo, de nada ha servido tanta complejidad cuando hemos asistido a la mayor crisis financiera de la historia.

¿Qué cambiar? Las revoluciones extremas no aseguran resultados aceptables. Los copérnicos liberales eliminarían de golpe esta interrelación y dejarían que los bancos se comportaran como cualquier otra empresa, pudiendo quebrar. El contribuyente estaría así a salvo, pero dejaría a los depositantes desamparados, ya que tendrían que decidir a qué banco entregarle sus ahorros, analizando minuciosamente la solvencia de cada uno de ellos. Los copérnicos de izquierdas también lo tendrían claro: la nacionalizarían. La protección en este caso sería máxima, pero, dada las experiencias pasadas, el consumo de recursos públicos podría ser muy alto, y, por tanto, gravoso para el contribuyente, aunque no estuviera explicitado en forma de rescates.

Sin embargo, para el actual modelo intervencionista, también hay copérnicos por ahí con propuestas revolucionarias interesantes, muchas de ellas rescatadas del pasado, y que se están considerando. Algunos reclaman una total separación de la banca comercial, que es única que debe recibir el apoyo público, de la banca de inversión. Otros señalan que aunque es cierto que el sistema está hiperregulado, incluso más desde la crisis, a la vez presenta graves lagunas en aspectos claves, porque no limita adecuadamente ni el endeudamiento ni la liquidez de la banca. O denuncian que no se tocan otras cuestiones fundamentales, como el bajísimo coeficiente de caja (1%) que disfrutan, que fomenta una excesiva expansión crediticia. Y por citar alguna otra que va mucho más allá, la propuesta del banco central de Islandia, recogida hace unos días en el Financial Times por Alberto Gallo, en su artículo Rethink needed for monetary policy rol: permitirle a los bancos comerciales que presten sólo dentro de un rango máximo, revisado cada mes.

Si el modelo copernicano funcionaba mejor era porque estaba más cerca de la alineación real de los astros. Para que el modelo bancario funcionara mejor tendría que alinearse también a otra realidad: la lógica avaricia de la banca, la equivocada avaricia de los estados y la humana avaricia de la población, por ese orden, a las que sólo hay que prenderlas con bajos tipos de interés para que se desmanden todas ellas y organicen fenomenales burbujas, de las que sólo puede salirse creando otras.

La revolución copernicana que necesita el modelo bancario no es cuestión de mayor conocimiento, todo se sabe ya, sino de valentía: de la firme voluntad política, libre de la presión de los lobbies bancarios, de imponer un sistema que tenga los controles adecuados, pocos y simples pero rotundos, para que las diferentes avaricias se autosujeten. Pero, como ya dijo Upton Sinclair, “es difícil hacer que alguien entienda algo cuando su objetivo depende de no entender”.

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Por una banca más capitalizada

Carmen Pérez | 12 de julio de 2015 a las 6:27

Ayer publicó Expansión una noticia muy interesante. Recoge la propuesta de Howard Davies, expresidente del regulador financiero británico y exdirector de la London School of Economics, de abolir para los bancos el trato fiscal preferencial e incluso poner un impuesto a la deuda de todo tipo. Esto conseguiría  hacer menos atractiva la captación de recursos vía deuda  e incentivaría, por tanto, las emisiones de capital.

Es sólo una propuesta, porque Howard Davies no desempeña en la actualidad cargos ejecutivos en ningún regulador, pero parece que le ha gustado al Bundesbank:  «Acabar con el trato fiscal preferencial a la deuda podría provocar un impulso importante para la estabilidad financiera», ha dicho su presidente, Jens Weidmann.

Para los bancos esto sería una mala noticia, porque  se quejan de que con las revisiones de la normativa bancaria tras la crisis ya se les está imponiendo  mayores exigencias de capital y se les está exigiendo también el establecimiento de colchones de un tipo de deuda con capacidad de absorber pérdidas (bonos contingentes y deuda subordinada) por la que tienen que retribuir mucho mejor a los inversores (al incorporar mayor riesgo), pero que por lo menos son deducibles fiscalmente.

Siempre que hay propuestas de este tipo, que intentan asegurar un mejor comportamiento de la banca, el sector amenaza con las repercusiones que pueden tener para la economía real, anunciando que con ellas el flujo del crédito a las empresas y familias se reduciría y se encarecería. Y enseguida salen las propuestas alternativas para no resultar perjudicados: que el cambio sea al revés, que sean los dividendos los que sean también deducibles de impuestos.

Seguramente esta propuesta no saldrá del plano teórico. Pero aun así, es muy positivo que el debate esté abierto. Es más, yo lo ampliaría a la abolición de la deducibilidad fiscal de la deuda para todas las empresas, porque así también ellas estarían más capitalizadas, el recurso al endeudamiento se reduciría y la financiarización de la economía descendería, ganándose en estabilidad financiera. Y de igual modo, y por los mismos motivos, también debería discutirse la deducibilidad fiscal por compra de viviendas para familias. Podrían buscarse vías de apoyo a las familias y a las empresas que sustituyan a las actuales que incidan directamente en la inversión.

Actualmente todo empuja al endeudamiento, y luego pasa lo que pasa.

 

 

 

Fondos Inversión: cambio del coeficiente de liquidez

Carmen Pérez | 9 de julio de 2015 a las 18:34

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Se está gestando un cambio en la normativa de las instituciones de inversión colectiva, IIC (Real Decreto 1082/ 2012);  actualmente -hasta el 15 de julio- el borrador está en fase de consulta.

Uno de las modificaciones que establece, en lo que respecta a los fondos de inversión y sociedades de inversión (SICAVS), es que no tendrán que mantener un coeficiente de liquidez del 3% como hasta ahora sino que les bastará con mantener un 1%.

Esto supondrá que los fondos que se comercializan en España y las sociedades de inversión españolas no mantendrán tantos recursos en caja, cuentas corrientes y otros activos similares de total liquidez,  liberando así  7.200 millones más para invertir en activos de mayor rentabilidad.

El problema se encuentra en que los partícipes pueden exigir el reembolso en cualquier momento. En días de pánico o con la marcha de gestor principal, por poner dos ejemplos que pueden llevar a muchos partícipes  a solicitar el reembolso a la vez, el no tener suficiente cash puede conllevar la venta de activos del fondo para atenderlos, y podría ser que  las condiciones no sean las más deseables, y menos con mercados con tendencias bajistas.

Este cambio en el coeficiente de liquidez no es ni bueno ni malo, pero es conveniente que el inversor lo conozca. La liquidez y la rentabilidad se relacionan inversamente, es decir, a más liquidez menos rentabilidad.  Los gestores podrán ofrecer a los partícipes mejores rentabilidades, pero a cambio de un riesgo mayor, puesto que el grado de liquidez con esta nueva normativa disminuye. También es cierto que la liquidez del fondo no sólo se determina por su volumen, 1% o 3%, en dinero líquido y asimilados, sino que depende mucho del tipo de activos en los cuales esté invertido, y el grado de profundidad de los mercados donde se negocian. Serán los gestores los que tengan que vigilar estrechamente este riesgo.

 

 

 

¿Están siendo los ahorradores “expropiados”?

Carmen Pérez | 8 de julio de 2015 a las 10:34

Ante la acusación de algunos medios de comunicación y de ciertos economistas alemanes de que se estaba produciendo una expropiación a los ahorradores  – como el banco central ha bajado tanto el tipo de interés básico (0,05%) se  está abaratando el crédito para los prestatarios pero los ciudadanos no están obteniendo intereses por sus ahorros- , el BCE vio la necesidad de encargar a unos especialistas que estudiaran este tema y otros relativos a la conveniencia de sus políticas monetarias. El informe resultante,  «Critique of accommodating central bank policies», ha sido publicado por el BCE recientemente.

Los autores concluyen negando este efecto. Sus argumentos pueden resumirse en estos puntos:

–  El BCE afecta a los rendimientos nominales, no a los rendimientos reales (una vez descontada la inflación), que son los que les interesan a los ahorradores.

–  Si los rendimiento reales del ahorro son bajos es porque estamos en una fase de débil crecimiento económico.

–  Para elevar los rendimientos reales  hay que aplicar  políticas favorables al crecimiento que  fortalezcan la economía real. No es la política monetaria la que puede cambiar esta situación, pero sí puede actuar en su apoyo.

–  Si el BCE no aplicara la política monetaria adecuada (minorando  los tipos de interés nominales a largo plazo ante  un escenario de debilidad económica y baja inflación, como el que tenemos ) podría frenarse la economía aun más, perjudicando las perspectivas de rendimiento real a largo plazo de los ahorradores. Además, el mandato del BCE es  garantizar la estabilidad de precios (objetivo inflación por debajo, pero cercano, al 2%).

En definitiva, nos dicen, si no actuara, las perspectivas futuras serían peores. Los ahorradores pueden estar perdiendo a corto plazo pero obtendrán más dinero a largo plazo. Que sus políticas monetarias son correctas, tanto por su mandato respecto a la inflación como para ayudar a la recuperación económica.

Todo esto está muy bien, pero si volvemos a la  pregunta inicial, la respuesta es afirmativa: los ahorradores actualmente están perjudicados con las tasas tan bajas que impone el BCE, aunque,  eso sí, es lo mejor que se puede hacer por ellos a largo plazo, y pueden tener esperanzas de que compensarán en el futuro. ¿Alguien se consuela?

https://www.ecb.europa.eu/pub/pdf/scpops/ecbop161.en.pdf