Diálogos en Atenas

Carmen Pérez | 3 de marzo de 2015 a las 10:42

En la Historia de la Guerra del Peloponeso, escrita por el genial historiador griego Tucídides, en torno a 416 a. C., se encuentra el famoso Diálogo de los melios, mantenido entre la Atenas imperial y los habitantes de la pequeña isla de Milos. Los melios tienen que decidir sobre qué futuro quieren, o mejor: si quieren tener futuro o no, porque los atenienses no le dan muchas opciones: o se someten y pagan los tributos, o entran en guerra y, dada la desigualdad entre los dos bandos, quedarían arrasados. Es un apasionante episodio de la Historia, que refleja una dura negociación entre dos pueblos, y constituye uno de los mejores ejemplos de pura y realista política internacional. Y viene estos días al recuerdo con la situación que estamos viviendo, con Atenas también como protagonista.

Cuando al inicio del diálogo los atenienses intentan convencer a los isleños que someterse es la mejor alternativa y pronuncian: “Porque en vuestro caso os habríais sometido antes de soportar males extremos, y nosotros ganaríamos con no destruiros”, parece que estemos escuchando las palabras que ahora se les dicen a Atenas: la mejor solución para todos es que sigáis pagando vuestra deuda. Además, los atenienses lo dejaron claro: “No nos perjudica tanto vuestra enemistad como vuestra amistad justificada por nuestra debilidad, ya que para los súbditos el odio es un ejemplo manifiesto de poder”; argumento que también subyace, actualizado a los tiempos modernos, a la postura de la troika: ceder ante Grecia, no ejercer el poder, mostrarse blandos, puede arrastrar a muchos países a desarrollar el mismo comportamiento.

Los melios se resisten: apelan al apoyo que recibirán de los espartanos, enemigos de los atenienses, caso de que entraran en guerra; apelan a la suerte que han tenido otros pueblos en circunstancias semejantes, como la de los mismos atenienses algunos años antes en la guerra contra los poderosos persas; apelan, por último, a la esperanza, a la divinidad, porque están seguros de que la justicia está con ellos. Los contactos con Rusia tras la victoria electoral, la alusión a la condonación de deudas a Alemania en el pasado reciente, y la manifestación del pueblo griego en las plazas de Atenas en apoyo a sus dirigentes repiten veinticinco siglos después los mismos argumentos. En aquel entonces, los atenienses devuelven a los isleños a la realidad, les destrozan sus razones, y les advierten que persistir en su posición sería “un deshonor más deshonroso por ser debido a su locura, que no a la suerte”. Como Grecia hoy, que puede conducirse ella misma a su propia ruina por las consecuencias que le acarrearía ser expulsada del euro.

Las partes se mostraron en principio orgullosas, cerradas en banda, lo que, por otra lado, es lo que cabe esperar al inicio de una negociación. Los titulares en la prensa nos han ido dando noticias de los distintos rounds: “Si Grecia quiebra, nadie recuperará nada, tampoco Alemania” o “La salida del euro, una catástrofe evitable para la Eurozona”, han sido algunos de los argumentos de los contendientes atenienses; “El BCE pone a Grecia contra las cuerdas” o “El BCE deja de admitir la deuda de Grecia”, reflejan claramente la postura de fuerza del lado europeo; y asimismo, noticias de posturas individuales en el conflicto, como la de Schaeuble, el ministro de Economía alemán, que le leyó bien la cartilla a Varoufakis, el ministro de Finanzas griego: esto, esto, y esto otro es lo que tenéis que hacer. A todo esto, la agencia de calificación crediticia Standard&Poors bajó la nota a Grecia por el posible riesgo de corralito, la Bolsa griega cae, y su prima de riesgo se eleva por las nubes, pagando con ello más intereses y recibiendo menos demanda en sus nuevas emisiones de deuda. Pero también desde el principio algunos tímidos lazos se tendieron, tal como el que recogió el titular “El BCE estaría dispuesto a facilitar hasta 60.000 millones a Grecia en préstamos de urgencia”, y han ido multiplicándose con el paso de los días, favoreciendo el acercamiento.

El Diálogo de los melios no tuvo un final feliz, al contrario, fue de lo más trágico: los melios no cedieron y los atenienses se apropiaron de la isla y “ejecutaron a todos los hombres en edad viril que cayeron en sus manos y sometieron a esclavitud a mujeres y niños”. Sin duda alguna, ambas partes perdieron. No supieron negociar. Las dos situaciones, la de ayer y la de hoy, distan enormemente de ser idénticas, pero la cuestión de fondo es exactamente la misma: ¿cabe formar con dos intereses distintos un interés común? Tras varias semanas de batallas parece que pronto asistiremos al desenlace. Esperemos, por el bien de todos, que haya finalmente acuerdo, y que de esta forma podamos alegrarnos de que la Historia no haya pasado en balde.

Reparando el mercado europeo de derechos de emisión de CO2

Carmen Pérez | 25 de febrero de 2015 a las 17:47

La Comisión de Medio Ambiente de la Unión Europea respaldó ayer,  24-02-2015, un proyecto de ley para reformar el Sistema de Comercio de Emisiones de la UE (ETS). Este mercado lleva años sin funcionar adecuadamente debido a que circulan un número excesivo de derechos, que mantiene el precio en niveles bajísimos. El lunes, día previo a la votación, el mercado cerró con un máximo anual de 7,80 euros, lejísimos de los 30-35 euros que la UE ve necesario para incentivar a las 11.000 industrias europeas contaminantes a reducir sus emisiones.

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Lo que se propone es crear una “reserva para la estabilidad del mercado”, que retirará o devolverá derechos al mercado para mantener los precios del CO2 en un nivel alto, y que así se estimulen las inversiones de mayor eficiencia energética.

La discusión estuvo en la fecha a partir de la cual empezaría a funcionar dicha reserva. La propuesta inicial, 2021, fue finalmente adelantada a antes de finales de 2018, por la presión de Gran Bretaña, Alemania y Francia, y en contra de la postura de Polonia, que mostró una fuerte resistencia.

También se defendió que no volvieran al mercado parte de los derechos retirados provisionalmente (“backloading” del año pasado) como está actualmente previsto, sino que fueran directamente a parar a dicha reserva.  En 2013, adicionalmente a esta medida de back-loading que se tomó para salvar este mercado a punto de morir con precios por debajo de 2,75 euros , la Comisión propuso una serie de medidas estructurales, que aun siguen discutiéndose, y en las que cabe encuadrar esta propuesta de constitución de la reserva. La UE en este tema siempre se comporta de forma tibia y lenta, debido a las numerosísimas presiones que recibe tanto de algunos países como de los sectores perjudicados por la subida del precio del CO2.

Por último, también se propuso por los eurodiputados invertir los beneficios generados por la subasta de 300 millones de derechos en un “Fondo de Innovación Energética”, que esté diseñado especialmente para ayudar a la transición de la industria hacia tecnologías de baja emisión de carbono.

¿Habría que llamar cajeros automáticos a los mercados alternativos bursátiles ?

Carmen Pérez | 24 de febrero de 2015 a las 17:54

Es la pregunta (jugando con las siglas AIM Y ATM) que se termina sugiriendo  en una noticia del Financial Times del pasado 20 de febrero (“China’s intangible assets at home in Aim” by Matthew Vincent), tras contar el caso de la empresa china Naibu, una compañía de ropa deportiva cuyas acciones habían perdido el 90% desde que empezó a cotizar en 2012 en el Alternative Investment Market, AIM, de Londres, hasta el momento de ser suspendida, hace un mes. En el trascurso de estos años, dos de los tres principales accionistas originales se habían desprendido de sus participaciones que representaban el 30 por ciento del grupo. O sea, habían hecho caja. Desde entonces, los consejeros de la empresa afirman que han perdido totalmente el contacto con el presidente y los ejecutivos de la compañía. Otras empresas chinas también han desarrollado en el pasado comportamientos similares en este y otros mercados alternativos del mundo. Y no sólo las chinas.

Cada uno de estos casos pone en cuestión el funcionamiento de estas bolsas occidentales para PYME, también el de la española MAB, especialmente en lo tocante al  papel de los consejeros y la integridad de los asesores corporativos. Como nos dice el artículo, en la bolsa londinense los consejeros de Naibu no tuvieron que adoptar el Código de Buen Gobierno del Reino Unido, pero estaban obligados “a buscar el logro de los elementos clave”, pero lo cierto es que, a pesar de sus elevados honorarios, poco hicieron en este sentido más allá de la creación de un comité de cumplimiento, y, eso sí, quizá estar colgados al teléfono, en vano, con la provincia de Fujian. En cuanto a los asesores registrados (nominated adviser) habían avalado su admisión en el mercado AIM poniendo a Naibu por las nubes.

Que estos mercados soportan unos mayores riesgos es inevitable, es consustancial a ellos debido al tipo de empresas que participan, pero las continuas noticias similares a las de Naibu que llegan desde distintos puntos del mundo parecen reclamar a gritos algunos cambios en su regulación. En el nuestro, el MAB, tras la experiencia de sus 8 años de vida, se ha publicado una guía, no normativa de momento, de buenas prácticas para los asesores registrados, figura clave en estos mercados. Hay mucho aun por hacer hasta detectar todos los puntos débiles y reforzarlos, pero en ningún caso la solución debe pasar por eliminar este instrumento financiero que desempeña un papel sumamente útil en la financiación del crecimiento de pequeñas y medianas empresa.

 

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La ‘virtú’ del empresario

Carmen Pérez | 10 de febrero de 2015 a las 11:26

EN muchas ocasiones los conocimientos en un campo concreto pueden ser trasladables a otros diferentes dando buenos frutos. Es lo que sucede al leer El Príncipe, en donde encontramos que muchos de los consejos que Maquiavelo nos va exponiendo sobre cómo obtener y conservar los principados son perfectamente aplicables a cualquier parcela del comportamiento humano, incluido el empresarial, convirtiéndose en este caso en un tratado de cómo crear y mantener las empresas. Además, a través de sus páginas puede observarse que los rasgos que caracterizan la figura del príncipe, y que lo hacen tan virtuoso, son similares a los que presentan los empresarios, a los que, sin embargo, la sociedad no termina de reconocerles la enorme importancia del papel que desarrollan. Y conviene resaltarlo siempre, pero aún más en esta época de crisis porque dependemos de ellos para superarla.

Maquiavelo señala en su texto que es fundamental prever para triunfar, máxima también en el ámbito empresarial. Anticiparse es crucial para conseguir el éxito, y de ahí que las técnicas empresariales modernas se afanen por transformar la incertidumbre cuanto menos en riesgo medible. Saber lidiar la fortuna es la clave para Maquiavelo: el príncipe que sabe hacerlo es el que tiene virtú; y sin duda alguna, el empresario innovador, que no quiere simplemente obedecer sino que se atreve a crear, a innovar, a sacar de la nada; que es capaz de ver algo que todavía no es y lo hace realidad; que consigue ver las circunstancias que ofrece la fortuna en cada instante, está también lleno de grandes dosis de virtú.

También en sus deliberaciones sobre el dominio de la fortuna encontramos la mejor explicación de lo que es la competencia empresarial: la libertad de otros en acción es azar para nosotros. Sólo el que dispone de virtú sabe encararse a la fortuna para conseguir llegar más allá que el otro, al ofrecer un producto con más cualidades, mejores servicios, menor precio. Por si fuera poco, ante la competencia no procede permanecer inactivo si no se quiere perecer: jamás se debe dejar que prosiga un conflicto para eludir una guerra, puesto que no se elude sino que se difiere en perjuicio propio.

Otros muchos consejos pueden entresacarse del texto, como la importancia de la comunicación dentro de la empresa, de contar con los de abajo, la necesidad de cooperación para conseguir la estabilidad, o en palabras de Maquiavelo: es menester ser príncipe para conocer a fondo la naturaleza de los pueblos, pero ser del pueblo para conocer la naturaleza de los príncipes; o como la necesidad de primar el mérito, de demostrar predilección por los que sobresalen, trasladando su recompensa a quien engrandezca la ciudad por retribuir a cada empleado en función de su aportación a la creación de valor, aspecto que por otra parte sería tan necesario aplicar en el la función pública.

Ahora bien, como para el príncipe maquiaveliano, la virtú del empresario conlleva el uso de la fuerza. Y aquí, en este aspecto, y por el que ha sido tan injustamente calificado, es donde la enseñanza de Maquiavelo se vuelve más sofisticada. Violencia, sí, pero sólo la necesaria para asegurar la continuidad de la empresa. No se debe usar la fuerza sin necesidad, nos diría. Defendería, por supuesto, una ética empresarial con sus normas propias de actuación, muchas veces muy dura y distante de la ética propia de las relaciones interpersonales, pero asegura que no vale ser malo porque sí, aportando una razón contundente: es ineficiente. En otras palabras, trae cuenta ser ético, y es en esta línea donde se mueven los empresarios actuales.

El Príncipe está lleno de consejos útiles, y, de forma analógica, supone un canto de alabanza a la figura del empresario y un reconocimiento al enorme valor de la innovación. El empresario es incluso más virtuoso porque su labor se ve entorpecida con multitud de trabas burocráticas, tiene que hacer frente a un exceso de impuestos y tasas, y está sometido a unas normativas en muchas ocasiones excesivas. Todo ello hace que se conviertan en verdaderos héroes si logran iniciar su proyecto y posteriormente consiguen mantenerlo en el tiempo. En definitiva, es un libro lleno de sabiduría, muy aconsejable, especialmente para aquellos que desacreditan constantemente a la clase empresarial, porque con su lectura comprenderán que es imprescindible para mantener la sociedad del bienestar en la que vivimos.

La banca en la sombra

Carmen Pérez | 25 de enero de 2015 a las 10:09

Siete años hace ya que comenzó la crisis financiera. Los supervisores financieros se afanaron desde su inicio por identificar sus causas para buscar soluciones, de manera que no se volviera a sufrir en el futuro una inestabilidad financiera semejante ni se tuvieran que rescatar bancos con fondos públicos nunca más. Hace poco, en Chicago, el vicepresidente del Banco Central Europeo, Vitor Constancio, con un discurso titulado Where to from here? (¿Hacia dónde vamos?), hacía una parada en el camino para recopilar los logros alcanzados y las cuestiones que aún quedan por resolver. Sus palabras muestran preocupación, cuestionando que pueda plantearse siquiera esa pregunta con todo lo queda por hacer: aún no estamos here, nos dice.

Que sí, que por supuesto se han llevado a cabo muchas reformas: una mejor supervisión, mayor coordinación internacional, aumento de los requisitos de capital, o nuevos ratios, por nombrar sólo algunas. Pero enseguida señala el fondo del problema. Estos mayores controles se aplicarán a la parte regulada del sistema, en su mayoría bancos, pero resulta que la actividad financiera desarrollada por estas entidades se está reduciendo estos últimos años -los activos totales del sector bancario han disminuido en Europa un 11% desde 2012- y, paralelamente, se está incrementando la de la denominada banca en la sombra, y ahí queda un mundo todavía por hacer.

La banca en la sombra comprende tanto numerosas instituciones de diverso tipo (fondos de inversión, brokers y dealers, y compañías financieras no bancarias), como determinadas operaciones financieras (préstamos no bancarios, titulización, repos y derivados over the counter, OTC, principalmente). Al respecto, lo primero que hay que destacar es que los bancos tradicionales no son ajenos ni a aquéllas ni a éstas: las fronteras son tan difusas que la banca en la sombra es en gran medida la sombra de la banca.

Por otro lado, muchas entidades, como las de leasing o factoring, se niegan a que se las incluya dentro de este saco, cuyo nombre tiene connotaciones peyorativas; otras muchas denuncian que son los bancos regulados los que están presionando y alarmando excesivamente porque no quieren que otras entidades se lleven una porción del negocio; los bancos, por su parte, denuncian competencia desleal y se quejan de que ellos están asfixiados con tantos requisitos y controles, y que éstos deberían hacerse extensivos a todos los que participan del negocio financiero, distinguiendo actividades y no tipo de entidades.

Las dimensiones que está adquiriendo este sector son enormes (para hacernos una idea, el patrimonio de la americana BlackRock, la mayor gestora de fondos del mundo, equivale a casi tres veces el PIB de España), y no se dispone del conocimiento suficiente ni de estadísticas fiables sobre el mismo, por lo que se desconoce el riesgo potencial que se asume globalmente, los posibles riesgos de contagios y la intensidad de las vinculaciones con la banca regulada, que pudieran conducir a que de nuevo en el futuro tuviera que ser rescatada. Además, también los peligros acechan a los inversores minoristas que confían sus ahorros a estas entidades y actividades, haciendo necesario reforzar con urgencia las medidas de protección del inversor para evitar que puedan ser objeto de fraudes en masa.

Sin embargo, el crecimiento de la banca en la sombra también conlleva importantes ventajas. El negocio financiero que desarrollan está completamente desvinculado de la protección pública -a diferencia de los depósitos de los bancos regulados- y, por tanto, las pérdidas en las que se incurra habrán de ser absorbidas directamente por los inversores; proporcionan alternativas más rentables que los depósitos bancarios, especialmente interesante en el contexto actual de bajísimos tipos de interés; también, gracias al alto grado de especialización que mantienen pueden cubrir con mayor eficiencia necesidades financieras específicas; supone abrir e intensificar nuevos canales de financiación hacia la economía real, que complementen a los tradicionales bancarios; y, por último, contribuyen a diversificar el riesgo fuera del sistema bancario.

La regulación del sistema financiero recuerda al mito de la Hidra de Lerna, a la que Hércules le cortaba una cabeza y le salían otras dos. Con esta última crisis se le ha cortado la cabeza a los bancos, haciéndolos mucho más seguros, pero provocando el desplazamiento del negocio financiero hacia la sombra, y con ello nuevas cabezas que cortar en la lucha contra la inestabilidad financiera y por la protección de los inversores. Hércules contó con ayuda para vencer; Estados, empresas y particulares también podrían contribuir utilizando adecuadamente el sistema financiero: por un lado, evitando el endeudamiento excesivo; por el otro, invirtiendo con conocimiento, responsabilidad y sentido común, pero lo cierto es que en vez de quemar las cabezas, como se venció a la Hidra, a veces las alimentamos.

Anomalía financiera

Carmen Pérez | 22 de enero de 2015 a las 10:56

El Euribor a un mes ha entrado en terreno negativo esta semana, sumándose a los de plazos más cortos, a una y a dos semanas, que llevan ya meses en esa línea. Y todo apunta a que se irán afectando los de mayores plazos hasta alcanzar al Euribor a doce meses (ayer, al 0,284%), el más utilizado como referencia en préstamos e hipotecas. Los endeudados a tipo variable (sin cláusulas suelo) pueden frotarse las manos. Escenarios completamente irracionales desde el punto de vista financiero no parecen ya tan imposibles: podría llegar incluso el caso extremo de que la entidad financiera sea la que les pague al cliente por tener una hipoteca.

El BCE, con todas las medidas que está llevando a cabo, y especialmente con la fijación de tipos de interés para los bancos al 0,05% para la financiación, y  el de depósito en el -0,20%, espera elevar la inflación al nivel marcado como objetivo, el 2%. Pero son tantas las anomalías financieras que se están produciendo que es preocupante a dónde pueden conducirnos todos estos experimentos monetarios. Esperemos que sepan bien qué están haciendo.

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La cita del jueves

Carmen Pérez | 18 de enero de 2015 a las 23:16

Sólo quedan ya cuatro días: el jueves es la cita. Se espera que entonces Mario Draghi anuncie por fin el inicio del programa de flexibilización cuantitativa, es decir, la compra masiva de bonos soberanos.  Nadie duda de que esto no vaya a pasar, ahora que la inflación ya está en negativo. Sobre la cantidad hay más variedad de opiniones, pero se baraja que por el momento supere como mínimo los 500 mil millones de euros. Pero lo que se desconoce aún es cómo se va a llevar a cabo, la puesta en funcionamiento. Diversas han sido las propuestas de los técnicos del BCE. Y la cuestión es de la mayor trascendencia porque va a suponer una constatación clara de cuál es la apuesta de los europeos por Europa: ¿se va a asumir el riesgo de esos bonos de forma conjunta o se va a dejar que cada país soporte el suyo? Algunos países, como Alemania, trabajan porque cada palo aguante su vela, y, así, no se muestran favorables a tener que soportar los posibles incumplimientos de otros Estados en el futuro; sin embargo, de hacerlo así: ¿no se fragmentaría más el sistema financiero europeo de lo que ya está?, ¿no era esa una de las tareas primordiales para el BCE, avanzar en el mercado financiero único? Por otra parte, ¿cómo se puede estar unido y separado a la vez?, ¿cómo se administraría un posible incumplimiento de un Estado de forma independiente, cuando a la vez pertenece al BCE? Y, ¿cómo responderá el mercado ante esta desconfianza de los propios socios entre ellos?, ¿perjudicaría la eficacia del mismo programa?

Con esta crisis los políticos de las altas finanzas europeas han tomado decisiones, como la Unión Bancaria Europea, con las que elegían hacer más profunda la Unión Europea. Pero ahora sí que es la hora de la verdad, al compartir el riesgo se compromete dinero, no sólo voluntades; se trata de aceptar o no un destino común. A ver el jueves…

Ahorradores condenados al riesgo

Carmen Pérez | 10 de enero de 2015 a las 20:20

En su reunión del 4 de septiembre de 2014, el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo, BCE, decidió establecer el tipo de interés aplicable a las operaciones principales de financiación en el 0,05%, el tipo de interés aplicable a la facilidad marginal de crédito en el 0,30%, y el tipo de interés aplicable a la facilidad de depósito en el -0,20%. Estos tipos de interés no se han cambiado desde entonces, veremos qué ocurre en próximos días que toca nueva revisión.

De esta forma (Ver “Instrumentos de política monetaria” en  https://www.ecb.europa.eu/ecb/educational/movies/html/index.es.html), el banco que le pida dinero al BCE tendrá que pagar un 0,05% o el 0,30%, dependiendo del instrumento utilizado, y, si por el contrario tiene exceso de liquidez y el banco quiere depositarlo en el BCE, tendrá que pagar un 0,20%. Sí, extraño, pagar por prestar es algo que rechaza nuestro entendimiento porque supone un total desorden financiero.

Estas decisiones de política monetaria pueden parecernos de altas finanzas, de carácter macroeconómico, y que poco tienen que ver con nosotros. Nada más lejos, porque ese mismo esquema es el que los bancos trasladan en sus relaciones con la clientela. Es lo que se pretende. La receta empuja al endeudamiento y complica el ahorro.

Centrándonos en el ahorro, tenemos que tener claro que se acabó el percibir intereses con total seguridad. Las imposiciones a plazo o  depósitos, garantizadas por el Estado hasta 100.000 euros por cuenta y depositante, se moverán por debajo del 0,5%. O menos, porque algunos bancos alemanes ya están cobrando a sus depositantes, aunque es cierto que para cuentas de más de 500.000 euros. No parece una hipótesis realista que llegue a España y para ahorradores de escasa cuantía, pero no del todo descabellada si el BCE incrementa el 0,20% para la facilidad de depósito para los bancos en las próximas revisiones.

Tampoco el comportamiento de las Letras del Tesoro es ajeno a éstas y a otras decisiones que está tomando el BCE. Sólo hace unos meses estuvieron a punto de adjudicarse en una de las subastas a rendimientos negativos. De haberse producido este hecho los inversores a corto plazo habrían tenido que pagarle al Estado español por prestarle su dinero.

Así, el trasvase de depositantes a fondos de inversión y a otras alternativas financieras está siendo masivo. Pero todas ellas implican asumir un mayor o menor nivel de riesgo, o entrar en mayores plazos, lo que dificulta recuperar la inversión en caso de necesidad. Es más, con las compras de títulos que está realizando el BCE, y las que se esperan, tampoco se obtendrán rendimientos positivos con las opciones más conservadoras, como los fondos de renta fija. No hay escapatoria, los ahorradores están condenados o a asumir riesgos, o a resignarse y dejar su dinero en cuenta corriente.

Dos últimas cosas. La primera, aconsejar al inversor no experto: 1) si no entiende lo que va a comprar, no lo haga, busque asesoramiento en otra parte; 2) el nombre del producto puede no reflejar la realidad, desconfíe de las promesas de rentabilidad “elevada”, “garantizada”, “cubierta” o “absoluta” porque pueden resultar engañosas; 3) sea precavido si necesita liquidez antes de que venza la inversión; 4) asegúrese de entender cuáles son los costes totales; y 5) puede haber disponibles productos similares menos complejos con costes inferiores. La segunda: desearle suerte.

El capitalismo de Podemos

Carmen Pérez | 4 de diciembre de 2014 a las 20:39

EN el programa político del grupo Podemos se encuentran numerosas iniciativas de diferente índole. De todas ellas, analizar las propuestas de carácter financiero resulta especialmente interesante, ya que el sistema financiero ha sido el gran protagonista en el inicio, ha marcado el desarrollo, y se encuentra detrás de la mayor parte de las consecuencias de la crisis. Pareciera que las medidas que quieren adoptar fueran a cambiar por completo la configuración del mismo, dada la radicalidad con la que se ha presentado este grupo. Sin embargo, en este campo no es tan fiero el león como en otros. Algunas de ellas no son en absoluto novedosas e incluso alguna otra, sorprendentemente, se alinea con la postura defendida por los países capitalistas por excelencia: Reino Unido y EEUU.

La iniciativa que más ha sonado, por provocativa, el realizar una auditoría de la deuda para delimitar qué parte debe ser impagada, no cambiaría el sistema; simplemente nos destruiría: sólo el atisbo de que medidas así pudieran ser consideradas provocaría la retirada de la confianza de los inversores en nuestro país. Por ello lo más probable es que den marcha atrás, y se limiten en el futuro a mantener la otra alternativa, mucho más razonable, que también proponen al respecto: la reestructuración de la deuda, ajustando plazos para que nos sea más asequible afrontarla.

Por otra parte, propuestas como las de intensificar la labor del Instituto de Crédito Oficial para favorecer el crédito a las pymes, crear una agencia de calificación pública europea, instaurar una tasa a las transacciones financieras o tasa Tobin, o crear una banca pública se han planteado y discutido estos últimos años tanto en el ámbito nacional como en el europeo, e incluso algunas de ellas están ya en marcha. También es cierto que estas medidas pueden llevarse más o menos lejos, dependiendo de la forma de desarrollarse y de su coexistencia con la iniciativa privada.

También defienden cambios en el estatuto del Banco Central Europeo. Primero, que se definan varios objetivos, y no sólo la inflación, que orienten su actuación, como hace la Reserva Federal estadounidense, que tiene el mandato de mantener estables los precios a la vez que la máxima tasa de empleo sostenible. Y segundo, que pueda prestar directamente a los estados, cosa, al margen de su conveniencia o no, imposible hoy en Europa, que dista mucho de poder comportarse aún como si fuera un sólo país.

Pero lo que realmente llama la atención es que un grupo de extrema izquierda como Podemos presente una medida, la separación de la banca comercial y la banca de inversión, que coincide con la que ya estuvo vigente en EEUU en el pasado, y que tras la reciente crisis va a ser reincorporada -es cierto que no con la radicalidad con la que en un primer momento se planteó- tanto por Reino Unido como por los EEUU como una de las claves para acabar con la servidumbre del poder público ante el poder financiero.

El espíritu genuinamente capitalista de estos países le hace ver con total desagrado que entidades financieras, que no dejan de ser unas empresas más, no puedan quebrar si llevan a cabo mal su gestión. Para ello, la entidad que se dedique a esa función tan primordial en un sistema financiero como es la captación del ahorro mediante depósitos -garantizados por la administración pública, formalmente hasta 100.000 euros, aunque realmente en su totalidad-, debería estar sujeta a unos controles exhaustivos y tener completamente prohibidas las operaciones especulativas. Es decir, la banca comercial, que capta depósitos, que se someta a normas rigurosas; el banco de inversión, que quiera riesgos y falle, que caiga. En definitiva: poner a salvo al contribuyente de la banca.

Esta sí es una medida contundente que podría ayudar a acabar con los privilegios de la banca, porque atacaría la esencia misma del sistema actual. Que coincidan en defenderla tanto iniciativas liberales cuanto partidos como Podemos, que representan a la izquierda más radical, sólo puede significar una cosa: que rebosa sentido común. En Europa no están por la labor de implantarla, aunque Francia y Alemania, a nivel nacional, están dando pasos en este sentido. ¿Qué están esperando el resto de los partidos políticos en España en imitar a Podemos y proponerla?

Publicado el 22 de septiembre de 2014.

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¿Es necesario un banco público andaluz?

Carmen Pérez | 4 de diciembre de 2014 a las 20:37

LA crisis económico-financiera fue como un terremoto para nuestro sistema financiero, terremoto que además de sus efectos propios puso de manifiesto las debilidades que el sistema ya tenía, derivadas de un inadecuado desarrollo mantenido durante largos años. Consecuentemente, el sistema ha experimentado una intensa reestructuración, produciéndose una reorganización de las entidades que lo componían hasta originar un modelo nuevo: más concentrado, con una organización territorial muy distinta, y de una naturaleza más homogénea, con la conversión casi completa de las cajas de ahorros en bancos. No se le ha dejado caer, cuantiosos recursos públicos se han invertido y han evitado su debacle, pero las modificaciones y saneamientos realizados no han conseguido que el nuevo sistema vuelva a cumplir una de las principales funciones que tiene encomendada: financiar a las pymes.

Pero si en este diagnóstico, agudizado en nuestra región, no hay discrepancias, sí que existen en las propuestas para solventarlo. El informe presentado ante al Parlamento andaluz por el grupo de trabajo que se constituyó al efecto así las refleja. IU-LV-CA, de quien partió la iniciativa, se muestra favorable a la creación de un banco público andaluz de carácter universal que palíe el problema. PSOE y PP, sin embargo, apuestan por potenciar una serie de instrumentos de apoyo a la financiación de las pymes que existen en nuestra comunidad y a poner en marcha algunos otros con pocas dificultades de implantación, aunque es cierto que el PSOE quiere dejar abierta la otra alternativa para el largo plazo.

La propuesta de IU-LV-CA, al margen del debate, que no es menor, de si queremos caminar hacia una administración pública de mayor tamaño, es una solución muy complicada. Ellos mismos son conscientes de las grandes dificultades que habría que superar, por los numerosos trámites que hay que cubrir para conseguir una ficha bancaria, por la falta de recursos que existen en la actualidad con los que dotar a este banco, y por el alto coste de financiación que tendría la entidad, dada la calificación crediticia actual de la Junta de Andalucía. La solución tardaría en llegar cuando el problema a resolver es acuciante, y además sería costosa.

Por otra parte, este banco público tendría que tener una dimensión considerable porque para proporcionar financiación a las pymes, y más en un contexto de crisis como el actual, la proximidad es muy importante, y acceder a la operativa de circulante de las empresas es vital para un correcto seguimiento de las operaciones, por lo que sería necesario una infraestructura poderosa que contara con numerosas sucursales repartidas por todo nuestro territorio.

En nuestra comunidad existen dos sociedades de garantía recíproca, Suraval y Avalunión, en las que la Junta de Andalucía es socio principal, cuya función es dinamizar el mercado de crédito mediante la otorgación de avales a las pymes, consiguiendo un importante apalancamiento de los recursos públicos; existen en la actualidad una docena de fondos reembolsables de carácter sectorial para este fin, con una dotación presupuestaria de unos 1.500 millones de euros, y con una ejecución aún muy escasa; disponemos de una entidad pública regional de capital riesgo, Invercaria, y de varias de carácter provincial; se pueden potenciar las redes de business angelsexistentes; es posible promover plataformas de crowdfunding; se puede incentivar a nuestras pymes de mayor tamaño para que coticen en el Mercado Alternativo Bursátil, MAB, o para que emitan títulos en el Mercado Alternativo de Renta Fija, MARF; buscar alianzas con el Instituto de Crédito Oficial, ICO, con la Empresa Nacional de Innovación, Enisa, con el Centro para el Desarrollo Tecnológico e Industrial, CDT, o el Banco Europeo de Inversiones, BEI; y tenemos un Instituto de Finanzas que puede empezar a operar en cualquier momento, al que se le pueden reorientar sus funciones para que acoja todo este conjunto de medidas, las coordine y las canalice de forme eficiente.

El estrepitoso fallo del mercado exige la intervención pública, no hay duda en ello. Tampoco puede dudarse de que en cualquiera de las soluciones posibles es absolutamente necesario que las operaciones financieras se analicen y se decidan con el mayor rigor financiero, dejando para la decisión política exclusivamente la asignación global de fondos. En el pasado han sido amargas las experiencias en las que la aprobación de las operaciones se ha realizado bajo criterios no estrictamente profesionales sino a instancias de la iniciativa pública, y, sin embargo, una estrecha colaboración público-privada en este campo está dando buenos resultados. En definitiva, y dadas las circunstancias actuales, el sentido común parece señalar con claridad que reciclar y vitalizar lo que ya disponemos es la solución más idónea, y que el banco público andaluz, cuanto menos, debería esperar.

Publicado el 17 de marzo de 2014.